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Joao Félix, el riesgo de la juventud y los millones

Diego G. Argota @Diego21Garcia 03-07-2019

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El fútbol vive un momento de locura extrema. La necesidad de hacerse con el último talento venido del otro lado del charco o que despunta en una liga menor provoca que los grandes equipos europeos tengan redes de ojeadores por todo el mundo, que se paguen cantidades ingentes por muchachos que apenas han demostrado nada y que niños que aún no deberían firmar contratos lo estén haciendo cada día.

Las irregularidades en las transferencias de menores, que poco a poco están haciendo estragos a todos los gigantes, son solo un ejemplo de lo que sucede en los despachos. Es el ansia por hacerse con la próxima estrella en ciernes del fútbol, ese que 5-6 años después pueda ser Balón de Oro, el que lleva a pagar y ofrecer cantidades vergonzosas de dinero por los Vinicius, Rodrygo, Richarlison o Lautaro de turno. Y eso es lo que ha llevado al Atlético a pagar 120 millones de euros por Joao Felix.

Son, en su mayoría, chicos que apenas han tenido una temporada buena porque están aún en el fútbol juvenil. Algunos incluso ni han llegado a debutar en el fútbol profesional. ¿Cuántos son los jugadores que se quedan en el camino antes de dar el gran salto? ¿Cuántos son los que tras un buen año acaban siendo fuegos artificiales y desaparecen del panorama? Lo vivió el Bayern de Múnich con Renato Sanches, por ejemplo. Llamado a comerse el mundo y ahora incapaz de encontrar acomodo por su alta ficha y caché. Esto, lleva a los equipos poderosos a contar con más de 40 jugadores en nómina, teniendo préstamos casi por todo el mundo e incluso equipos satélite para foguear a sus muchachos, que en su mayoría nunca llegarán.

Y cuando eres un equipo muy poderoso en la escala económica, te puedes permitir este tipo de desembolsos porque tienes algo más de margen de maniobra. Pero si tienes que hipotecar tu temporada a que un niño maravilla dé la cara y resuelva la papeleta, la cosa coge tintes un poco más trágicos. Al Atlético le salió bien en su día cuando, en 2006, firmó al Kun Agüero por 23 millones de euros. Una pasada en aquellos tiempos para un jugador que no había cumplido la mayoría de edad cuando la transferencia se anunció.

Y salió bien. De hecho, no pudo salir mejor. En cambio, no pueden decir lo mismo los equipos que apostaron por otros chicos que, contemporáneos al Kun, la estaban rompiendo también a niveles similares. Por los motivos que fueran, Pato, Gio dos Santos, Dawyd Janzcyk, Maxi Moralez o Mauro Zárate nunca llegaron a lo que parecían ser.

Tampoco Hugo Leal, ese adonis portugués que parecía la reencarnación de Futre y que con 27 años y tras haber jugado apenas un par de años al máximo nivel estaba colgando las botas. Con Joao y esos 120 millones nos encontramos no solo con el fichaje más caro del club, sino con el quinto fichaje más caro de la historia y con el jugador joven que más dinero ha movido a esos 19 años.

Que el Atlético pague esa cifra es una locura si tenemos en perspectiva que el portugués es apenas un jugador que, con 19 años, solo ha tenido un buen año. Que está empezando en esto. Y vaya, que nadie esté diciendo que se trate de un jugador malo, que no la vaya a romper o similares, pero sí que el riesgo que se corre con un muchacho que esté verde, que no ha llegado, y que se podría quedar por el camino como tantos otros, es extremo. Porque el Atlético tiene las balas contadas y no se puede permitir nuevamente un desembolso de ese tamaño para tener al jugador en el filial o en el banquillo, o incluso dejarlo cedido un año en el Benfica, como pretende en su misiva el Manchester City de Guardiola.

Sabiendo que se trata de una operación endulzada por el agente luso, que utiliza normalmente al Atlético como un equipo trampolín, ¿cuál será el beneficio del Atlético alojando al portugués una o dos temporadas? El económico sería escaso porque, en caso de romperla, difícilmente el Atlético podría sacar una suma de dinero tan superior a esos 120 millones que dice su cláusula como para justificar el riesgo tan grande de ejecutar una operación por un jugador que está lejos de la clase mundial por simple experiencia. 

Y es que, estamos hablando que el precio de llegada de Felix es el mismo que el precio de salida de Griezmann, que en cinco años ha entrado en la historia del Atlético de Madrid, que se marcha como un jugador que ha conquistado el Mundial liderando a Francia y que se ha sentado un par de veces en la mesa de Cristiano y Messi en la disputa por el premio al mejor jugador del mundo. Solo el tiempo dará y quitará razones en casos puntuales como el del delantero portugués.

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El fútbol vive un momento de locura extrema. La necesidad de hacerse con el último talento venido del otro lado del charco o que despunta en una liga menor provoca que los grandes equipos europeos tengan redes de ojeadores por todo el mundo, que se paguen cantidades ingentes por muchachos que apenas han demostrado nada y que niños que aún no deberían firmar contratos lo estén haciendo cada día.

Las irregularidades en las transferencias de menores, que poco a poco están haciendo estragos a todos los gigantes, son solo un ejemplo de lo que sucede en los despachos. Es el ansia por hacerse con la próxima estrella en ciernes del fútbol, ese que 5-6 años después pueda ser Balón de Oro, el que lleva a pagar y ofrecer cantidades vergonzosas de dinero por los Vinicius, Rodrygo, Richarlison o Lautaro de turno. Y eso es lo que ha llevado al Atlético a pagar 120 millones de euros por Joao Felix.

Son, en su mayoría, chicos que apenas han tenido una temporada buena porque están aún en el fútbol juvenil. Algunos incluso ni han llegado a debutar en el fútbol profesional. ¿Cuántos son los jugadores que se quedan en el camino antes de dar el gran salto? ¿Cuántos son los que tras un buen año acaban siendo fuegos artificiales y desaparecen del panorama? Lo vivió el Bayern de Múnich con Renato Sanches, por ejemplo. Llamado a comerse el mundo y ahora incapaz de encontrar acomodo por su alta ficha y caché. Esto, lleva a los equipos poderosos a contar con más de 40 jugadores en nómina, teniendo préstamos casi por todo el mundo e incluso equipos satélite para foguear a sus muchachos, que en su mayoría nunca llegarán.

Y cuando eres un equipo muy poderoso en la escala económica, te puedes permitir este tipo de desembolsos porque tienes algo más de margen de maniobra. Pero si tienes que hipotecar tu temporada a que un niño maravilla dé la cara y resuelva la papeleta, la cosa coge tintes un poco más trágicos. Al Atlético le salió bien en su día cuando, en 2006, firmó al Kun Agüero por 23 millones de euros. Una pasada en aquellos tiempos para un jugador que no había cumplido la mayoría de edad cuando la transferencia se anunció.

Y salió bien. De hecho, no pudo salir mejor. En cambio, no pueden decir lo mismo los equipos que apostaron por otros chicos que, contemporáneos al Kun, la estaban rompiendo también a niveles similares. Por los motivos que fueran, Pato, Gio dos Santos, Dawyd Janzcyk, Maxi Moralez o Mauro Zárate nunca llegaron a lo que parecían ser.

Tampoco Hugo Leal, ese adonis portugués que parecía la reencarnación de Futre y que con 27 años y tras haber jugado apenas un par de años al máximo nivel estaba colgando las botas. Con Joao y esos 120 millones nos encontramos no solo con el fichaje más caro del club, sino con el quinto fichaje más caro de la historia y con el jugador joven que más dinero ha movido a esos 19 años.

Que el Atlético pague esa cifra es una locura si tenemos en perspectiva que el portugués es apenas un jugador que, con 19 años, solo ha tenido un buen año. Que está empezando en esto. Y vaya, que nadie esté diciendo que se trate de un jugador malo, que no la vaya a romper o similares, pero sí que el riesgo que se corre con un muchacho que esté verde, que no ha llegado, y que se podría quedar por el camino como tantos otros, es extremo. Porque el Atlético tiene las balas contadas y no se puede permitir nuevamente un desembolso de ese tamaño para tener al jugador en el filial o en el banquillo, o incluso dejarlo cedido un año en el Benfica, como pretende en su misiva el Manchester City de Guardiola.

Sabiendo que se trata de una operación endulzada por el agente luso, que utiliza normalmente al Atlético como un equipo trampolín, ¿cuál será el beneficio del Atlético alojando al portugués una o dos temporadas? El económico sería escaso porque, en caso de romperla, difícilmente el Atlético podría sacar una suma de dinero tan superior a esos 120 millones que dice su cláusula como para justificar el riesgo tan grande de ejecutar una operación por un jugador que está lejos de la clase mundial por simple experiencia. 

Y es que, estamos hablando que el precio de llegada de Felix es el mismo que el precio de salida de Griezmann, que en cinco años ha entrado en la historia del Atlético de Madrid, que se marcha como un jugador que ha conquistado el Mundial liderando a Francia y que se ha sentado un par de veces en la mesa de Cristiano y Messi en la disputa por el premio al mejor jugador del mundo. Solo el tiempo dará y quitará razones en casos puntuales como el del delantero portugués.

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