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Hipnosis

José Gavilán @futbol_internac 15-01-2019

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La historia de los ‘Davies’ comienza en Liberia en el contexto de la II Guerra Civil del país africano. En aquel momento, el único objetivo de los padres de Alphonso -aún no había nacido- era el de permanecer con vida. «El panorama era temible. Debías saltar por encima de los cadáveres para ir a por comida», comentaba su madre Victoria. Por ello, como tuvieron que hacer más de 450000 personas, huyeron del conflicto en busca de paz. Una utopía. El campo de refugiados de Buduburam (Ghana) los acogió. «Era seguro vivir allí, pero duro. La vida de un refugiado es como si te meten en un contenedor y te encierran con un candado”, señalaba la familia. 

Allí, en el año 2000, nació Alphonso. Tan lejos de la guerra como de sus sueños. Y allí permaneció durante sus primeros cinco años de vida. Pero los Davies nunca se dieron por vencidos. Debeah, el padre, solicitó el reasentamiento de su familia en Canadá hasta conseguir llegar a Windsor, Ontario. La esperanza por construir una nueva vida volvía a aflorar y parecía hacerse realidad una vez trasladados a Edmonton. En la capital del estado de Alberta, Phonzie realizó su primera prueba en un equipo de fútbol. “Básicamente, todos los que nos presentamos a la prueba con Edmonton Internationals formaron parte del equipo”, apuntaba el chico entre risas. Con 15 años, los Whitecaps incorporaron al futbolista nacido en Ghana a su residencia de jóvenes con talento y desde entonces, su proyección ha sido meteórica. 

Con 15 años firmó su primer contrato profesional, tres meses después logró escribir su nombre como el futbolista más precoz en marcar un gol en la USL -segunda división de EEUU-, y con 16 años se convertiría en el segundo jugador más joven en la historia de la MLS americana, solo superado por Freddy Adu. Además, Alphonso Davies también es el futbolista más joven en jugar y marcar un gol con la selección de Canadá, el más precoz en anotar un tanto en la historia de la Copa Oro y el primer futbolista nacido en el año 2000 en ver puerta en un torneo absoluto de selecciones.

Alphonso es un futbolista rápido, potente. Un extremo zurdo que puede aparecer por ambas bandas. Un jugador con descaro y atrevimiento, determinante en las transiciones ofensivas, con habilidades especiales en los últimos metros y sobre todo, con mucho margen de mejora. El Bayern no lo dudó. Davies tenía que jugar en Münich y con 18 años, el joven nacido en un campo de refugiados de Ghana se ha mudado hasta Alemania para compartir vestuario con ídolos de su infancia como Arjen Robben o Franck Ribéry. Él tomará el testigo. 

En el primer partido de Phonzie con los bávaros ya nos ha regalado un regate hipnótico. En la final de la Telekom Cup ante el Borussia Mönchengladbach, el nuevo futbolista del Bayern recibió un balón en la banda derecha y en lugar de controlar, se marchó de su adversario con un preciso toque de tacón que acabó pasando por debajo de las piernas de su oponente a una velocidad endiablada. Solo es eso. Un regate. El primero. Suficiente para saber que estamos ante un jugador diferente y ante una persona especial. 

Esta es una historia sin final, con solo el primer capítulo elaborado y con un guion aún por escribir. Una historia tan hipnótica como la primera acción con la camiseta bávara del niño que nació del exilio. Una historia que continuará.

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La historia de los ‘Davies’ comienza en Liberia en el contexto de la II Guerra Civil del país africano. En aquel momento, el único objetivo de los padres de Alphonso -aún no había nacido- era el de permanecer con vida. «El panorama era temible. Debías saltar por encima de los cadáveres para ir a por comida», comentaba su madre Victoria. Por ello, como tuvieron que hacer más de 450000 personas, huyeron del conflicto en busca de paz. Una utopía. El campo de refugiados de Buduburam (Ghana) los acogió. «Era seguro vivir allí, pero duro. La vida de un refugiado es como si te meten en un contenedor y te encierran con un candado”, señalaba la familia. 

Allí, en el año 2000, nació Alphonso. Tan lejos de la guerra como de sus sueños. Y allí permaneció durante sus primeros cinco años de vida. Pero los Davies nunca se dieron por vencidos. Debeah, el padre, solicitó el reasentamiento de su familia en Canadá hasta conseguir llegar a Windsor, Ontario. La esperanza por construir una nueva vida volvía a aflorar y parecía hacerse realidad una vez trasladados a Edmonton. En la capital del estado de Alberta, Phonzie realizó su primera prueba en un equipo de fútbol. “Básicamente, todos los que nos presentamos a la prueba con Edmonton Internationals formaron parte del equipo”, apuntaba el chico entre risas. Con 15 años, los Whitecaps incorporaron al futbolista nacido en Ghana a su residencia de jóvenes con talento y desde entonces, su proyección ha sido meteórica. 

Con 15 años firmó su primer contrato profesional, tres meses después logró escribir su nombre como el futbolista más precoz en marcar un gol en la USL -segunda división de EEUU-, y con 16 años se convertiría en el segundo jugador más joven en la historia de la MLS americana, solo superado por Freddy Adu. Además, Alphonso Davies también es el futbolista más joven en jugar y marcar un gol con la selección de Canadá, el más precoz en anotar un tanto en la historia de la Copa Oro y el primer futbolista nacido en el año 2000 en ver puerta en un torneo absoluto de selecciones.

Alphonso es un futbolista rápido, potente. Un extremo zurdo que puede aparecer por ambas bandas. Un jugador con descaro y atrevimiento, determinante en las transiciones ofensivas, con habilidades especiales en los últimos metros y sobre todo, con mucho margen de mejora. El Bayern no lo dudó. Davies tenía que jugar en Münich y con 18 años, el joven nacido en un campo de refugiados de Ghana se ha mudado hasta Alemania para compartir vestuario con ídolos de su infancia como Arjen Robben o Franck Ribéry. Él tomará el testigo. 

En el primer partido de Phonzie con los bávaros ya nos ha regalado un regate hipnótico. En la final de la Telekom Cup ante el Borussia Mönchengladbach, el nuevo futbolista del Bayern recibió un balón en la banda derecha y en lugar de controlar, se marchó de su adversario con un preciso toque de tacón que acabó pasando por debajo de las piernas de su oponente a una velocidad endiablada. Solo es eso. Un regate. El primero. Suficiente para saber que estamos ante un jugador diferente y ante una persona especial. 

Esta es una historia sin final, con solo el primer capítulo elaborado y con un guion aún por escribir. Una historia tan hipnótica como la primera acción con la camiseta bávara del niño que nació del exilio. Una historia que continuará.

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