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Intrascendente epílogo del Giro en el Zoncolan

Enrique Julián Gómez @EnriqueJulian23 31-05-2014

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Enrique JULIÁN

Enrique JULIÁN GÓMEZLa última etapa decisiva del Giro ha seguido la línea del resto de la carrera, los veinte días anteriores: una decepción constante. El ascenso final al Zoncolan, uno de los puertos más duros de Europa, se saldó sin ataques, sin movimientos, sin ningún cambio significativo en la general de un Giro en el que apenas se salvan, por emoción y diferencias, las dos contrarreloj en Barolo y Monte Grappa, amén del caos del Stelvio.

Las diferencias de la cronoescalada de ayer habían dejado las cosas bastante claras, con Nairo Quintana como líder destacado, Aru a menos de un minuto del segundo puesto de Urán y Rolland a minuto y medio del podio del joven sardo. Pero nada. Gracias al trabajo primero de Igor Antón y luego de un excepcional Wout Poels, Quintana y Urán subieron de la mano el Zoncolan. Poco por detrás se mantuvo el cuarteto que luchaba por el podio, con Majka y Pozzovivo junto a Aru y Rolland. Sin ataques. Sin ambición. Sin diferencias en las prohibitivas rampas del Zoncolan.

De este modo, Nairo Quintana confirma su primera victoria en una gran vuelta, un triunfo en el Giro que es el segundo de un colombiano en una carrera de tres semanas, tras la Vuelta de Lucho Herrera en 1987. Segundo Rigoberto Urán, asegurando el doblete colombiano en una Corsa Rosa con indiscutible protagonismo 'cafetero', y el nuevo ídolo local Fabio Aru completa el podio. Por detrás, en este orden entre los diez primeros, Pierre Rolland, Domenico Pozzovivo, Rafal Majka, Wilco Kelderman, Cadel Evans, Ryder Hesjedal y Robert Kiserlovski.

La lucha por la etapa estuvo en la fuga, formada por ciclistas importantes como Cataldo, Chalapud, Wellens, Preidler, Geschke, Rogers, Roche, Bongiorno, Monfort, Cattaneo, Zardini, Pellizotti, Bookwalter, Monsalve o Zoidl. La dureza del Zoncolan fue seleccionando a los más fuertes hasta dejar solo a Michael Rogers y Francesco Manuel Bongiorno, con Franco Pellizotti siempre unos metros por detrás.

Las empinadas cunetas del Zoncolan estaban llenas de aficionados, la mayoría normales, pero siempre con la habitual cuota de imbéciles, especialmente en estas subidas mediáticas. Los ciclistas tenían que abrirse paso por momentos a manotazos, incluso Poels le arrebató las gafas a uno de ellos. La desgracia se cebó con Bongiorno, otro del equipo Bardiani que ha destacado en este Giro. Cuando marchaba junto a Rogers para jugarse el triunfo de etapa, un individuo enfundado en un maillot arcoiris le empujó, le obligó a frenar y echar pie a tierra.

Camino libre por tanto para Michael Rogers, que consiguió así su segunda victoria de etapa en este Giro, tras la conseguida en Savona. Un triunfo en el Zoncolan impensable hasta hace poco, cuando estaba suspendido por su positivo por clembuterol, luego exculpado, y con apenas un día de competición antes de la Corsa Rosa.

Mañana, cierre a una carrera decepcionante y tediosa en Trieste. Uno de los Giros menos espectaculares en los últimos tiempos, tres semanas en las que solo se salvan los maravillosos paisajes, los majestuosos puertos y la mayoría de los aficionados. El resto, suspenso.

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Enrique JULIÁN GÓMEZLa última etapa decisiva del Giro ha seguido la línea del resto de la carrera, los veinte días anteriores: una decepción constante. El ascenso final al Zoncolan, uno de los puertos más duros de Europa, se saldó sin ataques, sin movimientos, sin ningún cambio significativo en la general de un Giro en el que apenas se salvan, por emoción y diferencias, las dos contrarreloj en Barolo y Monte Grappa, amén del caos del Stelvio.

Las diferencias de la cronoescalada de ayer habían dejado las cosas bastante claras, con Nairo Quintana como líder destacado, Aru a menos de un minuto del segundo puesto de Urán y Rolland a minuto y medio del podio del joven sardo. Pero nada. Gracias al trabajo primero de Igor Antón y luego de un excepcional Wout Poels, Quintana y Urán subieron de la mano el Zoncolan. Poco por detrás se mantuvo el cuarteto que luchaba por el podio, con Majka y Pozzovivo junto a Aru y Rolland. Sin ataques. Sin ambición. Sin diferencias en las prohibitivas rampas del Zoncolan.

De este modo, Nairo Quintana confirma su primera victoria en una gran vuelta, un triunfo en el Giro que es el segundo de un colombiano en una carrera de tres semanas, tras la Vuelta de Lucho Herrera en 1987. Segundo Rigoberto Urán, asegurando el doblete colombiano en una Corsa Rosa con indiscutible protagonismo 'cafetero', y el nuevo ídolo local Fabio Aru completa el podio. Por detrás, en este orden entre los diez primeros, Pierre Rolland, Domenico Pozzovivo, Rafal Majka, Wilco Kelderman, Cadel Evans, Ryder Hesjedal y Robert Kiserlovski.

La lucha por la etapa estuvo en la fuga, formada por ciclistas importantes como Cataldo, Chalapud, Wellens, Preidler, Geschke, Rogers, Roche, Bongiorno, Monfort, Cattaneo, Zardini, Pellizotti, Bookwalter, Monsalve o Zoidl. La dureza del Zoncolan fue seleccionando a los más fuertes hasta dejar solo a Michael Rogers y Francesco Manuel Bongiorno, con Franco Pellizotti siempre unos metros por detrás.

Las empinadas cunetas del Zoncolan estaban llenas de aficionados, la mayoría normales, pero siempre con la habitual cuota de imbéciles, especialmente en estas subidas mediáticas. Los ciclistas tenían que abrirse paso por momentos a manotazos, incluso Poels le arrebató las gafas a uno de ellos. La desgracia se cebó con Bongiorno, otro del equipo Bardiani que ha destacado en este Giro. Cuando marchaba junto a Rogers para jugarse el triunfo de etapa, un individuo enfundado en un maillot arcoiris le empujó, le obligó a frenar y echar pie a tierra.

Camino libre por tanto para Michael Rogers, que consiguió así su segunda victoria de etapa en este Giro, tras la conseguida en Savona. Un triunfo en el Zoncolan impensable hasta hace poco, cuando estaba suspendido por su positivo por clembuterol, luego exculpado, y con apenas un día de competición antes de la Corsa Rosa.

Mañana, cierre a una carrera decepcionante y tediosa en Trieste. Uno de los Giros menos espectaculares en los últimos tiempos, tres semanas en las que solo se salvan los maravillosos paisajes, los majestuosos puertos y la mayoría de los aficionados. El resto, suspenso.

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