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El tesoro gambiano

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 02-05-2018

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Alguien debería hacer público el número de
pulsaciones que registra
Musa Barrow
durante los partidos, porque pueden ser similares a las de un ciclista de élite
en reposo. En apenas 300 minutos disputados en la élite desde su debut en Serie
A el pasado mes de febrero, el joven delantero gambiano de 19 años ha
demostrado una naturalidad en su fútbol, una personalidad y una sangre fría
pasmosas para ser un chico tan deslumbrante y dinámico en su juego y que apenas
comienza a saborear sus primeras oportunidades en la alta competición, con la
agitación interna que el gigante cambio de escenario debe suponer. Pero no para
él.

Captado en 2016 directamente desde Gambia por el
brillante departamento de scouting atalantino,
Barrow juega abstraído de toda presión -un hecho favorecido por la estructura
de un Atalanta que no deja de producir talentos desde su envidiable cantera- a
pesar de que es plenamente consciente de que todos los focos ya se han puesto
sobre él (para empezar, los del Borussia Dortmund). Barrow ha conseguido
trasladar a la Serie A, de la noche a la mañana y como si nada, todo el inmenso
potencial que ya había demostrado en un Campeonato Primavera que se estaba merendando
absolutamente, como demuestran los 26
goles y siete asistencias que ha sumado esta temporada en los 20 encuentros que
ha disputado entre el torneo liguero y la copa de juveniles. Unos
números de auténtica locura.

Rápido, de gran zancada y de mejor primer paso;
Musa Barrow sabe servirse muy bien de su físico para marcar las diferencias. Es
un ariete liviano, pero sabe aguantar muy bien los choques con su cuerpo y
entiende la posición de nueve de la forma más contemporánea posible. Más allá
de esa espontaneidad con la que ejecuta todo su repertorio, lo que más llama la
atención a primera vista del delantero africano en sus primeras semanas como
jugador de Serie A son sus siempre certeros, inteligentes e incisivos
movimientos, que casan a las mil maravillas con el ideario de Gasperini, caracterizado por no
requerir de un nueve rematador que fije centrales, sino de un generador de
espacios y de opciones, que entienda la búsqueda constante de la
verticalización y la profundidad y que, con sus apoyos, alimente a los
mediapuntas en sus internadas hacia el área y a los carrileros de tres cuartos
de campo en adelante para terminar alimentándose, de este modo, a sí mismo.

En ese sentido, Barrow es perfecto para el juego
de la Atalanta y por ello se está ganando la titularidad por delante de Petagna y Cornelius o de los esquemas sin delantero centro que ha utilizado
también Gasperini puntualmente y ha propiciado que la Dea recupere la frescura ofensiva en un tramo de la temporada en
el que estaba abusando de las recepciones al pie en las inmediaciones de la
frontal por parte de Ilicic o de
un ‘Papu’ Gómez que es,
seguramente, quien más está agradeciendo la entrada en el equipo del gambiano,
por su capacidad para dar fluidez a toda la maniobra ofensiva, su fantástica movilidad
hacia el centro del campo, en largo y hacia los costados y su talento casi
innato para jugar siempre con los menos toques posibles. Una vitalidad que
redunda en una mayor agilidad asociativa en zona de peligro, que ha permitido a
los bergamascos rellenar mucho mejor el área y que ha sido uno de los motivos
principales de la excelente racha con la que el Atalanta ha recuperado y se ha
asentado en posiciones europeas en un curso muy exigente por número de
competiciones.

«Cuando se presenta en zona de gol, falla realmente muy poco», decía su
entrenador tras su primera titularidad ante el Inter. Sin embargo, faltaba por
ver si la estrecha relación con el gol que había demostrado en la Primavera era
capaz de ser trasladada con prontitud a la élite. Y no ha perdido tiempo para
empezar a evidenciar que su olfato y sus características como goleador estaban
más que preparados para dar el salto. Barrow posee una confianza y una
facilidad tremendas para definir ante el marco rival. Busca muy bien los
ángulos en los disparos, saca muy rápido el chut, se anticipa muy bien al
defensor, especialmente en el primer palo, lo que le permite, sin ser su mejor
zona de confort, ser un valor a tener en cuenta también dentro del área, dentro
de una estructura grupal que busca con asiduidad el centro lateral como
munición de gol.

Además de ello, de sus lúcidas oscilaciones para
liberar y originar espacios para sus compañeros, de su ágil aptitud para
relacionarse y enlazar jugadas muchos metros por detrás de la frontal y de poder
ser perfectamente adaptable a jugar en banda izquierda a pie cambiado por su
desborde, Musa Barrow tiene una capacidad sobresaliente para chutar desde fuera
del área, pese a que todavía no la ha podido dejar patente en la Serie A, que
recuerda en parte a Mario Balotelli,
por esa suficiencia físico-técnica, por esos ramalazos de genialidad cuando
está lejos de la portería y también por la figura plástica y longilínea que
ambos comparten. No es casualidad, por tanto, que sea el futbolista que menos
minutos tarda entre cada disparo entre los tres palos de toda la Serie A.

Un torrente de ocasiones que conjuga con lo que,
por ahora, mejor lo define como futbolista: su interpretación del rol de
delantero moderno que entiende y busca favorecer constantemente el juego global
de su equipo. Sus cifras, en este aspecto, no son sostenibles en cuanto alcance
una mayor regularidad de partidos, pero Barrow
está siendo uno de los jugadores que más key
passes -pases que preceden a un disparo- realiza por cada 90′ disputados,
al nivel de los mejores trequartistas del
campeonato como Çalhanoglu, Luis Alberto, Insigne, Luis Alberto, Ljajic o
Rafinha y solo por detrás de Ounas, Saponara, Orsolini y su socio el ‘Papu’
Gómez, entre los futbolistas que suman más de cinco partidos jugados en la
presente Serie A.

Después de los Zappacosta, Baselli, Bonaventura,
Gabbiadini, Zaza, Conti, Gagliardini, Kessié, Caldara o Bastoni; Barrow es la
nueva enésima perla surgida de Zingonia, la ciudad deportiva de la Atalanta, y
el gran tesoro futbolístico de Gambia. Con paciencia y con la confianza
demostrada tanto por el propio Musa, como por su entrenador y por el respaldo
de todo el club, que a buen seguro no dejará de tener porque esa es la forma
que tiene la Dea de entender su proyecto deportivo y su
sostenibilidad, el delantero gambiano puede convertirse no solamente en un
miembro reseñable de la terna de canteranos bergamascos en grandes clubes en un
futuro a medio plazo, sino en uno de los más destacados talentos surgidos y
moldeados desde Bérgamo en la prolífica última década en cuanto a creación de
talentos. Las primeras señales, francamente luminosas, ya las está dando.

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Alguien debería hacer público el número de
pulsaciones que registra
Musa Barrow
durante los partidos, porque pueden ser similares a las de un ciclista de élite
en reposo. En apenas 300 minutos disputados en la élite desde su debut en Serie
A el pasado mes de febrero, el joven delantero gambiano de 19 años ha
demostrado una naturalidad en su fútbol, una personalidad y una sangre fría
pasmosas para ser un chico tan deslumbrante y dinámico en su juego y que apenas
comienza a saborear sus primeras oportunidades en la alta competición, con la
agitación interna que el gigante cambio de escenario debe suponer. Pero no para
él.

Captado en 2016 directamente desde Gambia por el
brillante departamento de scouting atalantino,
Barrow juega abstraído de toda presión -un hecho favorecido por la estructura
de un Atalanta que no deja de producir talentos desde su envidiable cantera- a
pesar de que es plenamente consciente de que todos los focos ya se han puesto
sobre él (para empezar, los del Borussia Dortmund). Barrow ha conseguido
trasladar a la Serie A, de la noche a la mañana y como si nada, todo el inmenso
potencial que ya había demostrado en un Campeonato Primavera que se estaba merendando
absolutamente, como demuestran los 26
goles y siete asistencias que ha sumado esta temporada en los 20 encuentros que
ha disputado entre el torneo liguero y la copa de juveniles. Unos
números de auténtica locura.

Rápido, de gran zancada y de mejor primer paso;
Musa Barrow sabe servirse muy bien de su físico para marcar las diferencias. Es
un ariete liviano, pero sabe aguantar muy bien los choques con su cuerpo y
entiende la posición de nueve de la forma más contemporánea posible. Más allá
de esa espontaneidad con la que ejecuta todo su repertorio, lo que más llama la
atención a primera vista del delantero africano en sus primeras semanas como
jugador de Serie A son sus siempre certeros, inteligentes e incisivos
movimientos, que casan a las mil maravillas con el ideario de Gasperini, caracterizado por no
requerir de un nueve rematador que fije centrales, sino de un generador de
espacios y de opciones, que entienda la búsqueda constante de la
verticalización y la profundidad y que, con sus apoyos, alimente a los
mediapuntas en sus internadas hacia el área y a los carrileros de tres cuartos
de campo en adelante para terminar alimentándose, de este modo, a sí mismo.

En ese sentido, Barrow es perfecto para el juego
de la Atalanta y por ello se está ganando la titularidad por delante de Petagna y Cornelius o de los esquemas sin delantero centro que ha utilizado
también Gasperini puntualmente y ha propiciado que la Dea recupere la frescura ofensiva en un tramo de la temporada en
el que estaba abusando de las recepciones al pie en las inmediaciones de la
frontal por parte de Ilicic o de
un ‘Papu’ Gómez que es,
seguramente, quien más está agradeciendo la entrada en el equipo del gambiano,
por su capacidad para dar fluidez a toda la maniobra ofensiva, su fantástica movilidad
hacia el centro del campo, en largo y hacia los costados y su talento casi
innato para jugar siempre con los menos toques posibles. Una vitalidad que
redunda en una mayor agilidad asociativa en zona de peligro, que ha permitido a
los bergamascos rellenar mucho mejor el área y que ha sido uno de los motivos
principales de la excelente racha con la que el Atalanta ha recuperado y se ha
asentado en posiciones europeas en un curso muy exigente por número de
competiciones.

«Cuando se presenta en zona de gol, falla realmente muy poco», decía su
entrenador tras su primera titularidad ante el Inter. Sin embargo, faltaba por
ver si la estrecha relación con el gol que había demostrado en la Primavera era
capaz de ser trasladada con prontitud a la élite. Y no ha perdido tiempo para
empezar a evidenciar que su olfato y sus características como goleador estaban
más que preparados para dar el salto. Barrow posee una confianza y una
facilidad tremendas para definir ante el marco rival. Busca muy bien los
ángulos en los disparos, saca muy rápido el chut, se anticipa muy bien al
defensor, especialmente en el primer palo, lo que le permite, sin ser su mejor
zona de confort, ser un valor a tener en cuenta también dentro del área, dentro
de una estructura grupal que busca con asiduidad el centro lateral como
munición de gol.

Además de ello, de sus lúcidas oscilaciones para
liberar y originar espacios para sus compañeros, de su ágil aptitud para
relacionarse y enlazar jugadas muchos metros por detrás de la frontal y de poder
ser perfectamente adaptable a jugar en banda izquierda a pie cambiado por su
desborde, Musa Barrow tiene una capacidad sobresaliente para chutar desde fuera
del área, pese a que todavía no la ha podido dejar patente en la Serie A, que
recuerda en parte a Mario Balotelli,
por esa suficiencia físico-técnica, por esos ramalazos de genialidad cuando
está lejos de la portería y también por la figura plástica y longilínea que
ambos comparten. No es casualidad, por tanto, que sea el futbolista que menos
minutos tarda entre cada disparo entre los tres palos de toda la Serie A.

Un torrente de ocasiones que conjuga con lo que,
por ahora, mejor lo define como futbolista: su interpretación del rol de
delantero moderno que entiende y busca favorecer constantemente el juego global
de su equipo. Sus cifras, en este aspecto, no son sostenibles en cuanto alcance
una mayor regularidad de partidos, pero Barrow
está siendo uno de los jugadores que más key
passes -pases que preceden a un disparo- realiza por cada 90′ disputados,
al nivel de los mejores trequartistas del
campeonato como Çalhanoglu, Luis Alberto, Insigne, Luis Alberto, Ljajic o
Rafinha y solo por detrás de Ounas, Saponara, Orsolini y su socio el ‘Papu’
Gómez, entre los futbolistas que suman más de cinco partidos jugados en la
presente Serie A.

Después de los Zappacosta, Baselli, Bonaventura,
Gabbiadini, Zaza, Conti, Gagliardini, Kessié, Caldara o Bastoni; Barrow es la
nueva enésima perla surgida de Zingonia, la ciudad deportiva de la Atalanta, y
el gran tesoro futbolístico de Gambia. Con paciencia y con la confianza
demostrada tanto por el propio Musa, como por su entrenador y por el respaldo
de todo el club, que a buen seguro no dejará de tener porque esa es la forma
que tiene la Dea de entender su proyecto deportivo y su
sostenibilidad, el delantero gambiano puede convertirse no solamente en un
miembro reseñable de la terna de canteranos bergamascos en grandes clubes en un
futuro a medio plazo, sino en uno de los más destacados talentos surgidos y
moldeados desde Bérgamo en la prolífica última década en cuanto a creación de
talentos. Las primeras señales, francamente luminosas, ya las está dando.

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Un insigne hijo de Nápoles

Joel Sierra @_JoeLSierra_
12-01-2022

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El milagro de la Atalanta

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
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