_Alemania

El toro rojo que sonroja las defensas

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 18-12-2018

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Desde la salida de hombres como Miroslav Klose o Mario Gómez de la selección germana, los teutones andan faltos de la figura de un gran goleador que sea la punta del iceberg de un equipo temible. Mientras esos son historia y muchas veces el falso nueve aparecía en las alineaciones del desacreditado Joachim Löw, otros han sido los intentos de sustituir a esos grandes hombres de área, pero ninguno les ha llegado a hacer temer por los números, como grandes delanteros. Los Nils Petersen, Sandro Wagner, Mark Uth… No han conseguido dar la talla. Tanto, que excepto Petersen, los otros dos se han convertido en meras piezas casi apartadas en una esquina del tablero, como si con ellos no fuera la cosa.

Sin embargo, hay uno sobre todos ellos, que tiene edad, tiempo y está demostrando categoría suficiente como para ser la referencia en ataque de Die Mannschaft, aunque su aparición haya coincidido con la del bajón de juego y resultados del combinado de Löw. Y es que, al contrario que los tres delanteros anteriores, Timo Werner aún tiene 22 años y está creciendo a pasos agigantados. Tal vez, por esa necesidad imperiosa de la selección del ansiado referente post Brasil 2014 o porque de verdad tiene nivel para ser esa referencia. Lo que está claro es que, al contrario de Petersen, Wagner o Uth, Werner no ha sido elegido por un momento concreto, sino por la trayectoria que lleva desde que asomó la cabeza en el fútbol profesional, de la mano del Stuttgart, el club que le vio dar sus primeras patadas a un balón y la ciudad que le vio nacer.

Stuttgart no es mala plaza para crecer. No en vano, es una de las mejores canteras del fútbol alemán y, de ahí, saltó al fútbol profesional uno de los anteriormente mencionados, el alemán de sangre hispana, Mario Gómez. Cuando ‘SuperMario’ ganaba su quinta Bundesliga, allá por el 2007, el bueno de Werner cumplía su cuarto año en la cantera, en su casa. Se convirtió en el futbolista más joven en debutar en un partido profesional con el Stuttgart y, ya superado por Kai Havertz, en el que más pronto llegó a los 50 partidos en la liga alemana. Pero todo aquello quedó atrás. El descenso del Stuttgart en 2016 y la aparición del RB Leipzig en la Primera División, con un proyecto ambicioso, pero con los pies en la tierra, hizo que por unos 14 millones de euros, el jugador cambiara de aires y siguiera disfrutando del fútbol a máximo nivel, mientras que su club de toda la vida iba a luchar por regresar.

Lo que no hay que negar es que fue un acierto ese cambio. No por dejar el Stuttgart, el club que le dio todo desde que tenía seis años, sino por haber elegido Leipzig como su nueva casa. A nadie se le escapa que el proyecto del conjunto del este alemán se hizo con cabeza, aunque muchos no compartan su forma de trabajar y haber llegado a lo más alto. Pero como no solo es llegar, sino mantenerse, Timo Werner es uno de los grandes culpables, en la parcela deportiva, de que el equipo se haya convertido en uno de los cocos de la categoría nada más llegar. Si Timo Werner había marcado 13 goles en sus tres temporadas con el Stuttgart en el fútbol profesional, con el RB Leipzig esa cifra ha crecido a marchas forzadas, habiendo sumado 34, solo en Bundesliga, desde que Ralph Hasenhüttl le hiciera jugar sus primeros minutos.

Ese cambio de aires supuso para Timo Werner un crecimiento personal y, actualmente, acompañado de gente como Yussuf Poulsen, Kevin Kampl o Jean-Kevin Augustin, se ha convertido en la referencia que deseaba ser. En lo que, años atrás, aquel Mario Gómez que triunfaba en su casa cuando daba sus primeros pasos en el fútbol. Su crecimiento no pasaba desapercibido para la selección y, como no, su carrera como internacional también fue creciendo poco a poco. Tras quedar Die Mannschaft en tercer lugar en Sudáfrica, Werner fue llamado por primera vez para vestir los colores del combinado nacional. Disputó cuatro partidos con la selección Sub15 y marcó tres goles, algo que podría parecer muy espectacular. Pero nada más lejos de la realidad. Esos tres goles los hizo, nada más y nada menos, que en su debut. Su carta de presentación como jugador de Alemania, con 14 años, fue con un hat-trick.

Cuando Joachim Löw y el resto del combinado alemán se alzó con el título en 2014, el joven Timo se encontraba en una etapa de transición entre la Sub19 y la Sub21, los últimos escalones previos a la internacionalidad absoluta. Hasta su debut con los grandes, la trayectoria de Timo Werner como internacional había sido de 45 partidos y 33 goles. Casi nada. Löw se aprovechó del crecimiento del futbolista en las filas del RB Leipzig, donde es el jugador franquicia, la pieza angular de un proyecto que no hace grandes gastos ni pretende hacer de la opulencia su buena capacidad económica. Löw aprovechó el bajón de Mario Gómez para darle la alternativa al chaval de Stuttgart. Se basó en su trayectoria en las categorías inferiores de la selección para darle la alternativa y, de momento, exceptuando en el Mundial de Rusia, donde todo el combinado nacional dio una pobre imagen, el rendimiento del jugador ha sido más que aceptable. En eso y en sus buenísimos números con los toros rojos.

Poca broma con Timo Werner. Aquella anécdota en Turquía, cuando el sonido ensordecedor de la afición rival le obligó a abandonar un partido por problemas de oído, no es nada más que eso, una anécdota. A pesar de ser un futbolista tan precoz como efectivo y teniendo en cuenta que le queda grande el igualarle con gente como Gerd Müller, Miroslav Klose o Mario Gómez, lo que está claro es que ya, a sus 22 años, va por buen camino y ha conseguido en poco tiempo lo que otros en toda su trayectoria. Tener como rival a Timo Werner es señal de tener miedo, seas quien seas. Un jogador con velocidad, picardía y, sobre todo, con gol. Mientras las lesiones le respeten, esa distancia que le separa de las grandes referencias de ataque históricas en Alemania será cada vez más corta y, quien sabe, podamos hablar en un futuro de Timo Werner como el gran goleador que, de momento, tiene pinta que puede llegar a ser.

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Desde la salida de hombres como Miroslav Klose o Mario Gómez de la selección germana, los teutones andan faltos de la figura de un gran goleador que sea la punta del iceberg de un equipo temible. Mientras esos son historia y muchas veces el falso nueve aparecía en las alineaciones del desacreditado Joachim Löw, otros han sido los intentos de sustituir a esos grandes hombres de área, pero ninguno les ha llegado a hacer temer por los números, como grandes delanteros. Los Nils Petersen, Sandro Wagner, Mark Uth… No han conseguido dar la talla. Tanto, que excepto Petersen, los otros dos se han convertido en meras piezas casi apartadas en una esquina del tablero, como si con ellos no fuera la cosa.

Sin embargo, hay uno sobre todos ellos, que tiene edad, tiempo y está demostrando categoría suficiente como para ser la referencia en ataque de Die Mannschaft, aunque su aparición haya coincidido con la del bajón de juego y resultados del combinado de Löw. Y es que, al contrario que los tres delanteros anteriores, Timo Werner aún tiene 22 años y está creciendo a pasos agigantados. Tal vez, por esa necesidad imperiosa de la selección del ansiado referente post Brasil 2014 o porque de verdad tiene nivel para ser esa referencia. Lo que está claro es que, al contrario de Petersen, Wagner o Uth, Werner no ha sido elegido por un momento concreto, sino por la trayectoria que lleva desde que asomó la cabeza en el fútbol profesional, de la mano del Stuttgart, el club que le vio dar sus primeras patadas a un balón y la ciudad que le vio nacer.

Stuttgart no es mala plaza para crecer. No en vano, es una de las mejores canteras del fútbol alemán y, de ahí, saltó al fútbol profesional uno de los anteriormente mencionados, el alemán de sangre hispana, Mario Gómez. Cuando ‘SuperMario’ ganaba su quinta Bundesliga, allá por el 2007, el bueno de Werner cumplía su cuarto año en la cantera, en su casa. Se convirtió en el futbolista más joven en debutar en un partido profesional con el Stuttgart y, ya superado por Kai Havertz, en el que más pronto llegó a los 50 partidos en la liga alemana. Pero todo aquello quedó atrás. El descenso del Stuttgart en 2016 y la aparición del RB Leipzig en la Primera División, con un proyecto ambicioso, pero con los pies en la tierra, hizo que por unos 14 millones de euros, el jugador cambiara de aires y siguiera disfrutando del fútbol a máximo nivel, mientras que su club de toda la vida iba a luchar por regresar.

Lo que no hay que negar es que fue un acierto ese cambio. No por dejar el Stuttgart, el club que le dio todo desde que tenía seis años, sino por haber elegido Leipzig como su nueva casa. A nadie se le escapa que el proyecto del conjunto del este alemán se hizo con cabeza, aunque muchos no compartan su forma de trabajar y haber llegado a lo más alto. Pero como no solo es llegar, sino mantenerse, Timo Werner es uno de los grandes culpables, en la parcela deportiva, de que el equipo se haya convertido en uno de los cocos de la categoría nada más llegar. Si Timo Werner había marcado 13 goles en sus tres temporadas con el Stuttgart en el fútbol profesional, con el RB Leipzig esa cifra ha crecido a marchas forzadas, habiendo sumado 34, solo en Bundesliga, desde que Ralph Hasenhüttl le hiciera jugar sus primeros minutos.

Ese cambio de aires supuso para Timo Werner un crecimiento personal y, actualmente, acompañado de gente como Yussuf Poulsen, Kevin Kampl o Jean-Kevin Augustin, se ha convertido en la referencia que deseaba ser. En lo que, años atrás, aquel Mario Gómez que triunfaba en su casa cuando daba sus primeros pasos en el fútbol. Su crecimiento no pasaba desapercibido para la selección y, como no, su carrera como internacional también fue creciendo poco a poco. Tras quedar Die Mannschaft en tercer lugar en Sudáfrica, Werner fue llamado por primera vez para vestir los colores del combinado nacional. Disputó cuatro partidos con la selección Sub15 y marcó tres goles, algo que podría parecer muy espectacular. Pero nada más lejos de la realidad. Esos tres goles los hizo, nada más y nada menos, que en su debut. Su carta de presentación como jugador de Alemania, con 14 años, fue con un hat-trick.

Cuando Joachim Löw y el resto del combinado alemán se alzó con el título en 2014, el joven Timo se encontraba en una etapa de transición entre la Sub19 y la Sub21, los últimos escalones previos a la internacionalidad absoluta. Hasta su debut con los grandes, la trayectoria de Timo Werner como internacional había sido de 45 partidos y 33 goles. Casi nada. Löw se aprovechó del crecimiento del futbolista en las filas del RB Leipzig, donde es el jugador franquicia, la pieza angular de un proyecto que no hace grandes gastos ni pretende hacer de la opulencia su buena capacidad económica. Löw aprovechó el bajón de Mario Gómez para darle la alternativa al chaval de Stuttgart. Se basó en su trayectoria en las categorías inferiores de la selección para darle la alternativa y, de momento, exceptuando en el Mundial de Rusia, donde todo el combinado nacional dio una pobre imagen, el rendimiento del jugador ha sido más que aceptable. En eso y en sus buenísimos números con los toros rojos.

Poca broma con Timo Werner. Aquella anécdota en Turquía, cuando el sonido ensordecedor de la afición rival le obligó a abandonar un partido por problemas de oído, no es nada más que eso, una anécdota. A pesar de ser un futbolista tan precoz como efectivo y teniendo en cuenta que le queda grande el igualarle con gente como Gerd Müller, Miroslav Klose o Mario Gómez, lo que está claro es que ya, a sus 22 años, va por buen camino y ha conseguido en poco tiempo lo que otros en toda su trayectoria. Tener como rival a Timo Werner es señal de tener miedo, seas quien seas. Un jogador con velocidad, picardía y, sobre todo, con gol. Mientras las lesiones le respeten, esa distancia que le separa de las grandes referencias de ataque históricas en Alemania será cada vez más corta y, quien sabe, podamos hablar en un futuro de Timo Werner como el gran goleador que, de momento, tiene pinta que puede llegar a ser.

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