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Eran niños

Edu Rodríguez @EduRodri1996 07-07-2018

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Bélgica está ante uno de los
momentos más importantes de su historia futbolística. Tras remontar a última
hora contra Japón y dar la campanada contra Brasil, tendrá contra Francia la
posibilidad de alcanzar su primera final mundialista. Este hito, no obstante,
no es algo casual, sino que se debe a un trabajo que ha venido labrándose
durante el último lustro.

Pongámonos en contexto. 15 de
mayo del 2012. Llega Mark Wilmots al banquillo belga. El objetivo está claro:
enderezar al grupo y sacarle el máximo provecho. El talento está. Falta
demostrarlo. Solo un año después y tras una fase de grupos inmaculada, Bélgica
ya estaba clasificada para Brasil 2014. 12 años después volvería a competir por
reinar. Tras cinco fracasos (3 Eurocopas y 2 Mundiales sin acudir), una alegría
desbordada. La prensa alabó el trabajo del técnico belga por dotar al equipo de
la disciplina y confianza necesaria.

En Brasil, pese a empezar con un
amenazante tres de tres, la selección belga cayó en cuartos contra Argentina en
un duelo paupérrimo. El Mundial, por tanto, no salió como se esperaba –se
quería ganar, ¿quién no?–, pero la primera piedra del proyecto estaba puesta:
Bélgica se había expuesto al mundo. Lo mejor estaba por venir.

Al igual que el Mundial, Bélgica
alcanzó la Eurocopa de Francia como primera de grupo, en este caso pasó a
octavos como segunda y cayó, de nuevo, en cuartos. La decepción, aquí, fue
gigantesca. Contra Argentina se podía perder; contra Galés, no. Bélgica era en
2016 una selección más experimentada, más compacta, más hecha, pero le faltaba
algo. Y para ese algo llegó Roberto Martínez.

En este Rusia 2018 seguramente
estemos ante la mejor versión del conjunto belga. Con una de las plantillas más
talentosas del torneo, el técnico español ha conseguido explotar las
individualidades por el bien del colectivo. Y le está funcionando. Ahora ya no
son niños, ya no son inexpertos, o, si lo son, no actúan como tal. Ahora ya no
son un conjunto de individualidades. Ahora son un grupo. Y como tal aspiran a
todo. ¿Cuál será su techo?

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Bélgica está ante uno de los
momentos más importantes de su historia futbolística. Tras remontar a última
hora contra Japón y dar la campanada contra Brasil, tendrá contra Francia la
posibilidad de alcanzar su primera final mundialista. Este hito, no obstante,
no es algo casual, sino que se debe a un trabajo que ha venido labrándose
durante el último lustro.

Pongámonos en contexto. 15 de
mayo del 2012. Llega Mark Wilmots al banquillo belga. El objetivo está claro:
enderezar al grupo y sacarle el máximo provecho. El talento está. Falta
demostrarlo. Solo un año después y tras una fase de grupos inmaculada, Bélgica
ya estaba clasificada para Brasil 2014. 12 años después volvería a competir por
reinar. Tras cinco fracasos (3 Eurocopas y 2 Mundiales sin acudir), una alegría
desbordada. La prensa alabó el trabajo del técnico belga por dotar al equipo de
la disciplina y confianza necesaria.

En Brasil, pese a empezar con un
amenazante tres de tres, la selección belga cayó en cuartos contra Argentina en
un duelo paupérrimo. El Mundial, por tanto, no salió como se esperaba –se
quería ganar, ¿quién no?–, pero la primera piedra del proyecto estaba puesta:
Bélgica se había expuesto al mundo. Lo mejor estaba por venir.

Al igual que el Mundial, Bélgica
alcanzó la Eurocopa de Francia como primera de grupo, en este caso pasó a
octavos como segunda y cayó, de nuevo, en cuartos. La decepción, aquí, fue
gigantesca. Contra Argentina se podía perder; contra Galés, no. Bélgica era en
2016 una selección más experimentada, más compacta, más hecha, pero le faltaba
algo. Y para ese algo llegó Roberto Martínez.

En este Rusia 2018 seguramente
estemos ante la mejor versión del conjunto belga. Con una de las plantillas más
talentosas del torneo, el técnico español ha conseguido explotar las
individualidades por el bien del colectivo. Y le está funcionando. Ahora ya no
son niños, ya no son inexpertos, o, si lo son, no actúan como tal. Ahora ya no
son un conjunto de individualidades. Ahora son un grupo. Y como tal aspiran a
todo. ¿Cuál será su techo?

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