_Fútbol Internacional

El hijo de Szoboszlai

En diciembre de 1993, Zsolt cumplía diecinueve años. El joven húngaro luchaba contra sí mismo para alcanzar su sueño de ser futbolista. Había llegado ese mismo año a las categorías inferiores del Videoton, famoso equipo húngaro en el que buscaba poder dejar su impronta y demostrar todo lo que tenía dentro. De alguna manera, el fútbol era su vida. Probablemente no se imaginaba que la historia le tenía reservada una vida dentro del fútbol, pero lejos de los focos de la notoriedad y el éxito, en un fútbol húngaro que no acabó de ver en sus piernas los sueños que había creado su ambición. Solo seis años después, en octubre del año 2000, después de salir del filial del Videoton y pasar por los humildes clubes de Sárbogárd, Csákvár o Tatabánya, a Zsolt le llegó uno de los momentos más trascendentales de su vida: el nacimiento de su hijo Dominik.

En ese momento, sabiendo que el fútbol quizá no le tendría guardado el éxito que sí fue capaz de imaginar, proyectó en la figura de su recién nacido hijo la voluntad de llevarle a lo más alto. Esa relación, esa voluntad, surgiría pocos años después, cuando Dominik pudo empezar a dar patadas a un balón. Su padre no cejaba en el empeño de creer en él, de enseñarle los valores que este deporte podía regalar a quien lo respetaba. Poco a poco, mientras el fútbol de Zsolt se agotaba en diversos clubes húngaros, Dominik iba despertando como el futbolista que podía llegar a ser. Precisamente comenzó en el Videoton, como su padre, pero pronto lo dejaría para jugar en un club fundado por su propio padre pocos años antes de retirarse del fútbol: el Fónix-GOLD. Sus progresos llamaron la atención del MTK de Budapest, que lo captó para su juvenil poco antes de que, en 2017, ojeadores austriacos del conglomerado futbolístico de Red Bull se fijaran en él. Su compromiso, su técnica, su velocidad y su golpeo… Dominik podía superar a su padre.

Lo que no podrían imaginar era que no tardaría en dar el salto desde el equipo satélite del Red Bull Salzburg, el Liefering, al coloso austriaco de la bebida energética. Su talento era abrumador y, pronto, el apellido Szoboszlai dejó de estar unido a ese jugador húngaro que hizo carrera en varios conjuntos en su país, sino a su propio hijo. Dominik Szoboszlai no deja indiferente a nadie. Su calidad y su madurez sobre el terreno de juego han trascendido ya los elogios que múltiples analistas y aficionados hacen de su fútbol. Su golpeo de balón le ha dado alas para mostrarse en todos los escaparates posibles de Europa y el mundo, pero su calidad va más allá de esa precisión de francotirador. Jugador completísimo, con capacidad para regatear, encarar y asistir en el último pase, lidera con holgura el ataque de los suyos y ha acabado por ser el heredero natural de todo el ‘hype’ que dejó con su marcha Erling Braut Haaland en el club austriaco.

Su capacidad para ser líder con apenas la veintena le han otorgado un nivel futbolístico y una trascendencia impropios para su edad. Buena cualidad en la entrega en corto y en largo, buen uso de ambas piernas, polivalente, fulminante a balón parado para asistir o probar suerte… Dominik Szoboszlai se ha aparecido en el momento justo para demostrar que la ambición y confianza que su padre le transmitió están dando sus frutos. Con apenas veinte años, la edad a la que su padre aún jugaba en el filial del antiguo Videoton húngaro, el ‘14’ del Red Bull Salzburg ha liderado de manera brutal a su selección nacional a la Eurocopa de 2021. Hungría, que ya llegó a octavos de final en la Euro de 2016 en Francia, volverá a la competición para intentar asentarse en una rutina internacional que le llegó a un desierto de instrascendencia. Antes de Francia no estuvieron en la competición de desde 1972 y llevan sin ir a un Mundial desde 1986. Quizá, ese sea el mayor sueño de Dominik y de su padre, ver de nuevo a Hungría en un Mundial.

Los de Marco Rossi han encontrado en Szoboszlai a su líder. A ese capitán necesario, que con calidad y con madurez ha conseguido hacerse con las riendas en un equipo que desde sus años dorados se ha dejado ir en el fútbol europeo. La brillantez otrora mostrada en la selección magiar parece resurgir con la oportunidad de aprovechar el talento de un muchacho de Budapest, hijo de un futbolista que quiso serlo hasta el final y que ha vivido su sueño en las botas y en el talento de su hijo.

Imagen de cabecera: Laszlo Szirtesi/Getty Images

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En diciembre de 1993, Zsolt cumplía diecinueve años. El joven húngaro luchaba contra sí mismo para alcanzar su sueño de ser futbolista. Había llegado ese mismo año a las categorías inferiores del Videoton, famoso equipo húngaro en el que buscaba poder dejar su impronta y demostrar todo lo que tenía dentro. De alguna manera, el fútbol era su vida. Probablemente no se imaginaba que la historia le tenía reservada una vida dentro del fútbol, pero lejos de los focos de la notoriedad y el éxito, en un fútbol húngaro que no acabó de ver en sus piernas los sueños que había creado su ambición. Solo seis años después, en octubre del año 2000, después de salir del filial del Videoton y pasar por los humildes clubes de Sárbogárd, Csákvár o Tatabánya, a Zsolt le llegó uno de los momentos más trascendentales de su vida: el nacimiento de su hijo Dominik.

En ese momento, sabiendo que el fútbol quizá no le tendría guardado el éxito que sí fue capaz de imaginar, proyectó en la figura de su recién nacido hijo la voluntad de llevarle a lo más alto. Esa relación, esa voluntad, surgiría pocos años después, cuando Dominik pudo empezar a dar patadas a un balón. Su padre no cejaba en el empeño de creer en él, de enseñarle los valores que este deporte podía regalar a quien lo respetaba. Poco a poco, mientras el fútbol de Zsolt se agotaba en diversos clubes húngaros, Dominik iba despertando como el futbolista que podía llegar a ser. Precisamente comenzó en el Videoton, como su padre, pero pronto lo dejaría para jugar en un club fundado por su propio padre pocos años antes de retirarse del fútbol: el Fónix-GOLD. Sus progresos llamaron la atención del MTK de Budapest, que lo captó para su juvenil poco antes de que, en 2017, ojeadores austriacos del conglomerado futbolístico de Red Bull se fijaran en él. Su compromiso, su técnica, su velocidad y su golpeo… Dominik podía superar a su padre.

Lo que no podrían imaginar era que no tardaría en dar el salto desde el equipo satélite del Red Bull Salzburg, el Liefering, al coloso austriaco de la bebida energética. Su talento era abrumador y, pronto, el apellido Szoboszlai dejó de estar unido a ese jugador húngaro que hizo carrera en varios conjuntos en su país, sino a su propio hijo. Dominik Szoboszlai no deja indiferente a nadie. Su calidad y su madurez sobre el terreno de juego han trascendido ya los elogios que múltiples analistas y aficionados hacen de su fútbol. Su golpeo de balón le ha dado alas para mostrarse en todos los escaparates posibles de Europa y el mundo, pero su calidad va más allá de esa precisión de francotirador. Jugador completísimo, con capacidad para regatear, encarar y asistir en el último pase, lidera con holgura el ataque de los suyos y ha acabado por ser el heredero natural de todo el ‘hype’ que dejó con su marcha Erling Braut Haaland en el club austriaco.

Su capacidad para ser líder con apenas la veintena le han otorgado un nivel futbolístico y una trascendencia impropios para su edad. Buena cualidad en la entrega en corto y en largo, buen uso de ambas piernas, polivalente, fulminante a balón parado para asistir o probar suerte… Dominik Szoboszlai se ha aparecido en el momento justo para demostrar que la ambición y confianza que su padre le transmitió están dando sus frutos. Con apenas veinte años, la edad a la que su padre aún jugaba en el filial del antiguo Videoton húngaro, el ‘14’ del Red Bull Salzburg ha liderado de manera brutal a su selección nacional a la Eurocopa de 2021. Hungría, que ya llegó a octavos de final en la Euro de 2016 en Francia, volverá a la competición para intentar asentarse en una rutina internacional que le llegó a un desierto de instrascendencia. Antes de Francia no estuvieron en la competición de desde 1972 y llevan sin ir a un Mundial desde 1986. Quizá, ese sea el mayor sueño de Dominik y de su padre, ver de nuevo a Hungría en un Mundial.

Los de Marco Rossi han encontrado en Szoboszlai a su líder. A ese capitán necesario, que con calidad y con madurez ha conseguido hacerse con las riendas en un equipo que desde sus años dorados se ha dejado ir en el fútbol europeo. La brillantez otrora mostrada en la selección magiar parece resurgir con la oportunidad de aprovechar el talento de un muchacho de Budapest, hijo de un futbolista que quiso serlo hasta el final y que ha vivido su sueño en las botas y en el talento de su hijo.

Imagen de cabecera: Laszlo Szirtesi/Getty Images

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Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
21-01-2022