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Eva Moral, una vida maravillosa

David Orenes @david_lrl 10-09-2021

Han pasado 19 días desde que Eva Moral (Valdemoro, 1982) conquistara la medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. La imagen de la madrileña entrando en meta en la bahía de Odaiba fue un momento muy emotivo de todos los que vivimos a lo largo de las dos semanas en tierras niponas, porque su cara lo decía todo: antes de cruzar la línea sonreía de oreja a oreja, apretando los dientes, dando un último empujón a un sueño que estaba a punto de hacerse realidad. Luego reía, pero también lloraba, y al mismo tiempo estaba exhausta después de haber superado las terribles condiciones climáticas. Ese metal valía como uno de oro.

“La verdad es que no podía parar de sonreír y llorar a la vez. Era una cosa extraña, porque lloraba sin tener fuerzas para llorar (risas). Me salía de las entrañas”, nos cuenta Eva ya en frío, de vuelta a la rutina en casa, en Valdemoro, después de haberlo celebrado y creerse que sí, que era medallista paralímpica. Muchos se quedan con la subida al podio, el momentazo que justifica tanto sacrificio. Y claro, el deportista se acuerda del camino recorrido. En 2013 se precipitó por un barranco y sufrió una lesión medular que le impidió volver a andar. Tres años después ya era campeona mundial de paraduatlón y subcampeona europea de paratriatlón. No pudo aspirar a competir en los Juegos Paralímpicos de Río, donde se estrenaba el triatlón, porque en su categoría incluyeron la masculina y dejaron fuera la femenina.

“Eso creó polémica, obviamente. No entendíamos muy bien cuáles habían sido los criterios. Pero justo tres años antes de los Juegos (de Tokio) aprobaron las categorías, y cuando dijeron que iba a estar la mía fue un subidón. Porque estás entrenando duro para el Europeo, el Mundial… pero tener la posibilidad de clasificarse para unos Juegos es una motivación brutal”, cuenta Eva, detallando un proceso que ha durado un lustro. Solo clasificaban las nueve primeras del ránking mundial, así que tuvo que recorrer el mundo en busca de puntos, y competir cada vez contra más rivales que venían rebotadas de otros deportes a raíz  de la inclusión de la categoría. “Se puso la cosa seria. Yo hubo un momento que pensé… esto va a ser muy complicado”. Cuando logró sacar el billete, apareció el covid-19 y con ello toda la incógnita. ¿Qué pasaba si se suspendían definitivamente, después de haberse clasificado para sus primeros Juegos, el sueño de muchos años?

“Fue un poco drama, lo que pasa es que yo, no sé si llamarlo un autoengaño, pero solo pensaba que sí se iban a celebrar. No podía plantearme la opción de que no. Al final, en el deporte de alto rendimiento la cabeza manda muchísimo, e ir a entrenar pensando que a lo mejor tu gran objetivo no se va a cumplir, hace que no salgan bien los entrenamientos”, explica la madrileña, asegurando que incluso le vino bien el año extra. “Me sirvió para mejorar. A otras deportistas les ha influenciado negativamente por el hecho de un año más de espera, la incertidumbre, el covid… pero yo he sabido gestionarlo bien, creo (risas)”.

Una experiencia inolvidable

Moral recuerda como muy satisfactoria su estancia en la Villa olímpica durante los Juegos. “Como eran los primeros, los he disfrutado como una niña pequeña. Todo era como si estuviera en Disneyland (risas). La gente me decía: ‘Pero no puedes salir de la Villa, solo entrenar, sin público…’ Y claro, como yo no tenía con qué compararlo ha sido perfecto”. También se ha sorprendido de la cariñosa respuesta de la gente y la notable presencia de los deportistas paralímpicos en los medios de comunicación. “Sí, la verdad que con todo el mundo que hablo ha tenido la misma sensación. Se ha dado más visibilidad, más minutos de tele… Compañeros que han estado en otros Juegos están alucinando un poco, la verdad. Muy contentos por nosotros pero sobre todo por los que vienen detrás, que no lo tengan tan difícil. Que cada vez esto vaya mejor”.

Pero lo que superó todas sus expectativas fue conseguir la medalla. “Yo sabía que llegaba bien físicamente porque la preparación este año ha sido brutal. Pero siempre que me preguntaban yo decía que mi puesto estaba entre el tercero y el sexto. Y claro, el bronce era la mejor de las situaciones. Sabía que salvo que les pasara algo, la primera y la segunda estaban claras, y no hubo sorpresas (Kendall Gretsch y Lauren Parker). Sabía que ellas eran más fuertes que yo, pero no me puedo quejar”.

La carrera no fue precisamente un camino de rosas, sobre todo por las duras condiciones meteorológicas. “Un 90 y tanto por ciento de humedad, 30 y tantos grados de temperatura, pero como si estuviésemos hirviendo. El agua a 30 grados, como si te metieras a la ducha. Yo no había visto un agua tan caliente en mi vida, impresionaba. Hubo gente que lo pasó muy mal, recuerda. Encima tuvo que afrontar varios contratiempos: en la prueba de natación no encontraba la boya, y en la bici se le salió la cadena y se le cayó un pie.

Pese a todo logró remontar y acabar tercera, en una explosión de emociones sinigual, coronando una actuación del triatlón paralímpico español excelsa: cuatro medallas (oro de Susana Rodríguez y su guía Sara Loehr, la plata de Héctor Catalá y los bronces de Alejandro Sánchez Palomero y la propia Eva Moral. “El secreto es que somos como un martillo pilón. Estamos todo el día entrenando. Somos un grupo muy currante, nos lo hemos tomado muy en serio, teníamos las cosas muy claras. Han sido cuatro medallas, pero todos los compañeros que estábamos allí compitiendo me consta que íbamos en las mejores condiciones. Habíamos entrenado muy duro, pero te lo juegas todo en un día o una carrera y puede pasar cualquier cosa. Todos merecían medalla sin ninguna duda”.

Mención aparte merece una Rakel Mateo que tuvo que amputarse la pierna en marzo y aun así fue a Tokio y consiguió diploma. “Es verdad que ella llevaba 20 años sufriendo de dolor con su pierna y por fin encontró un médico valiente. Fue una liberación, pero se tuvo que acostumbrar a todo. Al equilibrio, el muñón lleva un proceso porque al principio es muy sensible… Pero me dijo: “Tía, yo estoy clasificada, quiero llegar a Tokio”. Le ha echado un valor brutal. El día antes me decía “yo solo quiero poder terminar, cruzar la línea de meta”. Y le decía que claro que sí, que lo iba a conseguir”.

De la pena a la admiración

Eva volvió a Valdemoro y siguió haciendo su rutina, preparándose para el Europeo de Valencia que se celebra a finales de este mes de septiembre. Pero ya no era la misma. ¡Era medallista paralímpica! “Tenía muchas ganas de volver a España para celebrarlo con mi familia. Sabía que lo habían disfrutado y que habían sufrido en la carrera incluso más que yo, sobre todo mi padre, que lo vive con muchísima intensidad. Hay veces que no me doy cuenta, porque sigo haciendo mis rutinas, pero ahora en Valdemoro me conoce todo el mundo (risas). La gente me para, los niños… me da un poco de vergüenza, pero luego piensas que es una pasada, que haya tenido tanta repercusión, y que la gente lo valore. Ya no solo porque me tengan en cuenta como deportista de élite, sino sobre todo para que se vea la discapacidad de otra manera. A lo mejor ahora por la calle ya no me miran con pena, sino con admiración”.

Ya era un ejemplo antes del bronce, cuando consiguió salir adelante pese al accidente, el trauma psicológico que conlleva y las barreras que ha tenido que sortear. La diferencia es que ahora más gente conoce su historia, y con ella más oportunidades de concienciar sobre la discapacidad en la sociedad.

“A mi me interesan mucho los niños, porque son nuestro futuro. Me gustaría que la concepción del deporte paralímpico y la discapacidad cambiase, y a través de ellos es la mejor manera. Aquí en Valdemoro hay un montón de niños que están como locos conmigo, y a mi me encanta porque solo quieren saber cómo va la bici, cuánto corres, cuánto nadas… ahora cada vez que vean a alguien con silla de ruedas o haciendo deporte con una discapacidad no les sorprenderá, porque estarán acostumbrados a ver a alguien. Y jolín, eso es una pasada. Ya me habría gustado a mí tener un referente así de niña. Si lo hubiese tenido cuando sufrí el accidente habría sido más fácil para mi mentalmente. En el momento en el que me dijeron que no iba a volver a andar, solo pensaba en lo que ves en la tele: alguien que es dependiente, lo típico que te venden, la ‘pena’. Es que no tenemos ni un solo referente en la tele, un presentador por ejemplo. Al final somos un 15% de la población mundial. Es una pena, porque hace que lo desconocido sea lo que nos da miedo”.

Preparándose para París 2024 desde el día siguiente de haber ganado la medalla, si todo marcha bien competirá con 42 años. “Esa es una de las cosas que no pienso. Yo me encuentro ahora mejor que con 20 (risas). Pero sí que es verdad que la edad media sube mucho en los Paralímpicos. Hay muchos deportistas, sobre todos los que tenemos una lesión adquirida ya de mayores. Hay gente compitiendo con 50 años o más. Pero sí, cuando tengo que competir con chavales de 20 y tantos pienso, ¿y yo qué voy a hacer? (risas). Me encuentro muy bien físicamente, creo que todavía tengo mucho y así seguiremos, hasta que el cuerpo me retire”.

Su historia es la mayor demostración de que hay vida más allá de un accidente o tragedia personal. No podíamos acabar esta bonita charla de otra forma que con el inspirador mensaje que nos deja nuestra protagonista. Gracias por todo.

“Todo tiene su tiempo. No todo es un camino de rosas. Hay que apoyarse en los que tienes a tu lado, en los que te quieren. Yo siempre digo que fui fuerte pensando en los míos, para que ellos no sufrieran, que vieran que estaba bien. Y nos ayudamos mutuamente. Pero sobre todo hay que tratar de disfrutar del día a día. A mí me gusta el deporte y por eso lo hago, porque me apasiona. Pero todo el mundo tiene una pasión. Y centrarse en ello, seguir marcándote objetivos y retos te ayuda mucho. Te distrae psicológicamente y te ayuda a avanzar. La vida sigue siendo maravillosa, en silla de ruedas o de pie”.

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Han pasado 19 días desde que Eva Moral (Valdemoro, 1982) conquistara la medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. La imagen de la madrileña entrando en meta en la bahía de Odaiba fue un momento muy emotivo de todos los que vivimos a lo largo de las dos semanas en tierras niponas, porque su cara lo decía todo: antes de cruzar la línea sonreía de oreja a oreja, apretando los dientes, dando un último empujón a un sueño que estaba a punto de hacerse realidad. Luego reía, pero también lloraba, y al mismo tiempo estaba exhausta después de haber superado las terribles condiciones climáticas. Ese metal valía como uno de oro.

“La verdad es que no podía parar de sonreír y llorar a la vez. Era una cosa extraña, porque lloraba sin tener fuerzas para llorar (risas). Me salía de las entrañas”, nos cuenta Eva ya en frío, de vuelta a la rutina en casa, en Valdemoro, después de haberlo celebrado y creerse que sí, que era medallista paralímpica. Muchos se quedan con la subida al podio, el momentazo que justifica tanto sacrificio. Y claro, el deportista se acuerda del camino recorrido. En 2013 se precipitó por un barranco y sufrió una lesión medular que le impidió volver a andar. Tres años después ya era campeona mundial de paraduatlón y subcampeona europea de paratriatlón. No pudo aspirar a competir en los Juegos Paralímpicos de Río, donde se estrenaba el triatlón, porque en su categoría incluyeron la masculina y dejaron fuera la femenina.

“Eso creó polémica, obviamente. No entendíamos muy bien cuáles habían sido los criterios. Pero justo tres años antes de los Juegos (de Tokio) aprobaron las categorías, y cuando dijeron que iba a estar la mía fue un subidón. Porque estás entrenando duro para el Europeo, el Mundial… pero tener la posibilidad de clasificarse para unos Juegos es una motivación brutal”, cuenta Eva, detallando un proceso que ha durado un lustro. Solo clasificaban las nueve primeras del ránking mundial, así que tuvo que recorrer el mundo en busca de puntos, y competir cada vez contra más rivales que venían rebotadas de otros deportes a raíz  de la inclusión de la categoría. “Se puso la cosa seria. Yo hubo un momento que pensé… esto va a ser muy complicado”. Cuando logró sacar el billete, apareció el covid-19 y con ello toda la incógnita. ¿Qué pasaba si se suspendían definitivamente, después de haberse clasificado para sus primeros Juegos, el sueño de muchos años?

“Fue un poco drama, lo que pasa es que yo, no sé si llamarlo un autoengaño, pero solo pensaba que sí se iban a celebrar. No podía plantearme la opción de que no. Al final, en el deporte de alto rendimiento la cabeza manda muchísimo, e ir a entrenar pensando que a lo mejor tu gran objetivo no se va a cumplir, hace que no salgan bien los entrenamientos”, explica la madrileña, asegurando que incluso le vino bien el año extra. “Me sirvió para mejorar. A otras deportistas les ha influenciado negativamente por el hecho de un año más de espera, la incertidumbre, el covid… pero yo he sabido gestionarlo bien, creo (risas)”.

Una experiencia inolvidable

Moral recuerda como muy satisfactoria su estancia en la Villa olímpica durante los Juegos. “Como eran los primeros, los he disfrutado como una niña pequeña. Todo era como si estuviera en Disneyland (risas). La gente me decía: ‘Pero no puedes salir de la Villa, solo entrenar, sin público…’ Y claro, como yo no tenía con qué compararlo ha sido perfecto”. También se ha sorprendido de la cariñosa respuesta de la gente y la notable presencia de los deportistas paralímpicos en los medios de comunicación. “Sí, la verdad que con todo el mundo que hablo ha tenido la misma sensación. Se ha dado más visibilidad, más minutos de tele… Compañeros que han estado en otros Juegos están alucinando un poco, la verdad. Muy contentos por nosotros pero sobre todo por los que vienen detrás, que no lo tengan tan difícil. Que cada vez esto vaya mejor”.

Pero lo que superó todas sus expectativas fue conseguir la medalla. “Yo sabía que llegaba bien físicamente porque la preparación este año ha sido brutal. Pero siempre que me preguntaban yo decía que mi puesto estaba entre el tercero y el sexto. Y claro, el bronce era la mejor de las situaciones. Sabía que salvo que les pasara algo, la primera y la segunda estaban claras, y no hubo sorpresas (Kendall Gretsch y Lauren Parker). Sabía que ellas eran más fuertes que yo, pero no me puedo quejar”.

La carrera no fue precisamente un camino de rosas, sobre todo por las duras condiciones meteorológicas. “Un 90 y tanto por ciento de humedad, 30 y tantos grados de temperatura, pero como si estuviésemos hirviendo. El agua a 30 grados, como si te metieras a la ducha. Yo no había visto un agua tan caliente en mi vida, impresionaba. Hubo gente que lo pasó muy mal, recuerda. Encima tuvo que afrontar varios contratiempos: en la prueba de natación no encontraba la boya, y en la bici se le salió la cadena y se le cayó un pie.

Pese a todo logró remontar y acabar tercera, en una explosión de emociones sinigual, coronando una actuación del triatlón paralímpico español excelsa: cuatro medallas (oro de Susana Rodríguez y su guía Sara Loehr, la plata de Héctor Catalá y los bronces de Alejandro Sánchez Palomero y la propia Eva Moral. “El secreto es que somos como un martillo pilón. Estamos todo el día entrenando. Somos un grupo muy currante, nos lo hemos tomado muy en serio, teníamos las cosas muy claras. Han sido cuatro medallas, pero todos los compañeros que estábamos allí compitiendo me consta que íbamos en las mejores condiciones. Habíamos entrenado muy duro, pero te lo juegas todo en un día o una carrera y puede pasar cualquier cosa. Todos merecían medalla sin ninguna duda”.

Mención aparte merece una Rakel Mateo que tuvo que amputarse la pierna en marzo y aun así fue a Tokio y consiguió diploma. “Es verdad que ella llevaba 20 años sufriendo de dolor con su pierna y por fin encontró un médico valiente. Fue una liberación, pero se tuvo que acostumbrar a todo. Al equilibrio, el muñón lleva un proceso porque al principio es muy sensible… Pero me dijo: “Tía, yo estoy clasificada, quiero llegar a Tokio”. Le ha echado un valor brutal. El día antes me decía “yo solo quiero poder terminar, cruzar la línea de meta”. Y le decía que claro que sí, que lo iba a conseguir”.

De la pena a la admiración

Eva volvió a Valdemoro y siguió haciendo su rutina, preparándose para el Europeo de Valencia que se celebra a finales de este mes de septiembre. Pero ya no era la misma. ¡Era medallista paralímpica! “Tenía muchas ganas de volver a España para celebrarlo con mi familia. Sabía que lo habían disfrutado y que habían sufrido en la carrera incluso más que yo, sobre todo mi padre, que lo vive con muchísima intensidad. Hay veces que no me doy cuenta, porque sigo haciendo mis rutinas, pero ahora en Valdemoro me conoce todo el mundo (risas). La gente me para, los niños… me da un poco de vergüenza, pero luego piensas que es una pasada, que haya tenido tanta repercusión, y que la gente lo valore. Ya no solo porque me tengan en cuenta como deportista de élite, sino sobre todo para que se vea la discapacidad de otra manera. A lo mejor ahora por la calle ya no me miran con pena, sino con admiración”.

Ya era un ejemplo antes del bronce, cuando consiguió salir adelante pese al accidente, el trauma psicológico que conlleva y las barreras que ha tenido que sortear. La diferencia es que ahora más gente conoce su historia, y con ella más oportunidades de concienciar sobre la discapacidad en la sociedad.

“A mi me interesan mucho los niños, porque son nuestro futuro. Me gustaría que la concepción del deporte paralímpico y la discapacidad cambiase, y a través de ellos es la mejor manera. Aquí en Valdemoro hay un montón de niños que están como locos conmigo, y a mi me encanta porque solo quieren saber cómo va la bici, cuánto corres, cuánto nadas… ahora cada vez que vean a alguien con silla de ruedas o haciendo deporte con una discapacidad no les sorprenderá, porque estarán acostumbrados a ver a alguien. Y jolín, eso es una pasada. Ya me habría gustado a mí tener un referente así de niña. Si lo hubiese tenido cuando sufrí el accidente habría sido más fácil para mi mentalmente. En el momento en el que me dijeron que no iba a volver a andar, solo pensaba en lo que ves en la tele: alguien que es dependiente, lo típico que te venden, la ‘pena’. Es que no tenemos ni un solo referente en la tele, un presentador por ejemplo. Al final somos un 15% de la población mundial. Es una pena, porque hace que lo desconocido sea lo que nos da miedo”.

Preparándose para París 2024 desde el día siguiente de haber ganado la medalla, si todo marcha bien competirá con 42 años. “Esa es una de las cosas que no pienso. Yo me encuentro ahora mejor que con 20 (risas). Pero sí que es verdad que la edad media sube mucho en los Paralímpicos. Hay muchos deportistas, sobre todos los que tenemos una lesión adquirida ya de mayores. Hay gente compitiendo con 50 años o más. Pero sí, cuando tengo que competir con chavales de 20 y tantos pienso, ¿y yo qué voy a hacer? (risas). Me encuentro muy bien físicamente, creo que todavía tengo mucho y así seguiremos, hasta que el cuerpo me retire”.

Su historia es la mayor demostración de que hay vida más allá de un accidente o tragedia personal. No podíamos acabar esta bonita charla de otra forma que con el inspirador mensaje que nos deja nuestra protagonista. Gracias por todo.

“Todo tiene su tiempo. No todo es un camino de rosas. Hay que apoyarse en los que tienes a tu lado, en los que te quieren. Yo siempre digo que fui fuerte pensando en los míos, para que ellos no sufrieran, que vieran que estaba bien. Y nos ayudamos mutuamente. Pero sobre todo hay que tratar de disfrutar del día a día. A mí me gusta el deporte y por eso lo hago, porque me apasiona. Pero todo el mundo tiene una pasión. Y centrarse en ello, seguir marcándote objetivos y retos te ayuda mucho. Te distrae psicológicamente y te ayuda a avanzar. La vida sigue siendo maravillosa, en silla de ruedas o de pie”.

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