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Sigue habiendo gente que osa criticar el centro y remate del Real Madrid. Sin embargo, en Zorrilla, vetusto estadio que siempre ha sido cercana a la España más añeja y que hoy exhibe modernidad tras la llegada de Ronaldo, leyenda blanca, los blancos sumaron el triunfo de la misma manera: centrando y rematando. Era difícil imaginarlo. Esta vez fue Nacho Fernández el que introdujo el cuero en el fondo de las mallas, demostrando que en este Madrid también se sabe sufrir cuando Karim Benzema no está acertado. Todos marcan. Cualquiera puede comparecer. Eso es de conjunto campeón, algo que con Zinedine Zidane es un clásico.

Si alguien sabe jugar a esto, al precioso oficio de pisar la línea de fondo para ponerla, es Gareth Bale. De hecho, el galés podría hacer la otra parte. También podría cargar el área para rematar e incluso estar a banda cambiada para disparar a puerta, aprovechando su cañón en la pierna izquierda. Sin embargo, él sigue siendo ese amigo que ha tenido un hijo y aparece cuando dice que puede, aunque igual es cuando quiere. Marcó en Salamanca, pero no compareció en Valladolid, quizás aludiendo a que su niña tenga fiebre o a que está muy cansado. Así le sigue dando ratos a un Rodrygo peleón, pero sin suerte esta vez. Otros, como Vinicius o Brahim, están a la espera. El ex del Tottenham siempre da oportunidades a los demás.

Gracioso es el hecho de tener que oír a gente que reclama que eso de centrar es un recurso un fácil. Centrar no es echar la lotería, centrar es riesgo, pero con un control. Parecido a responder una historia de Instagram, donde no todo depende de ti, pero tus habilidades cuentan. Los rematadores deben ocupar buenas zonas, el centrador tiene que ser bueno y el defensor que pierda de vista su marca o que no se haga fuerte. Así gana el Madrid los partidos. Así ganaba las Champions. Así ha sido toda la vida.

Dos grandes puntales de ese fútbol que ha aupado a los blancos al cielo siguen cayéndose. Uno de ellos sí que estuvo en Zorrilla, Luka Modric, superado por un Fede Valverde que ha derrumbado la puerta desmesuradamente. El otro es Marcelo, un centrador menos tocado por los dioses que el brasileño, viendo a Ferland Mendy por la banda izquierda de Chamartín. Sin embargo, esto del fútbol va también de equilibrios. Por ello, las buenas dotes del francés en defensa le dan ventaja, como la que tiene el Madrid en lo alto de LaLiga. Aunque se parezcan al Eibar, como dice algún compañero de profesión, ya mandan en la tabla y vuelven a vivir en calma, lo normal para Zidane. Aunque tremendamente extraño para los del Bernabéu, que hace justo un año vivían en una pesadilla entre cambios de entrenadores y problemas internos.

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Sigue habiendo gente que osa criticar el centro y remate del Real Madrid. Sin embargo, en Zorrilla, vetusto estadio que siempre ha sido cercana a la España más añeja y que hoy exhibe modernidad tras la llegada de Ronaldo, leyenda blanca, los blancos sumaron el triunfo de la misma manera: centrando y rematando. Era difícil imaginarlo. Esta vez fue Nacho Fernández el que introdujo el cuero en el fondo de las mallas, demostrando que en este Madrid también se sabe sufrir cuando Karim Benzema no está acertado. Todos marcan. Cualquiera puede comparecer. Eso es de conjunto campeón, algo que con Zinedine Zidane es un clásico.

Si alguien sabe jugar a esto, al precioso oficio de pisar la línea de fondo para ponerla, es Gareth Bale. De hecho, el galés podría hacer la otra parte. También podría cargar el área para rematar e incluso estar a banda cambiada para disparar a puerta, aprovechando su cañón en la pierna izquierda. Sin embargo, él sigue siendo ese amigo que ha tenido un hijo y aparece cuando dice que puede, aunque igual es cuando quiere. Marcó en Salamanca, pero no compareció en Valladolid, quizás aludiendo a que su niña tenga fiebre o a que está muy cansado. Así le sigue dando ratos a un Rodrygo peleón, pero sin suerte esta vez. Otros, como Vinicius o Brahim, están a la espera. El ex del Tottenham siempre da oportunidades a los demás.

Gracioso es el hecho de tener que oír a gente que reclama que eso de centrar es un recurso un fácil. Centrar no es echar la lotería, centrar es riesgo, pero con un control. Parecido a responder una historia de Instagram, donde no todo depende de ti, pero tus habilidades cuentan. Los rematadores deben ocupar buenas zonas, el centrador tiene que ser bueno y el defensor que pierda de vista su marca o que no se haga fuerte. Así gana el Madrid los partidos. Así ganaba las Champions. Así ha sido toda la vida.

Dos grandes puntales de ese fútbol que ha aupado a los blancos al cielo siguen cayéndose. Uno de ellos sí que estuvo en Zorrilla, Luka Modric, superado por un Fede Valverde que ha derrumbado la puerta desmesuradamente. El otro es Marcelo, un centrador menos tocado por los dioses que el brasileño, viendo a Ferland Mendy por la banda izquierda de Chamartín. Sin embargo, esto del fútbol va también de equilibrios. Por ello, las buenas dotes del francés en defensa le dan ventaja, como la que tiene el Madrid en lo alto de LaLiga. Aunque se parezcan al Eibar, como dice algún compañero de profesión, ya mandan en la tabla y vuelven a vivir en calma, lo normal para Zidane. Aunque tremendamente extraño para los del Bernabéu, que hace justo un año vivían en una pesadilla entre cambios de entrenadores y problemas internos.