_Fútbol Internacional

El partido que inició una guerra

Javier Siñeriz @jsineriz96 13-12-2019

El 13 de mayo de 1990 se enfrentaron en el estadio Maksimir de Zagreb el Dinamo de Zagreb y el Estrella Roja. Los partidos entre croatas y serbios eran siempre intensos, por algo se decía que este encuentro era uno de los derbis de Yugoslavia. Pero aquel ‘partido’ iba a ser diferente. Yugoslavia siempre fue un territorio con siete fronteras, seis repúblicas, cinco nacionalidades, cuatro idiomas, tres religiones, dos alfabetos y un líder, por lo que las diferencias entre sus habitantes eran considerables. Sin embargo, aquel 13 de mayo la bomba de relojería de los Balcanes explotó.

Unos 3000 ultras serbios prepararon durante la semana su viaje a Zagreb. Los llamados Delije (grupo ultra del Estrella Roja) viajaron a Zagreb dispuestos a todo. En cabeza estaba su líder, Željko Ražnatović, más conocido como Arkan, que después sería juzgado por cometer crímenes contra la Humanidad. En Zagreb esperaban los Bad Blue Boys (ultras del Dinamo de Zagreb) que sabían lo que sus vecinos serbios tramaban.

El ambiente en Zagreb era muy tenso. La llegada de los Delije no hizo más que empeorar la situación. Marcharon hacia el estadio Maksimir escoltados por la policía, que más adelante daría mucho que hablar. La llegada al estadio fue uno de los momentos más críticos. Los ultras serbios entraron al Maksimir gritando “Zagreb es Serbia” y “Mataremos a Tudjman” (en referencia a Franjo Tudjman, ganador de las elecciones en Croacia representando al partido nacionalista croata), provocando de esta manera la ira de los aficionados croatas.

Una vez dentro del estadio se desató el caos. Los ultras serbios iniciaron una batalla en la grada y en el césped ante la que la policía mostraba una pasividad asombrosa. Cuando los ultras croatas consiguieron saltar al campo el caos se multiplicó. El enfrentamiento entre ultras de un bando y de otro y policía era increíble, nadie podía contener lo que allí estaba pasando. Ni siquiera los futbolistas, que miraban impasibles lo que estaba ocurriendo.

Sin embargo, hubo uno que sí reaccionó. Zvonimir Boban, entonces joven promesa del Dinamo y a la postre estrella de la selección croata y del Milan, decidió intervenir. Boban vio cómo un policía apaleaba a un hincha del Dinamo y no dudó. El 10 croata se abalanzó sobre el agente soltándole una patada. Aquel gesto se convertiría en un auténtico símbolo para los croatas, que vieron en Boban el héroe nacionalista que necesitaban para luchar contra Serbia, el gigante opresor.

Poco más de un año después de aquel partido que nunca se llegó a disputar, el 25 de junio de 1991, estalló la guerra de manera oficial. Hay diferentes hechos que se catalogan como el posible origen de aquella cruenta guerra. Sin embargo, hay muchas voces que apuntan a este Dinamo de Zagreb-Estrella Roja como el inicio del estallido de la contienda. Esas luchas entre naciones y religiones hermanas que se saldó con la patada más famosa de la historia del fútbol. Esa que Boban le propinó a un policía. Esa de la que Boban afirma no arrepentirse. Esa patada que originó la guerra de los Balcanes.

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El 13 de mayo de 1990 se enfrentaron en el estadio Maksimir de Zagreb el Dinamo de Zagreb y el Estrella Roja. Los partidos entre croatas y serbios eran siempre intensos, por algo se decía que este encuentro era uno de los derbis de Yugoslavia. Pero aquel ‘partido’ iba a ser diferente. Yugoslavia siempre fue un territorio con siete fronteras, seis repúblicas, cinco nacionalidades, cuatro idiomas, tres religiones, dos alfabetos y un líder, por lo que las diferencias entre sus habitantes eran considerables. Sin embargo, aquel 13 de mayo la bomba de relojería de los Balcanes explotó.

Unos 3000 ultras serbios prepararon durante la semana su viaje a Zagreb. Los llamados Delije (grupo ultra del Estrella Roja) viajaron a Zagreb dispuestos a todo. En cabeza estaba su líder, Željko Ražnatović, más conocido como Arkan, que después sería juzgado por cometer crímenes contra la Humanidad. En Zagreb esperaban los Bad Blue Boys (ultras del Dinamo de Zagreb) que sabían lo que sus vecinos serbios tramaban.

El ambiente en Zagreb era muy tenso. La llegada de los Delije no hizo más que empeorar la situación. Marcharon hacia el estadio Maksimir escoltados por la policía, que más adelante daría mucho que hablar. La llegada al estadio fue uno de los momentos más críticos. Los ultras serbios entraron al Maksimir gritando “Zagreb es Serbia” y “Mataremos a Tudjman” (en referencia a Franjo Tudjman, ganador de las elecciones en Croacia representando al partido nacionalista croata), provocando de esta manera la ira de los aficionados croatas.

Una vez dentro del estadio se desató el caos. Los ultras serbios iniciaron una batalla en la grada y en el césped ante la que la policía mostraba una pasividad asombrosa. Cuando los ultras croatas consiguieron saltar al campo el caos se multiplicó. El enfrentamiento entre ultras de un bando y de otro y policía era increíble, nadie podía contener lo que allí estaba pasando. Ni siquiera los futbolistas, que miraban impasibles lo que estaba ocurriendo.

Sin embargo, hubo uno que sí reaccionó. Zvonimir Boban, entonces joven promesa del Dinamo y a la postre estrella de la selección croata y del Milan, decidió intervenir. Boban vio cómo un policía apaleaba a un hincha del Dinamo y no dudó. El 10 croata se abalanzó sobre el agente soltándole una patada. Aquel gesto se convertiría en un auténtico símbolo para los croatas, que vieron en Boban el héroe nacionalista que necesitaban para luchar contra Serbia, el gigante opresor.

Poco más de un año después de aquel partido que nunca se llegó a disputar, el 25 de junio de 1991, estalló la guerra de manera oficial. Hay diferentes hechos que se catalogan como el posible origen de aquella cruenta guerra. Sin embargo, hay muchas voces que apuntan a este Dinamo de Zagreb-Estrella Roja como el inicio del estallido de la contienda. Esas luchas entre naciones y religiones hermanas que se saldó con la patada más famosa de la historia del fútbol. Esa que Boban le propinó a un policía. Esa de la que Boban afirma no arrepentirse. Esa patada que originó la guerra de los Balcanes.