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El taxista que paseó el Balón de Oro por Barcelona

Esteban Gómez @MiRondo 14-02-2014

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Paco AGUILAR

Paco AGUILAR – La revista France Football, que otorgaba el Balón de Oro en solitario hasta el 2010, tenía por costumbre hacer una foto, en secreto, con el trofeo en manos del ganador. Esa imagen era la portada del número de la revista que ilustraba el premio, la confirmación pública del nombre del vencedor de la edición de ese año.

En 1994 le correspondíó el honor a Hristo Stoickov, entonces figura del Barça y protagonista del mundial de Estados Unidos en el que fue ‘Pichichi’ junto al ruso Oleg Salenko (ex Logroñés, entre otros clubs). Fue un justo ganador por delante de Roberto Baggio. La historia le hacía justicia al premio que ya mereció en 1992 y que fue a manos de Marco van Basten.

La coartada para hacer la foto en secreto de FF con Hristo Stoichkov fue un reportaje de Mundo Deportivo junto a la gran campeona Arantxa Sánchez-Vicario, gran amiga del búlgaro. La idea era hacer una foto de los dos, vestidos de gala, que sería la portada navideña de MD. De esa forma, a quienes pudieran llegar a ver a Hristo Stoichkov vestido de ‘smoking’ en el hotel Juan Carlos (dónde se realizó el reportaje) no les debía extrañar. En un momento determinado del reportaje fotográfico realizado por Pep Morata, creo recordar, se harían las fotos con el Balón de Oro sostenido por el gran búlgaro y nadie se enteraría.

En esa época se acostumbraba a decir al premiado que aparte de pedirle su silencio y discreción absoluta, no era el ganador seguro, que se hacían otros reportajes y fotos a posibles vencedores por seguridad y discreción, cosa que era absolutamente mentira. Hristo se lo creyó hasta el punto de implorar a su amiga Arantxa que no se lo dijera a nadie, cuando tuvo el preciado Balón de Oro en sus manos. Era como un niño en la mañana de Reyes al abrir los regalos y ver los juguetes que sus Majestades le han dejado.

Lo que sabe poca gente es que todo pudo irse al garete si no llega a ser por la profesionalidad y honradez de un taxista barcelonés.

La curiosa historia empieza cuando el enviado especial de FF a Barcelona, Stephan Saint-Raymond salió de un hotel de las Rambles, concretamente el Meridien, hacia el Juan Carlos. Pidió un taxi a la recepción y metió el Balón de Oro en una bolsa de deportes muy discreta, nada aparente que había comprado en una de las tiendas para turistas que hay en la zona. Lo hizo para que nadie sospechara que allí dentro iba el Balón de Oro que había transportado en sus manos (sin embarcarlo en el viaje desde París) a la Ciudad Condal dentro de un elegante estuche. Si alguien le descubría, al ser enviado especial de FF, podrían relacionarle con quien ganaría el entonces preciado premio.

Stephan llegó al establecimiento hotelero de la Diagonal. Pagó al taxista y entró en el hotel. Allí me lo encontré en el hall (yo era corresponsal en España de FF), donde le esperaba. Estaba presente Josep Maria Minguella, mánager y amigo de Hristo Stoichkov. Discretamente le susurré:

–Stephan, ¿dónde tienes el Balón de Oro para hacer las fotos?
Saint Raymond se quedó lívido. Su rostro perdió el color.
–“¡Putain… Me lo he olvidado en el taxi!”.

Miramos el recibo del servicio y no figuraba el número de placa. La tragedia se mascaba en el hall del Juan Carlos. Saint Raymond estaba ‘tocado’, un servidor al borde del ataque de nervios. Sólo el bueno de Minguella mantenía la calma. Y suerte que Stoichkov no fue informado porque le da algo o directamente nos mata a todos.

Afortunadamente, la profesionalidad del taxista hizo que tras descubrir la bolsa de deportes en su coche, tuviera la genial idea de volver al hotel. El abrazo que Stephan le dio fue histórico, creo que también hubo una buena y merecida propina.

Lo grande es que el taxista hizo un par de servicios cercanos antes de dirigirse hacia el Juan Carlos. La duda que me queda a día de hoy es si abrió la bolsa y vio que allí estaba el Balón de Oro que días después France Football le entregaria a Hristo Stoichkov en París, en presencia de Johan Cruyff que le había prometido su asistencia.

El taxista barcelonés queda en la historia como el hombre que paseó el Balón de Oro por Barcelona en su automóvil. ¿Y si se lo llega a quedar? ¿Y si alguien sube al taxi y se lleva la bolsa?

Hristo Stoichkov hubiera tenido el premio, eso seguro, aunque quizá se hubiera desvelado el nombre del ganador con antelación, una auténtica tragedia para la organización, para Stephan y para un servidor. Siempre le estaré eternamente agradecido al taxista barcelonés que debería figurar con letras de oro en el libro del Balón de Oro.

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Paco AGUILAR – La revista France Football, que otorgaba el Balón de Oro en solitario hasta el 2010, tenía por costumbre hacer una foto, en secreto, con el trofeo en manos del ganador. Esa imagen era la portada del número de la revista que ilustraba el premio, la confirmación pública del nombre del vencedor de la edición de ese año.

En 1994 le correspondíó el honor a Hristo Stoickov, entonces figura del Barça y protagonista del mundial de Estados Unidos en el que fue ‘Pichichi’ junto al ruso Oleg Salenko (ex Logroñés, entre otros clubs). Fue un justo ganador por delante de Roberto Baggio. La historia le hacía justicia al premio que ya mereció en 1992 y que fue a manos de Marco van Basten.

La coartada para hacer la foto en secreto de FF con Hristo Stoichkov fue un reportaje de Mundo Deportivo junto a la gran campeona Arantxa Sánchez-Vicario, gran amiga del búlgaro. La idea era hacer una foto de los dos, vestidos de gala, que sería la portada navideña de MD. De esa forma, a quienes pudieran llegar a ver a Hristo Stoichkov vestido de ‘smoking’ en el hotel Juan Carlos (dónde se realizó el reportaje) no les debía extrañar. En un momento determinado del reportaje fotográfico realizado por Pep Morata, creo recordar, se harían las fotos con el Balón de Oro sostenido por el gran búlgaro y nadie se enteraría.

En esa época se acostumbraba a decir al premiado que aparte de pedirle su silencio y discreción absoluta, no era el ganador seguro, que se hacían otros reportajes y fotos a posibles vencedores por seguridad y discreción, cosa que era absolutamente mentira. Hristo se lo creyó hasta el punto de implorar a su amiga Arantxa que no se lo dijera a nadie, cuando tuvo el preciado Balón de Oro en sus manos. Era como un niño en la mañana de Reyes al abrir los regalos y ver los juguetes que sus Majestades le han dejado.

Lo que sabe poca gente es que todo pudo irse al garete si no llega a ser por la profesionalidad y honradez de un taxista barcelonés.

La curiosa historia empieza cuando el enviado especial de FF a Barcelona, Stephan Saint-Raymond salió de un hotel de las Rambles, concretamente el Meridien, hacia el Juan Carlos. Pidió un taxi a la recepción y metió el Balón de Oro en una bolsa de deportes muy discreta, nada aparente que había comprado en una de las tiendas para turistas que hay en la zona. Lo hizo para que nadie sospechara que allí dentro iba el Balón de Oro que había transportado en sus manos (sin embarcarlo en el viaje desde París) a la Ciudad Condal dentro de un elegante estuche. Si alguien le descubría, al ser enviado especial de FF, podrían relacionarle con quien ganaría el entonces preciado premio.

Stephan llegó al establecimiento hotelero de la Diagonal. Pagó al taxista y entró en el hotel. Allí me lo encontré en el hall (yo era corresponsal en España de FF), donde le esperaba. Estaba presente Josep Maria Minguella, mánager y amigo de Hristo Stoichkov. Discretamente le susurré:

–Stephan, ¿dónde tienes el Balón de Oro para hacer las fotos?
Saint Raymond se quedó lívido. Su rostro perdió el color.
–“¡Putain… Me lo he olvidado en el taxi!”.

Miramos el recibo del servicio y no figuraba el número de placa. La tragedia se mascaba en el hall del Juan Carlos. Saint Raymond estaba ‘tocado’, un servidor al borde del ataque de nervios. Sólo el bueno de Minguella mantenía la calma. Y suerte que Stoichkov no fue informado porque le da algo o directamente nos mata a todos.

Afortunadamente, la profesionalidad del taxista hizo que tras descubrir la bolsa de deportes en su coche, tuviera la genial idea de volver al hotel. El abrazo que Stephan le dio fue histórico, creo que también hubo una buena y merecida propina.

Lo grande es que el taxista hizo un par de servicios cercanos antes de dirigirse hacia el Juan Carlos. La duda que me queda a día de hoy es si abrió la bolsa y vio que allí estaba el Balón de Oro que días después France Football le entregaria a Hristo Stoichkov en París, en presencia de Johan Cruyff que le había prometido su asistencia.

El taxista barcelonés queda en la historia como el hombre que paseó el Balón de Oro por Barcelona en su automóvil. ¿Y si se lo llega a quedar? ¿Y si alguien sube al taxi y se lleva la bolsa?

Hristo Stoichkov hubiera tenido el premio, eso seguro, aunque quizá se hubiera desvelado el nombre del ganador con antelación, una auténtica tragedia para la organización, para Stephan y para un servidor. Siempre le estaré eternamente agradecido al taxista barcelonés que debería figurar con letras de oro en el libro del Balón de Oro.

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