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El precio de Primera

Patricia Muñoz @patrims 11-10-2018

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Nadie dijo que sería fácil. A la vista están los resultados. El ascenso a Primera se plantea como la más dulce de las victorias, la máxima expresión de la felicidad y el gozo y el mejor de los regalos que un equipo de fútbol puede recibir. En pocas palabras, la recompensa perfecta tras una larga temporada de esfuerzo y trabajo. Sin embargo, la exigencia de la categoría reina y el proceso de adaptación que esto supone pueden jugar malas pasadas a los recién ascendidos, quienes encontrarán que ese dulce regalo que a lo lejos se vislumbraba se ha convertido en un amargo pastel de bienvenida.

Entre grandes vítores y expresiones de dicha y felicidad, Logroño y Málaga dijeron adiós a la Segunda División para poner sus pies en la máxima categoría. No es para menos que la alegría fuera inmensa. El conjunto riojano se plantaba en Primera por primera vez en su historia mientras que el equipo malagueño retornaba a dicha categoría después de un lustro peleando en Segunda. Un pasado histórico distinto el de ambos clubes que, sin embargo, ahora cruzan caminos para encontrarse con un futuro muy similar. Expectación y ganas de demostrar que están a la altura. Pasión por un deporte y satisfacción por un trabajo bien hecho. Deseos de victoria y fe ciega en un grupo unido. 

Así, con estas sensaciones y sentimientos encontrados, ambos conjuntos llamaron a las puertas de Primera. Unas puertas que se abrieron de par en par a su paso. Unas puertas, lustrosas y llenas de historia que, ahora, en la cuarta jornada de Liga, se cierran a sus espaldas con gran estrépito. El paraíso que imaginaban se desvanece ante sus ojos. El lugar es oscuro, cenagoso y lleno de obstáculos y rivales peligrosos. No hay lugar para el error ni mucho menos opción de mirar atrás. No hay camino de vuelta. Las puertas están cerradas. Sólo queda continuar. Avanzar. 

De esta forma, como si de un tablero de juego se tratara, Logroño y Málaga afrontan la quinta base de la partida (la quinta jornada) sin haber logrado una victoria. Cuatro fines de semana en los que las malagueñas sólo han sido capaces de arañar un solitario punto en casa del Valencia y en el que las riojanas han sumado dos empates (ante Valencia y Real Sociedad) y dos derrotas (frente Atlético de Madrid y Espanyol). Un comienzo ciertamente duro para ambos equipos después de llegar como grandes triunfadores en sus respectivos grupos de Segunda. Las expectativas generadas en torno a los dos conjuntos eran muy altas y casi podríamos decir que duele (físicamente hablando) ver cómo cierran la clasificación de la Liga Iberdrola. Más aún cuando el Málaga, en concreto, no ha podido encajar aún ningún gol.

Casi un mes y medio de competición y muchas dudas en el aire. La expectación aún gira en torno a ambos conjuntos y, evidentemente, sus ganas de demostrar que merecieron una plaza en Primera siguen intactas. Sólo queda armarse de paciencia, aprender de los errores y trabajar con un nivel de exigencia aún mayor. Porque la competencia es dura. Porque la máxima categoría no es un juego. Porque ahora ya saben lo que es. Ahora ya saben cuál es el precio de estar en Primera División.

Imagen de cabecera: Málaga CF

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Nadie dijo que sería fácil. A la vista están los resultados. El ascenso a Primera se plantea como la más dulce de las victorias, la máxima expresión de la felicidad y el gozo y el mejor de los regalos que un equipo de fútbol puede recibir. En pocas palabras, la recompensa perfecta tras una larga temporada de esfuerzo y trabajo. Sin embargo, la exigencia de la categoría reina y el proceso de adaptación que esto supone pueden jugar malas pasadas a los recién ascendidos, quienes encontrarán que ese dulce regalo que a lo lejos se vislumbraba se ha convertido en un amargo pastel de bienvenida.

Entre grandes vítores y expresiones de dicha y felicidad, Logroño y Málaga dijeron adiós a la Segunda División para poner sus pies en la máxima categoría. No es para menos que la alegría fuera inmensa. El conjunto riojano se plantaba en Primera por primera vez en su historia mientras que el equipo malagueño retornaba a dicha categoría después de un lustro peleando en Segunda. Un pasado histórico distinto el de ambos clubes que, sin embargo, ahora cruzan caminos para encontrarse con un futuro muy similar. Expectación y ganas de demostrar que están a la altura. Pasión por un deporte y satisfacción por un trabajo bien hecho. Deseos de victoria y fe ciega en un grupo unido. 

Así, con estas sensaciones y sentimientos encontrados, ambos conjuntos llamaron a las puertas de Primera. Unas puertas que se abrieron de par en par a su paso. Unas puertas, lustrosas y llenas de historia que, ahora, en la cuarta jornada de Liga, se cierran a sus espaldas con gran estrépito. El paraíso que imaginaban se desvanece ante sus ojos. El lugar es oscuro, cenagoso y lleno de obstáculos y rivales peligrosos. No hay lugar para el error ni mucho menos opción de mirar atrás. No hay camino de vuelta. Las puertas están cerradas. Sólo queda continuar. Avanzar. 

De esta forma, como si de un tablero de juego se tratara, Logroño y Málaga afrontan la quinta base de la partida (la quinta jornada) sin haber logrado una victoria. Cuatro fines de semana en los que las malagueñas sólo han sido capaces de arañar un solitario punto en casa del Valencia y en el que las riojanas han sumado dos empates (ante Valencia y Real Sociedad) y dos derrotas (frente Atlético de Madrid y Espanyol). Un comienzo ciertamente duro para ambos equipos después de llegar como grandes triunfadores en sus respectivos grupos de Segunda. Las expectativas generadas en torno a los dos conjuntos eran muy altas y casi podríamos decir que duele (físicamente hablando) ver cómo cierran la clasificación de la Liga Iberdrola. Más aún cuando el Málaga, en concreto, no ha podido encajar aún ningún gol.

Casi un mes y medio de competición y muchas dudas en el aire. La expectación aún gira en torno a ambos conjuntos y, evidentemente, sus ganas de demostrar que merecieron una plaza en Primera siguen intactas. Sólo queda armarse de paciencia, aprender de los errores y trabajar con un nivel de exigencia aún mayor. Porque la competencia es dura. Porque la máxima categoría no es un juego. Porque ahora ya saben lo que es. Ahora ya saben cuál es el precio de estar en Primera División.

Imagen de cabecera: Málaga CF

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