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El mundial de Superbike mola más que MotoGP

Swinxy @Swinxy 25-05-2022

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Estoril MotoGP Superbike

MotoGP 2022 ya ha cubierto su primer tercio de competición, y lo ha hecho en un clima de imprevisibilidad impresionante: tras siete carreras hasta seis marcas han subido al cajón, y cada fin de semana es una incógnita total sobre qué pilotos estarán delante. La categoría reina del motociclismo de velocidad ha alcanzado unas cotas de igualdad impensables no hace mucho, dando oportunidades de ganar a la práctica totalidad de la parrilla.

Y, sin embargo, cuando pido la llave de un hotel y, a medianoche, encargo un buen champán francés, y cena con velitas para dos, siempre es con otra, amor, nunca contigo”.

Bien saben lo que digo.

MotoGP tiene las mejores motos del mundo y en su parrilla se alinean la gran mayoría de los mejores pilotos del mundo. Es un auténtico lujo ver -sobre todo si es desde la grada- cómo doman esas bestias para exprimir cada milésima; pero últimamente les falta algo. Adelantamientos, concretamente.

La escalada aerodinámica de los últimos años ha permitido hacer motos cada vez más rápidas… y carreras más aburridas. Como le sucedió a la Formula 1 hace un tiempo, rodar justo detrás de una moto se ha convertido en poco menos que un infierno, con el peligro añadido de que, si intentas permanecer muy cerca, su rebufo te puede aspirar y acabar por los suelos. Que se lo digan a las Suzuki, donde sus dos pilotos se cayeron en Le Mans, y apuntaron a la increíble dificultad de ir detrás de la Ducati.

La gracia del motociclismo es que permite ir a centímetros del piloto que llevas delante para buscar el más mínimo hueco por el que meterle la moto, y la triste realidad es que eso se ha ido perdiendo en MotoGP. El GP de Francia fue realmente frustrante al ver que Aleix Espargaró no podía atacar a Jack Miller porque si rodaba cerca se le calentaban los neumáticos, pero al mismo tiempo estaba tranquilo porque sabía que, tras él, a Fabio Quartararo le estaba sucediendo lo mismo.

Quizás sea el momento de dar un paso atrás, arrancar de cuajo todos los apéndices aerodinámicos que convierten las MotoGP en una especie de Transformers y volver a la pureza de las carreras.

Por suerte, mientras eso sucede, tenemos el Mundial de Superbike.

Un Mundial de Superbike cuya situación contrasta con la de MotoGP, ya que hasta en ocho de las nueve carreras transcurridas hasta la fecha, el podio ha estado formado por Álvaro Bautista, Jonathan Rea y Toprak Razgatlioglu… y a nadie se le escapa que hubieran sido nueve de nueve de no ser por el incidente de Assen que acabó con los dos últimos por los suelos.

Tres pilotos que llevan años brillando en el Mundial de Superbike. Rea lo lleva haciendo más de una década, Razgatlioglu asomó ya hace un lustro y Bautista llegó de MotoGP para poner la guinda. Tres talentos que por fin han coexistido en tiempo y espacio con tres motos de serie muy diferentes entre sí.

No tienen alas ni asas, ni falta que les hace. En cada carrera nos regalan sucesiones imposibles de adelantamientos al límite. Cuando los ves luchar en pista, parece que se odian. Cuando se bajan de la moto y se quitan el casco, sonríen y charlan comentando las jugadas.

Sí, es cierto que hay gran desigualdad entre las motos oficiales y las independientes. También es cierto que los tres son muy superiores a sus compañeros de marca, hasta el punto de haber creado una especie de coto vedado.

Todo eso da igual en términos de espectáculo. No hace falta que 20 pilotos puedan ganar. En ocasiones es suficiente que puedan hacerlo tres, y es maravilloso cuando esos tres pilotos son de un nivel tan alto que no tienen nada que envidiar a los pilotos de MotoGP, que además compiten con tres armas distintas en una categoría que permite rodar a centímetros del rival que tienes delante, lo que está dejando escenas memorables.

Estoril fue el culmen. Como si estuviese programado, en las tres carreras del fin de semana (otro minipunto a favor de Superbike) pudieron verse los tres duelos: Bautista y Razgatlioglu pusieron la introducción; Rea y Razgatlioglu se las vieron en el nudo; y Rea y Bautista pusieron el desenlace a un fin de semana inolvidable, con tres carreras de las que crean afición al motociclismo.

Vale que, cuando adoras el motociclismo, es imposible desenamorarse de una categoría como MotoGP. Por eso, cada domingo de carreras, acudimos fieles a nuestra cita con los prototipos más coloridos del mundo. Que MotoGP es la primera, que no mentimos al jurar que daríamos por ella la vida entera. Nuestro amor verdadero.

Pero, sin embargo, en este 2022 es el Mundial de Superbike el que nos hace querer brindar con champán y sentarnos a la luz de dos velas a ver cómo tres genios se pasan y repasan tres veces por fin de semana. Porque la monotonía enfría las relaciones, y el calor del motociclismo está en los adelantamientos.

Imagen de cabecera: Kawasaki

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MotoGP 2022 ya ha cubierto su primer tercio de competición, y lo ha hecho en un clima de imprevisibilidad impresionante: tras siete carreras hasta seis marcas han subido al cajón, y cada fin de semana es una incógnita total sobre qué pilotos estarán delante. La categoría reina del motociclismo de velocidad ha alcanzado unas cotas de igualdad impensables no hace mucho, dando oportunidades de ganar a la práctica totalidad de la parrilla.

Y, sin embargo, cuando pido la llave de un hotel y, a medianoche, encargo un buen champán francés, y cena con velitas para dos, siempre es con otra, amor, nunca contigo”.

Bien saben lo que digo.

MotoGP tiene las mejores motos del mundo y en su parrilla se alinean la gran mayoría de los mejores pilotos del mundo. Es un auténtico lujo ver -sobre todo si es desde la grada- cómo doman esas bestias para exprimir cada milésima; pero últimamente les falta algo. Adelantamientos, concretamente.

La escalada aerodinámica de los últimos años ha permitido hacer motos cada vez más rápidas… y carreras más aburridas. Como le sucedió a la Formula 1 hace un tiempo, rodar justo detrás de una moto se ha convertido en poco menos que un infierno, con el peligro añadido de que, si intentas permanecer muy cerca, su rebufo te puede aspirar y acabar por los suelos. Que se lo digan a las Suzuki, donde sus dos pilotos se cayeron en Le Mans, y apuntaron a la increíble dificultad de ir detrás de la Ducati.

La gracia del motociclismo es que permite ir a centímetros del piloto que llevas delante para buscar el más mínimo hueco por el que meterle la moto, y la triste realidad es que eso se ha ido perdiendo en MotoGP. El GP de Francia fue realmente frustrante al ver que Aleix Espargaró no podía atacar a Jack Miller porque si rodaba cerca se le calentaban los neumáticos, pero al mismo tiempo estaba tranquilo porque sabía que, tras él, a Fabio Quartararo le estaba sucediendo lo mismo.

Quizás sea el momento de dar un paso atrás, arrancar de cuajo todos los apéndices aerodinámicos que convierten las MotoGP en una especie de Transformers y volver a la pureza de las carreras.

Por suerte, mientras eso sucede, tenemos el Mundial de Superbike.

Un Mundial de Superbike cuya situación contrasta con la de MotoGP, ya que hasta en ocho de las nueve carreras transcurridas hasta la fecha, el podio ha estado formado por Álvaro Bautista, Jonathan Rea y Toprak Razgatlioglu… y a nadie se le escapa que hubieran sido nueve de nueve de no ser por el incidente de Assen que acabó con los dos últimos por los suelos.

Tres pilotos que llevan años brillando en el Mundial de Superbike. Rea lo lleva haciendo más de una década, Razgatlioglu asomó ya hace un lustro y Bautista llegó de MotoGP para poner la guinda. Tres talentos que por fin han coexistido en tiempo y espacio con tres motos de serie muy diferentes entre sí.

No tienen alas ni asas, ni falta que les hace. En cada carrera nos regalan sucesiones imposibles de adelantamientos al límite. Cuando los ves luchar en pista, parece que se odian. Cuando se bajan de la moto y se quitan el casco, sonríen y charlan comentando las jugadas.

Sí, es cierto que hay gran desigualdad entre las motos oficiales y las independientes. También es cierto que los tres son muy superiores a sus compañeros de marca, hasta el punto de haber creado una especie de coto vedado.

Todo eso da igual en términos de espectáculo. No hace falta que 20 pilotos puedan ganar. En ocasiones es suficiente que puedan hacerlo tres, y es maravilloso cuando esos tres pilotos son de un nivel tan alto que no tienen nada que envidiar a los pilotos de MotoGP, que además compiten con tres armas distintas en una categoría que permite rodar a centímetros del rival que tienes delante, lo que está dejando escenas memorables.

Estoril fue el culmen. Como si estuviese programado, en las tres carreras del fin de semana (otro minipunto a favor de Superbike) pudieron verse los tres duelos: Bautista y Razgatlioglu pusieron la introducción; Rea y Razgatlioglu se las vieron en el nudo; y Rea y Bautista pusieron el desenlace a un fin de semana inolvidable, con tres carreras de las que crean afición al motociclismo.

Vale que, cuando adoras el motociclismo, es imposible desenamorarse de una categoría como MotoGP. Por eso, cada domingo de carreras, acudimos fieles a nuestra cita con los prototipos más coloridos del mundo. Que MotoGP es la primera, que no mentimos al jurar que daríamos por ella la vida entera. Nuestro amor verdadero.

Pero, sin embargo, en este 2022 es el Mundial de Superbike el que nos hace querer brindar con champán y sentarnos a la luz de dos velas a ver cómo tres genios se pasan y repasan tres veces por fin de semana. Porque la monotonía enfría las relaciones, y el calor del motociclismo está en los adelantamientos.

Imagen de cabecera: Kawasaki

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