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El ‘nuevo’ Djokovic actúa más rápido

David Sánchez @dasanchez__ 05-02-2019

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Novak Djokovic acabó el Abierto de Australia con 112
puntos más que sus rivales en intercambios de cuatro tiros o menos. La cifra
habla de la nueva táctica del tenista serbio, un jugador que se ha vuelto más
agresivo y rápido dentro de una pista de tenis.

El balcánico supo desmantelar, a la perfección, el juego
de Rafa Nadal en la final del primer Grand Slam del año a base de percutir
sobre su derecha poniendo, golpe sí y golpe también, la bola en el lado de la
ventaja. Por ahí sacó ‘petróleo’ un Djokovic que desactivó al número dos
mundial para dejarlo KO en tres mangas, algo inédito, en un
major, en la carrera profesional del
mallorquín.

La duración media de los peloteos, en la lucha por el
título, fue de 5.03 golpes, según datos de la ATP. Djokovic le sacó 14 puntos
de ventaja a Nadal en
rallies de 0 a
4 tiros, algo que comienza a ser tendencia en la raqueta del mejor jugador del
planeta en estos instantes.

Y es que la táctica de Djokovic pasa ahora por la
simplicidad y la efectividad en intercambios cortos. Se acabaron los alardes
técnicos de otras épocas en el tenis mundial. En estos momentos, el circuito
masculino vira hacia puntos más ligeros, una de las principales diferencias si
no la mayor, entre ganar y perder un partido.

Según datos de la ATP, teniendo como referencia las
últimas cinco ediciones del Abierto de Australia, se percibe una clara
tendencia a la disminución de los
rallies
largos. Solo en el 10% de los casos de media, durante un partido, un jugador es
partícipe de intercambios por encima de los 9 tiros.

Sorprende, en cambio, como siete de cada 10 puntos
requieren que un jugador golpee la bola un máximo de dos veces. Esta
estadística ha evolucionado desde un 69,6% en 2015 hasta un 70,4% en 2019.

Parece claro: quienes marcan la diferencia y, por ende,
acaban llevándose el partido son aquellos jugadores que superaron a su rival en
los intercambios cortos respecto a los largos.

Djokovic pasó de defensa a ataque, en cuestión de
segundos, y fue infranqueable al servicio. Solo se enfrentó a una bola de break
en toda la final. El serbio construyó su partido para actuar mucho más rápido
que en ocasiones anteriores. Acabó la pugna con 202 puntos más de los que
perdió y con el 55% de esos 202 ganados en
rallies
de 0-4 golpes. Ahí logró su mayor ventaja.

El tenis de
Djokovic es un 
boomerang. Igual que va, viene.
Igual que desaparece por culpa del dolor, renace. Pero cuando regresa, lo hace
con una fuerza destructora que redime su pasión. Es entonces cuando se vuelve
invencible. Un ser por encima de todo y todos. Ahí el número uno mundial es un
depredador de moral. Ahora, de forma más apresurada.
    

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Novak Djokovic acabó el Abierto de Australia con 112
puntos más que sus rivales en intercambios de cuatro tiros o menos. La cifra
habla de la nueva táctica del tenista serbio, un jugador que se ha vuelto más
agresivo y rápido dentro de una pista de tenis.

El balcánico supo desmantelar, a la perfección, el juego
de Rafa Nadal en la final del primer Grand Slam del año a base de percutir
sobre su derecha poniendo, golpe sí y golpe también, la bola en el lado de la
ventaja. Por ahí sacó ‘petróleo’ un Djokovic que desactivó al número dos
mundial para dejarlo KO en tres mangas, algo inédito, en un
major, en la carrera profesional del
mallorquín.

La duración media de los peloteos, en la lucha por el
título, fue de 5.03 golpes, según datos de la ATP. Djokovic le sacó 14 puntos
de ventaja a Nadal en
rallies de 0 a
4 tiros, algo que comienza a ser tendencia en la raqueta del mejor jugador del
planeta en estos instantes.

Y es que la táctica de Djokovic pasa ahora por la
simplicidad y la efectividad en intercambios cortos. Se acabaron los alardes
técnicos de otras épocas en el tenis mundial. En estos momentos, el circuito
masculino vira hacia puntos más ligeros, una de las principales diferencias si
no la mayor, entre ganar y perder un partido.

Según datos de la ATP, teniendo como referencia las
últimas cinco ediciones del Abierto de Australia, se percibe una clara
tendencia a la disminución de los
rallies
largos. Solo en el 10% de los casos de media, durante un partido, un jugador es
partícipe de intercambios por encima de los 9 tiros.

Sorprende, en cambio, como siete de cada 10 puntos
requieren que un jugador golpee la bola un máximo de dos veces. Esta
estadística ha evolucionado desde un 69,6% en 2015 hasta un 70,4% en 2019.

Parece claro: quienes marcan la diferencia y, por ende,
acaban llevándose el partido son aquellos jugadores que superaron a su rival en
los intercambios cortos respecto a los largos.

Djokovic pasó de defensa a ataque, en cuestión de
segundos, y fue infranqueable al servicio. Solo se enfrentó a una bola de break
en toda la final. El serbio construyó su partido para actuar mucho más rápido
que en ocasiones anteriores. Acabó la pugna con 202 puntos más de los que
perdió y con el 55% de esos 202 ganados en
rallies
de 0-4 golpes. Ahí logró su mayor ventaja.

El tenis de
Djokovic es un 
boomerang. Igual que va, viene.
Igual que desaparece por culpa del dolor, renace. Pero cuando regresa, lo hace
con una fuerza destructora que redime su pasión. Es entonces cuando se vuelve
invencible. Un ser por encima de todo y todos. Ahí el número uno mundial es un
depredador de moral. Ahora, de forma más apresurada.
    

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