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Frank Lampard: moneda de cambio

Miguel Ángel Ruiz @migruizruiz 28-01-2021

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Chelsea Frank Lampard

Me gusta la palabra proyecto. Es tan ambicioso decir que tienes un proyecto. Tan de persona compleja, interesante y capaz. Es tan bonito que se usa demasiado. Sobre proyectos habló Pep Guardiola el otro día. Sobre los no proyectos, quiero decir. Y lo hizo para reforzar aún más algo que me vino a la cabeza poco después de saber que Lampard iba a ser cesado de su puesto en el Chelsea. Para contextualizar, para aquellos no iniciados o que hayan llegado a este punto del texto solo por haber comenzado hablando de proyectos, cosa lógica, deciros que Frank Lampard es uno de los más grandes héroes que han pisado el césped de Stamford Bridge.

Como jugador lo fue todo para los ‘blues’. Y no solo en los buenos tiempos, que ahí se rinde más fácil. También en los malos. En esos que el Chelsea no tenía un escudo tan molón y moderno. El centrocampista inglés se dejó la piel en las malas y en las buenas desde el 2001 y hasta 2014. Con él, el Chelsea decoró sus vitrinas con trece títulos más. Incluyendo una Champions League, ojo. El caso es que Guardiola, técnico del Manchester City, habló en rueda de prensa sobre la escasa capacidad actual de hablar de proyectos. Con lo bonitos que son. Y es que estoy con Pep. Me da que es cierto. Ganar es esencial. Es vital. Y más en esos grandes clubes con escudos modernos y molones. Esos en los que se tiene la capacidad de fichar con cierta soltura. Esos que, en cierta manera, se confía en que, con meter el dinero en el campo, está todo hecho. Y esto no es el FIFA. Ni el PES. No, esto no es un videojuego.

Aquí no se tiene Liga Máster, espaldarazo financiero o esa suerte de fichar y saber que las filigranas que se hacía ese jugador con el rival, las hará contigo ahora. Parece mentira que, en 2021, en tiempos de pandemia, en medio de un año atípico, haya que aclarar que este deporte no es un videojuego. Que los jugadores no conservan el nivel ochenta y cinco todos los partidos. Que Havertz no es el del Bayer Leverkusen y es normal, que Ziyech no es el del Ajax y es normal, y que Chilwell no es el del Leicester y es normal. Y teniendo todo eso en cuenta, llegamos a lo fundamental: para que todo eso encaje, cuadre y empiece a tener buena pinta, sí se necesita una idea.

Otra palabra bonita. Y esa es la primera que necesitamos. Y ya, por acabar de añadir, se necesita creer en ella. Y ahí es donde hay proyecto. Si sabemos que los jugadores recién llegados no son de videojuego, que el equipo va cumpliendo unos plazos de autoconocimiento, asentamiento y, además, se tiene y se cree en una idea, justo ahí, se puede hablar de proyecto. En esa locura actual llamada fútbol, al menos en el de la élite, es muy difícil encontrarse con todo eso a la vez. Complicadísimo. Y en eso pesa la visión de periodistas, directivos, aficionados, jugadores… porque todos intervienen. Es curioso, porque en ese escenario se han invertido los papeles, pues si bien creer en un proyecto podía servir para construir un equipo ganador y, actualmente, parece necesitarse un equipo ganador para tener opción de construir un proyecto.

A veces se nos olvida el rival. Su proyecto incluso. Que también aciertan. Que no todo depende de nuestro equipo o de nuestros jugadores. Y, a menudo, se nos olvida que esto es un juego en el que la suerte influye. Y que los malos días, esos que todos tenemos, también. Es cierto que en el fútbol que vivimos, ese sin apenas proyectos, parece indispensable ganar para cambiar esos puntos por tiempo para crear un equipo. Parece la moneda de cambio, la llave de trueque. Gana y, poco a poco, te dejaremos construir un proyecto. No pierdas y ya veremos. Y no todo se resume en tener esos tres puntos. Nada se resume en consultar el resultado en la típica aplicación del móvil, ni en mirar la clasificación al final. Aunque lo parezca, la confianza ha dado paso a la certeza. Ya no se vive de creer, sino de saber.

Lo de Frank Lampard es otro ejemplo más de que se ve el fútbol, cada vez más, como algo inmediato y certero. Lo queremos ya. Lo queremos ahora. Citando a Alejandro Mendo en su fantástico texto en Panenka, “la dictadura del highlight gana terreno a los 90 minutos”. Esa dictadura de las películas a velocidad rápida, esa dictadura carente de proyectos. Esa que nos ha privado de ver más a Lampard en el Chelsea. A ese pobre Lampard que, aunque parecía tener un proyecto en común con el club de su vida, ha acabado por ver que no, que no era tan sencillo. Que se le habían acabado ya sus victorias. Esas nuevas monedas de cambio para poder seguir invirtiendo en construir tu historia.

Imagen de cabecera: TIM KEETON/POOL/AFP via Getty Images

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Me gusta la palabra proyecto. Es tan ambicioso decir que tienes un proyecto. Tan de persona compleja, interesante y capaz. Es tan bonito que se usa demasiado. Sobre proyectos habló Pep Guardiola el otro día. Sobre los no proyectos, quiero decir. Y lo hizo para reforzar aún más algo que me vino a la cabeza poco después de saber que Lampard iba a ser cesado de su puesto en el Chelsea. Para contextualizar, para aquellos no iniciados o que hayan llegado a este punto del texto solo por haber comenzado hablando de proyectos, cosa lógica, deciros que Frank Lampard es uno de los más grandes héroes que han pisado el césped de Stamford Bridge.

Como jugador lo fue todo para los ‘blues’. Y no solo en los buenos tiempos, que ahí se rinde más fácil. También en los malos. En esos que el Chelsea no tenía un escudo tan molón y moderno. El centrocampista inglés se dejó la piel en las malas y en las buenas desde el 2001 y hasta 2014. Con él, el Chelsea decoró sus vitrinas con trece títulos más. Incluyendo una Champions League, ojo. El caso es que Guardiola, técnico del Manchester City, habló en rueda de prensa sobre la escasa capacidad actual de hablar de proyectos. Con lo bonitos que son. Y es que estoy con Pep. Me da que es cierto. Ganar es esencial. Es vital. Y más en esos grandes clubes con escudos modernos y molones. Esos en los que se tiene la capacidad de fichar con cierta soltura. Esos que, en cierta manera, se confía en que, con meter el dinero en el campo, está todo hecho. Y esto no es el FIFA. Ni el PES. No, esto no es un videojuego.

Aquí no se tiene Liga Máster, espaldarazo financiero o esa suerte de fichar y saber que las filigranas que se hacía ese jugador con el rival, las hará contigo ahora. Parece mentira que, en 2021, en tiempos de pandemia, en medio de un año atípico, haya que aclarar que este deporte no es un videojuego. Que los jugadores no conservan el nivel ochenta y cinco todos los partidos. Que Havertz no es el del Bayer Leverkusen y es normal, que Ziyech no es el del Ajax y es normal, y que Chilwell no es el del Leicester y es normal. Y teniendo todo eso en cuenta, llegamos a lo fundamental: para que todo eso encaje, cuadre y empiece a tener buena pinta, sí se necesita una idea.

Otra palabra bonita. Y esa es la primera que necesitamos. Y ya, por acabar de añadir, se necesita creer en ella. Y ahí es donde hay proyecto. Si sabemos que los jugadores recién llegados no son de videojuego, que el equipo va cumpliendo unos plazos de autoconocimiento, asentamiento y, además, se tiene y se cree en una idea, justo ahí, se puede hablar de proyecto. En esa locura actual llamada fútbol, al menos en el de la élite, es muy difícil encontrarse con todo eso a la vez. Complicadísimo. Y en eso pesa la visión de periodistas, directivos, aficionados, jugadores… porque todos intervienen. Es curioso, porque en ese escenario se han invertido los papeles, pues si bien creer en un proyecto podía servir para construir un equipo ganador y, actualmente, parece necesitarse un equipo ganador para tener opción de construir un proyecto.

A veces se nos olvida el rival. Su proyecto incluso. Que también aciertan. Que no todo depende de nuestro equipo o de nuestros jugadores. Y, a menudo, se nos olvida que esto es un juego en el que la suerte influye. Y que los malos días, esos que todos tenemos, también. Es cierto que en el fútbol que vivimos, ese sin apenas proyectos, parece indispensable ganar para cambiar esos puntos por tiempo para crear un equipo. Parece la moneda de cambio, la llave de trueque. Gana y, poco a poco, te dejaremos construir un proyecto. No pierdas y ya veremos. Y no todo se resume en tener esos tres puntos. Nada se resume en consultar el resultado en la típica aplicación del móvil, ni en mirar la clasificación al final. Aunque lo parezca, la confianza ha dado paso a la certeza. Ya no se vive de creer, sino de saber.

Lo de Frank Lampard es otro ejemplo más de que se ve el fútbol, cada vez más, como algo inmediato y certero. Lo queremos ya. Lo queremos ahora. Citando a Alejandro Mendo en su fantástico texto en Panenka, “la dictadura del highlight gana terreno a los 90 minutos”. Esa dictadura de las películas a velocidad rápida, esa dictadura carente de proyectos. Esa que nos ha privado de ver más a Lampard en el Chelsea. A ese pobre Lampard que, aunque parecía tener un proyecto en común con el club de su vida, ha acabado por ver que no, que no era tan sencillo. Que se le habían acabado ya sus victorias. Esas nuevas monedas de cambio para poder seguir invirtiendo en construir tu historia.

Imagen de cabecera: TIM KEETON/POOL/AFP via Getty Images

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