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Una reflexión con la radiografía completa

Alejandro Pérez @aperezgom 02-12-2021

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Copa Davis Tenis

España tendrá que pasar por la fase clasificatoria de la Copa Davis de 2022 (salvo invitación de por medio). Lo hará después de quedarse en la fase de grupos de las Finales 2021. De ser la campeona de 2019 a quedarse fuera de cuartos de final en 2021. Se ha quedado fuera de cuartos por dos juegos. Lo ha hecho en un grupo con un rival con dos top5 y sin contar con tres de sus cuatro primeros tenistas. Lo de 2019 fue épico. Lo de 2021 se ha quedado cerca.

El nuevo formato de la Copa Davis (con sus defensores y sus detractores) provoca, entre otras cosas, que cuente cada set y cada juego durante cuatro días. Y eso hace, para bien y para mal que se produzcan situaciones como la vivida este año: las tres series que se disputaban el domingo por la tarde dependían entre sí de terceros resultados para conocer los cuartofinalistas. Alemania, Austria, Serbia, Rusia, España, EEUU y Colombia. Todos ellos jugándose los cuartos (Serbia desde el sofá, con sus deberes hechos esperando si eran suficientes).

España cumplió en la primera jornada (3-0 a Ecuador con balance 6-2 en sets). Rusia calcó sus resultados al día siguiente. El domingo, españoles y rusos se medían para conocer al campeón de grupo. Dos dudas por despejar: quién sería primero y si el segundo tendría lo suficiente como para pasar a cuartos.

Por los resultados que se iban sucediendo y tras los dos partidos individuales, la situación para España era clara: ganar los dobles para estar en cuartos como primera. Ser segunda no valía por un set. Y si España ganaba los dobles y la serie, Rusia pasaba como segunda mejor segunda. Sin embargo, el punto de dobles fue para Rusia con un 6-4 en el tercer set. España se despedía de la Copa Davis en la fase de grupos.

Haber alcanzado los cuartos de final habría sido un logro extraordinario. Por la situación del equipo español (sin tres de sus cuatro principales tenistas y dos de esas bajas conocidas ya concentrados en Madrid) y por la situación del rival, Rusia: Medvedev y Rublev (números dos y cinco del mundo) en competición. A sus 40 años, Feliciano López hizo un ejercicio soberbio para remontar a Rublev y poner el primer punto para España. Habría vida hasta los dobles.

Al final, un 6-4 en el tercer set del tercer partido de la segunda serie de la fase de grupos es donde España ha agotado sus opciones. A dos puntos del objetivo. La lectura es muy lejana a la palabra fracaso.

Por los contextos tanto el título de 2019 como la fase de grupos de 2021 son resultados que van más lejos de las expectativas en cada momento. En 2019 España (pese a ser local) no fue favorita por las circunstancias extradeportivas que rodearon el torneo. Y en 2021 no era favorita por las bajas y los rivales.

Venimos de comer caviar (seis títulos en 20 años) y la evolución natural de los ciclos hace que debamos esperar algunos años de menor éxito. Habida cuenta que hasta el 2000 el equipo español había celebrado dos finales (1965 y 1967) y ahora somos hexacampeones y hemos disputado otras dos finales, el balance es extremadamente positivo.

España es la quinta nación con más títulos, excluyendo de la ecuación a las históricas dominadoras EEUU (32 títulos) y Australia (28). Los primeros llevan 15 años sin ganarla y los segundos 18. La decena de títulos de Francia y Gran Bretaña y los siete de Suecia (no gana desde 1998) son los éxitos que adelantan a España. Estamos en una situación de privilegio.

Cabe recordar que, dentro de este periodo de éxitos con seis títulos, España también ha visto la cara más amarga de la historia. En 2015 llegó a jugar en Dinamarca por no descender a la Tercera Categoría del formato antiguo. En 2016 se ganó el billete de vuelta al Grupo Mundial. En 2017, pese a perder en cuartos de final, se aseguró mantener la categoría y las semifinales de 2018 le permitieron clasificarse directamente a las Finales 2019 tras el cambio de formato.

No hay nada como vivir una época de malos resultados para valorar en su justa medida los momentos dulces. Ganar es difícil, mantenerse también porque se te mira de forma diferente. Y dejar de ganar después de llegar a lo más alto provoca, siempre, un periodo de reflexión necesario. Pero siempre viendo el contexto completo. Sabiendo de dónde se viene y situando en su punto correcto el momento actual. Y eso es lo que debe hacer España ahora.

Imagen de cabecera: Rubén del Valle/RFET

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España tendrá que pasar por la fase clasificatoria de la Copa Davis de 2022 (salvo invitación de por medio). Lo hará después de quedarse en la fase de grupos de las Finales 2021. De ser la campeona de 2019 a quedarse fuera de cuartos de final en 2021. Se ha quedado fuera de cuartos por dos juegos. Lo ha hecho en un grupo con un rival con dos top5 y sin contar con tres de sus cuatro primeros tenistas. Lo de 2019 fue épico. Lo de 2021 se ha quedado cerca.

El nuevo formato de la Copa Davis (con sus defensores y sus detractores) provoca, entre otras cosas, que cuente cada set y cada juego durante cuatro días. Y eso hace, para bien y para mal que se produzcan situaciones como la vivida este año: las tres series que se disputaban el domingo por la tarde dependían entre sí de terceros resultados para conocer los cuartofinalistas. Alemania, Austria, Serbia, Rusia, España, EEUU y Colombia. Todos ellos jugándose los cuartos (Serbia desde el sofá, con sus deberes hechos esperando si eran suficientes).

España cumplió en la primera jornada (3-0 a Ecuador con balance 6-2 en sets). Rusia calcó sus resultados al día siguiente. El domingo, españoles y rusos se medían para conocer al campeón de grupo. Dos dudas por despejar: quién sería primero y si el segundo tendría lo suficiente como para pasar a cuartos.

Por los resultados que se iban sucediendo y tras los dos partidos individuales, la situación para España era clara: ganar los dobles para estar en cuartos como primera. Ser segunda no valía por un set. Y si España ganaba los dobles y la serie, Rusia pasaba como segunda mejor segunda. Sin embargo, el punto de dobles fue para Rusia con un 6-4 en el tercer set. España se despedía de la Copa Davis en la fase de grupos.

Haber alcanzado los cuartos de final habría sido un logro extraordinario. Por la situación del equipo español (sin tres de sus cuatro principales tenistas y dos de esas bajas conocidas ya concentrados en Madrid) y por la situación del rival, Rusia: Medvedev y Rublev (números dos y cinco del mundo) en competición. A sus 40 años, Feliciano López hizo un ejercicio soberbio para remontar a Rublev y poner el primer punto para España. Habría vida hasta los dobles.

Al final, un 6-4 en el tercer set del tercer partido de la segunda serie de la fase de grupos es donde España ha agotado sus opciones. A dos puntos del objetivo. La lectura es muy lejana a la palabra fracaso.

Por los contextos tanto el título de 2019 como la fase de grupos de 2021 son resultados que van más lejos de las expectativas en cada momento. En 2019 España (pese a ser local) no fue favorita por las circunstancias extradeportivas que rodearon el torneo. Y en 2021 no era favorita por las bajas y los rivales.

Venimos de comer caviar (seis títulos en 20 años) y la evolución natural de los ciclos hace que debamos esperar algunos años de menor éxito. Habida cuenta que hasta el 2000 el equipo español había celebrado dos finales (1965 y 1967) y ahora somos hexacampeones y hemos disputado otras dos finales, el balance es extremadamente positivo.

España es la quinta nación con más títulos, excluyendo de la ecuación a las históricas dominadoras EEUU (32 títulos) y Australia (28). Los primeros llevan 15 años sin ganarla y los segundos 18. La decena de títulos de Francia y Gran Bretaña y los siete de Suecia (no gana desde 1998) son los éxitos que adelantan a España. Estamos en una situación de privilegio.

Cabe recordar que, dentro de este periodo de éxitos con seis títulos, España también ha visto la cara más amarga de la historia. En 2015 llegó a jugar en Dinamarca por no descender a la Tercera Categoría del formato antiguo. En 2016 se ganó el billete de vuelta al Grupo Mundial. En 2017, pese a perder en cuartos de final, se aseguró mantener la categoría y las semifinales de 2018 le permitieron clasificarse directamente a las Finales 2019 tras el cambio de formato.

No hay nada como vivir una época de malos resultados para valorar en su justa medida los momentos dulces. Ganar es difícil, mantenerse también porque se te mira de forma diferente. Y dejar de ganar después de llegar a lo más alto provoca, siempre, un periodo de reflexión necesario. Pero siempre viendo el contexto completo. Sabiendo de dónde se viene y situando en su punto correcto el momento actual. Y eso es lo que debe hacer España ahora.

Imagen de cabecera: Rubén del Valle/RFET

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