_Inglaterra

El VAR todo lo puede

¿Qué culpa tiene Carlo Ancelotti de que el chaval de quince años que eligió ser de la parte azul de la ciudad no recuerde casi una victoria del Everton ante el Liverpool? ¿Qué va a hacer Allan, acostumbrado a la locura en Nápoles, con el treintañero que le pide un título tras tantos años de sequía? Los toffees, enquistados en una serie de números horribles en sus últimos cursos, saben lo que significa cada derbi ante el eterno rival. Viene el Liverpool y salen las mismas estadísticas de siempre: las que se repiten en cada previa y crónica con sudores fríos. Todo suele ir muy mal. Le cuesta la vida a la entidad de Goodison Park superar a sus rivales. Da igual el contexto. Y eso se nota en cada nueva edición de uno de los choques más emocionantes del año en la Premier League.

Quizás por ello, desde el primer silbato del colegiado, los reds ya iban en ventaja. Los locales, pese a tener un puñado de jugadores nuevos, cargan con una piedra que ya pintó Tiziano hace siglos. Esta vez estuvieron cerca de conseguir que Sísifo triunfara, de llegar a la cima gracias a un cabezazo final de Dominic Calvert-Lewin instantes después de un gol anulado por milímetros. Es ahí donde siempre se mueven los derbis de Merseyside: en el alambre. Con la diferencia de que casi siempre los de Jurgen Klopp se llevan el gato al agua. Los visitantes, con el orgullo muy herido tras la sonada goleada ante el Aston Villa, saltaron al verde del eterno rival con la confianza de que iban a volver a triunfar. Para ello, Sadio Mané debía martillear una y otra vez esa banda derecha que tantas alegrías está dando al bando azul de la ciudad en ataque. Pero que en defensa se duerme y de qué manera. Abdoulaye Doucouré y Allan, que solían controlar ese lado en las primeras pruebas del curso, no daban abasto con Andrew Robertson.

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Liverpool es una ciudad que hay que visitar y si te gusta el fútbol aún más. Carlos Tévez llegó a asegurar "que en Mánchester había dos restaurantes". En Liverpool tienen más cosas. Sobre todo, orgullo. Orgullo scouser como allí dirían. El scouse es el acento que suele poner la gente de la urbe que no tiene ganas de ser igual que el resto de los ingleses. Quieren conservar su identidad. Y tienen su precioso río: el Mersey. De allí zarpaban toda clase de barcos a los lugares más importantes del mundo. Eran poderosos. Como los dos equipos de su ciudad; respetando siempre al Tranmere Rovers: Everton y Liverpool. Liverpool es rock. Los Beatles marcaron un antes y un después. Practicaron durante horas en el Cavern Club y acabaron yendo a Estados Unidos, siendo el primer grupo de música por el que unas fans mataban por tocarlos. En su antiguo club los fines de semana la gente se seguía reuniendo para, con unas cuantas pintas encima, pasárselo muy bien. Y honrar, también, a cuando Liverpool era la referencia musical. Tras el coronavirus han conseguido salvar su templo. Algo es algo. Liverpool es fútbol. Toffees y reds se miran a lo lejos y se cantan de todo; recordando pequeñas rencillas históricas. Si uno quiere tirar una piedra desde la grada de The Kop puede casi alcanzar el estadio rival. No demos ideas. En los 80 eran potencias europeas y los primeros eran una referencia con el eterno Howard Kendall a la cabeza. Sin embargo, el hooliganismo les privó de pelear con los más grandes. En Goodison les encantaría tener una de las seis orejonas que tienen los de Anfield y, sin duda, no estuvieron lejos de competirla. Hoy es día de derbi. Aunque quizás es algo distinto. Hoy la gente no podrá reunirse en los pubs, ni logrará poblar esas gradas que ahora están llenas de publicidad y de mensajes inanes. Los aficionados, los que realmente hacen grande a las entidades, deberán ver el choque desde sus casas. Unos hogares que probablemente tengan distintas camisetas coloreando sus salones. Seguramente unos acaben soltando el tópico de todas las comidas familiares: "Aquí se habla de todo menos de fútbol". Que hablen de los Beatles. #merseyside #derbi #everton #liverpool

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Por ahí anda James Rodríguez, un verso libre, un poeta que mueve los hilos de este cuadro como nadie en ataque, pero que en defensa hiberna. Esta vez, ese fútbol vigoroso y dominante que impulsa el mago de Cúcuta fue empequeñecido por los vigentes campeones: llegó el primero nada más empezar y provocaron un penalti escandaloso de Jordan Pickford que solo el VAR pudo corregir por fuera de juego. Virgil van Dijk, de hecho, parece que no volverá a jugar este curso tras esa acción. Sin el neerlandés todo es mucho más complejo. Y se notó a la primera que pudo poner el cafetero. Colgó un balón al corazón del área, justo después de que el senegalés abriera la lata, que encontró a Michael Keane, imperial todo el partido, y colocó la igualdad en el marcador.

Llegó el tiempo de asueto, pero no cambió demasiado el guion de un encuentro que parecía destinado a otro triunfo más del Liverpool. Dominaban los campeones con empeño; resistían los de Carletto con fe. La llegó a tener Richarlison poco antes del gol de Mohamed Salah. El egipcio, acostumbrado a hacer los goles más complejos y a fallar lo más sencillo, aprovechó un error del ciclotímico Yerry Mina. El colombiano está haciendo buen curso, pero esta vez salió cruz. Solo pudo salvar los muebles el de siempre: Calvert-Lewin.

El ya internacional inglés se alzó entre una maraña de defensores para igualar la contienda. No es la primera vez que este derbi acaba con muchos goles y con, lógicamente, expulsados. Esta vez fue Richarlison, muy perdido en izquierda, el que entró con temeridad a Thiago. El Everton iba a sufrir. No hablemos de los corazones de sus aficionados. En una de las últimas, cuando el final asomaba, Jordan Henderson superó al portero de la selección inglesa y puso un 2-3 que volvía a romper los corazones de los toffees. Sin embargo, incluso el VAR puede reparar desamores. Un hombro, una cintura o lo que fuera invalidó el pase del español a Mané y el Liverpool terminó sin los tres puntos en el derbi. Se quedan a tres del eterno rival en la Premier y dejan a Klopp, que cuando no vence no puede contenerse ante los medios, cuestionando al que tira las líneas de fuera de juego. Lo que faltaba.

Imagen de cabecera: CATHERINE IVILL/POOL/AFP via Getty Images)

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¿Qué culpa tiene Carlo Ancelotti de que el chaval de quince años que eligió ser de la parte azul de la ciudad no recuerde casi una victoria del Everton ante el Liverpool? ¿Qué va a hacer Allan, acostumbrado a la locura en Nápoles, con el treintañero que le pide un título tras tantos años de sequía? Los toffees, enquistados en una serie de números horribles en sus últimos cursos, saben lo que significa cada derbi ante el eterno rival. Viene el Liverpool y salen las mismas estadísticas de siempre: las que se repiten en cada previa y crónica con sudores fríos. Todo suele ir muy mal. Le cuesta la vida a la entidad de Goodison Park superar a sus rivales. Da igual el contexto. Y eso se nota en cada nueva edición de uno de los choques más emocionantes del año en la Premier League.

Quizás por ello, desde el primer silbato del colegiado, los reds ya iban en ventaja. Los locales, pese a tener un puñado de jugadores nuevos, cargan con una piedra que ya pintó Tiziano hace siglos. Esta vez estuvieron cerca de conseguir que Sísifo triunfara, de llegar a la cima gracias a un cabezazo final de Dominic Calvert-Lewin instantes después de un gol anulado por milímetros. Es ahí donde siempre se mueven los derbis de Merseyside: en el alambre. Con la diferencia de que casi siempre los de Jurgen Klopp se llevan el gato al agua. Los visitantes, con el orgullo muy herido tras la sonada goleada ante el Aston Villa, saltaron al verde del eterno rival con la confianza de que iban a volver a triunfar. Para ello, Sadio Mané debía martillear una y otra vez esa banda derecha que tantas alegrías está dando al bando azul de la ciudad en ataque. Pero que en defensa se duerme y de qué manera. Abdoulaye Doucouré y Allan, que solían controlar ese lado en las primeras pruebas del curso, no daban abasto con Andrew Robertson.

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Liverpool es una ciudad que hay que visitar y si te gusta el fútbol aún más. Carlos Tévez llegó a asegurar "que en Mánchester había dos restaurantes". En Liverpool tienen más cosas. Sobre todo, orgullo. Orgullo scouser como allí dirían. El scouse es el acento que suele poner la gente de la urbe que no tiene ganas de ser igual que el resto de los ingleses. Quieren conservar su identidad. Y tienen su precioso río: el Mersey. De allí zarpaban toda clase de barcos a los lugares más importantes del mundo. Eran poderosos. Como los dos equipos de su ciudad; respetando siempre al Tranmere Rovers: Everton y Liverpool. Liverpool es rock. Los Beatles marcaron un antes y un después. Practicaron durante horas en el Cavern Club y acabaron yendo a Estados Unidos, siendo el primer grupo de música por el que unas fans mataban por tocarlos. En su antiguo club los fines de semana la gente se seguía reuniendo para, con unas cuantas pintas encima, pasárselo muy bien. Y honrar, también, a cuando Liverpool era la referencia musical. Tras el coronavirus han conseguido salvar su templo. Algo es algo. Liverpool es fútbol. Toffees y reds se miran a lo lejos y se cantan de todo; recordando pequeñas rencillas históricas. Si uno quiere tirar una piedra desde la grada de The Kop puede casi alcanzar el estadio rival. No demos ideas. En los 80 eran potencias europeas y los primeros eran una referencia con el eterno Howard Kendall a la cabeza. Sin embargo, el hooliganismo les privó de pelear con los más grandes. En Goodison les encantaría tener una de las seis orejonas que tienen los de Anfield y, sin duda, no estuvieron lejos de competirla. Hoy es día de derbi. Aunque quizás es algo distinto. Hoy la gente no podrá reunirse en los pubs, ni logrará poblar esas gradas que ahora están llenas de publicidad y de mensajes inanes. Los aficionados, los que realmente hacen grande a las entidades, deberán ver el choque desde sus casas. Unos hogares que probablemente tengan distintas camisetas coloreando sus salones. Seguramente unos acaben soltando el tópico de todas las comidas familiares: "Aquí se habla de todo menos de fútbol". Que hablen de los Beatles. #merseyside #derbi #everton #liverpool

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Por ahí anda James Rodríguez, un verso libre, un poeta que mueve los hilos de este cuadro como nadie en ataque, pero que en defensa hiberna. Esta vez, ese fútbol vigoroso y dominante que impulsa el mago de Cúcuta fue empequeñecido por los vigentes campeones: llegó el primero nada más empezar y provocaron un penalti escandaloso de Jordan Pickford que solo el VAR pudo corregir por fuera de juego. Virgil van Dijk, de hecho, parece que no volverá a jugar este curso tras esa acción. Sin el neerlandés todo es mucho más complejo. Y se notó a la primera que pudo poner el cafetero. Colgó un balón al corazón del área, justo después de que el senegalés abriera la lata, que encontró a Michael Keane, imperial todo el partido, y colocó la igualdad en el marcador.

Llegó el tiempo de asueto, pero no cambió demasiado el guion de un encuentro que parecía destinado a otro triunfo más del Liverpool. Dominaban los campeones con empeño; resistían los de Carletto con fe. La llegó a tener Richarlison poco antes del gol de Mohamed Salah. El egipcio, acostumbrado a hacer los goles más complejos y a fallar lo más sencillo, aprovechó un error del ciclotímico Yerry Mina. El colombiano está haciendo buen curso, pero esta vez salió cruz. Solo pudo salvar los muebles el de siempre: Calvert-Lewin.

El ya internacional inglés se alzó entre una maraña de defensores para igualar la contienda. No es la primera vez que este derbi acaba con muchos goles y con, lógicamente, expulsados. Esta vez fue Richarlison, muy perdido en izquierda, el que entró con temeridad a Thiago. El Everton iba a sufrir. No hablemos de los corazones de sus aficionados. En una de las últimas, cuando el final asomaba, Jordan Henderson superó al portero de la selección inglesa y puso un 2-3 que volvía a romper los corazones de los toffees. Sin embargo, incluso el VAR puede reparar desamores. Un hombro, una cintura o lo que fuera invalidó el pase del español a Mané y el Liverpool terminó sin los tres puntos en el derbi. Se quedan a tres del eterno rival en la Premier y dejan a Klopp, que cuando no vence no puede contenerse ante los medios, cuestionando al que tira las líneas de fuera de juego. Lo que faltaba.

Imagen de cabecera: CATHERINE IVILL/POOL/AFP via Getty Images)

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