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Iraola, la importancia del matiz

José Miguel Capel @JCapCar 23-09-2020

En la vida, el color es parte fundamental. Impregna de personalidad a todo aquello que alcanza y eso, en cualquier ámbito, es fundamento y obra. Tendemos a asumir el color como algo simple y poco variado. El arcoíris presenta siete -rojo, naranja, amarillo, verde, celeste, azul y violeta- y ello puede llevar a equívoco para cortar la variedad. Por fortuna, existen múltiples gamas de cada uno de ellos y cada cual con sus matices. Esos que permiten diferenciar lo exquisito de lo vulgar.

Y es que el matiz, también en fútbol, es primordial. En un mundo cada vez más colmado de detalles, sistemas o tácticas, en el que cada detalle suma o resta hacia el objetivo, la ventaja competitiva se encuentra precisamente ahí. En el matiz. Un claro ejemplo se presenta en Vallecas, barrio y estadio futbolístico de tremendo legado en el fútbol español. La franja es historia viva de nuestro balompié, aunque en la actualidad se encuentre en el subsuelo de plata.

Allí, Andoni Iraola ha tomado el testigo de Paco Jémez a los mandos de la nave vallecana. El color del fútbol del Rayo actual desprende enorme similitud con su predecesor. El tono de un fútbol de dominio, de control, posesión y preciosismo. Ese en el que se pretende ser protagonista a través del balón, dibujando un terreno de juego amplio y maximizando las virtudes individuales para ponerlas al servicio del conjunto. Paco Jémez y Andoni Iraola defienden una idea futbolística de similares características. Y sin embargo, existen pequeños detalles que les alejan. Esos detalles, tácticos y de concepto, les alejan tanto como sus ideas les acercan. El Rayo Vallecano, como cualquier colectivo, presentaba ciertos defectos que pulir. Minimizar riesgos, juntar líneas, vigilar los espacios, mejorar el sentido defensivo del conjunto… Y es que quizá, con la perspectiva que ofrece la distancia, Andoni Iraola detectase las carencias y defectos que evitaron que el Rayo Vallecano luchase hasta el final el ascenso en el pasado curso. Ahora, el Rayo Vallecano no sólo sigue siendo atractivo en su fútbol, sino que también desprende una sensación de fiabilidad que le permite postularse entre los favoritos al máximo objetivo. Es prematuro, pero Andoni Iraola ya deja algunos trazos que ofrecen al Rayo matices para la esperanza.

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En la vida, el color es parte fundamental. Impregna de personalidad a todo aquello que alcanza y eso, en cualquier ámbito, es fundamento y obra. Tendemos a asumir el color como algo simple y poco variado. El arcoíris presenta siete -rojo, naranja, amarillo, verde, celeste, azul y violeta- y ello puede llevar a equívoco para cortar la variedad. Por fortuna, existen múltiples gamas de cada uno de ellos y cada cual con sus matices. Esos que permiten diferenciar lo exquisito de lo vulgar.

Y es que el matiz, también en fútbol, es primordial. En un mundo cada vez más colmado de detalles, sistemas o tácticas, en el que cada detalle suma o resta hacia el objetivo, la ventaja competitiva se encuentra precisamente ahí. En el matiz. Un claro ejemplo se presenta en Vallecas, barrio y estadio futbolístico de tremendo legado en el fútbol español. La franja es historia viva de nuestro balompié, aunque en la actualidad se encuentre en el subsuelo de plata.

Allí, Andoni Iraola ha tomado el testigo de Paco Jémez a los mandos de la nave vallecana. El color del fútbol del Rayo actual desprende enorme similitud con su predecesor. El tono de un fútbol de dominio, de control, posesión y preciosismo. Ese en el que se pretende ser protagonista a través del balón, dibujando un terreno de juego amplio y maximizando las virtudes individuales para ponerlas al servicio del conjunto. Paco Jémez y Andoni Iraola defienden una idea futbolística de similares características. Y sin embargo, existen pequeños detalles que les alejan. Esos detalles, tácticos y de concepto, les alejan tanto como sus ideas les acercan. El Rayo Vallecano, como cualquier colectivo, presentaba ciertos defectos que pulir. Minimizar riesgos, juntar líneas, vigilar los espacios, mejorar el sentido defensivo del conjunto… Y es que quizá, con la perspectiva que ofrece la distancia, Andoni Iraola detectase las carencias y defectos que evitaron que el Rayo Vallecano luchase hasta el final el ascenso en el pasado curso. Ahora, el Rayo Vallecano no sólo sigue siendo atractivo en su fútbol, sino que también desprende una sensación de fiabilidad que le permite postularse entre los favoritos al máximo objetivo. Es prematuro, pero Andoni Iraola ya deja algunos trazos que ofrecen al Rayo matices para la esperanza.

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