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El otro Banega

José Gavilán @futbol_internac 27-09-2018

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Cuando
hablamos de Banega, normalmente, lo hacemos de un futbolista creativo, dotado
para la circulación del balón, de carácter asociativo y con una visión
periférica digna del mejor ave rapaz. Pero Éver es algo más. 

Un día
escuché a David Albelda decir que el argentino era un magnífico recuperador y
un fantástico compañero dentro del terreno de juego. Que cuando coincidieron en
el Valencia, el futbolista que más balones rescataba, además del propio
Albelda, era Banega. Una solidaridad enmascarada por su exquisito trato con el
esférico y por un pasado inmaduro.

Leí a Adrián
Cervera decir que para ‘equilibrar’ no es necesario el músculo, porque el
músculo necesario está en la cabeza. No puedo estar más de acuerdo. La inteligencia
es un don que el futbolista también debe explotar. Un buen centrocampista es
aquel que además de hacer una correcta lectura del juego con balón, también lo
hace sin él. En la mayoría de las ocasiones, se trata de estar bien
posicionado. Éver es un ejemplo.

Intensidad,
dinamismo, seguridad con el balón y sacrificio. Características que posee
Banega y que lo convierten en el mejor recuperador de balones de La Liga, con
una media de 10 por partido. Porque además de defender con el control del
juego, que lo hace, también defiende cuando hay que ponerse el mono de trabajo.
No es cuestión de un día, las estadísticas no engañan.

Éver es un
director de orquesta. Lleva la batuta, dirige a sus compañeros, y asume el
riesgo de ser la pieza principal. Se posiciona, roba, toca, gira, protege,
busca y asiste. Siete pasos. Ése es su tango particular. Se posiciona, roba,
toca, gira, protege, busca y asiste. Siete pasos. Suficientes para Pablo
Machín, que ante las bajas, no ha dudado en apostar por un fútbol ofensivo con
uno de sus futbolistas más desequilibrantes como pivote único escoltado por
Franco Vázquez y Sarabia, volantes puntuales con alma de mediapuntas. Porque
los números demuestran que en Éver se puede confiar. Porque la salida de balón
es más fiable con el de Rosario por delante de los centrales. Porque si hay que
correr para defender, lo hace como el primero. Porque Banega ha evolucionado y
sobre todo, ha madurado. Porque cuando llegó a Sevilla encontró su sitio.
Porque a sus 30 años pasa por uno de los mejores momentos de su carrera. Porque
es un centrocampista de talla mundial. 

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Cuando
hablamos de Banega, normalmente, lo hacemos de un futbolista creativo, dotado
para la circulación del balón, de carácter asociativo y con una visión
periférica digna del mejor ave rapaz. Pero Éver es algo más. 

Un día
escuché a David Albelda decir que el argentino era un magnífico recuperador y
un fantástico compañero dentro del terreno de juego. Que cuando coincidieron en
el Valencia, el futbolista que más balones rescataba, además del propio
Albelda, era Banega. Una solidaridad enmascarada por su exquisito trato con el
esférico y por un pasado inmaduro.

Leí a Adrián
Cervera decir que para ‘equilibrar’ no es necesario el músculo, porque el
músculo necesario está en la cabeza. No puedo estar más de acuerdo. La inteligencia
es un don que el futbolista también debe explotar. Un buen centrocampista es
aquel que además de hacer una correcta lectura del juego con balón, también lo
hace sin él. En la mayoría de las ocasiones, se trata de estar bien
posicionado. Éver es un ejemplo.

Intensidad,
dinamismo, seguridad con el balón y sacrificio. Características que posee
Banega y que lo convierten en el mejor recuperador de balones de La Liga, con
una media de 10 por partido. Porque además de defender con el control del
juego, que lo hace, también defiende cuando hay que ponerse el mono de trabajo.
No es cuestión de un día, las estadísticas no engañan.

Éver es un
director de orquesta. Lleva la batuta, dirige a sus compañeros, y asume el
riesgo de ser la pieza principal. Se posiciona, roba, toca, gira, protege,
busca y asiste. Siete pasos. Ése es su tango particular. Se posiciona, roba,
toca, gira, protege, busca y asiste. Siete pasos. Suficientes para Pablo
Machín, que ante las bajas, no ha dudado en apostar por un fútbol ofensivo con
uno de sus futbolistas más desequilibrantes como pivote único escoltado por
Franco Vázquez y Sarabia, volantes puntuales con alma de mediapuntas. Porque
los números demuestran que en Éver se puede confiar. Porque la salida de balón
es más fiable con el de Rosario por delante de los centrales. Porque si hay que
correr para defender, lo hace como el primero. Porque Banega ha evolucionado y
sobre todo, ha madurado. Porque cuando llegó a Sevilla encontró su sitio.
Porque a sus 30 años pasa por uno de los mejores momentos de su carrera. Porque
es un centrocampista de talla mundial. 

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