_Italia

Ibrahimovic en Ascoli Piceno

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 22-11-2019

Durante las últimas semanas, debido a las noticias que colocan a Zlatan Ibrahimovic de vuelta en el Calcio, algunos equipos de Serie B han ironizado a través de sus redes sociales, por medio de varios montajes y memes, sobre que el posible destino del astro sueco vaya a ser finalmente alguno de estos mismos clubes en lugar del Milan o el Bologna. Sin embargo, la segunda división del fútbol italiano ya tiene a su propia versión del ya exfutbolista de Los Angeles Galaxy y juega en el estadio Del Duca de Ascoli Piceno. Y es que ver jugar a Gianluca Scamacca en el conjunto bianconero, con los mismos vehementes 195 centímetros de altura que el fenómeno escandinavo, es lo más cercano, salvando la obvia y aún sideral distancia de nivel entre ambos, que se puede ver en los campos de la Serie B a aquel Ibrahimovic que deleitaba con su fútbol por las canchas del Calcio de hace una década.

Scamacca no alcanza la elasticidad inverosímil de Ibrahimovic, ni tampoco esa increíble capacidad técnica más propia de un mediapunta de 1.70m que de un nueve de su gigantesco tamaño, sin embargo, es también un delantero cuya altura no le impide poseer una calidad capaz de dibujar gestos técnicos en espacios reducidos asombrosos para su talla. Además, al futbolista romano le gusta mucho gestionar el balón a pocos toques lejos del área y distribuirlo con su notable visión de juego, mientras hace gala previamente de un muestrario muy ‘zlatanesco’ en su lenguaje futbolístico: taconazos, ruletas, un control en el aire con la puntera por aquí, un caño por allá, una dejada de primeras con el pecho para convertir en oro un simple pelotazo… Una similitud que se desprende también en su explosiva personalidad, en la dependencia para brillar que extrae de su motivación personal y de una confianza en sí mismo que siempre siente la necesidad de exteriorizar, e incluso en la celebración de sus goles. No hay duda, Zlatan es su referente.

Es precisamente en su habilidad para alimentar el juego ofensivo, especialmente hacia las bandas para después sumarse al área y buscar la finalización con su contundencia física por arriba o con su gusto por el remate acrobático (he aquí otra similitud), donde se encuentra su mejor acción, la que más y mejor define su fútbol actual, la más productiva de todas y la que le lleva a pasar más tiempo cerca del círculo central que del punto de penalti. Scamacca solo necesita un control y un ligero paso hacia un lado para orientarse y poner de cara a todo su equipo. Si además logra girarse completamente, él mismo puede lanzar hacia el área a sus compañeros de reparto más veloces con un pase filtrado o un envío por encima de la defensa de una creatividad considerables. Una serie de movimientos incipientemente similares a los que ejecuta en la Roma un nueve de una sensibilidad especial como es Edin Dzeko, aunque la frialdad del bosnio no está precisamente en el ADN de la sangre caliente del joven delantero del Ascoli, donde juega cedido por el Sassuolo.

De hecho, en el 4-3-1-2 de Paolo Zanetti en el Ascoli, en el que forma dupla con un nueve también muy corpulento como Ardemagni o con otro atacante díscolo pero con un talento de Serie A como el velocísimo Alessio Da Cruz, Scamacca actúa como segundo punta, como pívot del primero o lanzador del segundo y del dinámico Ninkovic, que parte como teórico mediapunta. Una posición que también ocupa en la sub-21, con Pinamonti de referencia, donde ejerce incluso de falso extremo izquierdo. Un perfil, este último, destinado a liberar todo el carril para el lateral y que supone, metiéndose unos metros hacia dentro, un recurso muy valioso para una salida sencilla y directa hacia campo rival que rápidamente sitúe al equipo cerca de la frontal, ya que Scamacca es un jugador que asegura un reciclaje de balones continuo por su mezcla de fortaleza física y destreza técnica y sus excelentes descargas. Además, al choque, es directamente una pared. Por el contrario, no es especialmente trabajador sin balón para permitir a los suyos situarse permanentemente arriba por medio de una adelantada e intensa presión tras pérdida, lo que termina de explicar su rol actual. Similar, por funciones, al que Simone Inzaghi otorgó a Milinkovic-Savic en su primera etapa en la Lazio.

A largo plazo, en cambio, encabezar un 4-3-3 beneficiaría a su juego. En un contexto de más calidad a su alrededor, Scamacca podría crecer exponencialmente. Sus apoyos y su lectura se sumarían a una mayor precisión colectiva a la hora de trazar el desmarque correcto o de saber esperarlo antes de poner un centro al corazón del área para su llegada en el momento adecuado. En un 4-3-3 como el de Mancini, sin ir más lejos, sería un jugador que podría retroalimentarse a las mil maravillas con un juego exterior que atacase por duplicado las zonas intermedias con diagonales incisivas y que a su vez mantuviese un cierto tacto para el penúltimo toque (Chiesa, Insigne, OrsolinI, Zaniolo, Berardi…). Ese escenario, idílico para sus virtudes, colocaría a Scamacca en frecuentes posiciones de remate en el punto de penalti y le situaría en disposición de ser un nueve que pusiese a orbitar al equipo a su alrededor, más de lo que lo hace en Ascoli, y a través del cual abrir caminos por su sola presencia. Un nueve que añadiría las dosis de creatividad a la demarcación en la Nazionale que los siempre fiables, verticales, trabajadores y goleadores regulares que son Belotti e Immobile no tienen. Una alternativa fantástica para la Italia de Jorginho y Verratti y su juego asociativo en corto. Todo eso aún queda bastante lejos para Scamacca, aunque no es un camino descabellado para su talento.

A pesar de esa cierta pasividad para las persecuciones defensivas en el último tercio del terreno de juego que ya hemos comentado, en parte porque él siempre se ha sentido un crack y como tal no lleva dentro esa vertiente más sacrificada, Scamacca es un delantero que sí tiene recursos en conducción, especialmente por su estupendo dribbling en corto, aunque no es, lógicamente, un jugador demasiado explosivo en carrera. Sin embargo, en ese sentido, si logra un par de metros iniciales de ventaja respecto a su marcador, sus cuatro o cinco pasos siguientes pueden ser mortales de necesidad para el bloque rival, sobre todo porque el defensa perseguidor, habitualmente el central diestro, que tiene que salir muy lejos de su zona en su búsqueda en la disputa aérea, no sabe por dónde atacarlo a continuación para intentar arrebatarle el balón. Una superioridad física que también le permite, alguna que otra vez, dividir por dentro individualmente hasta llegar a zonas donde probar el buen disparo que tiene desde la frontal. Otra de las acciones más habituales y prometedoras de su compendio de atributos como atacante, aunque si tiene que elegir, casi siempre acaba apoyándose en un compañero en lugar de disparando por disparar. Una vertiente individualista que ha matizado mucho desde su paso definitivo al fútbol profesional.

Scamacca aún se encuentra, en buena medida, en una fase final de adaptación de su cuerpo al salto realizado desde el fútbol formativo, donde se aprovechaba de manera abusiva de su fisonomía y de su envergadura para extraer unas ventajas constantes que ahora mismo ya no son tantas ni tan sencillas de generar. Esa situación, sumada a su carácter, le conduce ahora mismo a una cierta irregularidad en la Serie B, con muchos picos pero también con otros tantos valles en su rendimiento. Le falta consistencia a lo largo de noventa minutos. De hecho, no es ni siquiera un fijo en los planes de Paolo Zanetti en Ascoli. Además, necesita acumular más volumen de ocasiones y más recursos de gol para encontrar situaciones de peligro que vayan más allá de sumarse al punto de penalti tras abrir el juego a un costado, habiéndose servido previamente como medio de su excelente juego de espaldas lejos del arco, o del feroz disparo de media distancia que lleva a cabo si encuentra una cierta ventaja espacial. Un arsenal que sea más variado, ya sea atacando el espacio con rupturas cortas tras asociarse en ataques más estáticos, desmarcándose más veces al segundo palo en los envíos laterales o siendo capaz de generarse por sí solo y con mayor continuidad el hueco en el pico del área para soltar el remate a puerta, por ejemplo.

A sus 20 años, Scamacca ya ha pasado por las canteras de la Lazio, la Roma, el PSV y el Sassuolo y también por las primeras plantillas del propio Sassuolo, de la Cremonese, del PEC Zwolle y del Ascoli, en un inicio de carrera inestable y extraño. Por el camino ha vivido también varios episodios disciplinarios, como cuando fue apartado junto a Moise Kean de la sub-19, y tiene un temperamento que puede ser muchas veces contraproducente para sí mismo en lugar de ser únicamente usado para exaltar su competitividad y su gen ganador. En su propio equipo tiene algunos ejemplos de futbolistas muy prometedores en su día, con grandes condiciones, que no han terminado de llegar a la élite a la que apuntaban por diferentes motivos y que deberían servirle de ejemplo para comprender la importancia que tiene mantener la mentalidad adecuada que la élite exige para llegar hasta ella. El propio Da Cruz, Nicola Leali (ex Juventus) o Davide Petrucci (ex Manchester United) son algunos de ellos. Si lo consigue, su potencial es tan grande como él mismo, aunque es uno de esos talentos que se mueven en el delicado filo entre convertirse en genios o en acabar siendo vilipendiadores de su don. Queda por saber cuál de los dos caminos termina por tomar Scamacca, que ya suena para equipos de la Serie A en el inminente mercado de invierno.

Aunque no sea considerado en la actualidad uno de los cuatro o cinco nuevos grandes proyectos del fútbol italiano para el futuro más cercano (Zaniolo, Tonali, Sebastiano Esposito e incluso el propio Kean están por delante ahora mismo en cuanto a proyección), se cuentan con los dedos de una mano los nueves del Calcio más reciente que hayan aunado en su juego esa fusión físico-técnica tan poderosa dentro y lejos del área. No digamos ya los nueves de Italia, donde no se ve un delantero centro autóctono con tanto potencial para capitalizar el juego ofensivo de su equipo por todo el carril central a tan diferentes alturas desde el último Luca Toni de Verona. Scamacca es un tipo de delantero centro capaz de hacer cosas increíbles, aún más increíbles por ser el dueño del cuerpo que es. Un tipo de delantero centro que debería estar destinado por una cuestión obvia a vivir del empuje, de su físico, de su cabezazo y de ser un mero fajador en el área o cerca de ella, pero que para jugar al fútbol prefiere apostar por la calidad de sus botas, también lejos de las habituales zonas de gol, antes que por el tamaño de su cuerpo. La mezcla de su talento, de su personalidad y de su físico puede ser un cóctel imparable si logra manejarlo todo al unísono con acierto. Una mezcla digna del mismísimo Zlatan Ibrahimovic al que él mismo ha convertido en el espejo en el que mirarse cada día. Una mezcla digna, al menos, de un Zlatan Ibrahimovic de Serie B. Por el momento.

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Durante las últimas semanas, debido a las noticias que colocan a Zlatan Ibrahimovic de vuelta en el Calcio, algunos equipos de Serie B han ironizado a través de sus redes sociales, por medio de varios montajes y memes, sobre que el posible destino del astro sueco vaya a ser finalmente alguno de estos mismos clubes en lugar del Milan o el Bologna. Sin embargo, la segunda división del fútbol italiano ya tiene a su propia versión del ya exfutbolista de Los Angeles Galaxy y juega en el estadio Del Duca de Ascoli Piceno. Y es que ver jugar a Gianluca Scamacca en el conjunto bianconero, con los mismos vehementes 195 centímetros de altura que el fenómeno escandinavo, es lo más cercano, salvando la obvia y aún sideral distancia de nivel entre ambos, que se puede ver en los campos de la Serie B a aquel Ibrahimovic que deleitaba con su fútbol por las canchas del Calcio de hace una década.

Scamacca no alcanza la elasticidad inverosímil de Ibrahimovic, ni tampoco esa increíble capacidad técnica más propia de un mediapunta de 1.70m que de un nueve de su gigantesco tamaño, sin embargo, es también un delantero cuya altura no le impide poseer una calidad capaz de dibujar gestos técnicos en espacios reducidos asombrosos para su talla. Además, al futbolista romano le gusta mucho gestionar el balón a pocos toques lejos del área y distribuirlo con su notable visión de juego, mientras hace gala previamente de un muestrario muy ‘zlatanesco’ en su lenguaje futbolístico: taconazos, ruletas, un control en el aire con la puntera por aquí, un caño por allá, una dejada de primeras con el pecho para convertir en oro un simple pelotazo… Una similitud que se desprende también en su explosiva personalidad, en la dependencia para brillar que extrae de su motivación personal y de una confianza en sí mismo que siempre siente la necesidad de exteriorizar, e incluso en la celebración de sus goles. No hay duda, Zlatan es su referente.

Es precisamente en su habilidad para alimentar el juego ofensivo, especialmente hacia las bandas para después sumarse al área y buscar la finalización con su contundencia física por arriba o con su gusto por el remate acrobático (he aquí otra similitud), donde se encuentra su mejor acción, la que más y mejor define su fútbol actual, la más productiva de todas y la que le lleva a pasar más tiempo cerca del círculo central que del punto de penalti. Scamacca solo necesita un control y un ligero paso hacia un lado para orientarse y poner de cara a todo su equipo. Si además logra girarse completamente, él mismo puede lanzar hacia el área a sus compañeros de reparto más veloces con un pase filtrado o un envío por encima de la defensa de una creatividad considerables. Una serie de movimientos incipientemente similares a los que ejecuta en la Roma un nueve de una sensibilidad especial como es Edin Dzeko, aunque la frialdad del bosnio no está precisamente en el ADN de la sangre caliente del joven delantero del Ascoli, donde juega cedido por el Sassuolo.

De hecho, en el 4-3-1-2 de Paolo Zanetti en el Ascoli, en el que forma dupla con un nueve también muy corpulento como Ardemagni o con otro atacante díscolo pero con un talento de Serie A como el velocísimo Alessio Da Cruz, Scamacca actúa como segundo punta, como pívot del primero o lanzador del segundo y del dinámico Ninkovic, que parte como teórico mediapunta. Una posición que también ocupa en la sub-21, con Pinamonti de referencia, donde ejerce incluso de falso extremo izquierdo. Un perfil, este último, destinado a liberar todo el carril para el lateral y que supone, metiéndose unos metros hacia dentro, un recurso muy valioso para una salida sencilla y directa hacia campo rival que rápidamente sitúe al equipo cerca de la frontal, ya que Scamacca es un jugador que asegura un reciclaje de balones continuo por su mezcla de fortaleza física y destreza técnica y sus excelentes descargas. Además, al choque, es directamente una pared. Por el contrario, no es especialmente trabajador sin balón para permitir a los suyos situarse permanentemente arriba por medio de una adelantada e intensa presión tras pérdida, lo que termina de explicar su rol actual. Similar, por funciones, al que Simone Inzaghi otorgó a Milinkovic-Savic en su primera etapa en la Lazio.

A largo plazo, en cambio, encabezar un 4-3-3 beneficiaría a su juego. En un contexto de más calidad a su alrededor, Scamacca podría crecer exponencialmente. Sus apoyos y su lectura se sumarían a una mayor precisión colectiva a la hora de trazar el desmarque correcto o de saber esperarlo antes de poner un centro al corazón del área para su llegada en el momento adecuado. En un 4-3-3 como el de Mancini, sin ir más lejos, sería un jugador que podría retroalimentarse a las mil maravillas con un juego exterior que atacase por duplicado las zonas intermedias con diagonales incisivas y que a su vez mantuviese un cierto tacto para el penúltimo toque (Chiesa, Insigne, OrsolinI, Zaniolo, Berardi…). Ese escenario, idílico para sus virtudes, colocaría a Scamacca en frecuentes posiciones de remate en el punto de penalti y le situaría en disposición de ser un nueve que pusiese a orbitar al equipo a su alrededor, más de lo que lo hace en Ascoli, y a través del cual abrir caminos por su sola presencia. Un nueve que añadiría las dosis de creatividad a la demarcación en la Nazionale que los siempre fiables, verticales, trabajadores y goleadores regulares que son Belotti e Immobile no tienen. Una alternativa fantástica para la Italia de Jorginho y Verratti y su juego asociativo en corto. Todo eso aún queda bastante lejos para Scamacca, aunque no es un camino descabellado para su talento.

A pesar de esa cierta pasividad para las persecuciones defensivas en el último tercio del terreno de juego que ya hemos comentado, en parte porque él siempre se ha sentido un crack y como tal no lleva dentro esa vertiente más sacrificada, Scamacca es un delantero que sí tiene recursos en conducción, especialmente por su estupendo dribbling en corto, aunque no es, lógicamente, un jugador demasiado explosivo en carrera. Sin embargo, en ese sentido, si logra un par de metros iniciales de ventaja respecto a su marcador, sus cuatro o cinco pasos siguientes pueden ser mortales de necesidad para el bloque rival, sobre todo porque el defensa perseguidor, habitualmente el central diestro, que tiene que salir muy lejos de su zona en su búsqueda en la disputa aérea, no sabe por dónde atacarlo a continuación para intentar arrebatarle el balón. Una superioridad física que también le permite, alguna que otra vez, dividir por dentro individualmente hasta llegar a zonas donde probar el buen disparo que tiene desde la frontal. Otra de las acciones más habituales y prometedoras de su compendio de atributos como atacante, aunque si tiene que elegir, casi siempre acaba apoyándose en un compañero en lugar de disparando por disparar. Una vertiente individualista que ha matizado mucho desde su paso definitivo al fútbol profesional.

Scamacca aún se encuentra, en buena medida, en una fase final de adaptación de su cuerpo al salto realizado desde el fútbol formativo, donde se aprovechaba de manera abusiva de su fisonomía y de su envergadura para extraer unas ventajas constantes que ahora mismo ya no son tantas ni tan sencillas de generar. Esa situación, sumada a su carácter, le conduce ahora mismo a una cierta irregularidad en la Serie B, con muchos picos pero también con otros tantos valles en su rendimiento. Le falta consistencia a lo largo de noventa minutos. De hecho, no es ni siquiera un fijo en los planes de Paolo Zanetti en Ascoli. Además, necesita acumular más volumen de ocasiones y más recursos de gol para encontrar situaciones de peligro que vayan más allá de sumarse al punto de penalti tras abrir el juego a un costado, habiéndose servido previamente como medio de su excelente juego de espaldas lejos del arco, o del feroz disparo de media distancia que lleva a cabo si encuentra una cierta ventaja espacial. Un arsenal que sea más variado, ya sea atacando el espacio con rupturas cortas tras asociarse en ataques más estáticos, desmarcándose más veces al segundo palo en los envíos laterales o siendo capaz de generarse por sí solo y con mayor continuidad el hueco en el pico del área para soltar el remate a puerta, por ejemplo.

A sus 20 años, Scamacca ya ha pasado por las canteras de la Lazio, la Roma, el PSV y el Sassuolo y también por las primeras plantillas del propio Sassuolo, de la Cremonese, del PEC Zwolle y del Ascoli, en un inicio de carrera inestable y extraño. Por el camino ha vivido también varios episodios disciplinarios, como cuando fue apartado junto a Moise Kean de la sub-19, y tiene un temperamento que puede ser muchas veces contraproducente para sí mismo en lugar de ser únicamente usado para exaltar su competitividad y su gen ganador. En su propio equipo tiene algunos ejemplos de futbolistas muy prometedores en su día, con grandes condiciones, que no han terminado de llegar a la élite a la que apuntaban por diferentes motivos y que deberían servirle de ejemplo para comprender la importancia que tiene mantener la mentalidad adecuada que la élite exige para llegar hasta ella. El propio Da Cruz, Nicola Leali (ex Juventus) o Davide Petrucci (ex Manchester United) son algunos de ellos. Si lo consigue, su potencial es tan grande como él mismo, aunque es uno de esos talentos que se mueven en el delicado filo entre convertirse en genios o en acabar siendo vilipendiadores de su don. Queda por saber cuál de los dos caminos termina por tomar Scamacca, que ya suena para equipos de la Serie A en el inminente mercado de invierno.

Aunque no sea considerado en la actualidad uno de los cuatro o cinco nuevos grandes proyectos del fútbol italiano para el futuro más cercano (Zaniolo, Tonali, Sebastiano Esposito e incluso el propio Kean están por delante ahora mismo en cuanto a proyección), se cuentan con los dedos de una mano los nueves del Calcio más reciente que hayan aunado en su juego esa fusión físico-técnica tan poderosa dentro y lejos del área. No digamos ya los nueves de Italia, donde no se ve un delantero centro autóctono con tanto potencial para capitalizar el juego ofensivo de su equipo por todo el carril central a tan diferentes alturas desde el último Luca Toni de Verona. Scamacca es un tipo de delantero centro capaz de hacer cosas increíbles, aún más increíbles por ser el dueño del cuerpo que es. Un tipo de delantero centro que debería estar destinado por una cuestión obvia a vivir del empuje, de su físico, de su cabezazo y de ser un mero fajador en el área o cerca de ella, pero que para jugar al fútbol prefiere apostar por la calidad de sus botas, también lejos de las habituales zonas de gol, antes que por el tamaño de su cuerpo. La mezcla de su talento, de su personalidad y de su físico puede ser un cóctel imparable si logra manejarlo todo al unísono con acierto. Una mezcla digna del mismísimo Zlatan Ibrahimovic al que él mismo ha convertido en el espejo en el que mirarse cada día. Una mezcla digna, al menos, de un Zlatan Ibrahimovic de Serie B. Por el momento.

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Joel Sierra @_JoeLSierra_
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Javier Siñeriz @jsineriz96
22-11-2019