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Goles desde abajo

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 07-02-2019

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Ocho años después de disputar la primera Serie A de su carrera y en su temporada de debut como titular en la élite del Calcio a sus 31 años, Francesco Caputo se ha convertido en el nuevo goleador italiano surgido desde la segunda categoría, uno de los pocos que ha confirmado su condición de capocannoniere de Serie B con cifras francamente importantes en su salto desde abajo, hasta el punto de representar con sus catorce goles producidos (11 tantos + 3 asistencias) más de la mitad del volumen total de dianas que suma el Empoli de Beppe Iachini en la presente temporada (27). Una importancia capital de cara a las opciones de salvación del conjunto toscano, más si cabe tras la salida al Fenerbahçe de Miha Zajc, que era uno de los mediapuntas tapados de la zona baja de la clasificación, dueño de una enorme capacidad para pisar área, generar ocasiones y crear espacios con sus movimientos o envíos, los cuales eran verdadero oxígeno para Caputo.

‘Ciccio’ Caputo es el clásico delantero italiano de perfil medio y de equipo de provincias, en su caso no demasiado potente en el juego directo ni aéreo, pero que se desenvuelve muy bien con espacios por delante. Un nueve con un catálogo de desmarques comedido pero muy efectivo, bastante móvil, pillo, que protege de forma excelente su posición, que sabe caer a tres cuartos de cancha a tirar apoyos y realizar descargas para posteriormente atacar a las mil maravillas el espacio previo a la finalización, la verdadera tarea del killer en la que ya destacó el curso pasado, con sus 27 goles en Serie B, y que ha mantenido en los campos de la Serie A como su faceta más destacada junto a su manera de moverse para abrir huecos en las inmediaciones de la zona de mayor peligro, donde en ocasiones consigue ser también un rematador bastante estético, en la línea de Roberto Inglese o de Mirco Antenucci, otros dos bomber bregados en el Calcio humilde.

Caputo es, por tanto, un tipo carismático por origen y esencia, que celebra sus goles realizando el gesto de beber, ya que además de futbolista, gestiona con cierto éxito una marca de cerveza artesanal y que ha alcanzado por sexto curso consecutivo dobles cifras goleadoras en liga. Su primera experiencia en la Serie A, después de hacer un viaje de ida y vuelta a la Salernitana, fue en la temporada 2010/2011 en las filas del Bari dirigido por Giampiero Ventura y con compañeros como Okaka, Raggi, Glik o Andrea Masiello. Pero no todo es carisma en la vida deportiva de Caputo. Dos años antes de su estreno en Serie A, en 2009, fue acusado de amañar el partido correspondiente a la penúltima jornada que el Bari de Antonio Conte disputó en el campo, curiosamente, de su futuro equipo. Una victoria por 3-2 de los locales que resultó crucial para la posterior salvación de la escuadra granate. Caputo acabó siendo condenado en 2013 a tres años y cuatro meses de suspensión junto a trece de sus compañeros del equipo pugliese. Una pena posteriormente reducida a un año, siendo finalmente absuelto por la vía penal en 2016, que fue el motivo por el que se perdió de forma íntegra la campaña 2013/2014.

Tras jugar una temporada más en las filas del Bari, donde ya era el capitán del equipo, Caputo puso rumbo a la Virtus Entella, un club en el que realizó 35 goles en sus dos temporadas allí y donde rozó la promoción en ambos cursos con un equipo destinado a no bajar, justo antes de poner rumbo al Empoli y de dominar de cabo a rabo la pasada Serie B formando junto a Alfredo Donnarumma una pareja diabólica que marcó 49 goles y que llevó a los del Carlo Castellani directamente de vuelta a la primera categoría. Un Donnarumma que abandonó la Toscana y que es, precisamente, el actual y destacadísimo capocannoniere de la presente serie cadetta con la camiseta del Brescia, el líder del campeonato, y que va por el mismo camino de cara a la próxima temporada que su excompañero ha emprendido en esta, siendo un perfil de delantero, además, bastante similar al de Caputo, quizá con un punto más de dinamismo, pero con un impulso vertical de atacar el área también muy interiorizado.

Según Iachini, “Caputo puede hacer veinte goles e incluso debutar con Italia”. A este nivel goleador y de movimientos para generarse los espacios y con los problemas que arrastra Roberto Mancini en la posición del nueve, evidenciados por las repetidas convocatorias de futbolistas como Lasagna o Kean, no sería en absoluto descabellado imaginar una eventual llamada de la Nazionale como guinda a su carrera. La historia de ‘Ciccio’ Caputo, el único atacante que ha jugado absolutamente todos los minutos en la presente Serie A, y su sobresaliente e inesperado impacto en una Serie A que no pisaba desde hacía ocho años y para la que su tren parecía definitivamente perdido, es una historia cien por cien definitoria y representativa del Calcio. La de un goleador forjado en el fútbol modesto, con un relato de consagración tardía a cuestas y un supuesto fraude deportivo de por medio nunca al cien por cien esclarecido, como tantos y tantos otros. Una historia de supervivencia, de caída y de redención. Una historia a la italiana, la de los goles venidos desde abajo, que nunca dejará de existir.

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Ocho años después de disputar la primera Serie A de su carrera y en su temporada de debut como titular en la élite del Calcio a sus 31 años, Francesco Caputo se ha convertido en el nuevo goleador italiano surgido desde la segunda categoría, uno de los pocos que ha confirmado su condición de capocannoniere de Serie B con cifras francamente importantes en su salto desde abajo, hasta el punto de representar con sus catorce goles producidos (11 tantos + 3 asistencias) más de la mitad del volumen total de dianas que suma el Empoli de Beppe Iachini en la presente temporada (27). Una importancia capital de cara a las opciones de salvación del conjunto toscano, más si cabe tras la salida al Fenerbahçe de Miha Zajc, que era uno de los mediapuntas tapados de la zona baja de la clasificación, dueño de una enorme capacidad para pisar área, generar ocasiones y crear espacios con sus movimientos o envíos, los cuales eran verdadero oxígeno para Caputo.

‘Ciccio’ Caputo es el clásico delantero italiano de perfil medio y de equipo de provincias, en su caso no demasiado potente en el juego directo ni aéreo, pero que se desenvuelve muy bien con espacios por delante. Un nueve con un catálogo de desmarques comedido pero muy efectivo, bastante móvil, pillo, que protege de forma excelente su posición, que sabe caer a tres cuartos de cancha a tirar apoyos y realizar descargas para posteriormente atacar a las mil maravillas el espacio previo a la finalización, la verdadera tarea del killer en la que ya destacó el curso pasado, con sus 27 goles en Serie B, y que ha mantenido en los campos de la Serie A como su faceta más destacada junto a su manera de moverse para abrir huecos en las inmediaciones de la zona de mayor peligro, donde en ocasiones consigue ser también un rematador bastante estético, en la línea de Roberto Inglese o de Mirco Antenucci, otros dos bomber bregados en el Calcio humilde.

Caputo es, por tanto, un tipo carismático por origen y esencia, que celebra sus goles realizando el gesto de beber, ya que además de futbolista, gestiona con cierto éxito una marca de cerveza artesanal y que ha alcanzado por sexto curso consecutivo dobles cifras goleadoras en liga. Su primera experiencia en la Serie A, después de hacer un viaje de ida y vuelta a la Salernitana, fue en la temporada 2010/2011 en las filas del Bari dirigido por Giampiero Ventura y con compañeros como Okaka, Raggi, Glik o Andrea Masiello. Pero no todo es carisma en la vida deportiva de Caputo. Dos años antes de su estreno en Serie A, en 2009, fue acusado de amañar el partido correspondiente a la penúltima jornada que el Bari de Antonio Conte disputó en el campo, curiosamente, de su futuro equipo. Una victoria por 3-2 de los locales que resultó crucial para la posterior salvación de la escuadra granate. Caputo acabó siendo condenado en 2013 a tres años y cuatro meses de suspensión junto a trece de sus compañeros del equipo pugliese. Una pena posteriormente reducida a un año, siendo finalmente absuelto por la vía penal en 2016, que fue el motivo por el que se perdió de forma íntegra la campaña 2013/2014.

Tras jugar una temporada más en las filas del Bari, donde ya era el capitán del equipo, Caputo puso rumbo a la Virtus Entella, un club en el que realizó 35 goles en sus dos temporadas allí y donde rozó la promoción en ambos cursos con un equipo destinado a no bajar, justo antes de poner rumbo al Empoli y de dominar de cabo a rabo la pasada Serie B formando junto a Alfredo Donnarumma una pareja diabólica que marcó 49 goles y que llevó a los del Carlo Castellani directamente de vuelta a la primera categoría. Un Donnarumma que abandonó la Toscana y que es, precisamente, el actual y destacadísimo capocannoniere de la presente serie cadetta con la camiseta del Brescia, el líder del campeonato, y que va por el mismo camino de cara a la próxima temporada que su excompañero ha emprendido en esta, siendo un perfil de delantero, además, bastante similar al de Caputo, quizá con un punto más de dinamismo, pero con un impulso vertical de atacar el área también muy interiorizado.

Según Iachini, “Caputo puede hacer veinte goles e incluso debutar con Italia”. A este nivel goleador y de movimientos para generarse los espacios y con los problemas que arrastra Roberto Mancini en la posición del nueve, evidenciados por las repetidas convocatorias de futbolistas como Lasagna o Kean, no sería en absoluto descabellado imaginar una eventual llamada de la Nazionale como guinda a su carrera. La historia de ‘Ciccio’ Caputo, el único atacante que ha jugado absolutamente todos los minutos en la presente Serie A, y su sobresaliente e inesperado impacto en una Serie A que no pisaba desde hacía ocho años y para la que su tren parecía definitivamente perdido, es una historia cien por cien definitoria y representativa del Calcio. La de un goleador forjado en el fútbol modesto, con un relato de consagración tardía a cuestas y un supuesto fraude deportivo de por medio nunca al cien por cien esclarecido, como tantos y tantos otros. Una historia de supervivencia, de caída y de redención. Una historia a la italiana, la de los goles venidos desde abajo, que nunca dejará de existir.

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