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Jasper me hace menos culé

Xavi Vallés @xavivalles14 17-12-2018

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Crecí viendo como un portero fichado a bombo y platillo como Vítor Baía sucumbía ante un larguirucho y (hasta entonces) desconocido portero llamado Ruud Hesp. Años después, comprobé que a una estrella mundial como Rüstü Reçber le era imposible quitarle el puesto a un joven de la cantera llamado Víctor Valdés. Incluso el propio Marc André Ter Stegen tuvo un inicio complicado en su andadura como guardián de la portería culé, siendo suplente habitual de Claudio Bravo en la Liga, la competición más importante para un entrenador. Una variedad de casos que reafirman una creencia establecida en el mundo del fútbol: la gestión de la portería es una de las tareas más delicadas en un equipo.

Y ahí es donde asistimos a un peculiar caso ubicado en la actualidad culé y que ha vuelto a aflorar durante la última semana: el tremendo impacto que Jasper Cillessen genera cada vez que juega, partiendo de su conocido rol como portero suplente. Y sí, introduzco la palabra “suplente” con naturalidad y sin matices porque el inconmensurable nivel que Ter Stegen ha ofrecido, ofrece y (parece que) ofrecerá hace que así deba ser considerado. Y es una pena, porque uno se pone a pensar en la situación y detecta que lo único que Jasper Cillessen “ha hecho mal” es coincidir en el mismo sitio donde juega Ter Stegen como portero titular. De hecho, no deja de ser la misma situación por la que cualquier otro portero del mundo acabaría pasando, dada la excelencia en cuanto a prestaciones que ofrece el portero alemán. Unas prestaciones que, sintiéndolo mucho para el compañero de plantilla con el que comparte posición, le convierten (sin ningún tipo de debate por en medio) en una pieza inamovible en cualquier esquema.

Así pues, ¿qué puede hacer el portero holandés para reivindicar su valía? La respuesta no supone nada nuevo para él ahora mismo, ya que se trata de seguir haciendo exactamente lo que ofrece en cada una de sus apariciones: alta concentración, reflejos determinantes, fluida circulación del balón y capacidad para aparecer cuando el equipo más lo necesita. Hacer justo lo que hace Ter Stegen en sus partidos, justo lo que se le pide a un número dos: que la ausencia del número uno se note lo menos posible. 

Jasper Cillessen está cumpliendo con esta misión a la perfección. Su buen hacer entre los tres palos, acompañado de su siempre positiva contribución al grupo, hace que uno incluso se acabe sintiendo mal de una forma u otra. Me explico: por un lado, duele no verle jugar más a menudo y me gustaría ver incrementados sus minutos de participación, pero esto implicaría una injusta disminución de los minutos de Ter Stegen, quien sigue dando cero motivos para ceder el más mínimo terreno a cualquier competidor. Por el otro lado, ver a un portero como Cillessen disputar tan pocos minutos a lo largo de una temporada hace que por (breves) momentos me olvide de mi club y me interne en su situación personal, llegando a pensar en cómo me gustaría verle jugar de portero titular en un gran equipo europeo, algo para lo que creo que está más que capacitado. 

Este último caso va en contra de los sentimientos más egoístas que podría tener como aficionado culé, que no serían otros que tener aquí a los mejores, independientemente de los minutos que jueguen y los sentimientos de frustración que esto pudiera producirles. Pero Cillessen genera esto: una sana empatía, un querer desearle la mejor de las suertes, unas ganas de que todo le vaya lo mejor posible, un “vete y demuestra a todo el mundo que eres un portero de clase mundial”. Aunque sea en otro lugar. Aunque esto juegue en contra de mi equipo. Aunque al haber llegado a esta conclusión, Jasper me haga ser menos culé.

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Crecí viendo como un portero fichado a bombo y platillo como Vítor Baía sucumbía ante un larguirucho y (hasta entonces) desconocido portero llamado Ruud Hesp. Años después, comprobé que a una estrella mundial como Rüstü Reçber le era imposible quitarle el puesto a un joven de la cantera llamado Víctor Valdés. Incluso el propio Marc André Ter Stegen tuvo un inicio complicado en su andadura como guardián de la portería culé, siendo suplente habitual de Claudio Bravo en la Liga, la competición más importante para un entrenador. Una variedad de casos que reafirman una creencia establecida en el mundo del fútbol: la gestión de la portería es una de las tareas más delicadas en un equipo.

Y ahí es donde asistimos a un peculiar caso ubicado en la actualidad culé y que ha vuelto a aflorar durante la última semana: el tremendo impacto que Jasper Cillessen genera cada vez que juega, partiendo de su conocido rol como portero suplente. Y sí, introduzco la palabra “suplente” con naturalidad y sin matices porque el inconmensurable nivel que Ter Stegen ha ofrecido, ofrece y (parece que) ofrecerá hace que así deba ser considerado. Y es una pena, porque uno se pone a pensar en la situación y detecta que lo único que Jasper Cillessen “ha hecho mal” es coincidir en el mismo sitio donde juega Ter Stegen como portero titular. De hecho, no deja de ser la misma situación por la que cualquier otro portero del mundo acabaría pasando, dada la excelencia en cuanto a prestaciones que ofrece el portero alemán. Unas prestaciones que, sintiéndolo mucho para el compañero de plantilla con el que comparte posición, le convierten (sin ningún tipo de debate por en medio) en una pieza inamovible en cualquier esquema.

Así pues, ¿qué puede hacer el portero holandés para reivindicar su valía? La respuesta no supone nada nuevo para él ahora mismo, ya que se trata de seguir haciendo exactamente lo que ofrece en cada una de sus apariciones: alta concentración, reflejos determinantes, fluida circulación del balón y capacidad para aparecer cuando el equipo más lo necesita. Hacer justo lo que hace Ter Stegen en sus partidos, justo lo que se le pide a un número dos: que la ausencia del número uno se note lo menos posible. 

Jasper Cillessen está cumpliendo con esta misión a la perfección. Su buen hacer entre los tres palos, acompañado de su siempre positiva contribución al grupo, hace que uno incluso se acabe sintiendo mal de una forma u otra. Me explico: por un lado, duele no verle jugar más a menudo y me gustaría ver incrementados sus minutos de participación, pero esto implicaría una injusta disminución de los minutos de Ter Stegen, quien sigue dando cero motivos para ceder el más mínimo terreno a cualquier competidor. Por el otro lado, ver a un portero como Cillessen disputar tan pocos minutos a lo largo de una temporada hace que por (breves) momentos me olvide de mi club y me interne en su situación personal, llegando a pensar en cómo me gustaría verle jugar de portero titular en un gran equipo europeo, algo para lo que creo que está más que capacitado. 

Este último caso va en contra de los sentimientos más egoístas que podría tener como aficionado culé, que no serían otros que tener aquí a los mejores, independientemente de los minutos que jueguen y los sentimientos de frustración que esto pudiera producirles. Pero Cillessen genera esto: una sana empatía, un querer desearle la mejor de las suertes, unas ganas de que todo le vaya lo mejor posible, un “vete y demuestra a todo el mundo que eres un portero de clase mundial”. Aunque sea en otro lugar. Aunque esto juegue en contra de mi equipo. Aunque al haber llegado a esta conclusión, Jasper me haga ser menos culé.

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