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Khachanov también enseña los dientes

David Sánchez @dasanchez__ 06-11-2018

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El reloj se detiene en 4h.22. Karen Khachanov cae derrotado en la Central más grande del globo ante el entonces número uno mundial, Rafael Nadal. Es la tercera ronda del US Open y el español, a sus 32 años, tiene que sacar toda la magia de su raqueta para detener a un vendaval desatado en Nueva York que, por momentos, se llevó por los aires la integridad física del balear. Victoria sufrida del campeón de 17 Grand Slams. Sensaciones de savia nueva en el circuito. Aire fresco, al fin. 

En 2018, el tour ha asistido al renacer de nuevos brotes verdes en forma de espadas que, poco a poco, se abren paso. Stefanos Tsitsipas, Jaume Munar, Borna Coric, Daniil Medvedev o Karen Khachanov son ejemplo de ellos. El moscovita, el protagonista en llamar la atención sobre el tapete parisino del último Masters 1000 del año, donde logró lo imposible a inicios del torneo. Cortó, de raíz, la racha de 22 victorias consecutivas del hombre del momento, Novak Djokovic, para inscribir su nombre en la lista de los 9 ganadores anuales en este tipo de eventos. 

Su potencia y su agresividad, de inicio a fin, mantuvieron a Djokovic incómodo durante toda la final. El balcánico, que horas antes del duelo por el título confirmó que tenía algo de fiebre, no reparó en que la verdadera enfermedad fue encontrarse sobre la pista a semejante versión del ruso. 

Khachanov, desatado como aquella noche en Nueva York, dejó un sabor de boca gustoso, tras la final. Van cuatro jugadas con 22 años. Cuatro ganadas. Esta la más importante de su vida. La más especial, el mes pasado, sobre el cemento de su Moscú natal. 

Allí, en 2013, con tan solo 17 años, sorprendió al tercer cabeza de serie del cuadro, Janko Tipsarevic, para alcanzar los cuartos de final del torneo. Ahora, el top 10 está a sus puestas para el próximo año. Su meta, el número uno del mundo. Como su ídolo, Marat Safin, al que idolatra desde que cogiera su primera raqueta con tan solo tres años. Sigue sus pasos. Con la victoria en París, se garantizó ser el tercer jugador soviético en ganar en la ciudad de la luz, el primero en alzar un torneo de Masters 1000 desde Davydenko en Shanghái 2009.

El triunfo en suelo galo dejó claras varias cosas. La primera de ellas es que Khachanov está listo para mirar de tú a tú a jugadores del top 10. Antes de París, solo había doblegado, en tres ocasiones, a un miembro de la jerarquía nobiliaria del tenis. Sin embargo, esta semana pasada encadenó cuatro victorias seguidas dejando por el camino a Isner (nº9), Zverev (nº5), Thiem (nº8) y Djokovic (nº2) –número uno desde este lunes-. 

La segunda de las cosas es que Rusia tiene futuro. Es la única nación con varios jugadores de 22 o menos años en el top 40 del ranking mundial. Medvedev o Rublev son también compañeros de viaje. Khachanov enseña los dientes ahora. Quiere más. Ya sabe lo que es ganar al hombre récord del 2018.  

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El reloj se detiene en 4h.22. Karen Khachanov cae derrotado en la Central más grande del globo ante el entonces número uno mundial, Rafael Nadal. Es la tercera ronda del US Open y el español, a sus 32 años, tiene que sacar toda la magia de su raqueta para detener a un vendaval desatado en Nueva York que, por momentos, se llevó por los aires la integridad física del balear. Victoria sufrida del campeón de 17 Grand Slams. Sensaciones de savia nueva en el circuito. Aire fresco, al fin. 

En 2018, el tour ha asistido al renacer de nuevos brotes verdes en forma de espadas que, poco a poco, se abren paso. Stefanos Tsitsipas, Jaume Munar, Borna Coric, Daniil Medvedev o Karen Khachanov son ejemplo de ellos. El moscovita, el protagonista en llamar la atención sobre el tapete parisino del último Masters 1000 del año, donde logró lo imposible a inicios del torneo. Cortó, de raíz, la racha de 22 victorias consecutivas del hombre del momento, Novak Djokovic, para inscribir su nombre en la lista de los 9 ganadores anuales en este tipo de eventos. 

Su potencia y su agresividad, de inicio a fin, mantuvieron a Djokovic incómodo durante toda la final. El balcánico, que horas antes del duelo por el título confirmó que tenía algo de fiebre, no reparó en que la verdadera enfermedad fue encontrarse sobre la pista a semejante versión del ruso. 

Khachanov, desatado como aquella noche en Nueva York, dejó un sabor de boca gustoso, tras la final. Van cuatro jugadas con 22 años. Cuatro ganadas. Esta la más importante de su vida. La más especial, el mes pasado, sobre el cemento de su Moscú natal. 

Allí, en 2013, con tan solo 17 años, sorprendió al tercer cabeza de serie del cuadro, Janko Tipsarevic, para alcanzar los cuartos de final del torneo. Ahora, el top 10 está a sus puestas para el próximo año. Su meta, el número uno del mundo. Como su ídolo, Marat Safin, al que idolatra desde que cogiera su primera raqueta con tan solo tres años. Sigue sus pasos. Con la victoria en París, se garantizó ser el tercer jugador soviético en ganar en la ciudad de la luz, el primero en alzar un torneo de Masters 1000 desde Davydenko en Shanghái 2009.

El triunfo en suelo galo dejó claras varias cosas. La primera de ellas es que Khachanov está listo para mirar de tú a tú a jugadores del top 10. Antes de París, solo había doblegado, en tres ocasiones, a un miembro de la jerarquía nobiliaria del tenis. Sin embargo, esta semana pasada encadenó cuatro victorias seguidas dejando por el camino a Isner (nº9), Zverev (nº5), Thiem (nº8) y Djokovic (nº2) –número uno desde este lunes-. 

La segunda de las cosas es que Rusia tiene futuro. Es la única nación con varios jugadores de 22 o menos años en el top 40 del ranking mundial. Medvedev o Rublev son también compañeros de viaje. Khachanov enseña los dientes ahora. Quiere más. Ya sabe lo que es ganar al hombre récord del 2018.  

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