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El invitado sorpresa

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 21-10-2022

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Andrea Sottil Udinese

Hay que retrotraerse exactamente una década en el tiempo para encontrarnos con el último Udinese que consiguió clasificarse para la disputa de una competición europea. Por aquel entonces, un técnico muy infravalorado como Francesco Guidolin se sentaba en el banquillo del equipo friulano para dirigir una plantilla que ya había dejado atrás su mayor lustre, pero que contaba con una nómina de jugadores compuesta entre otros por Luis Muriel, Mehdi Benatia, Dusan Basta, Allan o el ahora retornado Roberto Pereyra y liderada por el mito Totò Di Natale.

Hoy, diez años después, el Udinese sigue siendo ese equipo plurinacional hasta el extremo, que basa su éxito en una red de scouting gigantesca, casi tanto como lo eran por número aquellas plantillas de la década pasada, y en el desarrollo y la pronta explosión de sus variopintas apuestas internacionales. Para muestra, los casos de éxito reciente de Destiny Udogie, aún en Udine pero ya traspasado al Tottenham por 25 millones; de Nahuel Molina, vendido al Atlético de Madrid; o de Brandon Soppy, comprado por la Atalanta. La línea a seguir ideal para el club.

El Udinese venía acumulando desde la salida de Guidolin una serie de resultados clasificatorios ramplones, tan ramplones como su juego en un alarde de coherencia que siempre se agradece, y ha coqueteado incluso varias veces con el descenso. La salida de Gabriele Cioffi este verano hacia Verona, en lo que parecía un destino en el que crecer deportivamente en su carrera como entrenador, obligó a la dirigencia bianconera a mover ficha. El elegido fue el exjugador del club Andrea Sottil. Una apuesta bastante arriesgada, ya que el preparador piamontés venía de dos temporadas positivas en el Ascoli de Serie B, pero no había dirigido ni un solo partido en la élite.

El sorprendente resultado ha sido que el Udinese ha vuelto a competir como en sus mejores días y está siendo una piedra en el zapato para las actuales sette sorelle del Calcio, “robándoles”, al menos momentáneamente, una de las plazas europeas que parecían estar preasignadas (no en orden, pero sí en ocupación) antes del inicio del campeonato. Sin embargo, los de Sottil resisten. Y van al alza. Únicamente han perdido en la primera jornada ante el Milan en San Siro y eso que ya se han tenido que enfrentar en este primer cuarto de campeonato a la Fiorentina (1-0), la Roma (4-0), el Inter (3-1), la Atalanta (2-2) y la Lazio (0-0), saliendo siempre muy reforzados.

Liderados en el campo por una versión totalizadora, creativa, madura y responsabilizada de Gerard Deulofeu, el Udinese de Sottil acostumbra a dividir la posesión, pero posee al mismo tiempo un sistema defensivo muy colectivo, físico, agresivo, compacto y proactivo que sabe cómo cerrar su área con ese sistema de tres centrales y carrileros tan en boga. Además, es el tercer equipo tras el Inter y la Fiorentina que mejor presiona en términos porcentuales, alterna de forma muy inteligente momentos de pressing alto, yendo a buscar al rival a su propio campo hombre a hombre, con disposiciones más pragmáticas y cuando recupera el balón no le quema en absoluto, ya que tiene los recursos, las piezas, la calidad y las herramientas para progresar.

Y sabe hacerlo también desde la salida desde atrás. Sottil suele optar por abrir a los centrales de fuera (normalmente el siempre interesante Becao por la derecha, al que está usando en ataque del mismo modo profundo que Gasperini usa a Tolói, y un destacado Nehuén Pérez por la izquierda, fundamentales ambos para el sistema). El objetivo es poder situar bien altos a los carrileros y hacer ancho el campo para dar aire dentro a las recepciones de Deulofeu (playmaker y conector último con el remate) y potenciar la técnica que tienen en la parcela ancha (recomendación del día: prestar atención al talento del joven alemán Lazar Samardzic). No en vano, los del Friuli son el tercer equipo que más regatea de la Serie A, tras el Milan y la Roma.

Por otra parte, el Udinese ha conservado una impronta vertical en ataque que ya lucía los últimos años, aprovechando muy bien las transiciones. Un enfoque que ha permitido al corpulento Beto seguir rindiendo notablemente como principal referencia y finalizador del sistema. Un sistema, por cierto, muy efectivo en estos términos, ya que los bianconeri son el equipo que más rédito le saca a cada disparo entre palos de la Serie A (0.45 goles por remate), lo que se explica a través de otro dato: es el equipo que más pases completa al área gracias a un Deulofeu destacadísimo (líder individual de la liga en esta faceta) que mejora cada acción, suma valor gol y añade liquidez, fluidez, calidad y peligrosidad a cada balón que toca, filtra o centra.

Sería prácticamente una quimera pensar que este Udinese va a resistir hasta el final de temporada en posiciones europeas mientras el resto de los tiburones que nadan a su alrededor le acechan, pero este asombroso salto de nivel durante este primer tramo de la campaña y su condición actual de invitado sorpresa a la parte alta de la tabla, aunque sean transitorios, ya son una gran noticia para un club que se ha pasado la última década sin ser eso mismo, noticia. Sin destacar por ningún aspecto futbolístico destacable, sin acaparar ningún foco extra como colectivo y haciendo que las pocas figuras que han pasado por Udine en todo este tiempo (véase Rodrigo De Paul) pareciesen elementos extraños muy por encima del contexto y poco menos que profetas en el desierto. Un desierto que, diez años después, quiere volver a ser vergel.

Imagen de cabecera: @Udinese_1896

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Hay que retrotraerse exactamente una década en el tiempo para encontrarnos con el último Udinese que consiguió clasificarse para la disputa de una competición europea. Por aquel entonces, un técnico muy infravalorado como Francesco Guidolin se sentaba en el banquillo del equipo friulano para dirigir una plantilla que ya había dejado atrás su mayor lustre, pero que contaba con una nómina de jugadores compuesta entre otros por Luis Muriel, Mehdi Benatia, Dusan Basta, Allan o el ahora retornado Roberto Pereyra y liderada por el mito Totò Di Natale.

Hoy, diez años después, el Udinese sigue siendo ese equipo plurinacional hasta el extremo, que basa su éxito en una red de scouting gigantesca, casi tanto como lo eran por número aquellas plantillas de la década pasada, y en el desarrollo y la pronta explosión de sus variopintas apuestas internacionales. Para muestra, los casos de éxito reciente de Destiny Udogie, aún en Udine pero ya traspasado al Tottenham por 25 millones; de Nahuel Molina, vendido al Atlético de Madrid; o de Brandon Soppy, comprado por la Atalanta. La línea a seguir ideal para el club.

El Udinese venía acumulando desde la salida de Guidolin una serie de resultados clasificatorios ramplones, tan ramplones como su juego en un alarde de coherencia que siempre se agradece, y ha coqueteado incluso varias veces con el descenso. La salida de Gabriele Cioffi este verano hacia Verona, en lo que parecía un destino en el que crecer deportivamente en su carrera como entrenador, obligó a la dirigencia bianconera a mover ficha. El elegido fue el exjugador del club Andrea Sottil. Una apuesta bastante arriesgada, ya que el preparador piamontés venía de dos temporadas positivas en el Ascoli de Serie B, pero no había dirigido ni un solo partido en la élite.

El sorprendente resultado ha sido que el Udinese ha vuelto a competir como en sus mejores días y está siendo una piedra en el zapato para las actuales sette sorelle del Calcio, “robándoles”, al menos momentáneamente, una de las plazas europeas que parecían estar preasignadas (no en orden, pero sí en ocupación) antes del inicio del campeonato. Sin embargo, los de Sottil resisten. Y van al alza. Únicamente han perdido en la primera jornada ante el Milan en San Siro y eso que ya se han tenido que enfrentar en este primer cuarto de campeonato a la Fiorentina (1-0), la Roma (4-0), el Inter (3-1), la Atalanta (2-2) y la Lazio (0-0), saliendo siempre muy reforzados.

Liderados en el campo por una versión totalizadora, creativa, madura y responsabilizada de Gerard Deulofeu, el Udinese de Sottil acostumbra a dividir la posesión, pero posee al mismo tiempo un sistema defensivo muy colectivo, físico, agresivo, compacto y proactivo que sabe cómo cerrar su área con ese sistema de tres centrales y carrileros tan en boga. Además, es el tercer equipo tras el Inter y la Fiorentina que mejor presiona en términos porcentuales, alterna de forma muy inteligente momentos de pressing alto, yendo a buscar al rival a su propio campo hombre a hombre, con disposiciones más pragmáticas y cuando recupera el balón no le quema en absoluto, ya que tiene los recursos, las piezas, la calidad y las herramientas para progresar.

Y sabe hacerlo también desde la salida desde atrás. Sottil suele optar por abrir a los centrales de fuera (normalmente el siempre interesante Becao por la derecha, al que está usando en ataque del mismo modo profundo que Gasperini usa a Tolói, y un destacado Nehuén Pérez por la izquierda, fundamentales ambos para el sistema). El objetivo es poder situar bien altos a los carrileros y hacer ancho el campo para dar aire dentro a las recepciones de Deulofeu (playmaker y conector último con el remate) y potenciar la técnica que tienen en la parcela ancha (recomendación del día: prestar atención al talento del joven alemán Lazar Samardzic). No en vano, los del Friuli son el tercer equipo que más regatea de la Serie A, tras el Milan y la Roma.

Por otra parte, el Udinese ha conservado una impronta vertical en ataque que ya lucía los últimos años, aprovechando muy bien las transiciones. Un enfoque que ha permitido al corpulento Beto seguir rindiendo notablemente como principal referencia y finalizador del sistema. Un sistema, por cierto, muy efectivo en estos términos, ya que los bianconeri son el equipo que más rédito le saca a cada disparo entre palos de la Serie A (0.45 goles por remate), lo que se explica a través de otro dato: es el equipo que más pases completa al área gracias a un Deulofeu destacadísimo (líder individual de la liga en esta faceta) que mejora cada acción, suma valor gol y añade liquidez, fluidez, calidad y peligrosidad a cada balón que toca, filtra o centra.

Sería prácticamente una quimera pensar que este Udinese va a resistir hasta el final de temporada en posiciones europeas mientras el resto de los tiburones que nadan a su alrededor le acechan, pero este asombroso salto de nivel durante este primer tramo de la campaña y su condición actual de invitado sorpresa a la parte alta de la tabla, aunque sean transitorios, ya son una gran noticia para un club que se ha pasado la última década sin ser eso mismo, noticia. Sin destacar por ningún aspecto futbolístico destacable, sin acaparar ningún foco extra como colectivo y haciendo que las pocas figuras que han pasado por Udine en todo este tiempo (véase Rodrigo De Paul) pareciesen elementos extraños muy por encima del contexto y poco menos que profetas en el desierto. Un desierto que, diez años después, quiere volver a ser vergel.

Imagen de cabecera: @Udinese_1896

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