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Johanna Konta conquista la tierra

Alejandro Pérez @aperezgom 06-06-2019

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Hasta esta edición de Roland Garros 2019, Johanna Konta (Sydney, 1991) no podía presumir de haber celebrado una sola victoria en la tierra batida de París. Era su único Grand Slam sin escuchar el “Game, set and Match Johanna Konta”. Cuatro participaciones, cuatro derrotas en primera ronda. Hasta este año. Y ya que se ha puesto, está (en el momento de escribir estas líneas), en semifinales.

De padres húngaros emigrantes, Konta nació en Australia. A los 14 años, estuvo en la academia Sánchez-Casal en Barcelona con sus padres instalados en Eastbourne (en la costa sur de Inglaterra a 120km de Londres). En 2012 comenzó a representar a Gran Bretaña.

En el propio 2012, Johanna estrenó triunfo en Grand Slam (UsOpen) y en el circuito WTA. Comenzó el año fuera del top300 y lo acabó rozando el top150. En 2014 debutó en el top100. En 2015 en Nueva York alcanzó, por primera vez, la segunda semana en un Grand Slam (4R) y entró entre las 50 mejores del mundo en la gira asiática.

2016 y 2017 fueron, hasta la fecha, las mejores temporadas de Konta. En Melbourne alcanzó sus primeras semifinales en Grand Slam lo que le valió entrar en el top30. Empezó la gira de hierba estrenando top20. Tras cuatro temporadas sin ganar en Wimbledon, consiguió su primera victoria en la hierba londinense en 2016 como la 16ª favorita (primera cabeza de serie británica en 30 años). Antes de acabar 2016, estrenó el top10.

Si 2016 había sido un año excelente para Johanna, 2017 lo mejoró. Llegó a Melbourne ganando el torneo de Sydney, su ciudad natal. En Melbourne firmó cuartos de final (defendía semifinales) y en Miami en marzo, ganó el que es su mayor título WTA y el último hasta la fecha.

Tras una gira de tierra discreta, volvió a brillar en hierba con semifinales en Wimbledon (las segundas para ella en Grand Slam). Cayó ante Venus, siendo la primera británica en semifinales de Londres en 38 años. Salió de la capital británica en el número 4 de la clasificación. Su mejor posición histórica. Su final de año fue malo (cuatro derrotas consecutivas) y acabó nº10 WTA. Un gran año con un final amargo. Pese a todo, terminó top10.

El año pasado para la británica fue realmente discreto (balance 26-24). Sólo ganó dos partidos en Grand Slam (Melbourne y Londres). Tras Wimbledon (defendía semifinales), se fue hasta el puesto 50 de la WTA. Jugó la final en Nottingham y semifinales en Moscú como mejores actuaciones. Acabó el año como la tenista nº37 del mundo. Estuvo a punto de salir del top50 y consiguió remontar.

Esta temporada empezó para Konta igual que acabó 2018. En los tres primeros meses del año ganó siete partidos y perdió cinco. Incluso jugó la previa en Sydney habiendo ganado el título dos años antes. A final de abril, justo antes de comenzar la gira de tierra, Konta volvió a ver peligrar su condición de top50 (47).

Entonces viajó a Londres para jugar el play-off de ascenso al Grupo Mundial II de FedCup ante Kazakstán. Dos partidos individuales, ante Zarina Diyas y Yulia Putintseva, remontando un set inicial en contra (remontando un 4-1 en el último set del segundo partido), dos victorias para (junto al triunfo de Katie Boutler) volver a la segunda categoría de la competición tras 26 años.

Un triunfo así es una inyección moral, mental y tenística posiblemente inigualable. Y para Konta sigue teniendo efectos. Tras jugar para Gran Bretaña, se fue a Rabat. Nunca había jugado unos cuartos de final WTA sobre tierra batida. Jugó cuartos, jugó semifinales y jugó la final. Todo, primeras veces. Sólo la griega Sakkari apartó a Konta del título.

De Marruecos a Madrid, su peor versión en tierra (segunda ronda). Y en Roma volvió la versión de dos semanas atrás. Segundos cuartos, segundas semifinales y segunda final en tierra, prácticamente consecutivas. Esta vez, Karolina Pliskova se interpuso entre Konta y el título. Con 10 victorias en tierra, Konta viajó a París. Al único Grand Slam sin victorias para ella.

Empezó ganando a la alemana Lottner. Siguió superando a la estadounidense Davis. La eslovaca Kuzmova fue su pasaporte a la segunda semana. En su cuarto encuentro, la croata Vekic fue su víctima y (hasta el momento de escribir estas líneas) la finalista de 2018, Sloane Stephens sólo sumó cinco juegos antes de que Konta cerrara su pase a semifinales.

Cuando comenzó la gira de tierra, Konta rozaba salir del top50 (47ª). Con las semifinales en París ha vuelto al top20 (17). Si se mete en su primera final de Grand Slam estará en el nº13 y si gana su primer Major, volvería al top10 (9).

De ganar, será la primera británica en hacerlo en París desde Sue Baker en 1976 y en un Grand Slam desde Virginia Wade en 1977 en Wimbledon.

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Hasta esta edición de Roland Garros 2019, Johanna Konta (Sydney, 1991) no podía presumir de haber celebrado una sola victoria en la tierra batida de París. Era su único Grand Slam sin escuchar el “Game, set and Match Johanna Konta”. Cuatro participaciones, cuatro derrotas en primera ronda. Hasta este año. Y ya que se ha puesto, está (en el momento de escribir estas líneas), en semifinales.

De padres húngaros emigrantes, Konta nació en Australia. A los 14 años, estuvo en la academia Sánchez-Casal en Barcelona con sus padres instalados en Eastbourne (en la costa sur de Inglaterra a 120km de Londres). En 2012 comenzó a representar a Gran Bretaña.

En el propio 2012, Johanna estrenó triunfo en Grand Slam (UsOpen) y en el circuito WTA. Comenzó el año fuera del top300 y lo acabó rozando el top150. En 2014 debutó en el top100. En 2015 en Nueva York alcanzó, por primera vez, la segunda semana en un Grand Slam (4R) y entró entre las 50 mejores del mundo en la gira asiática.

2016 y 2017 fueron, hasta la fecha, las mejores temporadas de Konta. En Melbourne alcanzó sus primeras semifinales en Grand Slam lo que le valió entrar en el top30. Empezó la gira de hierba estrenando top20. Tras cuatro temporadas sin ganar en Wimbledon, consiguió su primera victoria en la hierba londinense en 2016 como la 16ª favorita (primera cabeza de serie británica en 30 años). Antes de acabar 2016, estrenó el top10.

Si 2016 había sido un año excelente para Johanna, 2017 lo mejoró. Llegó a Melbourne ganando el torneo de Sydney, su ciudad natal. En Melbourne firmó cuartos de final (defendía semifinales) y en Miami en marzo, ganó el que es su mayor título WTA y el último hasta la fecha.

Tras una gira de tierra discreta, volvió a brillar en hierba con semifinales en Wimbledon (las segundas para ella en Grand Slam). Cayó ante Venus, siendo la primera británica en semifinales de Londres en 38 años. Salió de la capital británica en el número 4 de la clasificación. Su mejor posición histórica. Su final de año fue malo (cuatro derrotas consecutivas) y acabó nº10 WTA. Un gran año con un final amargo. Pese a todo, terminó top10.

El año pasado para la británica fue realmente discreto (balance 26-24). Sólo ganó dos partidos en Grand Slam (Melbourne y Londres). Tras Wimbledon (defendía semifinales), se fue hasta el puesto 50 de la WTA. Jugó la final en Nottingham y semifinales en Moscú como mejores actuaciones. Acabó el año como la tenista nº37 del mundo. Estuvo a punto de salir del top50 y consiguió remontar.

Esta temporada empezó para Konta igual que acabó 2018. En los tres primeros meses del año ganó siete partidos y perdió cinco. Incluso jugó la previa en Sydney habiendo ganado el título dos años antes. A final de abril, justo antes de comenzar la gira de tierra, Konta volvió a ver peligrar su condición de top50 (47).

Entonces viajó a Londres para jugar el play-off de ascenso al Grupo Mundial II de FedCup ante Kazakstán. Dos partidos individuales, ante Zarina Diyas y Yulia Putintseva, remontando un set inicial en contra (remontando un 4-1 en el último set del segundo partido), dos victorias para (junto al triunfo de Katie Boutler) volver a la segunda categoría de la competición tras 26 años.

Un triunfo así es una inyección moral, mental y tenística posiblemente inigualable. Y para Konta sigue teniendo efectos. Tras jugar para Gran Bretaña, se fue a Rabat. Nunca había jugado unos cuartos de final WTA sobre tierra batida. Jugó cuartos, jugó semifinales y jugó la final. Todo, primeras veces. Sólo la griega Sakkari apartó a Konta del título.

De Marruecos a Madrid, su peor versión en tierra (segunda ronda). Y en Roma volvió la versión de dos semanas atrás. Segundos cuartos, segundas semifinales y segunda final en tierra, prácticamente consecutivas. Esta vez, Karolina Pliskova se interpuso entre Konta y el título. Con 10 victorias en tierra, Konta viajó a París. Al único Grand Slam sin victorias para ella.

Empezó ganando a la alemana Lottner. Siguió superando a la estadounidense Davis. La eslovaca Kuzmova fue su pasaporte a la segunda semana. En su cuarto encuentro, la croata Vekic fue su víctima y (hasta el momento de escribir estas líneas) la finalista de 2018, Sloane Stephens sólo sumó cinco juegos antes de que Konta cerrara su pase a semifinales.

Cuando comenzó la gira de tierra, Konta rozaba salir del top50 (47ª). Con las semifinales en París ha vuelto al top20 (17). Si se mete en su primera final de Grand Slam estará en el nº13 y si gana su primer Major, volvería al top10 (9).

De ganar, será la primera británica en hacerlo en París desde Sue Baker en 1976 y en un Grand Slam desde Virginia Wade en 1977 en Wimbledon.

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