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Jackie Robinson, el gran pionero negro del béisbol

César Martín @CesarMrtn 10-05-2018

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La historia de las Grandes Ligas de
Béisbol cambió para siempre el 15 de abril de 1947. Ese día, los Brooklyn
Dodgers alinearon a un segunda base llamado Jackie Robinson, que se convirtió
en el primer jugador negro en disputar un partido de la MLB moderna. La barrera
racial del béisbol había caído para siempre.

Hasta finales de la década de los
cincuenta del siglo XX, una ley no escrita
impedía a los afroamericanos jugar tanto en las Grandes Ligas como en las
Menores. Tenían que hacerlo en las denominadas Negro Leagues, que como su
nombre indica, eran ligas profesionales única y exclusivamente para peloteros negros.
En realidad esto no era más que otro reflejo de cómo era de aquella la sociedad
estadounidense: el racismo estaba presente en todos los aspectos de la vida
(Leyes Jim Crow), y el deporte no iba a ser una excepción.

En aquellas Ligas Negras comenzó a
hacerse un nombre Jack Roosevelt Robinson. Jackie nació en el seno de una
familia de aparceros de Georgia, pero él siempre mostró predilección por los
deportes. Tanto en el instituto como en la universidad destacó practicando
fútbol americano, baloncesto, béisbol y atletismo (su hermano Mack fue medalla
de plata en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936). Después de cumplir el
servicio militar comenzó su carrera en el deporte en el que se convirtió en
leyenda: el béisbol.

Robinson estaba entre los mejores beisbolistas
negros del país, pero no era de la élite. Se pensaba que otros como Satchel
Paige y Josh Gibson (“El Babe Ruth negro”)
serían quienes romperían la barrera racial de la MLB. Jackie llevaba intentando
escapar del caos de las Ligas Negras y enrolarse en algún conjunto de las
Grandes Ligas. Él quería jugar en los Boston Red Sox, pero estos no estaban por
la labor de que los negros vistiesen sus camisetas ni tan siquiera para hacer
un prueba. De hecho, los bostonianos serían el último equipo en incorporar a un
jugador afroamericano a sus filas en 1959.

Descartados los Red Sox, apareció
la figura de Branch Rickey. Rickey era el general manager de los Brooklyn
Dodgers y se puso en contacto con Robinson en agosto de 1945. La Segunda Guerra
Mundial estaba llegando a su fin, y el papel de muchos militares afroamericanos
ayudó a que el clima de racismo se rebajara un poco. De todas formas, Rickey
sabía que incorporar a un jugador negro iba a generar mucho revuelo y le pidió
a Jackie Robinson echarle agallas para no caer en las provocaciones racistas.
Robinson aceptó y en noviembre firmó un contrato con los Dodgers que ya es
historia del deporte. Eso sí, el salto a la MLB iba a tener que esperar:
primero tenía que probarse en los Montreal Royals, el equipo las Ligas Menores
afiliado a los Dodgers. Fue un solo año en el que, como se suele decir, “la rompió”.

En su única temporada en Canadá,
Jackie convirtió a los montrealeses en un fenómeno de la MiLB. La asistencia a
los estadios (sobre todo al Delorimier Downs, casa de los Royals) se disparó a
niveles desconocidos para lo que eran las Ligas Menores. El rendimiento de
Robinson, líder de bateo en aquel 1946, le sirvió para ser nombrado MVP y ganar
el título liguero, además del cariño de gran parte de sus compañeros y
aficionados de los Royals. Estaba listo para dar el gran salto.

A falta de seis días para el inicio
de la temporada de 1947, el manager de los Dodgers  Leo Durocher anunció que pondría a Robinson
para el primer partido. Algunos de los jugadores del conjunto neoyorquino
amenazaron con no saltar al terreno de juego porque no querían compartir
vestuario con él. ¿La respuesta de Durocher? “Me da igual si el chaval es amarillo, negro o si tiene rayas como una
puta cebra. Yo soy el manager de este equipo y digo que juega
”. Dicho y
hecho: el 15 de abril de 1947, Jackie Robinson debutó en la MLB con 28 años de
edad. En un día histórico, fue el autor de la carrera que le dio la victoria a
su equipo.

El primer pelotero negro en décadas
(Moses Fleetwood Walker ya había jugado en la prehistoria de la competición) llegó
a las Grandes Ligas para quedarse. Y lo hizo a lo grande. En 1947 fue elegido
Rookie del Año de la MLB en la primera entrega de este galardón. Dos años
después ya estaba entre la élite de la liga: fue escogido para el All-Star (lo
sería seis veces) y lideró a la Liga Nacional en bateo y bases robadas. Por
todo eso fue nombrado MVP de la NL. Otra barrera derribada.

En el palmarés de Robinson solo
faltaba una cosa, un título de las World Series. Ese llegó ante los New York Yankees
en 1955, en la recta final de su carrera profesional. Jackie ya estaba aquejado
de diabetes y su rendimiento no era como el de sus años de plenitud. De hecho,
a finales de 1956 fue traspasado a los Yankees. Lo que los Dodgers no sabían
era que su segunda base, pensando ya en su vida post-béisbol, había firmado un
contrato para ser ejecutivo de una empresa cafetera. El trade nunca llegó a
efectuarse.

Su introducción en el Salón de la
Fama parecía la guinda a su carrera, pero quedaba más. En 1997, para
coincidiendo con los cincuenta años de su debut, la MLB anunció que retiraba
universalmente el dorsal 42, el que Robinson lució durante toda su carrea. Esto
se rompe cada 15 de abril, en el Día de Jackie Robinson. Una jornada en la que
todos los jugadores de todos los equipos visten ese número.

Visualizando la carrea de Robinson
como un iceberg, los reconocimientos son solo la punta. Lo que no se ve son los
números episodios racistas que sufrió: insultos por parte de muchos jugadores,
aficionados, periodistas y managers rivales, amenazas de boicot  de algunos equipos si él jugaba, problemas
para alojarse en hoteles con el resto de sus compañeros, etc. Pero como le
había prometido a su presi Branch Rickey,
aguantó estoicamente.

Jackie Robinson pasó los últimos
años de su vida luchando pacíficamente por el fin de la segregación racial.
Conoció a Martin Luther King y participó en la famosa marcha sobre Washington
por el trabajo y la libertad. También fue pionero al ser el primer negro que
trabajó como analista de béisbol para una cadena de televisión y el primer
vicepresidente negro de una empresa estadounidense (Chock full o’Nuts).
Robinson falleció de un ataque al corazón el 24 de octubre de 1972, a los 53
años de edad, pero su legado sigue muy vivo casi medio siglo después.

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La historia de las Grandes Ligas de
Béisbol cambió para siempre el 15 de abril de 1947. Ese día, los Brooklyn
Dodgers alinearon a un segunda base llamado Jackie Robinson, que se convirtió
en el primer jugador negro en disputar un partido de la MLB moderna. La barrera
racial del béisbol había caído para siempre.

Hasta finales de la década de los
cincuenta del siglo XX, una ley no escrita
impedía a los afroamericanos jugar tanto en las Grandes Ligas como en las
Menores. Tenían que hacerlo en las denominadas Negro Leagues, que como su
nombre indica, eran ligas profesionales única y exclusivamente para peloteros negros.
En realidad esto no era más que otro reflejo de cómo era de aquella la sociedad
estadounidense: el racismo estaba presente en todos los aspectos de la vida
(Leyes Jim Crow), y el deporte no iba a ser una excepción.

En aquellas Ligas Negras comenzó a
hacerse un nombre Jack Roosevelt Robinson. Jackie nació en el seno de una
familia de aparceros de Georgia, pero él siempre mostró predilección por los
deportes. Tanto en el instituto como en la universidad destacó practicando
fútbol americano, baloncesto, béisbol y atletismo (su hermano Mack fue medalla
de plata en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936). Después de cumplir el
servicio militar comenzó su carrera en el deporte en el que se convirtió en
leyenda: el béisbol.

Robinson estaba entre los mejores beisbolistas
negros del país, pero no era de la élite. Se pensaba que otros como Satchel
Paige y Josh Gibson (“El Babe Ruth negro”)
serían quienes romperían la barrera racial de la MLB. Jackie llevaba intentando
escapar del caos de las Ligas Negras y enrolarse en algún conjunto de las
Grandes Ligas. Él quería jugar en los Boston Red Sox, pero estos no estaban por
la labor de que los negros vistiesen sus camisetas ni tan siquiera para hacer
un prueba. De hecho, los bostonianos serían el último equipo en incorporar a un
jugador afroamericano a sus filas en 1959.

Descartados los Red Sox, apareció
la figura de Branch Rickey. Rickey era el general manager de los Brooklyn
Dodgers y se puso en contacto con Robinson en agosto de 1945. La Segunda Guerra
Mundial estaba llegando a su fin, y el papel de muchos militares afroamericanos
ayudó a que el clima de racismo se rebajara un poco. De todas formas, Rickey
sabía que incorporar a un jugador negro iba a generar mucho revuelo y le pidió
a Jackie Robinson echarle agallas para no caer en las provocaciones racistas.
Robinson aceptó y en noviembre firmó un contrato con los Dodgers que ya es
historia del deporte. Eso sí, el salto a la MLB iba a tener que esperar:
primero tenía que probarse en los Montreal Royals, el equipo las Ligas Menores
afiliado a los Dodgers. Fue un solo año en el que, como se suele decir, “la rompió”.

En su única temporada en Canadá,
Jackie convirtió a los montrealeses en un fenómeno de la MiLB. La asistencia a
los estadios (sobre todo al Delorimier Downs, casa de los Royals) se disparó a
niveles desconocidos para lo que eran las Ligas Menores. El rendimiento de
Robinson, líder de bateo en aquel 1946, le sirvió para ser nombrado MVP y ganar
el título liguero, además del cariño de gran parte de sus compañeros y
aficionados de los Royals. Estaba listo para dar el gran salto.

A falta de seis días para el inicio
de la temporada de 1947, el manager de los Dodgers  Leo Durocher anunció que pondría a Robinson
para el primer partido. Algunos de los jugadores del conjunto neoyorquino
amenazaron con no saltar al terreno de juego porque no querían compartir
vestuario con él. ¿La respuesta de Durocher? “Me da igual si el chaval es amarillo, negro o si tiene rayas como una
puta cebra. Yo soy el manager de este equipo y digo que juega
”. Dicho y
hecho: el 15 de abril de 1947, Jackie Robinson debutó en la MLB con 28 años de
edad. En un día histórico, fue el autor de la carrera que le dio la victoria a
su equipo.

El primer pelotero negro en décadas
(Moses Fleetwood Walker ya había jugado en la prehistoria de la competición) llegó
a las Grandes Ligas para quedarse. Y lo hizo a lo grande. En 1947 fue elegido
Rookie del Año de la MLB en la primera entrega de este galardón. Dos años
después ya estaba entre la élite de la liga: fue escogido para el All-Star (lo
sería seis veces) y lideró a la Liga Nacional en bateo y bases robadas. Por
todo eso fue nombrado MVP de la NL. Otra barrera derribada.

En el palmarés de Robinson solo
faltaba una cosa, un título de las World Series. Ese llegó ante los New York Yankees
en 1955, en la recta final de su carrera profesional. Jackie ya estaba aquejado
de diabetes y su rendimiento no era como el de sus años de plenitud. De hecho,
a finales de 1956 fue traspasado a los Yankees. Lo que los Dodgers no sabían
era que su segunda base, pensando ya en su vida post-béisbol, había firmado un
contrato para ser ejecutivo de una empresa cafetera. El trade nunca llegó a
efectuarse.

Su introducción en el Salón de la
Fama parecía la guinda a su carrera, pero quedaba más. En 1997, para
coincidiendo con los cincuenta años de su debut, la MLB anunció que retiraba
universalmente el dorsal 42, el que Robinson lució durante toda su carrea. Esto
se rompe cada 15 de abril, en el Día de Jackie Robinson. Una jornada en la que
todos los jugadores de todos los equipos visten ese número.

Visualizando la carrea de Robinson
como un iceberg, los reconocimientos son solo la punta. Lo que no se ve son los
números episodios racistas que sufrió: insultos por parte de muchos jugadores,
aficionados, periodistas y managers rivales, amenazas de boicot  de algunos equipos si él jugaba, problemas
para alojarse en hoteles con el resto de sus compañeros, etc. Pero como le
había prometido a su presi Branch Rickey,
aguantó estoicamente.

Jackie Robinson pasó los últimos
años de su vida luchando pacíficamente por el fin de la segregación racial.
Conoció a Martin Luther King y participó en la famosa marcha sobre Washington
por el trabajo y la libertad. También fue pionero al ser el primer negro que
trabajó como analista de béisbol para una cadena de televisión y el primer
vicepresidente negro de una empresa estadounidense (Chock full o’Nuts).
Robinson falleció de un ataque al corazón el 24 de octubre de 1972, a los 53
años de edad, pero su legado sigue muy vivo casi medio siglo después.

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