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Illa, illa, illa, el Valencia ya asoma por la mirilla

Domingo Ortiz @Domingortiz 05-03-2019

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Ya está aquí. El equipo centenario está en pleno vuelo. En el momento clave de la temporada. A la inolvidable noche del pase a la gran final de la Copa del Rey se le sumó la victoria ante un Athletic que había recuperado las constantes vitales desde la llegada de Garitano. Los de Marcelino son puro cemento armado. Un bloque de hormigón casi imposible de demoler. De los últimos siete partidos, ha dejado el cerrojo en su portería en seis, encajando solo en Butarque en el último minuto de encuentro. Desde la seguridad defensiva se está cimentando todo. Dos líneas de cuatro muy juntas, con una mejora individual extraordinaria de futbolistas que empezaron la temporada de forma dubitativa y con la adaptación inmediata de jugadores que llegaron en el mercado de invierno. El Valencia está en su mes favorito del año (ya huele a Fallas) en la final de Copa, en octavos de final de la Europa League y séptimo en Liga a un punto de Europa y a seis de la Champions. Un escenario que parecía una quimera cuando arrancó 2019.

Neto mantiene el nivel desde que comenzó el curso. Por arriba es un rascacielos que transmite una seguridad feroz y por abajo un gato colmado de intuición. Uno de los futbolistas de la temporada. Además, le ha añadido una pausa y una clarividencia con el balón en los pies que lo encumbran a ser el bronce de esta Liga, tras Oblak y Ter Stegen. Un guardián portentoso. Al brasileño se le suma José Luis Gayà, el MVP de la 2018-2019. El verdadero ’puto amo’ de este Valencia. El de Pedreguer se hizo mayor y destila capitanía por los orificios. Cantera, alma, corazón, sentimiento y un nivel futbolístico al que solo Jordi Alba puede mirarle a la cara. Defendiendo es un taladro que pica pared hasta provocar agujeros en sus rivales. Incómodo, bravucón y belicoso. Se encara con quien haga falta para decirles bien alto que esa es su banda y que mientras resguarde a su Valencia nadie tiene licencia para pasar. A eso añade sus cabriolas sin cadenas hacia arriba, un arma de desdoble que permite a su equipo gozar de gran profundidad. Un ‘One Club Man’ en toda regla. Ni por 100 millones lo dejaba escapar. Hay piezas de coleccionista que se han de cuidar como oro en paño. Y estamos ante una de ellas. Que no se vaya nunca.

Piccini ha pasado de penalizar gravemente a su equipo a convertirse en uno de los mejores laterales de la competición. Marcelino ha sabido activarle la tecla defensiva y su mutación es apasionante. Cierra su espalda como no hacía a comienzos de temporada y es casi imposible de superar en el uno contra uno. Por potencia, envergadura y velocidad. Hacia arriba es un animal en estampida incontrolable. Zancada y fuerza bruta. Lo más sorprendente es que suele tener sosiego en la última toma de decisiones y pone los balones desde su carril francamente bien. Una mudanza de la vulgaridad a la prestancia y excelencia.

Garay es el portador de la corona en la zaga. Hasta la lesión estaba en uno de los mejores momentos de su carrera. Inteligencia, colocación, orden y salida de balón. No es un galgo al espacio para corregir errores pero lo subsana con un entendimiento de este deporte a la altura de muy pocos centrales en Europa. Además tiene una característica que engrandece su figura: hace mejores a todos los futbolistas que juegan a su alrededor, principalmente a sus compañeros del eje. El auténtico líder de la segunda mejor defensa de la Liga (21 goles encajados) tras la del Atlético de Madrid (17). Al argentino se le suma Paulista, un guerrero con el que ir a todas partes con la seguridad de que uno va a estar bien cuidado. Para que Gabriel se pierda un partido, algo gordo ha de ocurrir. Alguna caída de meteoritos o que un tiburón blanco le arranque media pierna. Aun así, buscaría un vendaje para pegarse las piezas y saltar al campo. De esos futbolistas con un compromiso a prueba de bombas que un entrenador desea tener. Como Roncaglia. Que aterrizó en invierno y en cinco partidos tiene al valencianismo entregado. Fiabilidad, contundencia y experiencia. Desde que el de Chajarí se ha enfundado la camiseta centenaria, el Valencia ha recibido solo un gol. Expeditivo. No se embrolla haciendo lo que no ha de hacer. No hay duda alguna que manteniendo este nivel, los de Mestalla tendrán que negociar con el Celta para comprarlo de cara a la próxima temporada. Y no me olvido de Mouctar Diakhaby, que a pesar de su anarquía -tétrica en ocasiones- está creciendo a gran velocidad y se ha empapado de conceptos en uno de los mejores sistemas defensivos del continente. Tiene unas condiciones brutales y es un diamante por pulir. Nadie como Marcelino puede alisar, bruñir y limar unas destrezas como las del francés.

Parejo es el portador del brazalete. Y el del fútbol del equipo. Salvo algún partido donde afloró la fatiga por jugarlo todo, lleva un 2019 antológico. Amo y señor de todos los códigos. Es la prolongación de su entrenador en el campo. Todo pasa por él. Oxígeno, clarividencia y tempo. Con llegada a área contraria e iniciación en la presión al rival. Un futbolista que, cuando está fino físicamente, cambia el rostro de los presentes. Básico. Como los dos leones indomables que le acompañan en la parcela defensiva. Kondogbia, que va acercándose al de la temporada pasada, y Coquelin, un torbellino de vigor y energía con un pie con zapatos de charol. ‘Francisco Quelín’, para los amigos, es la honestidad futbolística personificada. Un búfalo con un pie que ya lo quisiera Cenicienta. Brío y lozanía con un manejo casi de bailarín. Completísimo. El de la República Centroafricana no ha conseguido instaurarse en el nivel de Dios omnipotente del año anterior, pero va en camino. Las lesiones y falta de continuidad privaron al “pulpo” de calcar sensaciones pero, si está a su altura, el Valencia juega con 13. O con 14. Sus tentáculos también cuentan. Como la parcela que abarca con su presencia. Barrendero y abrillantador.

Carlos Soler, del que nadie ha de poner en duda porque todos tienen altibajos, está en esa búsqueda que en Noviembre y Diciembre le hizo estar entre los mejores de la Champions. Es lógico que si lo intentado por el “chino” no fluye, le surjan los interrogantes. Pero ha de reponerse y pensar que es un futbolista muy sustancial para este Valencia. Por lo que da a nivel defensivo y lo que aporta cuando se desliga y amotina hacia área contraria. Volverá a su nivel. No tengan dudas.

Para que los de Marcelino ya asomen en el retrovisor de la Liga y se mantengan firmes en las Copas, fue clave, también, la metamorfosis de Cheryshev. El ruso ha pasado de la nulidad a recordar al del Mundial. Goleando y asistiendo. Lleva mes y medio con una producción altísima donde casi ni nos acordábamos de la lesión de Guedes. Además ha entendido que para que haya argamasa y mortero en el centro del campo, ha de ayudar como el que más. A su cuchillo punzante y su pierna izquierda exquisita le añadió solidaridad y adhesión. En el Valencia de Marcelino curran todos. También los extremos. Y si hablamos de respaldo al compañero no podemos obviar al comodín del de Villaviciosa: Daniel Wass. Lateral diestro, interior derecho, interior izquierdo, mediocentro… si se lo propone puede acabar siendo segundo entrenador o presidente del club de fans de Pablo Alborán. Ciertamente se esperaba más del danés pero, como el equipo, está yendo de menos a más y ha encontrado minutos de rotación donde la competitividad no ha descendido. A ellos se les suma Ferran Torres y Kang In Lee. Más hecho el primero por físico y armadura pero llamados a liderar al Valencia en el corto/medio plazo. El de Foios ha repetido más titularidades y en todas las competiciones. Con solo 19 años ha ofrecido regalos por su aptitud, como el gol de exterior en Balaídos, el de Copa ante el Sporting o los caramelos puestos desde banda derecha. Pocos tienen ese guante. Del surcoreano diré que paciencia. Que tiene un talento natural y más clase que un colegio de Primaria, pero le queda por completar su fase de niño a hombre. Nadie olvidará ya su incidencia ante el Getafe el día de la remontada pero si tiene que salir cedido en verano, ya se verá.

Falta por aterrizar Gonçalo Guedes. El ‘cohete’, en búsqueda de su máximo nivel físico y de ritmo de competición, ha intercalado la banda izquierda y la punta de lanza. Todos esperan la mejor versión del futbolista más caro de la historia del Valencia y, al menos hablo en primera persona, no tengo la mínima duda que acabará llegando. Sus cualidades cuando la flechita mira al norte son de jugador diferencial. Pero ha de serenarse y no querer dar la asistencia y meter el gol al mismo tiempo. Sus ganas de corresponder al club le llevan a la angustia y sobreexcitación. Y son malas compañeras de viaje.

Habrá tiempo para analizar detenidamente a los delanteros, para profundizar sobre los detalles minuciosos de cada uno de ellos, pero el cemento y el cascajo corresponde a las dos líneas de cuatro (aunque los delanteros sean los primeros defensas y también ayuden en esa faceta). De la vuelta de un Rodrigo maravilloso o de la subida al DeLorean para estar viendo al Gameiro del Lorient o Sevilla, hablaremos expresamente más adelante. Lo que parece evidente es que el centenario, que tan mal aspecto y tufo desprendía a finales de 2018, ha pegado volantazo y huele a ilusión. Por estar vivo en todo -único equipo de España junto al Barça- y por las sensaciones que se desmiembran a nivel colectivo e individual. El Valencia irá a Sevilla el 25 de Mayo pero lo más importante es que ya asoma de verdad. Solo tienen que asomarse a la mirilla.

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Ya está aquí. El equipo centenario está en pleno vuelo. En el momento clave de la temporada. A la inolvidable noche del pase a la gran final de la Copa del Rey se le sumó la victoria ante un Athletic que había recuperado las constantes vitales desde la llegada de Garitano. Los de Marcelino son puro cemento armado. Un bloque de hormigón casi imposible de demoler. De los últimos siete partidos, ha dejado el cerrojo en su portería en seis, encajando solo en Butarque en el último minuto de encuentro. Desde la seguridad defensiva se está cimentando todo. Dos líneas de cuatro muy juntas, con una mejora individual extraordinaria de futbolistas que empezaron la temporada de forma dubitativa y con la adaptación inmediata de jugadores que llegaron en el mercado de invierno. El Valencia está en su mes favorito del año (ya huele a Fallas) en la final de Copa, en octavos de final de la Europa League y séptimo en Liga a un punto de Europa y a seis de la Champions. Un escenario que parecía una quimera cuando arrancó 2019.

Neto mantiene el nivel desde que comenzó el curso. Por arriba es un rascacielos que transmite una seguridad feroz y por abajo un gato colmado de intuición. Uno de los futbolistas de la temporada. Además, le ha añadido una pausa y una clarividencia con el balón en los pies que lo encumbran a ser el bronce de esta Liga, tras Oblak y Ter Stegen. Un guardián portentoso. Al brasileño se le suma José Luis Gayà, el MVP de la 2018-2019. El verdadero ’puto amo’ de este Valencia. El de Pedreguer se hizo mayor y destila capitanía por los orificios. Cantera, alma, corazón, sentimiento y un nivel futbolístico al que solo Jordi Alba puede mirarle a la cara. Defendiendo es un taladro que pica pared hasta provocar agujeros en sus rivales. Incómodo, bravucón y belicoso. Se encara con quien haga falta para decirles bien alto que esa es su banda y que mientras resguarde a su Valencia nadie tiene licencia para pasar. A eso añade sus cabriolas sin cadenas hacia arriba, un arma de desdoble que permite a su equipo gozar de gran profundidad. Un ‘One Club Man’ en toda regla. Ni por 100 millones lo dejaba escapar. Hay piezas de coleccionista que se han de cuidar como oro en paño. Y estamos ante una de ellas. Que no se vaya nunca.

Piccini ha pasado de penalizar gravemente a su equipo a convertirse en uno de los mejores laterales de la competición. Marcelino ha sabido activarle la tecla defensiva y su mutación es apasionante. Cierra su espalda como no hacía a comienzos de temporada y es casi imposible de superar en el uno contra uno. Por potencia, envergadura y velocidad. Hacia arriba es un animal en estampida incontrolable. Zancada y fuerza bruta. Lo más sorprendente es que suele tener sosiego en la última toma de decisiones y pone los balones desde su carril francamente bien. Una mudanza de la vulgaridad a la prestancia y excelencia.

Garay es el portador de la corona en la zaga. Hasta la lesión estaba en uno de los mejores momentos de su carrera. Inteligencia, colocación, orden y salida de balón. No es un galgo al espacio para corregir errores pero lo subsana con un entendimiento de este deporte a la altura de muy pocos centrales en Europa. Además tiene una característica que engrandece su figura: hace mejores a todos los futbolistas que juegan a su alrededor, principalmente a sus compañeros del eje. El auténtico líder de la segunda mejor defensa de la Liga (21 goles encajados) tras la del Atlético de Madrid (17). Al argentino se le suma Paulista, un guerrero con el que ir a todas partes con la seguridad de que uno va a estar bien cuidado. Para que Gabriel se pierda un partido, algo gordo ha de ocurrir. Alguna caída de meteoritos o que un tiburón blanco le arranque media pierna. Aun así, buscaría un vendaje para pegarse las piezas y saltar al campo. De esos futbolistas con un compromiso a prueba de bombas que un entrenador desea tener. Como Roncaglia. Que aterrizó en invierno y en cinco partidos tiene al valencianismo entregado. Fiabilidad, contundencia y experiencia. Desde que el de Chajarí se ha enfundado la camiseta centenaria, el Valencia ha recibido solo un gol. Expeditivo. No se embrolla haciendo lo que no ha de hacer. No hay duda alguna que manteniendo este nivel, los de Mestalla tendrán que negociar con el Celta para comprarlo de cara a la próxima temporada. Y no me olvido de Mouctar Diakhaby, que a pesar de su anarquía -tétrica en ocasiones- está creciendo a gran velocidad y se ha empapado de conceptos en uno de los mejores sistemas defensivos del continente. Tiene unas condiciones brutales y es un diamante por pulir. Nadie como Marcelino puede alisar, bruñir y limar unas destrezas como las del francés.

Parejo es el portador del brazalete. Y el del fútbol del equipo. Salvo algún partido donde afloró la fatiga por jugarlo todo, lleva un 2019 antológico. Amo y señor de todos los códigos. Es la prolongación de su entrenador en el campo. Todo pasa por él. Oxígeno, clarividencia y tempo. Con llegada a área contraria e iniciación en la presión al rival. Un futbolista que, cuando está fino físicamente, cambia el rostro de los presentes. Básico. Como los dos leones indomables que le acompañan en la parcela defensiva. Kondogbia, que va acercándose al de la temporada pasada, y Coquelin, un torbellino de vigor y energía con un pie con zapatos de charol. ‘Francisco Quelín’, para los amigos, es la honestidad futbolística personificada. Un búfalo con un pie que ya lo quisiera Cenicienta. Brío y lozanía con un manejo casi de bailarín. Completísimo. El de la República Centroafricana no ha conseguido instaurarse en el nivel de Dios omnipotente del año anterior, pero va en camino. Las lesiones y falta de continuidad privaron al “pulpo” de calcar sensaciones pero, si está a su altura, el Valencia juega con 13. O con 14. Sus tentáculos también cuentan. Como la parcela que abarca con su presencia. Barrendero y abrillantador.

Carlos Soler, del que nadie ha de poner en duda porque todos tienen altibajos, está en esa búsqueda que en Noviembre y Diciembre le hizo estar entre los mejores de la Champions. Es lógico que si lo intentado por el “chino” no fluye, le surjan los interrogantes. Pero ha de reponerse y pensar que es un futbolista muy sustancial para este Valencia. Por lo que da a nivel defensivo y lo que aporta cuando se desliga y amotina hacia área contraria. Volverá a su nivel. No tengan dudas.

Para que los de Marcelino ya asomen en el retrovisor de la Liga y se mantengan firmes en las Copas, fue clave, también, la metamorfosis de Cheryshev. El ruso ha pasado de la nulidad a recordar al del Mundial. Goleando y asistiendo. Lleva mes y medio con una producción altísima donde casi ni nos acordábamos de la lesión de Guedes. Además ha entendido que para que haya argamasa y mortero en el centro del campo, ha de ayudar como el que más. A su cuchillo punzante y su pierna izquierda exquisita le añadió solidaridad y adhesión. En el Valencia de Marcelino curran todos. También los extremos. Y si hablamos de respaldo al compañero no podemos obviar al comodín del de Villaviciosa: Daniel Wass. Lateral diestro, interior derecho, interior izquierdo, mediocentro… si se lo propone puede acabar siendo segundo entrenador o presidente del club de fans de Pablo Alborán. Ciertamente se esperaba más del danés pero, como el equipo, está yendo de menos a más y ha encontrado minutos de rotación donde la competitividad no ha descendido. A ellos se les suma Ferran Torres y Kang In Lee. Más hecho el primero por físico y armadura pero llamados a liderar al Valencia en el corto/medio plazo. El de Foios ha repetido más titularidades y en todas las competiciones. Con solo 19 años ha ofrecido regalos por su aptitud, como el gol de exterior en Balaídos, el de Copa ante el Sporting o los caramelos puestos desde banda derecha. Pocos tienen ese guante. Del surcoreano diré que paciencia. Que tiene un talento natural y más clase que un colegio de Primaria, pero le queda por completar su fase de niño a hombre. Nadie olvidará ya su incidencia ante el Getafe el día de la remontada pero si tiene que salir cedido en verano, ya se verá.

Falta por aterrizar Gonçalo Guedes. El ‘cohete’, en búsqueda de su máximo nivel físico y de ritmo de competición, ha intercalado la banda izquierda y la punta de lanza. Todos esperan la mejor versión del futbolista más caro de la historia del Valencia y, al menos hablo en primera persona, no tengo la mínima duda que acabará llegando. Sus cualidades cuando la flechita mira al norte son de jugador diferencial. Pero ha de serenarse y no querer dar la asistencia y meter el gol al mismo tiempo. Sus ganas de corresponder al club le llevan a la angustia y sobreexcitación. Y son malas compañeras de viaje.

Habrá tiempo para analizar detenidamente a los delanteros, para profundizar sobre los detalles minuciosos de cada uno de ellos, pero el cemento y el cascajo corresponde a las dos líneas de cuatro (aunque los delanteros sean los primeros defensas y también ayuden en esa faceta). De la vuelta de un Rodrigo maravilloso o de la subida al DeLorean para estar viendo al Gameiro del Lorient o Sevilla, hablaremos expresamente más adelante. Lo que parece evidente es que el centenario, que tan mal aspecto y tufo desprendía a finales de 2018, ha pegado volantazo y huele a ilusión. Por estar vivo en todo -único equipo de España junto al Barça- y por las sensaciones que se desmiembran a nivel colectivo e individual. El Valencia irá a Sevilla el 25 de Mayo pero lo más importante es que ya asoma de verdad. Solo tienen que asomarse a la mirilla.

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