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El gran salto de Orsolini

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 17-05-2019

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La llegada de Sinisa Mihajlovic ha supuesto un nuevo paradigma futbolístico para todo el Bologna. Un cambio de escenario radical y una mejoría sustanciosa desde una mentalidad más ambiciosa que ha tenido su mayor eco individual en la piel de Riccardo Orsolini, totalmente infrautilizado por Pippo Inzaghi en la primera mitad de la temporada y exclusivamente reducido a un mero jugador de refresco en las segundas partes. Un Orsolini que, desde la llegada del técnico serbio, ha producido ocho goles de forma directa (cinco tantos y tres asistencias) y se ha convertido en el mayor agitador y en el desequilibrio más amenazante de todo el ataque rossoblù, con un nivel de volumen de ocasiones y determinación que era el que todos esperábamos del joven talento de Ascoli Piceno y que todavía no había conseguido hacer asomar en la Serie A. Hasta ahora, claro.

En los últimos dos meses, Riccardo Orsolini promedia casi tres disparos por partido, de los que dos tercios ven portería, y ocho regates por encuentro, con un 75% de ellos exitosos. Y, además, está encontrado una presencia cada vez más creciente en zonas de gol que el sistema del Bologna está sabiendo potenciar muy bien, con la agresividad de Nicola Sansone por la izquierda atrayendo rivales y el número siete esperando normalmente bien abierto a pie cambiado desde la derecha el cambio de orientación del juego, leyendo muy bien y con agresividad los movimientos con y sin balón y trazando habitualmente la diagonal hacia el arco, que es su movimiento más característico y predilecto. Unos datos que dan buena cuenta de que su electricidad y confianza están ahora mismo y sin lugar a dudas al nivel de los futbolistas más decisivos del Calcio.

Técnico, rápido, con gran pegada de zurda a balón parado, una rosca peligrosísima, una conducción punzante que divide muy bien por el carril central y bastante olfato para leer las zonas a la espalda de la defensa y el segundo palo. A sus 22 años recién cumplidos, Orsolini está aprendiendo a enfatizar su salida hacia cualquiera de los dos perfiles y mejorando en este proceso su confianza con la pierna derecha, sobre todo para poner centros rasos atrás tras regatear a su marcador ya muy hundido hacia la línea de fondo o probar el disparo si le niegan su pie bueno, aunque aún no tanto como para intentar el primer control con la derecha, lo que le daría un plus muy interesante para hacer aún más peligrosas esas recepciones escoradas y con espacio en tres cuartos de cancha, ampliando así mucho más su abanico de opciones y su ya de por sí loable visión periférica y su aptitud para apoyarse en corto, para recibir, atraer, soltar y volver a desmarcarse.

El canterano del Ascoli ha sabido dejar de lado desde sus días en el club bianconero en la Serie B su vertiente efectista más exacerbado para pasar a focalizarse mucho más y con sapiencia en la finalización, en la productividad, en la lectura de las situaciones, en la inteligencia de sus movimientos. Una comprensión mayor del juego que se suma a una fisonomía que le permite, con sus pasos cortos, sus 183 centímetros de altura y su potente tren inferior, proteger muy bien el balón, cambiar de dirección de forma repentina en carrera, ser muy difícil de desplazar cuando arranca y, en definitiva, erigirse con todo ello en un futbolista muy difícil de defender en los duelos individuales, tanto en carrera, como también en parado, aunque es cierto que sigue siendo un jugador más devastador en transiciones por su potencia, desborde y aceleración.

Sinisa Mihajlovic lo ha entendido a las mil maravillas y ha invertido trabajo, tiempo y recursos tácticos para mejorarle el contexto porque sabe perfectamente que es el futbolista más decisivo que tiene en plantilla, especialmente para hacerle llegar el cuero con espacios que explotar por delante. A pesar de no ser especialmente imaginativo con el balón en los pies, Orsolini nunca pierde de vista el balón, permanece siempre conectado al juego, a la potencial línea de pase que va a producirse inmediatamente, para reaccionar bastantes décimas antes del defensor y llegar con ventaja. Un olfato y un sentido de la oportunidad que seguirá beneficiando a sus cifras y, por tanto, a su caché. Su talento, en este sentido, va más en la línea de características más directas y físicas y no tanto hacia una creatividad más sedosa y con más poso y pausa con el balón. Es más un perfil Chiesa o Kean que un Bernardeschi o un Insigne, para entendernos. Orsolini necesita ritmo y un físico a punto para rendir al máximo de sus posibilidades, que son máximas, valga la redundancia.

El extremo de los felsinei sigue siendo propiedad de la Juventus, que lo reclutó del Ascoli en 2017, aunque nunca ha formado parte de la plantilla bianconera. Algo que puede cambiar este verano. El Bologna posee una opción de compra que a buen seguro ejercerá, pero, a su vez, la Juve la tiene de recompra poniendo siete millones, algo que, dada su revalorización definitiva, parece probable que también acometerán, ya sea para incluirlo en alguna otra operación o para quedárselo definitivamente. Una decisión, esta última, que tendría muchísimo sentido, ya que la plantilla de los de Turín no va en absoluto sobrada del mix de desborde, chispa, vértigo, dinamismo, ruptura, pegada y gol que Orsolini está haciendo florecer como nunca había hecho en este último tramo del curso en el Renato Dall’Ara. Las mismas virtudes que Orsolini está perfectamente capacitado para aportar incluso en un club tan potente y en una plantilla tan poderosa como lo volverá a ser la de la Juventus. La mejor muestra de su crecimiento y de la fuerza de la confirmación de su potencial en la élite en estos meses de competición es precisamente que esa posibilidad sea real.

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La llegada de Sinisa Mihajlovic ha supuesto un nuevo paradigma futbolístico para todo el Bologna. Un cambio de escenario radical y una mejoría sustanciosa desde una mentalidad más ambiciosa que ha tenido su mayor eco individual en la piel de Riccardo Orsolini, totalmente infrautilizado por Pippo Inzaghi en la primera mitad de la temporada y exclusivamente reducido a un mero jugador de refresco en las segundas partes. Un Orsolini que, desde la llegada del técnico serbio, ha producido ocho goles de forma directa (cinco tantos y tres asistencias) y se ha convertido en el mayor agitador y en el desequilibrio más amenazante de todo el ataque rossoblù, con un nivel de volumen de ocasiones y determinación que era el que todos esperábamos del joven talento de Ascoli Piceno y que todavía no había conseguido hacer asomar en la Serie A. Hasta ahora, claro.

En los últimos dos meses, Riccardo Orsolini promedia casi tres disparos por partido, de los que dos tercios ven portería, y ocho regates por encuentro, con un 75% de ellos exitosos. Y, además, está encontrado una presencia cada vez más creciente en zonas de gol que el sistema del Bologna está sabiendo potenciar muy bien, con la agresividad de Nicola Sansone por la izquierda atrayendo rivales y el número siete esperando normalmente bien abierto a pie cambiado desde la derecha el cambio de orientación del juego, leyendo muy bien y con agresividad los movimientos con y sin balón y trazando habitualmente la diagonal hacia el arco, que es su movimiento más característico y predilecto. Unos datos que dan buena cuenta de que su electricidad y confianza están ahora mismo y sin lugar a dudas al nivel de los futbolistas más decisivos del Calcio.

Técnico, rápido, con gran pegada de zurda a balón parado, una rosca peligrosísima, una conducción punzante que divide muy bien por el carril central y bastante olfato para leer las zonas a la espalda de la defensa y el segundo palo. A sus 22 años recién cumplidos, Orsolini está aprendiendo a enfatizar su salida hacia cualquiera de los dos perfiles y mejorando en este proceso su confianza con la pierna derecha, sobre todo para poner centros rasos atrás tras regatear a su marcador ya muy hundido hacia la línea de fondo o probar el disparo si le niegan su pie bueno, aunque aún no tanto como para intentar el primer control con la derecha, lo que le daría un plus muy interesante para hacer aún más peligrosas esas recepciones escoradas y con espacio en tres cuartos de cancha, ampliando así mucho más su abanico de opciones y su ya de por sí loable visión periférica y su aptitud para apoyarse en corto, para recibir, atraer, soltar y volver a desmarcarse.

El canterano del Ascoli ha sabido dejar de lado desde sus días en el club bianconero en la Serie B su vertiente efectista más exacerbado para pasar a focalizarse mucho más y con sapiencia en la finalización, en la productividad, en la lectura de las situaciones, en la inteligencia de sus movimientos. Una comprensión mayor del juego que se suma a una fisonomía que le permite, con sus pasos cortos, sus 183 centímetros de altura y su potente tren inferior, proteger muy bien el balón, cambiar de dirección de forma repentina en carrera, ser muy difícil de desplazar cuando arranca y, en definitiva, erigirse con todo ello en un futbolista muy difícil de defender en los duelos individuales, tanto en carrera, como también en parado, aunque es cierto que sigue siendo un jugador más devastador en transiciones por su potencia, desborde y aceleración.

Sinisa Mihajlovic lo ha entendido a las mil maravillas y ha invertido trabajo, tiempo y recursos tácticos para mejorarle el contexto porque sabe perfectamente que es el futbolista más decisivo que tiene en plantilla, especialmente para hacerle llegar el cuero con espacios que explotar por delante. A pesar de no ser especialmente imaginativo con el balón en los pies, Orsolini nunca pierde de vista el balón, permanece siempre conectado al juego, a la potencial línea de pase que va a producirse inmediatamente, para reaccionar bastantes décimas antes del defensor y llegar con ventaja. Un olfato y un sentido de la oportunidad que seguirá beneficiando a sus cifras y, por tanto, a su caché. Su talento, en este sentido, va más en la línea de características más directas y físicas y no tanto hacia una creatividad más sedosa y con más poso y pausa con el balón. Es más un perfil Chiesa o Kean que un Bernardeschi o un Insigne, para entendernos. Orsolini necesita ritmo y un físico a punto para rendir al máximo de sus posibilidades, que son máximas, valga la redundancia.

El extremo de los felsinei sigue siendo propiedad de la Juventus, que lo reclutó del Ascoli en 2017, aunque nunca ha formado parte de la plantilla bianconera. Algo que puede cambiar este verano. El Bologna posee una opción de compra que a buen seguro ejercerá, pero, a su vez, la Juve la tiene de recompra poniendo siete millones, algo que, dada su revalorización definitiva, parece probable que también acometerán, ya sea para incluirlo en alguna otra operación o para quedárselo definitivamente. Una decisión, esta última, que tendría muchísimo sentido, ya que la plantilla de los de Turín no va en absoluto sobrada del mix de desborde, chispa, vértigo, dinamismo, ruptura, pegada y gol que Orsolini está haciendo florecer como nunca había hecho en este último tramo del curso en el Renato Dall’Ara. Las mismas virtudes que Orsolini está perfectamente capacitado para aportar incluso en un club tan potente y en una plantilla tan poderosa como lo volverá a ser la de la Juventus. La mejor muestra de su crecimiento y de la fuerza de la confirmación de su potencial en la élite en estos meses de competición es precisamente que esa posibilidad sea real.

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