_Italia

El nuevo goleador polaco

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 26-09-2018

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Con Harry Kane como referente declarado y con el inevitable paralelismo con su compatriota Robert Lewandowski, Krzysztof Piatek está siendo la inesperada sensación individual del inicio de la Serie A, con un comienzo goleador en el Calcio que no se veía en un recién llegado a Italia desde hace veinte años, con la figura de Andriy Shevchenko. Un impacto tremendo al que ha sumado un póker en su debut ante el Lecce que supone un récord individual histórico para el Genoa en un partido de Coppa. Antes incluso de que explotase a nivel numérico la temporada pasada en las filas del Cracovia con 21 goles en 36 partidos, Michal Probierz, su entrenador, ya había avisado del gran potencial de sus condiciones: “Pronto valdrá 30 millones de euros. En su día ya dije de Lewandowski que lo querrían en un futuro los mejores clubes del mundo. Ahora digo lo mismo de él”. Un Piatek que, curiosamente, ha aterrizado en una gran liga a la misma edad, 23 años, a la que el gran ídolo del país dio el salto a Dortmund.

Pese a las premonitorias palabras de su ya extécnico, Krzysztof Piatek era para el gran público un total desconocido del que únicamente se sabía que había conseguido unas notables cifras en el noveno clasificado de la última edición de la Ekstraklasa. Sin embargo, la elección del delantero polaco y de su entorno a la hora de escoger un destino para salir de su país por primera vez parece haber sido tomada con una precisión milimétrica, con su consiguiente milimétrico acierto. Por la repercusión de la Serie A, por las aspiraciones moderadas del equipo, por ser el Genoa un club eminentemente vendedor, por el estilo de repliegue y contragolpes directos de Davide Ballardini, por los compañeros que le acompañan en el reparto ofensivo… Todo encaja a las mil maravillas, en clave presente y también futuro, con el juego de un Piatek que ya es el nuevo ídolo de la Génova rossoblu, tan acostumbrada a ver revalorizarse y después ver partir a decenas y decenas de futbolistas que han tenido en el césped de Marassi un perfecto trampolín para sus trayectorias.

Krzysztof Piatek no es muy alto (1.83cm), tampoco es excesivamente rápido, pero se mueve siempre con una agudeza fantástica sin el balón, detectando los espacios que el juego directo del Genoa de Ballardini promueve a través de ganar las segundas acciones en campo rival y sin importarle en absoluto estar muy alejado del área de partida. Mientras que con el cuero en los pies no es ningún superdotado, al contrario, pero sí es una referencia que se zafa muy bien y que gana casi todos sus duelos individuales por brega, determinación, fuerza física y, especialmente, por la sabia utilización que hace de su cuerpo a la hora de ganar la posición en casi cualquier situación y lugar del campo, ya sea en las frecuentes caídas a los costados que el Genoa necesita para juntarse mínimamente en tres cuartos de campo, recibiendo de espaldas envíos frontales para poner de cara a sus compañeros antes de salir disparado a trazar un desmarque o a la hora de imponerse a su marca en las fricciones entre zaguero y delantero más habituales.

A todo ello suma una capacidad rematadora que está siendo diferencial tanto desde la frontal, como al primer toque dentro del área, ya sea por arriba o por abajo. Un atributo que construye e identifica en Piatek un olfato para el gol temible en forma de un delantero con capacidad para sacar el disparo con su pierna derecha de una forma muy rápida y de rematar prácticamente desde casi cualquier posición en las inmediaciones de la frontal del rival, lo que es seguramente su mejor cualidad y desde la que se explica su superlativo estado de forma actual. En este sentido, su elevado volumen de disparos deja muy claro el peso y la jerarquía que ha adquirido ya en la Serie A en apenas un mes de competición. Y es que el nueve del Grifone es, tras Cristiano Ronaldo, Edin Dzeko y Lorenzo Insigne –las tres estrellas de los tres equipos más fuertes y fiables del Calcio en los últimos años-, el cuarto futbolista de la liga italiana que más tiros está realizando por partido y el segundo tras el astro portugués si solo tenemos en cuanto los enmarcados entre los tres palos.

El 3-4-1-2 habitual de Ballardini, que se convierte en un clásico 3-5-2 cuando quiere protegerse todavía más ante rivales de gran entidad, no es en absoluto un sistema que promueva una construcción del juego pausada y elaborada más allá de los sabios toques en parado y entre líneas que un veterano de guerra como Goran Pandev puede seguir aportando puntualmente como organizador de la maniobra ofensiva más estática desde su posición por detrás de los dos puntas. Es precisamente ahí arriba, a su lado en el frente del ataque, donde Piatek está encontrando un socio ideal para establecer una pareja de la que está naciendo la inmensa mayoría del peligro y el bagaje ofensivo de este Genoa muy vertical, de gusto por las transiciones profundas y que tiene en el juego exterior la principal alternativa al juego más directo para su forma de atacar, con el pie zurdo del capitán Criscito y la cabeza del polaco en el punto de penalti como armas principales. 

Como decíamos, el también joven y recién llegado Christian Kouamé, antigua promesa marfileña de los 100 metros lisos, representa un complemento ideal para Piatek por la manera en la que se dividen todo el frente ofensivo. El africano es un jugador más técnico para la conducción, más regateador y más elástico, un segundo punta o extremo de origen que estira muchísimo al equipo a través de su tremenda velocidad y de su gran zancada y que, a su vez, gracias a su planta, también está muy enfocado a bajar el juego frontal o a aprovechar las segundas pelotas que de este se generen. Una tarea que se reparten entre ambos y de la que se retroalimentan directamente para formar una de las duplas más complementarias e interesantes de la teórica mitad inferior de la tabla en la Serie A. Si uno vence el duelo aéreo, el otro ataca el espacio, mientras que el primero busca ahora el pase de vuelta con la ventaja de llegar de cara y en carrera a una zona de mucho mayor peligro potencial.

El dúo que conforman Piatek y Kouamé está exprimiendo al máximo de sus posibilidades lo que sin ellos sería un libreto ofensivo demasiado simple e incluso rudimentario y que supone el gran motivo de ilusión para la hinchada de un Genoa desde cuya dirigencia se viene construyendo abiertamente un equipo austero, sin grandes objetivos, con una vocación cien por cien vendedora y, por tanto, con una plantilla extremadamente cambiante entre ventanas de mercado y que ni siquiera había encontrado una estabilidad en su rendimiento y en su fútbol desde la marcha del gurú Gasperini. El incisivo sentido de la profundidad del ex del Cittadella, sumado a la gran lectura de las situaciones y el enorme instinto del nuevo número nueve rossoblu y conjuntado con el imprescindible y enorme despliegue físico que ofrecen los dos, hace que toda la estructura de Ballardini funcione y pueda permitirse convertir en más que válidos adelante con muy pocos elementos, los efusivos repliegues traseros que caracterizan al técnico de Ravenna. 

Las estadísticas goleadoras de Piatek, que además posee un amplio margen de crecimiento técnico en su asociación y relación con el juego por abajo por su palpable inteligencia a la hora de moverse y ver los movimientos de su alrededor y su lectura de los apoyos y las zonas que atacar para generar peligro pese a su aparente tosquedad, no engañan y a cada jornada que pasa se confirman en una de las grandes ligas del continente. Desde que comenzase la temporada 2017/2018, el nueve polaco suma una treintena de goles en algo más de cuarenta partidos disputados, lo que, tras quedarse fuera del pasado Mundial habiendo entrado en la prelista de Adam Nawalka, le ha valido, ya de la mano del nuevo seleccionador Jerzy Brzeczek, el reciente y merecido debut con su selección, al tiempo que está protagonizando uno de esos comienzos de curso que pueden ser premonitorios, como ya anticipó su exentrenador en el Cracovia, de una notable futura carrera futbolística en la élite. Polonia puede estar tranquila. Más allá de Lewandowski y de Milik, han encontrado súbita y contundentemente un nuevo goleador de calado internacional en la figura de un Krzysztof Piatek que en su primera experiencia a gran nivel no puede estar diciendo más alto y más claro quién es y quién puede llegar a ser.

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Con Harry Kane como referente declarado y con el inevitable paralelismo con su compatriota Robert Lewandowski, Krzysztof Piatek está siendo la inesperada sensación individual del inicio de la Serie A, con un comienzo goleador en el Calcio que no se veía en un recién llegado a Italia desde hace veinte años, con la figura de Andriy Shevchenko. Un impacto tremendo al que ha sumado un póker en su debut ante el Lecce que supone un récord individual histórico para el Genoa en un partido de Coppa. Antes incluso de que explotase a nivel numérico la temporada pasada en las filas del Cracovia con 21 goles en 36 partidos, Michal Probierz, su entrenador, ya había avisado del gran potencial de sus condiciones: “Pronto valdrá 30 millones de euros. En su día ya dije de Lewandowski que lo querrían en un futuro los mejores clubes del mundo. Ahora digo lo mismo de él”. Un Piatek que, curiosamente, ha aterrizado en una gran liga a la misma edad, 23 años, a la que el gran ídolo del país dio el salto a Dortmund.

Pese a las premonitorias palabras de su ya extécnico, Krzysztof Piatek era para el gran público un total desconocido del que únicamente se sabía que había conseguido unas notables cifras en el noveno clasificado de la última edición de la Ekstraklasa. Sin embargo, la elección del delantero polaco y de su entorno a la hora de escoger un destino para salir de su país por primera vez parece haber sido tomada con una precisión milimétrica, con su consiguiente milimétrico acierto. Por la repercusión de la Serie A, por las aspiraciones moderadas del equipo, por ser el Genoa un club eminentemente vendedor, por el estilo de repliegue y contragolpes directos de Davide Ballardini, por los compañeros que le acompañan en el reparto ofensivo… Todo encaja a las mil maravillas, en clave presente y también futuro, con el juego de un Piatek que ya es el nuevo ídolo de la Génova rossoblu, tan acostumbrada a ver revalorizarse y después ver partir a decenas y decenas de futbolistas que han tenido en el césped de Marassi un perfecto trampolín para sus trayectorias.

Krzysztof Piatek no es muy alto (1.83cm), tampoco es excesivamente rápido, pero se mueve siempre con una agudeza fantástica sin el balón, detectando los espacios que el juego directo del Genoa de Ballardini promueve a través de ganar las segundas acciones en campo rival y sin importarle en absoluto estar muy alejado del área de partida. Mientras que con el cuero en los pies no es ningún superdotado, al contrario, pero sí es una referencia que se zafa muy bien y que gana casi todos sus duelos individuales por brega, determinación, fuerza física y, especialmente, por la sabia utilización que hace de su cuerpo a la hora de ganar la posición en casi cualquier situación y lugar del campo, ya sea en las frecuentes caídas a los costados que el Genoa necesita para juntarse mínimamente en tres cuartos de campo, recibiendo de espaldas envíos frontales para poner de cara a sus compañeros antes de salir disparado a trazar un desmarque o a la hora de imponerse a su marca en las fricciones entre zaguero y delantero más habituales.

A todo ello suma una capacidad rematadora que está siendo diferencial tanto desde la frontal, como al primer toque dentro del área, ya sea por arriba o por abajo. Un atributo que construye e identifica en Piatek un olfato para el gol temible en forma de un delantero con capacidad para sacar el disparo con su pierna derecha de una forma muy rápida y de rematar prácticamente desde casi cualquier posición en las inmediaciones de la frontal del rival, lo que es seguramente su mejor cualidad y desde la que se explica su superlativo estado de forma actual. En este sentido, su elevado volumen de disparos deja muy claro el peso y la jerarquía que ha adquirido ya en la Serie A en apenas un mes de competición. Y es que el nueve del Grifone es, tras Cristiano Ronaldo, Edin Dzeko y Lorenzo Insigne –las tres estrellas de los tres equipos más fuertes y fiables del Calcio en los últimos años-, el cuarto futbolista de la liga italiana que más tiros está realizando por partido y el segundo tras el astro portugués si solo tenemos en cuanto los enmarcados entre los tres palos.

El 3-4-1-2 habitual de Ballardini, que se convierte en un clásico 3-5-2 cuando quiere protegerse todavía más ante rivales de gran entidad, no es en absoluto un sistema que promueva una construcción del juego pausada y elaborada más allá de los sabios toques en parado y entre líneas que un veterano de guerra como Goran Pandev puede seguir aportando puntualmente como organizador de la maniobra ofensiva más estática desde su posición por detrás de los dos puntas. Es precisamente ahí arriba, a su lado en el frente del ataque, donde Piatek está encontrando un socio ideal para establecer una pareja de la que está naciendo la inmensa mayoría del peligro y el bagaje ofensivo de este Genoa muy vertical, de gusto por las transiciones profundas y que tiene en el juego exterior la principal alternativa al juego más directo para su forma de atacar, con el pie zurdo del capitán Criscito y la cabeza del polaco en el punto de penalti como armas principales. 

Como decíamos, el también joven y recién llegado Christian Kouamé, antigua promesa marfileña de los 100 metros lisos, representa un complemento ideal para Piatek por la manera en la que se dividen todo el frente ofensivo. El africano es un jugador más técnico para la conducción, más regateador y más elástico, un segundo punta o extremo de origen que estira muchísimo al equipo a través de su tremenda velocidad y de su gran zancada y que, a su vez, gracias a su planta, también está muy enfocado a bajar el juego frontal o a aprovechar las segundas pelotas que de este se generen. Una tarea que se reparten entre ambos y de la que se retroalimentan directamente para formar una de las duplas más complementarias e interesantes de la teórica mitad inferior de la tabla en la Serie A. Si uno vence el duelo aéreo, el otro ataca el espacio, mientras que el primero busca ahora el pase de vuelta con la ventaja de llegar de cara y en carrera a una zona de mucho mayor peligro potencial.

El dúo que conforman Piatek y Kouamé está exprimiendo al máximo de sus posibilidades lo que sin ellos sería un libreto ofensivo demasiado simple e incluso rudimentario y que supone el gran motivo de ilusión para la hinchada de un Genoa desde cuya dirigencia se viene construyendo abiertamente un equipo austero, sin grandes objetivos, con una vocación cien por cien vendedora y, por tanto, con una plantilla extremadamente cambiante entre ventanas de mercado y que ni siquiera había encontrado una estabilidad en su rendimiento y en su fútbol desde la marcha del gurú Gasperini. El incisivo sentido de la profundidad del ex del Cittadella, sumado a la gran lectura de las situaciones y el enorme instinto del nuevo número nueve rossoblu y conjuntado con el imprescindible y enorme despliegue físico que ofrecen los dos, hace que toda la estructura de Ballardini funcione y pueda permitirse convertir en más que válidos adelante con muy pocos elementos, los efusivos repliegues traseros que caracterizan al técnico de Ravenna. 

Las estadísticas goleadoras de Piatek, que además posee un amplio margen de crecimiento técnico en su asociación y relación con el juego por abajo por su palpable inteligencia a la hora de moverse y ver los movimientos de su alrededor y su lectura de los apoyos y las zonas que atacar para generar peligro pese a su aparente tosquedad, no engañan y a cada jornada que pasa se confirman en una de las grandes ligas del continente. Desde que comenzase la temporada 2017/2018, el nueve polaco suma una treintena de goles en algo más de cuarenta partidos disputados, lo que, tras quedarse fuera del pasado Mundial habiendo entrado en la prelista de Adam Nawalka, le ha valido, ya de la mano del nuevo seleccionador Jerzy Brzeczek, el reciente y merecido debut con su selección, al tiempo que está protagonizando uno de esos comienzos de curso que pueden ser premonitorios, como ya anticipó su exentrenador en el Cracovia, de una notable futura carrera futbolística en la élite. Polonia puede estar tranquila. Más allá de Lewandowski y de Milik, han encontrado súbita y contundentemente un nuevo goleador de calado internacional en la figura de un Krzysztof Piatek que en su primera experiencia a gran nivel no puede estar diciendo más alto y más claro quién es y quién puede llegar a ser.

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