_Copa del Rey

Imanol Alguacil, la Copa del Rey y diez cosas que aprendimos

Quien escribe tiene 40 años y empieza a tener recuerdos futboleros nítidos desde 1988. Antes de la pesadilla europea del Español en Leverkusen y de la volea de Van Basten a la URSS todo son nebulosas. En otras palabras, hasta ayer no había visto a un equipo vasco levantar un título de Liga o Copa. Sabía que Athletic y Real Sociedad habían ganado ‘torneos mayores’ hace más de 30 años, y lo sabía porque mi padre lo recordaba con nostalgia y porque he visto algún vídeo vintage o portada de la época (los gloriosos ’80). Dicho esto, para un servidor ver a un equipo vasco tocar metal, obviando Supercopas, era hasta ayer algo similar a subirse a un ‘unicornio’.

La final de la Copa del Rey es, salvando muchísimas distancias, ‘la Superbowl de mi Españita’. Da igual qué equipos se enfrenten, es un título a partido único, con una carga de emoción altísima y con los sentimientos a flor de piel. Una Copa del Rey con un formato que ha sido reformulado recientemente con gran acierto. Al igual que en el gran show estadounidense, es obligado elegir bando y tomar partido por unos u otros, aunque los razonamientos sean en ocasiones banales o superficiales. Yo ayer iba con Imanol. Cuestión de empatía.

Cabe decir que antes del partido pensaba que el título caería del lado de los bilbaínos. ¿Por qué? Básicamente porque la Real Sociedad tiene en sus filas más jugadores de talento y buen pie, pero el Athletic Club presenta a priori más gen competitivo, una mayor capacidad de sufrimiento y agonía sobre el papel. En una final, el tocar el balón con mimo y criterio es importante, sí, pero el saber sufrir y competir lo es mucho más. O eso pensaba.

Ganó la Real y lo hizo con absoluta justicia. Superó a su rival en fondo y en forma. El Athletic Club se vio superado y se mostró inocuo, inoperante e inerte. A la Real Sociedad le bastaron las tablas de David Silva (35 años, 20 títulos y más clase que un instituto), un pase de Mikel Merino que parecía sacado de otro partido, un sprint al espacio del chispeante Cristian Portugués y un disparo de Mikel Oyarzabal desde los 11 metros. Sin ‘saltito’ esta vez. Y es que con las cosas de comer es mejor no jugar.

El partido no dio para mucho más. Lo justo para que sumando los 90 minutos y el post-partido podamos hacer un decálogo de conclusiones que invitan a la reflexión y de paso le dan un mínimo SEO a este modesto portal web.

1. Arcos y flechas. Mikel Merino y David Silva fueron el arco, Portu e Alexander Isak las flechas. Mikel Oyarzabal protagonizó el rol de inspirado arquero.

2. El peso de la derrota sistemática. El perder cuatro finales de Copa del Rey hace que la probabilidad de que pierdas la quinta aumente exponencialmente. Los escudos juegan, cierto, pero el peso de la responsabilidad y del historial reciente también juega, aunque sea en tu contra.

3. Mikel Oyarzabal nos demostró públicamente, por primera vez desde que es profesional, que es un ‘niño’ de 23 años. A la gallardía, casta y rabia que mostró al marcar el penalti, le acompañó un cúmulo de emociones que derivó en lágrimas al plantarse y derrumbarse delante del micrófono.

4. Imanol Alguacil (Orio, 1971) es un excepcional técnico que llegó al club por la puerta de atrás y que a base de ideas claras y muchísimo trabajo ha implementado un método. Un método arriesgado (juventud, valentía y balón) con el que ha conducido al equipo de sus amores a una gloria que le era esquiva desde hacía 34 años.

5. Sentido de pertenencia. El técnico de la Real Sociedad tiene un arraigo por su equipo, por sus pupilos, por su ciudad y por su tierra que traspasa lo profesional. No es alguien que está en el banquillo de paso. La Real Sociedad es su casa y su sangre es blanquiazul. Todos suma.

6. ‘El forofo‘. Más allá de la viralidad que lleva aparejada un vídeo de un entrenador avisando en rueda de prensa que activará el modo ‘forofo’, para acto seguido enfundarse camiseta, bufanda y gritar cual hincha, lo cierto es que es muy sano ver a profesionales sacando a relucir los sentimientos y las emociones. El ver altas cuotas de espontaneidad y pasión en ese teatro que es la sala de prensa, es un soplo de aire fresco que se agradece en un fútbol profesional que huele a cerrado desde hace años.

7. Zubieta era la fórmula. Ganar un título con la Real Sociedad; algo que no lograron tres ‘K’ ilustres de la historia de La Liga como son Kodro, Kovacevic y Karpin y que sí han conseguido tres ‘Z’ hechas en Zubieta como son Zubeldia, Zubimendi o Zaldua. Hasta quince canteranos ha dado la factoría txuri urdin a la actual y exitosa plantilla donostiarra.

8. Iker Muniain. Volvimos a constatar que tocar un trofeo antes del saque inicial no parece una buena idea. Es como el brindar con agua. Si llevas años escuchando que no lo hagas por algo será. Más allá del inexorable poder del mal fario, cabe destacar el fair-play del capitán del Athletic, quien no tocó un balón durante el partido pero firmó un ‘clinic’ de como hay que comportarse en la derrota. Eso también es ganar.

9. Ausencias. Lo más triste fue la bochornosa exhibición de irresponsabilidad y falta de civismo vista ayer en Bilbao. Hay familiares de víctimas de COVID que se siguen retorciendo de dolor con esas imágenes. Es una auténtica lástima que una cita tan histórica para el fútbol vasco en general, y para la Real Sociedad en particular, tuviera lugar sin el calor de la hinchada. La pandemia obligaba a la prudencia y ello motivó jugar la final con un Estadio de La Cartuja desértico. Dicho esto, habría que preguntarse ciertas cosas, como hizo ayer Filippo Ricci cuando en un tuit se cuestionaba: «¿Qué sentido tiene jugar una final de Copa sin público si este mismo público se reúne en otro sitio?

10. Justicia. En un mundo ideal, y el fútbol no lo es, todos los clubes que han aportado valor o carisma al fútbol español deberían darse una alegría cada poco tiempo. Parece algo justo. Son pocos títulos y muchos equipos, sí, pero creo que todos podemos coincidir en que a la Real Sociedad se le debía un título como este. 34 años era demasiado tiempo para un club tan grande. Obviamente también se le debe un gran título al Athletic Club, quien tendrá una nueva oportunidad para ello el 17 de abril. Veremos que dice Lionel Messi ante eso.

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Quien escribe tiene 40 años y empieza a tener recuerdos futboleros nítidos desde 1988. Antes de la pesadilla europea del Español en Leverkusen y de la volea de Van Basten a la URSS todo son nebulosas. En otras palabras, hasta ayer no había visto a un equipo vasco levantar un título de Liga o Copa. Sabía que Athletic y Real Sociedad habían ganado ‘torneos mayores’ hace más de 30 años, y lo sabía porque mi padre lo recordaba con nostalgia y porque he visto algún vídeo vintage o portada de la época (los gloriosos ’80). Dicho esto, para un servidor ver a un equipo vasco tocar metal, obviando Supercopas, era hasta ayer algo similar a subirse a un ‘unicornio’.

La final de la Copa del Rey es, salvando muchísimas distancias, ‘la Superbowl de mi Españita’. Da igual qué equipos se enfrenten, es un título a partido único, con una carga de emoción altísima y con los sentimientos a flor de piel. Una Copa del Rey con un formato que ha sido reformulado recientemente con gran acierto. Al igual que en el gran show estadounidense, es obligado elegir bando y tomar partido por unos u otros, aunque los razonamientos sean en ocasiones banales o superficiales. Yo ayer iba con Imanol. Cuestión de empatía.

Cabe decir que antes del partido pensaba que el título caería del lado de los bilbaínos. ¿Por qué? Básicamente porque la Real Sociedad tiene en sus filas más jugadores de talento y buen pie, pero el Athletic Club presenta a priori más gen competitivo, una mayor capacidad de sufrimiento y agonía sobre el papel. En una final, el tocar el balón con mimo y criterio es importante, sí, pero el saber sufrir y competir lo es mucho más. O eso pensaba.

Ganó la Real y lo hizo con absoluta justicia. Superó a su rival en fondo y en forma. El Athletic Club se vio superado y se mostró inocuo, inoperante e inerte. A la Real Sociedad le bastaron las tablas de David Silva (35 años, 20 títulos y más clase que un instituto), un pase de Mikel Merino que parecía sacado de otro partido, un sprint al espacio del chispeante Cristian Portugués y un disparo de Mikel Oyarzabal desde los 11 metros. Sin ‘saltito’ esta vez. Y es que con las cosas de comer es mejor no jugar.

El partido no dio para mucho más. Lo justo para que sumando los 90 minutos y el post-partido podamos hacer un decálogo de conclusiones que invitan a la reflexión y de paso le dan un mínimo SEO a este modesto portal web.

1. Arcos y flechas. Mikel Merino y David Silva fueron el arco, Portu e Alexander Isak las flechas. Mikel Oyarzabal protagonizó el rol de inspirado arquero.

2. El peso de la derrota sistemática. El perder cuatro finales de Copa del Rey hace que la probabilidad de que pierdas la quinta aumente exponencialmente. Los escudos juegan, cierto, pero el peso de la responsabilidad y del historial reciente también juega, aunque sea en tu contra.

3. Mikel Oyarzabal nos demostró públicamente, por primera vez desde que es profesional, que es un ‘niño’ de 23 años. A la gallardía, casta y rabia que mostró al marcar el penalti, le acompañó un cúmulo de emociones que derivó en lágrimas al plantarse y derrumbarse delante del micrófono.

4. Imanol Alguacil (Orio, 1971) es un excepcional técnico que llegó al club por la puerta de atrás y que a base de ideas claras y muchísimo trabajo ha implementado un método. Un método arriesgado (juventud, valentía y balón) con el que ha conducido al equipo de sus amores a una gloria que le era esquiva desde hacía 34 años.

5. Sentido de pertenencia. El técnico de la Real Sociedad tiene un arraigo por su equipo, por sus pupilos, por su ciudad y por su tierra que traspasa lo profesional. No es alguien que está en el banquillo de paso. La Real Sociedad es su casa y su sangre es blanquiazul. Todos suma.

6. ‘El forofo‘. Más allá de la viralidad que lleva aparejada un vídeo de un entrenador avisando en rueda de prensa que activará el modo ‘forofo’, para acto seguido enfundarse camiseta, bufanda y gritar cual hincha, lo cierto es que es muy sano ver a profesionales sacando a relucir los sentimientos y las emociones. El ver altas cuotas de espontaneidad y pasión en ese teatro que es la sala de prensa, es un soplo de aire fresco que se agradece en un fútbol profesional que huele a cerrado desde hace años.

7. Zubieta era la fórmula. Ganar un título con la Real Sociedad; algo que no lograron tres ‘K’ ilustres de la historia de La Liga como son Kodro, Kovacevic y Karpin y que sí han conseguido tres ‘Z’ hechas en Zubieta como son Zubeldia, Zubimendi o Zaldua. Hasta quince canteranos ha dado la factoría txuri urdin a la actual y exitosa plantilla donostiarra.

8. Iker Muniain. Volvimos a constatar que tocar un trofeo antes del saque inicial no parece una buena idea. Es como el brindar con agua. Si llevas años escuchando que no lo hagas por algo será. Más allá del inexorable poder del mal fario, cabe destacar el fair-play del capitán del Athletic, quien no tocó un balón durante el partido pero firmó un ‘clinic’ de como hay que comportarse en la derrota. Eso también es ganar.

9. Ausencias. Lo más triste fue la bochornosa exhibición de irresponsabilidad y falta de civismo vista ayer en Bilbao. Hay familiares de víctimas de COVID que se siguen retorciendo de dolor con esas imágenes. Es una auténtica lástima que una cita tan histórica para el fútbol vasco en general, y para la Real Sociedad en particular, tuviera lugar sin el calor de la hinchada. La pandemia obligaba a la prudencia y ello motivó jugar la final con un Estadio de La Cartuja desértico. Dicho esto, habría que preguntarse ciertas cosas, como hizo ayer Filippo Ricci cuando en un tuit se cuestionaba: «¿Qué sentido tiene jugar una final de Copa sin público si este mismo público se reúne en otro sitio?

10. Justicia. En un mundo ideal, y el fútbol no lo es, todos los clubes que han aportado valor o carisma al fútbol español deberían darse una alegría cada poco tiempo. Parece algo justo. Son pocos títulos y muchos equipos, sí, pero creo que todos podemos coincidir en que a la Real Sociedad se le debía un título como este. 34 años era demasiado tiempo para un club tan grande. Obviamente también se le debe un gran título al Athletic Club, quien tendrá una nueva oportunidad para ello el 17 de abril. Veremos que dice Lionel Messi ante eso.

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