_Cádiz

Hijos únicos

Héctor Ruiz @HectorRuizPardo 03-11-2020

De las más funestas predicciones y los más sombríos augurios a la zona del balón de las estrellas. Del aquelarre de puristas atizadores a la pléyade de asombrados. Del peligro del abismo de la B a rodar planos secuencia de cine porno del caro. Os voy a contar el secreto: en Cádiz no hay hijos únicos.

Yo dejé de serlo la primera vez que pisé la Bahía. Allí nunca falta quien te apadrine un guateque, quien te cante las cuarenta, quien se emborrache en tu nombre o quien ponga el hombro el día que toque llorar. En Cádiz siempre encuentras un hermano, y quizás por ahí podamos empezar a entender.

El Cádiz es la revelación de este curso. (Fran Santiago/Getty Images)

Allí al final todos somos hijos de los mismos padres. El Carnaval y el Cádiz CF. El hermano mayor se llama Álvaro Cervera. Semilló su palabra y floreció en tiempo récord. Con un alambre y un botón cerró el mediocampo. Machete atrás. El abuelo de conserje y dos forajidos en las bandas. Rápido y limpio. Ascenso y vuelta al fútbol de pago.

Ya por aquel entonces no quedaba ni un hijo único. Ni consentimiento ni mimo. Vicios extirpados y coraza de clan. Al hermano que descarría, colleja. Al lateral que no cierre el palo alejado, grada. Duro y educativo. Simple pero efectivo. Cuatro años de códigos estrictos, lucha sin negocio y pertenencia de banda que late en familia. Y ahí siempre cabe el perdón.

Perdónalos, Padre, porque no saben lo que dicen. Acusan de cicatero al humilde. De simple al trabajador. De mamarracho al orgulloso. La hermandad de El Rosal os perdona, pero que sea la última vez. La última vez que alguien dude de que el Cádiz juega al fútbol como ninguno. La última vez que la ignorancia ensucie un trabajo sublime. La última vez que los celos no os dejen ver la verdad. Porque la última vez cometió sacrilegio en Catedral, perjurio fáctico en la capital, se llevó portería y acero de Eibar y ascendió al Alto Aragón.

Todo eso la última vez, porque la primera, cuando pisas Cádiz, te das cuenta de que no hay hijos únicos.

Imagen de cabecera: Imago

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De las más funestas predicciones y los más sombríos augurios a la zona del balón de las estrellas. Del aquelarre de puristas atizadores a la pléyade de asombrados. Del peligro del abismo de la B a rodar planos secuencia de cine porno del caro. Os voy a contar el secreto: en Cádiz no hay hijos únicos.

Yo dejé de serlo la primera vez que pisé la Bahía. Allí nunca falta quien te apadrine un guateque, quien te cante las cuarenta, quien se emborrache en tu nombre o quien ponga el hombro el día que toque llorar. En Cádiz siempre encuentras un hermano, y quizás por ahí podamos empezar a entender.

El Cádiz es la revelación de este curso. (Fran Santiago/Getty Images)

Allí al final todos somos hijos de los mismos padres. El Carnaval y el Cádiz CF. El hermano mayor se llama Álvaro Cervera. Semilló su palabra y floreció en tiempo récord. Con un alambre y un botón cerró el mediocampo. Machete atrás. El abuelo de conserje y dos forajidos en las bandas. Rápido y limpio. Ascenso y vuelta al fútbol de pago.

Ya por aquel entonces no quedaba ni un hijo único. Ni consentimiento ni mimo. Vicios extirpados y coraza de clan. Al hermano que descarría, colleja. Al lateral que no cierre el palo alejado, grada. Duro y educativo. Simple pero efectivo. Cuatro años de códigos estrictos, lucha sin negocio y pertenencia de banda que late en familia. Y ahí siempre cabe el perdón.

Perdónalos, Padre, porque no saben lo que dicen. Acusan de cicatero al humilde. De simple al trabajador. De mamarracho al orgulloso. La hermandad de El Rosal os perdona, pero que sea la última vez. La última vez que alguien dude de que el Cádiz juega al fútbol como ninguno. La última vez que la ignorancia ensucie un trabajo sublime. La última vez que los celos no os dejen ver la verdad. Porque la última vez cometió sacrilegio en Catedral, perjurio fáctico en la capital, se llevó portería y acero de Eibar y ascendió al Alto Aragón.

Todo eso la última vez, porque la primera, cuando pisas Cádiz, te das cuenta de que no hay hijos únicos.

Imagen de cabecera: Imago

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