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¿Queremos ganar la Copa?

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 18-01-2022

Es enero y al Atlético le espera una travesía larga y un futuro incierto para el resto de temporada. Se enfrenta Simeone al mayor envite que le han echado desde que se subió a la nave del Atlético hace ya más de 10 años, y eso que en 2011 llegó a un equipo que estaba más cerca del descenso que de puestos de Europa. Y es que así lo han querido las exigencias y la voz popular, que prácticamente obligaban a revalidar un título de Liga para el que el equipo no parece estar. Con el Real Madrid con velocidad de crucero y el Sevilla haciendo la mejor temporada de su historia, al Atlético le queda simple y llanamente aspirar a ese gran objetivo que la directiva se marca temporada tras temporada: entrar entre los cuatro primeros, una pelea que este año se deberá batir ante Betis, Real Sociedad, Barcelona, un invitado sorpresa como el Rayo, y alguno que enganche una buena racha de entre Athletic, Valencia y Villarreal. Ahora sabe a poco, quizás olvidando que hubo una década anterior entera sin conseguirlo (y años donde se celebraba jugar Intertoto), quizás porque el técnico argentino ha convertido lo excepcional en rutinario y quizás también porque la memoria en el fútbol es muy corta y jamás se permite un año dubitativo. Jugar cada año la máxima competición europea ha sido la única vía para que el Atlético se haya distanciado en esta última década de los Sevilla, Valencia, Villarreal o Athletic que durante mucho tiempo amenazaron e incluso arrebataron su posición entre los tres grandes del país, y se haya acercado, molestado y superado en numerosas ocasiones, a Real Madrid y Barcelona.

Es por esa regularidad siendo siempre uno de los tres primeros por lo que el Atlético ahora ve su nombre en el de los grandes proyectos europeos, como la famosa Superliga, algo que en 2010 tendría que haber visionado por televisión, y por lo que el crecimiento deportivo del equipo, que en base a resultados obtenidos ha estado desde 2014 hasta 2020 (ahora está 10º tras la pronta eliminación del curso pasado) colocado entre los cinco equipos con más coeficiente de Europa, que se calcula sumando los resultados de las últimas cinco temporadas, ha aumentado de manera exponencial. Según la lista Forbes, en 2013 el Atlético ni siquiera entraba en el Top20 de equipos más valiosos del mundo, una situación ahora revertida con el equipo, que entró en el Top15 en 2018, luchando por sobrepasar la barrera del Top10. En esas, la decisión de la directiva siempre ha sido la misma: en Champions hay que buscar pasar de grupo, y luego ya se verá. Algo que va de la mano con respecto al presupuesto que tiene el club en el escalafón continental, y algo que se ha cumplido prácticamente siempre, salvo en 2018, cuando el batacazo de caer en grupos trajo de la mano la conquista de la Europa League y posteriormente de la Supercopa continental.

¿Y la Copa? Lo más lejos posible, sin molestar. Dicho de otra manera, ganando un partido en fase de grupos de la Champions y empatando otro, el Atlético de Madrid ganaría más dinero del que le daría ganar la Copa del Rey. Y esto no tiene nada que ver con las aspiraciones que pueda tener el aficionado, que sueña con ganar cada torneo, sino más bien con el hecho del desgaste que puede dar una tercera competición, si encima tenemos en cuenta que hablamos de una plantilla que siempre suele ser corta y que en las últimas cuatro temporadas ha estado plagada de lesiones, y que de darle algo de prioridad podría mermar el rendimiento en las otras dos competencias, mucho más importantes en cuanto a lo deportivo y, sobre todo, lo económico. Hablando en plata, el Atlético necesita jugar Champions League porque vive ahogado cada temporada por el Límite Salarial. No conseguir esos ingresos haría que el tope bajara y, por ende, hubiera que desprenderse de algún cromo de categoría oro y comprar alguno de segunda mano. Así, por cierto, queda escrito a cada cierre de ejercicio en las cuentas del club: el objetivo deportivo es jugar Champions, seguir llevando la marca Atleti por Europa y seguir bien arriba en la clasificación UEFA por coeficiente. Así que, si la Copa del Rey supone una distracción y un desgaste innecesario, fuera.

La situación actual, en cambio, no invita a pensar que el Atlético vaya a jugar demasiados partidos en Europa esta temporada. Si bien el Manchester United no parece el equipo más temible de los que había en el bombo, porque casi calca en errores deportivos a los rojiblancos, pensar en algo más allá de los cuartos de final se antoja muy complicado en un equipo que cada vez que parece dar un paso adelante, luego da dos pasos para atrás. Y sin caer en el menosprecio al rival, llegar a instancias finales del torneo copero este año parece más realista que superar rondas en la máxima competición continental. Eso lo sabe Simeone, que alineó por primera vez en siete años a Jan Oblak la semana pasada ante el Rayo Majadahonda y sacó un equipo plagado de titulares para medirse a un rival, casi filial, de la tercera categoría del fútbol español.

Y es que la realidad ha dado de bruces este año a un equipo que cojea en la defensa, más aún ahora sin Trippier y sin recambio para el inglés, y se encasquilla en ataque. No sale nada y por no dar una a tientas ni siquiera el arrojo que ha acompañado a este grupo parece el mismo que en meses anteriores. Hay quien asegura, quien dice y quien afirma que hay jugadores que le están haciendo la cama a Simeone. Y si bien es cierto que hay actitudes sobre el césped que podrían reforzar esta teoría, no es menos cierto que desde arriba tomarían la decisión de mandar a desfilar a cada uno de los 20 integrantes de la plantilla antes que al argentino… Siempre y cuando la estrategia no sea la de buscar precisamente el hastío del entrenador y que sea él quien decida coger los bártulos y pegar un portazo al salir.

Presumía el aficionado rojiblanco hace 7 u 8 años de entrenador y quería que el argentino fuera su Sir Alex Ferguson particular, sin caer en la cuenta que los largos procesos también conllevan tropezones y años de desazón. Es por eso que no termina de cerrar que muchos hoy quieran la salida de un entrenador que hace solo seis meses hizo campeón de Liga al equipo y al que no se le pueda permitir un tropezón (y eso que, a día de hoy, el Atlético sigue cumpliendo los objetivos que se marcan a principio de temporada para seguir creciendo). El palmarés del escocés en sus 10 primeros años con el United, por cierto, no tiene nada que envidiar al del argentino con el Atlético. Ocho contra once. Si bien Ferguson podía presumir de un campeonato de Liga más y de una Copa más que el argentino (cierto es que en Inglaterra hay dos trofeos de Copa y por tanto mayor posibilidad de lograrlos), la realidad es que, salvo la Recopa de Europa ganada en 1991, la presencia del United en Europa en los 10 primeros años de Ferguson fue un fracaso, sin pasar nunca a las eliminatorias de Liga de Campeones, Copa de la UEFA o Recopa más que en aquel año en el que conquistaron esta última.

Contaba hace años parte del cuerpo técnico, que ellos vieron el potencial de la plantilla y sentaron las bases de lo que querían y podían hacer precisamente tras ganarle la Copa del Rey al Real Madrid en el Bernabéu en 2013. Aquel trofeo tan celebrado, que quitó un lastre de 14 años sin derrotar al eterno rival, y por el que el equipo rojiblanco no ha vuelto a apostar hasta ahora. En estas, el Atlético visita Anoeta para medirse al equipo con el que está igualado en la clasificación liguera, con el que ya ha empatado en su duelo en el Metropolitano esta temporada y con el que comparte dinámicas y calca los últimos seis resultados. Dos victorias, un empate y tres derrotas. Nada esperanzador para dos equipos que van en la parte alta de la tabla pero sí, quizás, decisivo en cuanto al punto de inflexión que puede suponer esta segunda mitad de temporada. Sin Giménez, sancionado y presumiblemente sin Llorente, Kondogbia, Savic, ni Griezmann, lesionados, Simeone solo cuenta con 13 jugadores de campo del primer equipo para afrontar la eliminatoria, una situación que se agravaría en caso de pasar de ronda, porque para la fecha en la que se disputan los cuartos de final de Copa del Rey, Suárez, Giménez, Cunha, Herrera, Correa y De Paul se marcharán con su selección, dejando evidente, una vez más, que algo ha fallado en la confección de una plantilla que sigue contando lesionados por decenas y en la que los jugadores, por necesidades del guion, no paran de jugar semana tras semana fuera de sitio.

Imagen de cabecera: Getty Images

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Es enero y al Atlético le espera una travesía larga y un futuro incierto para el resto de temporada. Se enfrenta Simeone al mayor envite que le han echado desde que se subió a la nave del Atlético hace ya más de 10 años, y eso que en 2011 llegó a un equipo que estaba más cerca del descenso que de puestos de Europa. Y es que así lo han querido las exigencias y la voz popular, que prácticamente obligaban a revalidar un título de Liga para el que el equipo no parece estar. Con el Real Madrid con velocidad de crucero y el Sevilla haciendo la mejor temporada de su historia, al Atlético le queda simple y llanamente aspirar a ese gran objetivo que la directiva se marca temporada tras temporada: entrar entre los cuatro primeros, una pelea que este año se deberá batir ante Betis, Real Sociedad, Barcelona, un invitado sorpresa como el Rayo, y alguno que enganche una buena racha de entre Athletic, Valencia y Villarreal. Ahora sabe a poco, quizás olvidando que hubo una década anterior entera sin conseguirlo (y años donde se celebraba jugar Intertoto), quizás porque el técnico argentino ha convertido lo excepcional en rutinario y quizás también porque la memoria en el fútbol es muy corta y jamás se permite un año dubitativo. Jugar cada año la máxima competición europea ha sido la única vía para que el Atlético se haya distanciado en esta última década de los Sevilla, Valencia, Villarreal o Athletic que durante mucho tiempo amenazaron e incluso arrebataron su posición entre los tres grandes del país, y se haya acercado, molestado y superado en numerosas ocasiones, a Real Madrid y Barcelona.

Es por esa regularidad siendo siempre uno de los tres primeros por lo que el Atlético ahora ve su nombre en el de los grandes proyectos europeos, como la famosa Superliga, algo que en 2010 tendría que haber visionado por televisión, y por lo que el crecimiento deportivo del equipo, que en base a resultados obtenidos ha estado desde 2014 hasta 2020 (ahora está 10º tras la pronta eliminación del curso pasado) colocado entre los cinco equipos con más coeficiente de Europa, que se calcula sumando los resultados de las últimas cinco temporadas, ha aumentado de manera exponencial. Según la lista Forbes, en 2013 el Atlético ni siquiera entraba en el Top20 de equipos más valiosos del mundo, una situación ahora revertida con el equipo, que entró en el Top15 en 2018, luchando por sobrepasar la barrera del Top10. En esas, la decisión de la directiva siempre ha sido la misma: en Champions hay que buscar pasar de grupo, y luego ya se verá. Algo que va de la mano con respecto al presupuesto que tiene el club en el escalafón continental, y algo que se ha cumplido prácticamente siempre, salvo en 2018, cuando el batacazo de caer en grupos trajo de la mano la conquista de la Europa League y posteriormente de la Supercopa continental.

¿Y la Copa? Lo más lejos posible, sin molestar. Dicho de otra manera, ganando un partido en fase de grupos de la Champions y empatando otro, el Atlético de Madrid ganaría más dinero del que le daría ganar la Copa del Rey. Y esto no tiene nada que ver con las aspiraciones que pueda tener el aficionado, que sueña con ganar cada torneo, sino más bien con el hecho del desgaste que puede dar una tercera competición, si encima tenemos en cuenta que hablamos de una plantilla que siempre suele ser corta y que en las últimas cuatro temporadas ha estado plagada de lesiones, y que de darle algo de prioridad podría mermar el rendimiento en las otras dos competencias, mucho más importantes en cuanto a lo deportivo y, sobre todo, lo económico. Hablando en plata, el Atlético necesita jugar Champions League porque vive ahogado cada temporada por el Límite Salarial. No conseguir esos ingresos haría que el tope bajara y, por ende, hubiera que desprenderse de algún cromo de categoría oro y comprar alguno de segunda mano. Así, por cierto, queda escrito a cada cierre de ejercicio en las cuentas del club: el objetivo deportivo es jugar Champions, seguir llevando la marca Atleti por Europa y seguir bien arriba en la clasificación UEFA por coeficiente. Así que, si la Copa del Rey supone una distracción y un desgaste innecesario, fuera.

La situación actual, en cambio, no invita a pensar que el Atlético vaya a jugar demasiados partidos en Europa esta temporada. Si bien el Manchester United no parece el equipo más temible de los que había en el bombo, porque casi calca en errores deportivos a los rojiblancos, pensar en algo más allá de los cuartos de final se antoja muy complicado en un equipo que cada vez que parece dar un paso adelante, luego da dos pasos para atrás. Y sin caer en el menosprecio al rival, llegar a instancias finales del torneo copero este año parece más realista que superar rondas en la máxima competición continental. Eso lo sabe Simeone, que alineó por primera vez en siete años a Jan Oblak la semana pasada ante el Rayo Majadahonda y sacó un equipo plagado de titulares para medirse a un rival, casi filial, de la tercera categoría del fútbol español.

Y es que la realidad ha dado de bruces este año a un equipo que cojea en la defensa, más aún ahora sin Trippier y sin recambio para el inglés, y se encasquilla en ataque. No sale nada y por no dar una a tientas ni siquiera el arrojo que ha acompañado a este grupo parece el mismo que en meses anteriores. Hay quien asegura, quien dice y quien afirma que hay jugadores que le están haciendo la cama a Simeone. Y si bien es cierto que hay actitudes sobre el césped que podrían reforzar esta teoría, no es menos cierto que desde arriba tomarían la decisión de mandar a desfilar a cada uno de los 20 integrantes de la plantilla antes que al argentino… Siempre y cuando la estrategia no sea la de buscar precisamente el hastío del entrenador y que sea él quien decida coger los bártulos y pegar un portazo al salir.

Presumía el aficionado rojiblanco hace 7 u 8 años de entrenador y quería que el argentino fuera su Sir Alex Ferguson particular, sin caer en la cuenta que los largos procesos también conllevan tropezones y años de desazón. Es por eso que no termina de cerrar que muchos hoy quieran la salida de un entrenador que hace solo seis meses hizo campeón de Liga al equipo y al que no se le pueda permitir un tropezón (y eso que, a día de hoy, el Atlético sigue cumpliendo los objetivos que se marcan a principio de temporada para seguir creciendo). El palmarés del escocés en sus 10 primeros años con el United, por cierto, no tiene nada que envidiar al del argentino con el Atlético. Ocho contra once. Si bien Ferguson podía presumir de un campeonato de Liga más y de una Copa más que el argentino (cierto es que en Inglaterra hay dos trofeos de Copa y por tanto mayor posibilidad de lograrlos), la realidad es que, salvo la Recopa de Europa ganada en 1991, la presencia del United en Europa en los 10 primeros años de Ferguson fue un fracaso, sin pasar nunca a las eliminatorias de Liga de Campeones, Copa de la UEFA o Recopa más que en aquel año en el que conquistaron esta última.

Contaba hace años parte del cuerpo técnico, que ellos vieron el potencial de la plantilla y sentaron las bases de lo que querían y podían hacer precisamente tras ganarle la Copa del Rey al Real Madrid en el Bernabéu en 2013. Aquel trofeo tan celebrado, que quitó un lastre de 14 años sin derrotar al eterno rival, y por el que el equipo rojiblanco no ha vuelto a apostar hasta ahora. En estas, el Atlético visita Anoeta para medirse al equipo con el que está igualado en la clasificación liguera, con el que ya ha empatado en su duelo en el Metropolitano esta temporada y con el que comparte dinámicas y calca los últimos seis resultados. Dos victorias, un empate y tres derrotas. Nada esperanzador para dos equipos que van en la parte alta de la tabla pero sí, quizás, decisivo en cuanto al punto de inflexión que puede suponer esta segunda mitad de temporada. Sin Giménez, sancionado y presumiblemente sin Llorente, Kondogbia, Savic, ni Griezmann, lesionados, Simeone solo cuenta con 13 jugadores de campo del primer equipo para afrontar la eliminatoria, una situación que se agravaría en caso de pasar de ronda, porque para la fecha en la que se disputan los cuartos de final de Copa del Rey, Suárez, Giménez, Cunha, Herrera, Correa y De Paul se marcharán con su selección, dejando evidente, una vez más, que algo ha fallado en la confección de una plantilla que sigue contando lesionados por decenas y en la que los jugadores, por necesidades del guion, no paran de jugar semana tras semana fuera de sitio.

Imagen de cabecera: Getty Images

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