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El portero que no quería ser portero

Javier Siñeriz @jsineriz96 24-02-2018

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Hace 36 años nació en Hospitalet de Llobregat un hombre que estaba destinado a ser el portero del mejor FC Barcelona de la historia. Sin embargo, él quería escapar a toda costa de su destino. A estas alturas (casi) todos sabréis que estoy hablando de V.V. Si todavía queda algún despistado, el protagonista de estas líneas es Víctor Valdés. El ex guardameta del Barcelona y de la selección española ha mantenido en diversas ocasiones que él no quería ser portero. Sin embargo, uno no puede escapar a su destino, y el suyo era ser el defensor de la portería de uno de los mejores equipos de la historia reciente del fútbol.

Para Víctor era un suplicio colocarse debajo de los palos cada fin de semana. Entre los 8 y los 18 años ese era su mayor sufrimiento. Al portero no le gustaba, veía como sus compañeros se abrazaban cada vez que marcaban un gol. Él no solo no estaba en esos abrazos, sino que cada vez que recibía un gol todo eran gritos. Valdés odiaba estar ahí, pero comprendió que era realmente bueno y que valía para ello. Por lo tanto, se resignó y siguió luchando para llegar a jugar en el Camp Nou.

Con 10 años, Valdés se quedó solo en Barcelona. Su familia se mudó a Tenerife y él decidió quedarse en La Masía para luchar. Sin embargo, cada noche era un drama. Las llamadas terminaban con llantos por parte del joven Víctor y de sus padres. Por ello, después de solo cinco meses decidió dejar Barcelona para irse con su familia. Cuando llegó a la isla el fútbol quedó en un segundo plano. Al joven portero ya no le interesaba este deporte y lo aparcó definitivamente. Al menos eso creía él, porque sus pensamientos cambiaron.

El verano estaba a punto de llegar y en la madrileña localidad de Brunete se celebraba el tradicional torneo alevín de fútbol 7. El pequeño Víctor se quedó embobado delante de la televisión, algo que sorprendió a sus padres y a su hermano mayor. Los niños del Barça que estaban en Brunete eran los compañeros de amigos del portero, y él sintió que quería estar allí. Ahí fue cuando decidió volver al fútbol. Se entrenaba a destajo en Tenerife, sobre todo con su padre, donde trabajaba largas jornadas en la playa. En estos entrenamientos fue donde se convirtió en un hombre trabajador y disciplinado.

Con 13 años volvió a Barcelona y al Barcelona. Tuvo la suerte de que el tren pasó dos veces, y las dos lo cogió. El destino no quería dejar escapar a un portero como él. Sin embargo, le horrorizaba jugar. Sobre todo, tenía miedo al error y a quedar en ridículo en los partidos. Con 18 años decidió dejar el fútbol, pero una terapia le hizo cambiar de opinión. Tan solo dos años después de esto, Víctor Valdés estaba debutando con el Barça en el Camp Nou. En la misma portería que su padre le señaló a su madre mientras decía que su hijo un día iba a estar ahí.

Sus inicios fueron complicados, y después de alguna desavenencia con Van Gaal tuvo problemas en el club. Más adelante, cuando ya estaba consolidado, sus errores puntuales le lastraban y ponían en duda su calidad. Pero esto acabó en París, en 2006, y con la Champions League como testigo. Víctor Valdés hizo un partido estratosférico y paró en seco a Thierry Henry, uno de los mejores jugadores del momento. El guardameta hizo paradas de todo tipo que junto a los goles de Eto´o y Belletti le dieron al Barcelona su segunda Champions League.

Víctor ha sido muy criticado durante toda su carrera, cuando dejó de fallar y se convirtió en uno de los mejores porteros del mundo se puso en duda que fuera capaz de asumir que no iba a jugar con la selección española. Valdés calló a los críticos y demostró que era un compañero excelso. Asumió su rol, y gracias a ello ganó un Mundial y una Eurocopa con España, títulos que se suman a los que ganó con el Barcelona, que fueron todos los posibles. En París, donde ‘nació’ el mejor portero de la historia del Barça, V.V. hizo un partido imperial y salvó a España de una derrota segura.

En 2014 Víctor cayó lesionado y su carrera ‘acabó’. Es cierto que después jugó en Manchester United, Standard de Lieja y Middlesbrough, pero nunca fue el mismo. Sin embargo, la lesión le dejó multitud de enseñanzas. La primera y más importante es que se volvió a sentir una persona normal y que volvió a vivir, algo que no hacía cuando era futbolista de primer nivel. Además, sintió la soledad en primera persona, ya que casi nadie estuvo a su lado durante la larga recuperación. Esta lesión ayudó a Víctor Valdés a ser persona de nuevo. El portero que no quería ser portero volvió a vivir cuando abandonó la portería. Ese era su destino. 

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Hace 36 años nació en Hospitalet de Llobregat un hombre que estaba destinado a ser el portero del mejor FC Barcelona de la historia. Sin embargo, él quería escapar a toda costa de su destino. A estas alturas (casi) todos sabréis que estoy hablando de V.V. Si todavía queda algún despistado, el protagonista de estas líneas es Víctor Valdés. El ex guardameta del Barcelona y de la selección española ha mantenido en diversas ocasiones que él no quería ser portero. Sin embargo, uno no puede escapar a su destino, y el suyo era ser el defensor de la portería de uno de los mejores equipos de la historia reciente del fútbol.

Para Víctor era un suplicio colocarse debajo de los palos cada fin de semana. Entre los 8 y los 18 años ese era su mayor sufrimiento. Al portero no le gustaba, veía como sus compañeros se abrazaban cada vez que marcaban un gol. Él no solo no estaba en esos abrazos, sino que cada vez que recibía un gol todo eran gritos. Valdés odiaba estar ahí, pero comprendió que era realmente bueno y que valía para ello. Por lo tanto, se resignó y siguió luchando para llegar a jugar en el Camp Nou.

Con 10 años, Valdés se quedó solo en Barcelona. Su familia se mudó a Tenerife y él decidió quedarse en La Masía para luchar. Sin embargo, cada noche era un drama. Las llamadas terminaban con llantos por parte del joven Víctor y de sus padres. Por ello, después de solo cinco meses decidió dejar Barcelona para irse con su familia. Cuando llegó a la isla el fútbol quedó en un segundo plano. Al joven portero ya no le interesaba este deporte y lo aparcó definitivamente. Al menos eso creía él, porque sus pensamientos cambiaron.

El verano estaba a punto de llegar y en la madrileña localidad de Brunete se celebraba el tradicional torneo alevín de fútbol 7. El pequeño Víctor se quedó embobado delante de la televisión, algo que sorprendió a sus padres y a su hermano mayor. Los niños del Barça que estaban en Brunete eran los compañeros de amigos del portero, y él sintió que quería estar allí. Ahí fue cuando decidió volver al fútbol. Se entrenaba a destajo en Tenerife, sobre todo con su padre, donde trabajaba largas jornadas en la playa. En estos entrenamientos fue donde se convirtió en un hombre trabajador y disciplinado.

Con 13 años volvió a Barcelona y al Barcelona. Tuvo la suerte de que el tren pasó dos veces, y las dos lo cogió. El destino no quería dejar escapar a un portero como él. Sin embargo, le horrorizaba jugar. Sobre todo, tenía miedo al error y a quedar en ridículo en los partidos. Con 18 años decidió dejar el fútbol, pero una terapia le hizo cambiar de opinión. Tan solo dos años después de esto, Víctor Valdés estaba debutando con el Barça en el Camp Nou. En la misma portería que su padre le señaló a su madre mientras decía que su hijo un día iba a estar ahí.

Sus inicios fueron complicados, y después de alguna desavenencia con Van Gaal tuvo problemas en el club. Más adelante, cuando ya estaba consolidado, sus errores puntuales le lastraban y ponían en duda su calidad. Pero esto acabó en París, en 2006, y con la Champions League como testigo. Víctor Valdés hizo un partido estratosférico y paró en seco a Thierry Henry, uno de los mejores jugadores del momento. El guardameta hizo paradas de todo tipo que junto a los goles de Eto´o y Belletti le dieron al Barcelona su segunda Champions League.

Víctor ha sido muy criticado durante toda su carrera, cuando dejó de fallar y se convirtió en uno de los mejores porteros del mundo se puso en duda que fuera capaz de asumir que no iba a jugar con la selección española. Valdés calló a los críticos y demostró que era un compañero excelso. Asumió su rol, y gracias a ello ganó un Mundial y una Eurocopa con España, títulos que se suman a los que ganó con el Barcelona, que fueron todos los posibles. En París, donde ‘nació’ el mejor portero de la historia del Barça, V.V. hizo un partido imperial y salvó a España de una derrota segura.

En 2014 Víctor cayó lesionado y su carrera ‘acabó’. Es cierto que después jugó en Manchester United, Standard de Lieja y Middlesbrough, pero nunca fue el mismo. Sin embargo, la lesión le dejó multitud de enseñanzas. La primera y más importante es que se volvió a sentir una persona normal y que volvió a vivir, algo que no hacía cuando era futbolista de primer nivel. Además, sintió la soledad en primera persona, ya que casi nadie estuvo a su lado durante la larga recuperación. Esta lesión ayudó a Víctor Valdés a ser persona de nuevo. El portero que no quería ser portero volvió a vivir cuando abandonó la portería. Ese era su destino. 

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