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La cercana burbuja de Ter Stegen

Xavi Vallés @xavivalles14 17-09-2018

En el ámbito de la pedagogía, existen unos elementos alrededor de los cuales giran todos los contenidos u objetivos de aprendizaje que un educador pueda plantearse. Se llaman ‘competencias’, y no son nada más que la capacidad que un alumno (futuro adulto y ciudadano) tiene para utilizar conocimientos adquiridos, en contextos y situaciones diversas, para resolver un problema que se le plantea. Para entendernos: una mochila de habilidades que hemos ido llenando durante nuestro proceso de crecimiento y que, a lo largo de nuestra vida y según lo desarrolladas que están, nos permiten resolver un reto con mayor o menor éxito.

Las competencias no suelen estar asociadas a asignaturas en concreto. Es justo lo contrario: son transversales. Una de las que mejor representa esta transversalidad es la competencia social, entendida para que el alumno construya su identidad y alcance la autonomía personal suficiente para encajar de forma eficiente, respetuosa y aportando un beneficio colectivo en los grupos sociales en los que convivirá (amigos, trabajo, actividades de ocio, comunidad de vecinos…), sabiendo que la sociedad no siempre se moverá al ritmo que desea o le conviene.

Marc André Ter Stegen es un tipo sencillo y corriente, salvo por un pequeño detalle: es uno de los mejores porteros del mundo. Sus valiosas aptitudes debajo de los tres palos le han llevado a ocupar uno de los puestos más exigentes del panorama futbolístico, consiguiendo un aplastante beneplácito entre la comunidad culé. Grandes reflejos, buen posicionamiento, matrícula de honor en el juego con los pies y segundo
jugador que más puntos regala a su equipo tras Lionel Messi. En definitiva: una consolidación a todos los efectos dentro del establishment del fútbol.

Recurrir al concepto establishment no es casual, ya que hablamos de un mundo cada vez más ajeno a la mayor parte de la sociedad, a los ciudadanos de a pie, a los que tocamos y topamos cada día con realidades que no siempre juegan a nuestro favor. Los jugadores tienen sueldos desproporcionados, necesidades básicas como comida, transporte y ropa cubiertas por patrocinadores, un día a día aislado de lo que sucede más allá del campo de entrenamiento, autobús o hotel de concentración… Una burbuja en toda regla. Este endiosamiento nos ha llevado a los propios aficionados a considerar cualquier mínimo gesto de uno de los futbolistas de nuestro equipo como algo extraordinario que hace ilusión, emociona y hasta hace llorar. Un autógrafo es considerado un regalo, una foto con ellos se convierte en reliquia y una camiseta sudada que lanzan a la grada al final del partido es un tesoro.

Entendiéndolo así, es normal ver a aficionados entregados a las llegadas de los jugadores a los sitios por donde se mueven (hoteles, estadios, aeropuertos…). Así sucedió en la visita del Barça a Valladolid, donde dos niños sostenían una enorme pancarta en la que se podía leer, en alemán, la frase “Ter Stegen, eres mi ídolo. Dame tus guantes”. Un gesto tan habitual como este se convirtió en viral gracias a la inusual respuesta del guardameta, que contestó vía Twitter diciendo que les había visto en el hotel, y que por ello después del partido se llevó los guantes al aeropuerto, pero que ya no estaban. Aprovechando el mismo tuit, Ter Stegen les pidió que le mandaran una dirección para poder hacerles llegar los guantes.

¿Por qué se viraliza un hecho tan aparentemente sencillo? ¿Por qué destaca tanto la acción de Ter Stegen? ¿Por qué algunos exagerados hasta le dedicamos un artículo? Creo que las respuestas a estas preguntas parten de la misma base: el contexto. Ese contexto conocido como ‘burbuja’, donde viven los futbolistas y del que conocemos, como mucho, aquello que ellos deciden hacernos llegar a través de las redes sociales. Esta preocupación, saber cuidar detalles, esta aproximación de Ter Stegen hacia los aficionados es noticia porque representa una dosis de detallismo nada habitual en el contexto en el que habita y del que forma parte el portero alemán. Se trata de un hecho que normaliza, que rompe esa capa líquida de jabón que protege a estos inaccesibles personajes que viven dentro de su
burbuja.

Marc André Ter Stegen: inconmensurable portero, mejor persona… y un ciudadano extremadamente competente a nivel social. Habitante de una burbuja con una capa más fina de lo habitual, fácilmente rompible y que no le impide salir por el ‘barri de Gràcia’ a bordo de su patinete eléctrico para ir a comprar el pan o mandar por correo postal sus guantes a Ana, una vallisoletana que ya contestó dándole las gracias y recordándole que algo tan simple para él quedará grabado para siempre en la mente de su hijo. Recordándole, quizás, que las mejores acciones que puede hacer para el beneficio colectivo no son solamente las que ocurren dentro del terreno de juego.

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En el ámbito de la pedagogía, existen unos elementos alrededor de los cuales giran todos los contenidos u objetivos de aprendizaje que un educador pueda plantearse. Se llaman ‘competencias’, y no son nada más que la capacidad que un alumno (futuro adulto y ciudadano) tiene para utilizar conocimientos adquiridos, en contextos y situaciones diversas, para resolver un problema que se le plantea. Para entendernos: una mochila de habilidades que hemos ido llenando durante nuestro proceso de crecimiento y que, a lo largo de nuestra vida y según lo desarrolladas que están, nos permiten resolver un reto con mayor o menor éxito.

Las competencias no suelen estar asociadas a asignaturas en concreto. Es justo lo contrario: son transversales. Una de las que mejor representa esta transversalidad es la competencia social, entendida para que el alumno construya su identidad y alcance la autonomía personal suficiente para encajar de forma eficiente, respetuosa y aportando un beneficio colectivo en los grupos sociales en los que convivirá (amigos, trabajo, actividades de ocio, comunidad de vecinos…), sabiendo que la sociedad no siempre se moverá al ritmo que desea o le conviene.

Marc André Ter Stegen es un tipo sencillo y corriente, salvo por un pequeño detalle: es uno de los mejores porteros del mundo. Sus valiosas aptitudes debajo de los tres palos le han llevado a ocupar uno de los puestos más exigentes del panorama futbolístico, consiguiendo un aplastante beneplácito entre la comunidad culé. Grandes reflejos, buen posicionamiento, matrícula de honor en el juego con los pies y segundo
jugador que más puntos regala a su equipo tras Lionel Messi. En definitiva: una consolidación a todos los efectos dentro del establishment del fútbol.

Recurrir al concepto establishment no es casual, ya que hablamos de un mundo cada vez más ajeno a la mayor parte de la sociedad, a los ciudadanos de a pie, a los que tocamos y topamos cada día con realidades que no siempre juegan a nuestro favor. Los jugadores tienen sueldos desproporcionados, necesidades básicas como comida, transporte y ropa cubiertas por patrocinadores, un día a día aislado de lo que sucede más allá del campo de entrenamiento, autobús o hotel de concentración… Una burbuja en toda regla. Este endiosamiento nos ha llevado a los propios aficionados a considerar cualquier mínimo gesto de uno de los futbolistas de nuestro equipo como algo extraordinario que hace ilusión, emociona y hasta hace llorar. Un autógrafo es considerado un regalo, una foto con ellos se convierte en reliquia y una camiseta sudada que lanzan a la grada al final del partido es un tesoro.

Entendiéndolo así, es normal ver a aficionados entregados a las llegadas de los jugadores a los sitios por donde se mueven (hoteles, estadios, aeropuertos…). Así sucedió en la visita del Barça a Valladolid, donde dos niños sostenían una enorme pancarta en la que se podía leer, en alemán, la frase “Ter Stegen, eres mi ídolo. Dame tus guantes”. Un gesto tan habitual como este se convirtió en viral gracias a la inusual respuesta del guardameta, que contestó vía Twitter diciendo que les había visto en el hotel, y que por ello después del partido se llevó los guantes al aeropuerto, pero que ya no estaban. Aprovechando el mismo tuit, Ter Stegen les pidió que le mandaran una dirección para poder hacerles llegar los guantes.

¿Por qué se viraliza un hecho tan aparentemente sencillo? ¿Por qué destaca tanto la acción de Ter Stegen? ¿Por qué algunos exagerados hasta le dedicamos un artículo? Creo que las respuestas a estas preguntas parten de la misma base: el contexto. Ese contexto conocido como ‘burbuja’, donde viven los futbolistas y del que conocemos, como mucho, aquello que ellos deciden hacernos llegar a través de las redes sociales. Esta preocupación, saber cuidar detalles, esta aproximación de Ter Stegen hacia los aficionados es noticia porque representa una dosis de detallismo nada habitual en el contexto en el que habita y del que forma parte el portero alemán. Se trata de un hecho que normaliza, que rompe esa capa líquida de jabón que protege a estos inaccesibles personajes que viven dentro de su
burbuja.

Marc André Ter Stegen: inconmensurable portero, mejor persona… y un ciudadano extremadamente competente a nivel social. Habitante de una burbuja con una capa más fina de lo habitual, fácilmente rompible y que no le impide salir por el ‘barri de Gràcia’ a bordo de su patinete eléctrico para ir a comprar el pan o mandar por correo postal sus guantes a Ana, una vallisoletana que ya contestó dándole las gracias y recordándole que algo tan simple para él quedará grabado para siempre en la mente de su hijo. Recordándole, quizás, que las mejores acciones que puede hacer para el beneficio colectivo no son solamente las que ocurren dentro del terreno de juego.

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