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Hacer lo imposible

Si el sueño de tu vida es ganar la Copa de Europa es probable, por pura estadística, que no consigas tu objetivo. Hay millones de personas en este mundo competitivo y cruel que alguna vez, antes de sentir la lobreguez del reposo, han pensado que por qué no, que querrían levantar el precioso torneo de las orejas. Si en el plano individual es altamente complejo imagina si lo intentas siendo, prácticamente, un grupo de amigos. Los ‘leones de Lisboa’, los que sí cumplieron el deseo que tantas personas anhelaron, eran un conjunto de futbolistas nacidos, en su gran mayoría, cerca de Celtic Park. Defendiendo la zamarra del Celtic consiguieron apropiarse de un récord que ya nadie, por muchos siglos de historia que pasen, podrá quitarles: ser el primer campeón británico de la máxima competición continental.

El problema de los de Jock Stein, ídolo sempiterno de los escoceses, era que no solo jugaban contra la historia: peleaban ante conjuntos que, casi cincuenta años más tarde, siguen siendo recordados por su tremendo nivel. Real Madrid, Ajax e Inter, el temido rival en la final de Lisboa, no eran moco de pavo. Sin embargo, no se hablaba de miedo en el vestuario de los de Glasgow.

En el túnel de vestuarios, ese lugar en el que la ansiedad del futbolista aumenta de manera exponencial, los de Stein miraban a los italianos, musculados y bronceados, sin asustarse. Los de Milán, altivos por su claro favoritismo, pensaban en cómo iban a levantar el trofeo. Los primeros minutos de encuentro confirmaban lo que todos pensaban: Mazzola, desde el punto de penalti, puso el 1-0. Era la peor de las noticias para los de Escocia ya que el Inter, comandado por el ínclito Helenio Herrera, era una escuadra que defendía a la perfección. El plan de partido ya no tenía ningún sentido.

La segunda parte fue un acto de fe. El Inter, fiel a su estilo, se defendía; el Celtic creía. Gemell igualó la final a la hora de choque y ya se empezó a ver que los escoceses iban a salir como héroes de Portugal. Como leones, atosigaron la portería de Sarti hasta que Chalmers obró el milagro. “Jock, ahora eres inmortal”, le dijeron al entrenador. Su equipo acababa de escribir una leyenda que ya nadie olvida.

Contenido patrocinado por Football Manager

Imagen de cabecera: @CelticFC

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Si el sueño de tu vida es ganar la Copa de Europa es probable, por pura estadística, que no consigas tu objetivo. Hay millones de personas en este mundo competitivo y cruel que alguna vez, antes de sentir la lobreguez del reposo, han pensado que por qué no, que querrían levantar el precioso torneo de las orejas. Si en el plano individual es altamente complejo imagina si lo intentas siendo, prácticamente, un grupo de amigos. Los ‘leones de Lisboa’, los que sí cumplieron el deseo que tantas personas anhelaron, eran un conjunto de futbolistas nacidos, en su gran mayoría, cerca de Celtic Park. Defendiendo la zamarra del Celtic consiguieron apropiarse de un récord que ya nadie, por muchos siglos de historia que pasen, podrá quitarles: ser el primer campeón británico de la máxima competición continental.

El problema de los de Jock Stein, ídolo sempiterno de los escoceses, era que no solo jugaban contra la historia: peleaban ante conjuntos que, casi cincuenta años más tarde, siguen siendo recordados por su tremendo nivel. Real Madrid, Ajax e Inter, el temido rival en la final de Lisboa, no eran moco de pavo. Sin embargo, no se hablaba de miedo en el vestuario de los de Glasgow.

En el túnel de vestuarios, ese lugar en el que la ansiedad del futbolista aumenta de manera exponencial, los de Stein miraban a los italianos, musculados y bronceados, sin asustarse. Los de Milán, altivos por su claro favoritismo, pensaban en cómo iban a levantar el trofeo. Los primeros minutos de encuentro confirmaban lo que todos pensaban: Mazzola, desde el punto de penalti, puso el 1-0. Era la peor de las noticias para los de Escocia ya que el Inter, comandado por el ínclito Helenio Herrera, era una escuadra que defendía a la perfección. El plan de partido ya no tenía ningún sentido.

La segunda parte fue un acto de fe. El Inter, fiel a su estilo, se defendía; el Celtic creía. Gemell igualó la final a la hora de choque y ya se empezó a ver que los escoceses iban a salir como héroes de Portugal. Como leones, atosigaron la portería de Sarti hasta que Chalmers obró el milagro. “Jock, ahora eres inmortal”, le dijeron al entrenador. Su equipo acababa de escribir una leyenda que ya nadie olvida.

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