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El plan B verdiblanco

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 25-10-2018

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“El plan B es hacer mejor el
plan A”.
Cualquier análisis de situación sobre el Real Betis de Quique
Setién tiene que tener esta premisa muy clara por delante. El técnico cántabro
no va a cambiar los patrones de su idea, no va a propiciar la división de las
posesiones, no va a tomar riesgos que tengan que ver con hacer un fútbol más
directo, ni va a dejar de lado sus intenciones de enlazar pases progresivos
desde atrás para someter al rival en su propia mitad e intentar moverlo una vez
allí a través de la circulación de la pelota en ataques generalmente
posicionales. Sin embargo, es obvio que al conjunto verdiblanco le están
faltando varias cosas para evitar que el objetivo final de llegar a la red
adversaria no acabe siendo algo similar a intentar encontrar una aguja en un
pajar.

Para el rival, defender el plan
de juego verdiblanco está siendo excesivamente previsible, cómodo y simple a
través de un efusivo bloque bajo, con el que el Betis se está estrellando sin
encontrar la llave para derribarlo. Además, los adversarios potencian su juego
de transiciones rápidas con las que rascar el suficiente premio como para
convertir en estériles los grandes atributos defensivos por medio de la pelota
y el notable control espacial en campo propio adquiridos e instaurados a través
del excelente funcionamiento de la defensa de tres centrales. Una seguridad
defensiva de alto nivel que, sin embargo, ahora mismo no está compensando al
equipo andaluz, ya que los rivales casi siempre terminan encontrando al menos
una ocasión nítida de gol que están siendo capaces de convertir, mientras que
el Betis no está logrando transformar su prácticamente permanente asentamiento
en tres cuartos de cancha, ni sabiendo cómo compensar con generación de peligro
ante la portería contraria una eventual desventaja en el marcador.

Los verdiblancos necesitan el
doble de pases (+1100) para hacer un gol que el siguiente peor equipo liguero
en esa estadística (Villarreal) y son uno de los conjuntos que menos ocasiones
de gol nítidas están fabricando y sumando por partido, a pesar de que promedian
más de catorce disparos por encuentro (el sexto equipo que más chuta de La
Liga). La falta de inspiración y de pegada de los delanteros está siendo un
lastre evidente (Loren, Sergio León y Sanabria son el cuarto ataque de La Liga
que más tiros requiere para hacer un gol), pero no responde ni de lejos a todos
los interrogantes. Ni siquiera el repetitivo contexto de una densísima
concentración de piernas del rival en el área y en su frontal explican la
atomización y la escasa calidad de los intentos de hacer gol por parte de los
de Setién, sino que ponen de manifiesto, aún más si cabe, el problema de la
ineficiencia ofensiva en la que se ha instalado el Real Betis en la actualidad.

Los factores, en este sentido,
son varios. Desde una circulación lenta, muy agravada cuando William Carvalho
está en el once titular, horizontal y poco agresiva de la pelota a la hora de
circundar el área y que no está siendo en absoluto suficiente para desplazar a
una defensa adversaria que vive tranquila sin necesidad de salir de situaciones
de juego muy estáticas y frontales. Pasando por una falta de atrevimiento y de
descaro por medio del regate o del giro hacia la portería tras una recepción,
lo que está impidiendo todo tipo de desborde individual y permitiendo, a su
vez, que con cada toque extra para retrasar y jugar de cara -Boudebouz es aquí
el caso más paradigmático- se beneficie el solapamiento de las líneas y la
desaparición total de los espacios y se facilite así la fortificación del rival
en su propia área. Hasta llegar a las cuestiones puramente individuales y de
calidad determinante a la altura o no de las ambiciones futbolísticas del
manual de estilo verdiblanco.

A excepción de los intentos
esporádicos de Loren, nadie está logrando arrastrar un marcaje o trazar un
movimiento de ruptura a la espalda de la defensa; los carrileros apenas le dan
al sistema el uno contra uno y la frescura que este tanto necesita de ellos, ni
siquiera en las escasas ocasiones en las que no encaran en inferioridad; los
centros laterales son de escasa probabilidad de éxito con tantos efectivos
rivales en la zona de remate y un solo potencial cabeceador bético y, además,
están siendo muy controlados por el entrenador, que prefiere el reinicio
constante desde las bandas a un envío con tan escaso porcentaje de encontrar
rematador. Como añadido, sin Andrés Guardado y su alta tensión futbolística
permanente y su mayor agilidad para perfilarse y activar a sus compañeros, y
con la ausencia de Joaquín y su salida hacia el interior tras atraer al menos
una marca y moverla de sitio -dos jugadores que por cuestiones biológicas no
pueden asumir una gran carga de partidos con continuidad-, nadie está logrando
agitar el árbol, a excepción de un Lo Celso que es el perfil creativo-ofensivo
de la plantilla de mayor potencial y que sí está tratando de romper líneas en
conducción y aportar último pase y lectura para filtrarse verticalmente.

El foco ha cambiado radicalmente
de lugar. Si el año pasado el Betis tuvo que encontrar nuevas formas y
automatismos para su salida durante la temporada de cara a evitar que las
presiones adelantadas le generasen errores no forzados que le penalizaban en
demasía, esta campaña tiene necesariamente que aprender lo antes posible a
desactivar los repliegues bajísimos a los que se va a enfrentar casi siempre.
Esa es la segunda fase y la actual del proyecto de Setién en Heliópolis. Una
fase en la que el Betis quizá requiera nuevos aportes individuales, como ya
necesitó a Marc Bartra el curso pasado para erigir al cien por cien su pulida
salida de balón y control de las transiciones. Pero más allá de esa hipótesis y
teniendo en cuenta la plantilla actual, las soluciones más plausibles quizá
pasen por situar a un segundo punta con la tarea de separar a los centrales y
de ser más agresivo con desmarques de ruptura cortos, por apostar por Mandi
como falso lateral, de hecho ya actúa en posiciones similares en muchas
ocasiones, para permitir la inclusión de un carrilero de un perfil más profundo
y atacante, o por conceder un resquicio mayor a la exposición del equipo ante
una eventual pérdida.

La paciencia en la elaboración es
esencial para el estilo verdiblanco y también para el buen funcionamiento
sistema, pero hay que tener el cuero también para no embotar al rival debajo de
su larguero, para atraerlo e invitarle a que salga, para provocar que alguna
vez se precipite y salte a destiempo y lanzarse así a aprovechar el error que
no están necesitando ni siquiera exponerse a realizar porque filtrar un balón
ante tal densidad defensiva o hallar un remate franco que no sea interceptado
antes de que vea portería es una tarea, ahora mismo, demasiado ardua y que
genera un gran desgaste a nivel psicológico en el Betis. Evitar una circulación
en U muy plana, mejorar la presión adelantada tras pérdida con la conciencia de
ser más verticales e incisivos en esas situaciones, aprovechar al máximo esos
pocos resquicios en los que el rival se desordena, provocar que lo haga más
veces, aunque en ocasiones sea en detrimento de la precisión para favorecer
finalizaciones más rápidas e inesperadas… Abandonar un miedo a fallar que el
Betis, controlando tan bien las transiciones defensivas, no debería tener tan a
flor de piel en el tercio final.

La situación no es para nada
preocupante a pesar del ruido que circunda a una idea de juego, que por las
razones que sean, siempre genera más detractores que cualquier otro cuando las
cosas no salen como se espera. Y lo mejor de todo este panorama para el Betis
es que el margen de mejora, como ya lo fue la temporada con la comentada fase
uno, es enorme y el horizonte, optimista. Así que sí. Una vez encontrada la
idea que recorrer y demostrarse esta sobradamente atractiva y, sobre todo,
competitiva para dominar los partidos y la mayoría de las situaciones dentro de
los mismos, el mejor plan B, obviamente, es mejorar el plan A. Y tan necesario
es hacerlo como no tirar por tierra el estilo que define todas las certezas que
el Betis ha ido recolectando e interiorizando desde hace un año. Unas certezas
que son, pese a la situación actual, infinitamente más que las actuales dudas.

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“El plan B es hacer mejor el
plan A”.
Cualquier análisis de situación sobre el Real Betis de Quique
Setién tiene que tener esta premisa muy clara por delante. El técnico cántabro
no va a cambiar los patrones de su idea, no va a propiciar la división de las
posesiones, no va a tomar riesgos que tengan que ver con hacer un fútbol más
directo, ni va a dejar de lado sus intenciones de enlazar pases progresivos
desde atrás para someter al rival en su propia mitad e intentar moverlo una vez
allí a través de la circulación de la pelota en ataques generalmente
posicionales. Sin embargo, es obvio que al conjunto verdiblanco le están
faltando varias cosas para evitar que el objetivo final de llegar a la red
adversaria no acabe siendo algo similar a intentar encontrar una aguja en un
pajar.

Para el rival, defender el plan
de juego verdiblanco está siendo excesivamente previsible, cómodo y simple a
través de un efusivo bloque bajo, con el que el Betis se está estrellando sin
encontrar la llave para derribarlo. Además, los adversarios potencian su juego
de transiciones rápidas con las que rascar el suficiente premio como para
convertir en estériles los grandes atributos defensivos por medio de la pelota
y el notable control espacial en campo propio adquiridos e instaurados a través
del excelente funcionamiento de la defensa de tres centrales. Una seguridad
defensiva de alto nivel que, sin embargo, ahora mismo no está compensando al
equipo andaluz, ya que los rivales casi siempre terminan encontrando al menos
una ocasión nítida de gol que están siendo capaces de convertir, mientras que
el Betis no está logrando transformar su prácticamente permanente asentamiento
en tres cuartos de cancha, ni sabiendo cómo compensar con generación de peligro
ante la portería contraria una eventual desventaja en el marcador.

Los verdiblancos necesitan el
doble de pases (+1100) para hacer un gol que el siguiente peor equipo liguero
en esa estadística (Villarreal) y son uno de los conjuntos que menos ocasiones
de gol nítidas están fabricando y sumando por partido, a pesar de que promedian
más de catorce disparos por encuentro (el sexto equipo que más chuta de La
Liga). La falta de inspiración y de pegada de los delanteros está siendo un
lastre evidente (Loren, Sergio León y Sanabria son el cuarto ataque de La Liga
que más tiros requiere para hacer un gol), pero no responde ni de lejos a todos
los interrogantes. Ni siquiera el repetitivo contexto de una densísima
concentración de piernas del rival en el área y en su frontal explican la
atomización y la escasa calidad de los intentos de hacer gol por parte de los
de Setién, sino que ponen de manifiesto, aún más si cabe, el problema de la
ineficiencia ofensiva en la que se ha instalado el Real Betis en la actualidad.

Los factores, en este sentido,
son varios. Desde una circulación lenta, muy agravada cuando William Carvalho
está en el once titular, horizontal y poco agresiva de la pelota a la hora de
circundar el área y que no está siendo en absoluto suficiente para desplazar a
una defensa adversaria que vive tranquila sin necesidad de salir de situaciones
de juego muy estáticas y frontales. Pasando por una falta de atrevimiento y de
descaro por medio del regate o del giro hacia la portería tras una recepción,
lo que está impidiendo todo tipo de desborde individual y permitiendo, a su
vez, que con cada toque extra para retrasar y jugar de cara -Boudebouz es aquí
el caso más paradigmático- se beneficie el solapamiento de las líneas y la
desaparición total de los espacios y se facilite así la fortificación del rival
en su propia área. Hasta llegar a las cuestiones puramente individuales y de
calidad determinante a la altura o no de las ambiciones futbolísticas del
manual de estilo verdiblanco.

A excepción de los intentos
esporádicos de Loren, nadie está logrando arrastrar un marcaje o trazar un
movimiento de ruptura a la espalda de la defensa; los carrileros apenas le dan
al sistema el uno contra uno y la frescura que este tanto necesita de ellos, ni
siquiera en las escasas ocasiones en las que no encaran en inferioridad; los
centros laterales son de escasa probabilidad de éxito con tantos efectivos
rivales en la zona de remate y un solo potencial cabeceador bético y, además,
están siendo muy controlados por el entrenador, que prefiere el reinicio
constante desde las bandas a un envío con tan escaso porcentaje de encontrar
rematador. Como añadido, sin Andrés Guardado y su alta tensión futbolística
permanente y su mayor agilidad para perfilarse y activar a sus compañeros, y
con la ausencia de Joaquín y su salida hacia el interior tras atraer al menos
una marca y moverla de sitio -dos jugadores que por cuestiones biológicas no
pueden asumir una gran carga de partidos con continuidad-, nadie está logrando
agitar el árbol, a excepción de un Lo Celso que es el perfil creativo-ofensivo
de la plantilla de mayor potencial y que sí está tratando de romper líneas en
conducción y aportar último pase y lectura para filtrarse verticalmente.

El foco ha cambiado radicalmente
de lugar. Si el año pasado el Betis tuvo que encontrar nuevas formas y
automatismos para su salida durante la temporada de cara a evitar que las
presiones adelantadas le generasen errores no forzados que le penalizaban en
demasía, esta campaña tiene necesariamente que aprender lo antes posible a
desactivar los repliegues bajísimos a los que se va a enfrentar casi siempre.
Esa es la segunda fase y la actual del proyecto de Setién en Heliópolis. Una
fase en la que el Betis quizá requiera nuevos aportes individuales, como ya
necesitó a Marc Bartra el curso pasado para erigir al cien por cien su pulida
salida de balón y control de las transiciones. Pero más allá de esa hipótesis y
teniendo en cuenta la plantilla actual, las soluciones más plausibles quizá
pasen por situar a un segundo punta con la tarea de separar a los centrales y
de ser más agresivo con desmarques de ruptura cortos, por apostar por Mandi
como falso lateral, de hecho ya actúa en posiciones similares en muchas
ocasiones, para permitir la inclusión de un carrilero de un perfil más profundo
y atacante, o por conceder un resquicio mayor a la exposición del equipo ante
una eventual pérdida.

La paciencia en la elaboración es
esencial para el estilo verdiblanco y también para el buen funcionamiento
sistema, pero hay que tener el cuero también para no embotar al rival debajo de
su larguero, para atraerlo e invitarle a que salga, para provocar que alguna
vez se precipite y salte a destiempo y lanzarse así a aprovechar el error que
no están necesitando ni siquiera exponerse a realizar porque filtrar un balón
ante tal densidad defensiva o hallar un remate franco que no sea interceptado
antes de que vea portería es una tarea, ahora mismo, demasiado ardua y que
genera un gran desgaste a nivel psicológico en el Betis. Evitar una circulación
en U muy plana, mejorar la presión adelantada tras pérdida con la conciencia de
ser más verticales e incisivos en esas situaciones, aprovechar al máximo esos
pocos resquicios en los que el rival se desordena, provocar que lo haga más
veces, aunque en ocasiones sea en detrimento de la precisión para favorecer
finalizaciones más rápidas e inesperadas… Abandonar un miedo a fallar que el
Betis, controlando tan bien las transiciones defensivas, no debería tener tan a
flor de piel en el tercio final.

La situación no es para nada
preocupante a pesar del ruido que circunda a una idea de juego, que por las
razones que sean, siempre genera más detractores que cualquier otro cuando las
cosas no salen como se espera. Y lo mejor de todo este panorama para el Betis
es que el margen de mejora, como ya lo fue la temporada con la comentada fase
uno, es enorme y el horizonte, optimista. Así que sí. Una vez encontrada la
idea que recorrer y demostrarse esta sobradamente atractiva y, sobre todo,
competitiva para dominar los partidos y la mayoría de las situaciones dentro de
los mismos, el mejor plan B, obviamente, es mejorar el plan A. Y tan necesario
es hacerlo como no tirar por tierra el estilo que define todas las certezas que
el Betis ha ido recolectando e interiorizando desde hace un año. Unas certezas
que son, pese a la situación actual, infinitamente más que las actuales dudas.

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La edad de Sergio Canales

Miguel Ángel Ruiz @migruizruiz
21-01-2022