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Hijos de la anarquía

Adrián Lede @lede_b 16-05-2018

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Esta no es la historia de un grupo de moteros de
Charming, aunque también nos habla de un grupo de rebeldes, de hombres que
volaron libres y rompieron con lo establecido.

Llegaron a la categoría sin hacer ruido,
pareciendo una pandilla de novatos que se la iba a pegar, pero al final
acabaron imponiendo su ley para convertirse en los dueños de la Segunda B.

Los únicos que pudieron con ellos fueron sus
“padres” del primer equipo. La mala temporada del Dépor condenó al Fabril,
primero quitándole a su líder Parralo y luego impidiéndoles soñar con el
ascenso.

Aún así nuestros rebeldes no se iban a rendir tan
fácilmente, se habían ganado en el campo jugar el play-off y demostrar que eran
el mejor equipo de la categoría. Algunos ilusos fueron a un juzgado, pensando
que la ley podría vencer a la anarquía, pero a la anarquía solo se la puede
vencer bajando al barro. Así lo decidió la liga, que no iba a dejar que el
Fabril acabara campeón y provocara una explosión. 

Los chicos hicieron su trabajo, un gol de cabeza
cerca del final, que aunque se marcó en Toledo se veía desde A Coruña. El que
no lo vio o no lo quiso ver fue el árbitro, que echó agua a la mecha para
evitar que un filial que no podía ascender se proclamara campeón.

Aún así disputarán de forma merecida el play-off
que se han ganado en el campo. De nuevo Francis, Pinchi, Isma Díaz y compañía
se suben a sus motos para el acelerón final, lo harán sin miedo y sin casco,
sabiendo las posibles consecuencias, pero ellos no temen a nada, porque ellos
son nuestros hijos de la anarquía.

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Esta no es la historia de un grupo de moteros de
Charming, aunque también nos habla de un grupo de rebeldes, de hombres que
volaron libres y rompieron con lo establecido.

Llegaron a la categoría sin hacer ruido,
pareciendo una pandilla de novatos que se la iba a pegar, pero al final
acabaron imponiendo su ley para convertirse en los dueños de la Segunda B.

Los únicos que pudieron con ellos fueron sus
“padres” del primer equipo. La mala temporada del Dépor condenó al Fabril,
primero quitándole a su líder Parralo y luego impidiéndoles soñar con el
ascenso.

Aún así nuestros rebeldes no se iban a rendir tan
fácilmente, se habían ganado en el campo jugar el play-off y demostrar que eran
el mejor equipo de la categoría. Algunos ilusos fueron a un juzgado, pensando
que la ley podría vencer a la anarquía, pero a la anarquía solo se la puede
vencer bajando al barro. Así lo decidió la liga, que no iba a dejar que el
Fabril acabara campeón y provocara una explosión. 

Los chicos hicieron su trabajo, un gol de cabeza
cerca del final, que aunque se marcó en Toledo se veía desde A Coruña. El que
no lo vio o no lo quiso ver fue el árbitro, que echó agua a la mecha para
evitar que un filial que no podía ascender se proclamara campeón.

Aún así disputarán de forma merecida el play-off
que se han ganado en el campo. De nuevo Francis, Pinchi, Isma Díaz y compañía
se suben a sus motos para el acelerón final, lo harán sin miedo y sin casco,
sabiendo las posibles consecuencias, pero ellos no temen a nada, porque ellos
son nuestros hijos de la anarquía.

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