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El sello del Real Madrid

El Real Madrid en la Champions League: capítulo 1345. Es lo de siempre. Es algo que ocurre tantas ocasiones que solemos mezclar recuerdos, que sus hazañas podrían estar en los Episodios Nacionales de Galdós. Los blancos sufren ante un público que aprieta, ante un conjunto rival que muerde y que batalla como un spitfire ante los nazis. Esta vez no lo sacan, nos decimos. Pero, una vez más, en un momento de inspiración firman acta mientras estás pensando en el final. Aprietan el gatillo de la escopeta y parece que disparan con el silenciador porque no te das ni cuenta. Entonces, Camavinga se ha desmarcado y se la ha dejado a Rodrygo. El brasileño ya ha ganado los tres puntos para el cuadro de Carlo Ancelotti. ¿Qué ha ocurrido?

Era el encuentro más complejo del grupo y ya lo han solventado. Sin embargo, lo más gracioso de esta entidad, de este cuadro que juega con su escudo y con las leyes no escritas de la competición más preciosa del mundo, es que nunca sabes qué le espera al borde del zaguán. La última fase de grupos es un gran ejemplo: superar al Inter en el Giuseppe Meazza y que aterrice el Shakhtar en Glasgow -perdón, Valdebebas- y ser bailados al son de los brasileños que juegan en el cuadro ucraniano. Una gran paradoja.

Los blancos son inmortales en la Champions: llevan cien años diciendo que tienen 30 tacos, como Luka Modric, para sumar triunfos que amasan vigor y experiencia. Lo que todo “viejoven” sueña. Saber y tener fuerza. No importa que Nacho deba hacer de parche en el lateral izquierdo o que Lucas Vázquez se encuentre perdido en la posición en la que fichó por el club de la capital. Alguien marcará. Esta vez le tocó a un Rodrygo que parece haber nacido para disputar esta competición, más motivado y acertado que cuando juega LaLiga. Siempre a favor de este tipo de futbolistas.

La duda ahora reside en los cinco partidos restantes del grupo. ¿Qué Madrid nos encontraremos? Es una incógnita. La llegada de Carlo Ancelotti también busca que esta plantilla sea mucho menos ciclotímica que lo que a veces le ocurría a Zinedine Zidane. El famoso equilibrio que encandiló a la prensa madrileña: que sean capaces de enamorar durante gran parte de la temporada. O de ganar, que es lo que buscan los merengues. Que el Guadiana, en definitiva, deje de pasar por Madrid.

Imagen de cabecera: @realmadrid

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El Real Madrid en la Champions League: capítulo 1345. Es lo de siempre. Es algo que ocurre tantas ocasiones que solemos mezclar recuerdos, que sus hazañas podrían estar en los Episodios Nacionales de Galdós. Los blancos sufren ante un público que aprieta, ante un conjunto rival que muerde y que batalla como un spitfire ante los nazis. Esta vez no lo sacan, nos decimos. Pero, una vez más, en un momento de inspiración firman acta mientras estás pensando en el final. Aprietan el gatillo de la escopeta y parece que disparan con el silenciador porque no te das ni cuenta. Entonces, Camavinga se ha desmarcado y se la ha dejado a Rodrygo. El brasileño ya ha ganado los tres puntos para el cuadro de Carlo Ancelotti. ¿Qué ha ocurrido?

Era el encuentro más complejo del grupo y ya lo han solventado. Sin embargo, lo más gracioso de esta entidad, de este cuadro que juega con su escudo y con las leyes no escritas de la competición más preciosa del mundo, es que nunca sabes qué le espera al borde del zaguán. La última fase de grupos es un gran ejemplo: superar al Inter en el Giuseppe Meazza y que aterrice el Shakhtar en Glasgow -perdón, Valdebebas- y ser bailados al son de los brasileños que juegan en el cuadro ucraniano. Una gran paradoja.

Los blancos son inmortales en la Champions: llevan cien años diciendo que tienen 30 tacos, como Luka Modric, para sumar triunfos que amasan vigor y experiencia. Lo que todo “viejoven” sueña. Saber y tener fuerza. No importa que Nacho deba hacer de parche en el lateral izquierdo o que Lucas Vázquez se encuentre perdido en la posición en la que fichó por el club de la capital. Alguien marcará. Esta vez le tocó a un Rodrygo que parece haber nacido para disputar esta competición, más motivado y acertado que cuando juega LaLiga. Siempre a favor de este tipo de futbolistas.

La duda ahora reside en los cinco partidos restantes del grupo. ¿Qué Madrid nos encontraremos? Es una incógnita. La llegada de Carlo Ancelotti también busca que esta plantilla sea mucho menos ciclotímica que lo que a veces le ocurría a Zinedine Zidane. El famoso equilibrio que encandiló a la prensa madrileña: que sean capaces de enamorar durante gran parte de la temporada. O de ganar, que es lo que buscan los merengues. Que el Guadiana, en definitiva, deje de pasar por Madrid.

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Sin sustos en Kiev esta vez

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
20-10-2021