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El rol de Brahim

David Orenes @david_lrl 26-04-2019

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Brahim Díaz fue el único fichaje del Real Madrid en el pasado mercado de
invierno. La afición no lo entendió. El club estaba sumido en una crisis de
resultados galopante, y la política de incorporaciones en verano dejó mucho que
desear, principalmente por no haber suplido con creces la salida de Cristiano
Ronaldo.

El joven malagueño aterrizó en Madrid con 19 años y sin apenas experiencia
en la élite para formar parte de la primera plantilla del campeón de Europa. No
era un refuerzo adecuado para la ocasión, y lo normal es que hubiera seguido
los pasos de Lunin (Leganés) o Rodrygo (sigue en Brasil). Pero la apuesta por
Vinicius salió tan bien que el club optó por tener una bala más en el banquillo
visto el nivel mostrado por los veteranos.

Su salida del Manchester City resultó convulsa. Guardiola, como con Jadon
Sancho, le pidió paciencia. Pero Brahim, que solo jugó un cuarto de hora en la
Community Shield y tres partidos de Copa de la Liga (no llegó a participar en
Premier League esta temporada) se sintió desplazado, más si cabe tras
deslumbrar con un doblete ante el Fulham en octavos. “Actualmente jugadores de
16 o 17 años quieren una posición en un primer equipo y jugar 40 partidos. Y
esto es muy difícil”, dijo Pep tras su marcha.

Su decisión implicaba un cambio de rol que no se llegó a producir. Con
Solari, Brahim jugó 18 minutos en Copa del Rey y ocho en Liga. El técnico
argentino le dejó fuera de la convocatoria en 10 de los 16 partidos en los que
se encontraba disponible. No gozó de una titularidad hasta la llegada de
Zidane, en el segundo partido que dirigió. Fue ante el Huesca y se estrenó con
una asistencia a Isco en el 1-1. En el plan de rotaciones del francés, el
malagueño tiene cabida y lo cierto es que no está desaprovechando las
oportunidades. Frente al Getafe volvió al once y dejó detalles de muchísima
calidad. Sombreros, caños, controles con la espuela… dio muestras de un
repertorio al alcance de pocos a su edad. Y lo mejor es que no los escondió.

Su destino, como el de muchos futbolistas de la actual plantilla del Real
Madrid, es marcharse el próximo verano. Aunque en su caso todo indica a una
cesión donde podrá foguearse y crecer como futbolista. Brahim no quiere oír
hablar del tema: “Quiero demostrar lo que puedo dar y jugar en el mejor club del
mundo muchos años”, dijo tras el show del Coliseum. Hay tiempo para eso.

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Brahim Díaz fue el único fichaje del Real Madrid en el pasado mercado de
invierno. La afición no lo entendió. El club estaba sumido en una crisis de
resultados galopante, y la política de incorporaciones en verano dejó mucho que
desear, principalmente por no haber suplido con creces la salida de Cristiano
Ronaldo.

El joven malagueño aterrizó en Madrid con 19 años y sin apenas experiencia
en la élite para formar parte de la primera plantilla del campeón de Europa. No
era un refuerzo adecuado para la ocasión, y lo normal es que hubiera seguido
los pasos de Lunin (Leganés) o Rodrygo (sigue en Brasil). Pero la apuesta por
Vinicius salió tan bien que el club optó por tener una bala más en el banquillo
visto el nivel mostrado por los veteranos.

Su salida del Manchester City resultó convulsa. Guardiola, como con Jadon
Sancho, le pidió paciencia. Pero Brahim, que solo jugó un cuarto de hora en la
Community Shield y tres partidos de Copa de la Liga (no llegó a participar en
Premier League esta temporada) se sintió desplazado, más si cabe tras
deslumbrar con un doblete ante el Fulham en octavos. “Actualmente jugadores de
16 o 17 años quieren una posición en un primer equipo y jugar 40 partidos. Y
esto es muy difícil”, dijo Pep tras su marcha.

Su decisión implicaba un cambio de rol que no se llegó a producir. Con
Solari, Brahim jugó 18 minutos en Copa del Rey y ocho en Liga. El técnico
argentino le dejó fuera de la convocatoria en 10 de los 16 partidos en los que
se encontraba disponible. No gozó de una titularidad hasta la llegada de
Zidane, en el segundo partido que dirigió. Fue ante el Huesca y se estrenó con
una asistencia a Isco en el 1-1. En el plan de rotaciones del francés, el
malagueño tiene cabida y lo cierto es que no está desaprovechando las
oportunidades. Frente al Getafe volvió al once y dejó detalles de muchísima
calidad. Sombreros, caños, controles con la espuela… dio muestras de un
repertorio al alcance de pocos a su edad. Y lo mejor es que no los escondió.

Su destino, como el de muchos futbolistas de la actual plantilla del Real
Madrid, es marcharse el próximo verano. Aunque en su caso todo indica a una
cesión donde podrá foguearse y crecer como futbolista. Brahim no quiere oír
hablar del tema: “Quiero demostrar lo que puedo dar y jugar en el mejor club del
mundo muchos años”, dijo tras el show del Coliseum. Hay tiempo para eso.

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