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El último pelotazo en la WTA

Alejandro Pérez @aperezgom 21-03-2019

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La semana pasada en el desierto de California, el primer torneo de categoría Masters 1000 y Premier Mandatory acabó con doble sorpresa. Una mucho más grande que la otra. Bianca Andreescu y Dominic Thiem se alzaron con los títulos. La de la tenista canadiense es probablemente la mayor sorpresa de lo que llevamos de año y quizás no haya nada que lo supere.

A sus 18 años, Bianca Andreescu se convirtió en la primera tenista en ganar Indian Wells con una invitación por parte de la organización. En su camino sólo cedió tres sets: en 1R ante la rumana Begu, en semifinales ante la ucrania Svitolina y en la final ante Kerber. A Muguruza (ex número 1 y campeona de Grand Slam) le dejó en un juego.

Su mayor éxito hasta la fecha había sido pocas semanas antes este mismo año ganando el torneo 125k en Newport Beach. Antes, cinco torneos ITF de categoría 25k. Ningún WTA, ningún ITF de mayor categoría. Y de repente, campeona de un Mandatory. No es la primera vez que ocurre en la WTA y no es la última vez que pasará. De hecho, desde hace tiempo es lo normal en el circuito femenino: dar la campanada en un gran torneo y desaparecer en mayor o menor medida. Veremos si le pasa a Bianca.

En lo que llevamos de año, tres de las 13 campeonas WTA (23%) han ganado su primer título (Sofía Kenin, Yafan Wang y ahora Bianca Andreescu). En 2018 varios nombres no esperados tuvieron protagonismo en el circuito.

Empezando por la japonesa Naomi Osaka. Sin haber ganado un solo título en su carrera (ni ITF ni WTA), se llevó la gloria en California (ganando en la misma semana a Sharapova, Radwanska, Pliskova o Halep). Después subió la apuesta y ganó en Nueva York ante toda una Serena Williams que buscaba su 24º Grand Slam. Entre medias pisó sólo unas semifinales en 12 torneos. Y para comenzar 2019, campeona en el Open de Australia y número 1 del mundo. En Indian Wells una discreta 4R.

La estadounidense Sloane Stephens es otro ejemplo que cumple con este perfil. Sin ser ni mucho menos favorita, dio la campanada en Nueva York en 2017. Tenía tres WTA en su palmarés, pero nada que hiciera pensar que era candidata a un Grand Slam. Venus en semifinales y Keys en la final sucumbieron ante la tenista de (entonces) 24 años. Después de triunfar en Nueva York desapareció para volver a ganar en Miami superando un cuadro importante con cuatro victorias consecutivas ante campeonas de Grand Slam: Muguruza, Kerber, Azarenka y Ostapenko. Entre medias siete torneos en los que sólo en dos ganó algún partido.

A las puertas del verano Stephens estuvo a punto de ganar en París, pero en la tierra la gloria fue para Simona Halep, negada un año atrás ante otra de las grandes sorpresas: Jelena Ostapenko. Desde entonces Stephens ha jugado la final de Canadá, cuartos en Nueva York y finalista en la Copa de Maestras como mejores resultados.

Si Osaka y Stephens son ejemplos de grandes éxitos puntuales, el caso más extremo (hasta ahora) lo protagoniza la tenista letona Jelena Ostapenko. A sus 19 años, disputaba su segundo Roland Garros en 2017. Lo hacía como número 47 de la clasificación WTA y con un ITF 50k y seis ITF 10k en el palmarés. Y un año antes había caído en 1R en individual y dobles sin ganar un set. Es decir: ni en las apuestas más arriesgadas se le daban opciones de llegar incluso a la segunda semana.

Remontó en su primer partido consiguiendo así su primera victoria en París. Llegó a 4R con dos triunfos fáciles ante Puig y Tsurenko. Volvió a remontar ante Stosur para meterse en la segunda semana. Le remontó a Wozniacki, entonces número 12 WTA, para meterse en semifinales ante Bacsinszky. Superó a la suiza y se citó con Halep en la final. Y con Simona (número 4 WTA) se reservó lo mejor. Con Halep 6-4 3-0, a tres juegos de ser campeona de Grand Slam, Ostapenko igualó la final y acabó imponiéndose en la tercera manga en una de las mayores sorpresas de la temporada. Campeona de Grand Slam sin haber ganado un título WTA previamente.

Tras el pelotazo en Paris, sus mejores resultados hasta hoy son: cuartos en Wimbledon 2017, título en Seúl, semifinales en Wuhan y Pekín, final en Miami (ya en 2018) y semifinales en Wimbledon. A nivel individual lleva desde el último USOpen sin ganar dos partidos seguidos. Pero es campeona de Grand Slam y las dos semanas de ensueño en París no se las quita nadie.

La última perla WTA es canadiense y se llama Bianca Andreescu. Sólo el tiempo dirá si es flor de un día o se mantiene. Pero la proyección WTA indica que en una semana en Miami tendremos otra campeona. Y en la siguiente gran cita en París otra diferente. Nadie tiene la suficiente fuerza para asentarse. Nadie domina. Y que bien sienta eso.

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La semana pasada en el desierto de California, el primer torneo de categoría Masters 1000 y Premier Mandatory acabó con doble sorpresa. Una mucho más grande que la otra. Bianca Andreescu y Dominic Thiem se alzaron con los títulos. La de la tenista canadiense es probablemente la mayor sorpresa de lo que llevamos de año y quizás no haya nada que lo supere.

A sus 18 años, Bianca Andreescu se convirtió en la primera tenista en ganar Indian Wells con una invitación por parte de la organización. En su camino sólo cedió tres sets: en 1R ante la rumana Begu, en semifinales ante la ucrania Svitolina y en la final ante Kerber. A Muguruza (ex número 1 y campeona de Grand Slam) le dejó en un juego.

Su mayor éxito hasta la fecha había sido pocas semanas antes este mismo año ganando el torneo 125k en Newport Beach. Antes, cinco torneos ITF de categoría 25k. Ningún WTA, ningún ITF de mayor categoría. Y de repente, campeona de un Mandatory. No es la primera vez que ocurre en la WTA y no es la última vez que pasará. De hecho, desde hace tiempo es lo normal en el circuito femenino: dar la campanada en un gran torneo y desaparecer en mayor o menor medida. Veremos si le pasa a Bianca.

En lo que llevamos de año, tres de las 13 campeonas WTA (23%) han ganado su primer título (Sofía Kenin, Yafan Wang y ahora Bianca Andreescu). En 2018 varios nombres no esperados tuvieron protagonismo en el circuito.

Empezando por la japonesa Naomi Osaka. Sin haber ganado un solo título en su carrera (ni ITF ni WTA), se llevó la gloria en California (ganando en la misma semana a Sharapova, Radwanska, Pliskova o Halep). Después subió la apuesta y ganó en Nueva York ante toda una Serena Williams que buscaba su 24º Grand Slam. Entre medias pisó sólo unas semifinales en 12 torneos. Y para comenzar 2019, campeona en el Open de Australia y número 1 del mundo. En Indian Wells una discreta 4R.

La estadounidense Sloane Stephens es otro ejemplo que cumple con este perfil. Sin ser ni mucho menos favorita, dio la campanada en Nueva York en 2017. Tenía tres WTA en su palmarés, pero nada que hiciera pensar que era candidata a un Grand Slam. Venus en semifinales y Keys en la final sucumbieron ante la tenista de (entonces) 24 años. Después de triunfar en Nueva York desapareció para volver a ganar en Miami superando un cuadro importante con cuatro victorias consecutivas ante campeonas de Grand Slam: Muguruza, Kerber, Azarenka y Ostapenko. Entre medias siete torneos en los que sólo en dos ganó algún partido.

A las puertas del verano Stephens estuvo a punto de ganar en París, pero en la tierra la gloria fue para Simona Halep, negada un año atrás ante otra de las grandes sorpresas: Jelena Ostapenko. Desde entonces Stephens ha jugado la final de Canadá, cuartos en Nueva York y finalista en la Copa de Maestras como mejores resultados.

Si Osaka y Stephens son ejemplos de grandes éxitos puntuales, el caso más extremo (hasta ahora) lo protagoniza la tenista letona Jelena Ostapenko. A sus 19 años, disputaba su segundo Roland Garros en 2017. Lo hacía como número 47 de la clasificación WTA y con un ITF 50k y seis ITF 10k en el palmarés. Y un año antes había caído en 1R en individual y dobles sin ganar un set. Es decir: ni en las apuestas más arriesgadas se le daban opciones de llegar incluso a la segunda semana.

Remontó en su primer partido consiguiendo así su primera victoria en París. Llegó a 4R con dos triunfos fáciles ante Puig y Tsurenko. Volvió a remontar ante Stosur para meterse en la segunda semana. Le remontó a Wozniacki, entonces número 12 WTA, para meterse en semifinales ante Bacsinszky. Superó a la suiza y se citó con Halep en la final. Y con Simona (número 4 WTA) se reservó lo mejor. Con Halep 6-4 3-0, a tres juegos de ser campeona de Grand Slam, Ostapenko igualó la final y acabó imponiéndose en la tercera manga en una de las mayores sorpresas de la temporada. Campeona de Grand Slam sin haber ganado un título WTA previamente.

Tras el pelotazo en Paris, sus mejores resultados hasta hoy son: cuartos en Wimbledon 2017, título en Seúl, semifinales en Wuhan y Pekín, final en Miami (ya en 2018) y semifinales en Wimbledon. A nivel individual lleva desde el último USOpen sin ganar dos partidos seguidos. Pero es campeona de Grand Slam y las dos semanas de ensueño en París no se las quita nadie.

La última perla WTA es canadiense y se llama Bianca Andreescu. Sólo el tiempo dirá si es flor de un día o se mantiene. Pero la proyección WTA indica que en una semana en Miami tendremos otra campeona. Y en la siguiente gran cita en París otra diferente. Nadie tiene la suficiente fuerza para asentarse. Nadie domina. Y que bien sienta eso.

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