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El jager bom de Jurgen Klopp

Adrián Lede @lede_b 24-05-2018

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Son las 5 de la mañana, el fútbol vaga por las
calles donde todo está cerrado, la temporada toca a su fin pero quiere tomarse
su última copa. De repente descubre un local abierto, es un local elegante pero
vacío, con ciertos aires al elegante hotel Overlook donde Jack Nicholson se
volvía loco.

Suena una canción de un famoso cuarteto de Liverpool, se sienta en la barra y
allí le atiende un camarero rubio, de gafas y con una inconfundible sonrisa. El
camarero lo ve apagado, cansado, ha sido una noche cargada de emociones,
discusiones y peleas. No sabe qué pedir, pero el camarero le dice que no se
preocupe, que tiene la bebida perfecta para él.

Saca una botella adornada con un ciervo y una lata de una bebida energética,
los mezcla y se lo da a probar. El trago se desliza con rapidez por su garganta
y cuando la última gota cae, empieza a sentir esa sensación de locura, de
adrenalina y de ímpetu que recorre su cuerpo, como un ataque de un electrizante
equipo inglés.

El fútbol alucina, dice que es una de las cosas más impresionantes que ha
probado. Al otro lado de la barra alguien comienza a reírse, viste de blanco
impoluto y tiene aires de Humphrey Bogart en Casablanca, un héroe canalla
curtido en mil batallas. Da su último trago como si nada, lleva ya doce copas y
va a por la decimotercera. El camarero prepara su brebaje, retándole a que se
lo acabe de un solo trago, ambos se miran sonríen, la noche no ha hecho más que
empezar.

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Son las 5 de la mañana, el fútbol vaga por las
calles donde todo está cerrado, la temporada toca a su fin pero quiere tomarse
su última copa. De repente descubre un local abierto, es un local elegante pero
vacío, con ciertos aires al elegante hotel Overlook donde Jack Nicholson se
volvía loco.

Suena una canción de un famoso cuarteto de Liverpool, se sienta en la barra y
allí le atiende un camarero rubio, de gafas y con una inconfundible sonrisa. El
camarero lo ve apagado, cansado, ha sido una noche cargada de emociones,
discusiones y peleas. No sabe qué pedir, pero el camarero le dice que no se
preocupe, que tiene la bebida perfecta para él.

Saca una botella adornada con un ciervo y una lata de una bebida energética,
los mezcla y se lo da a probar. El trago se desliza con rapidez por su garganta
y cuando la última gota cae, empieza a sentir esa sensación de locura, de
adrenalina y de ímpetu que recorre su cuerpo, como un ataque de un electrizante
equipo inglés.

El fútbol alucina, dice que es una de las cosas más impresionantes que ha
probado. Al otro lado de la barra alguien comienza a reírse, viste de blanco
impoluto y tiene aires de Humphrey Bogart en Casablanca, un héroe canalla
curtido en mil batallas. Da su último trago como si nada, lleva ya doce copas y
va a por la decimotercera. El camarero prepara su brebaje, retándole a que se
lo acabe de un solo trago, ambos se miran sonríen, la noche no ha hecho más que
empezar.

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