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El Gran Premio de la espantada

Abraham Marqués @AbrahamMarques_ 01-11-2019

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Fórmula 1

19 de junio de 2005. La Fórmula 1 aterrizaba en Estados Unidos para disputar el noveno Gran Premio de la temporada en el circuito de Indianapolis. Esta cita llevaba ininterrumpidamente en el calendario desde el año 2000 con la misma configuración de la pista, pero el diseño de esta iba a suponer uno de los mayores escándalos de la categoría. Y todo por una elección errónea del diseño de los neumáticos.

En 2005, el reglamento solo permitía cambiar los compuestos durante la carrera por pinchazo o algún tipo de fallo que pusiera en peligro la seguridad. Existían dos suministradores de gomas: Bridgestone y Michelin. Los primeros, suministraban a Ferrari, Minardi y Jordan. Los franceses, al resto de los siete equipos.

Los entrenamientos del viernes hicieron saltar todas las alarmas saltaron cuando Ralf Schumacher se fue contra el muro en la curva 13 del circuito. Esta pertenece a la configuración de óvalo de Indianápolis y está bastante peraltada. Este peralte generaba unas fuerzas laterales que los neumáticos Michelin no eran capaces de absorber sin poner en riesgo la estructura de la goma. Tras algunos estudios, el suministrador de neumáticos argumentó que solo podían asegurar que sus neumáticos serían seguros en las 10 primeras vueltas de su vida. La situación era muy complicada teniendo en cuenta que no estaba permitido el cambio de ruedas y que la carrera tenía una duración de 73 vueltas.

A partir de este momento, comenzó el desconcierto. Un desconcierto que iba a durar todo lo que restaba de Gran Premio y que lo iba a colocar en una de las páginas más negras de este deporte. Los equipos suministrados por Michelin se negaban a participar en la carrera en estas condiciones tras ver como todos tenían grandes problemas en sus neumáticos. No iban a poner en riesgo a sus pilotos y pidieron que se tomaran medidas.

Tras una reunión el domingo por la mañana, los equipos acordaron modificar la curva 13 colocando una chicane para que los monoplazas fueran a menor velocidad. Lo aprobaron todos salvo Ferrari, los cuales ni fueron a la reunión porque decían que ese problema no era asunto suyo.

Este acuerdo tenía más inconvenientes. Colocar una chicane alteraría la configuración del circuito que había homologado la FIA, por lo que no tendrían su aprobación para disputar la carrera. Argumentaron que esta modificación podía generar otros graves problemas de seguridad. Tras la negación, se llegó a plantear incluso disputar la carrera fuera del campeonato oficial de la Fórmula 1, para así poder tomar medidas que no les dejaban desde la competición.

Tras una intensísima mañana de domingo, llegó la hora de la carrera y no se había llegado a ninguna solución que solucionara los graves problemas de seguridad. Todos los equipos colocaron sus monoplazas en la parrilla de salida, pero se avecinaba la gran espantada. Los equipos con neumáticos Michelin decidieron realizar solo la vuelta de formación y retirar sus monoplazas.

Esta imagen fue bastante impactante. 14 de los 20 monoplazas de la parrilla entraban en la calle de boxes justo cuando se iba a dar la salida del Gran Premio. Esto dejó lugar a la insólita situación de seis monoplazas esperando a que se apagara el semáforo para que comenzara la carrera.

La carrera perdió todo interés y los aficionados que se habían desplazado hasta Indianapolis estaban muy indignados con lo que estaban viendo. Tal fue el descontento que llegaron a tirar botellas de agua y latas de cerveza a la pista. Michelin decidió compensar a todos ellos pagándole el coste de la entrada al Gran Premio y comprando, además, 20000 localidades para el siguiente año. En España, Telecinco decidió cortar la retransmisión, ya que consideraban que eso no era un Gran Premio de Fórmula 1. 

La mala elección de compuestos por parte de Michelin propició a uno de los desconciertos más grandes vividos en la historia de este deporte donde la tecnología siempre ha estado a la vanguardia de la ingeniería. Ni los franceses ni la categoría supieron darle a una solución a este problema, el cual dio una terrible imagen de la Fórmula 1 en todo el mundo y, en especial, en Estados Unidos. Afortunadamente, no hemos tenido que volver a lamentar un esperpento como el que se vivió este domingo de 2005 en Indianapolis.

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19 de junio de 2005. La Fórmula 1 aterrizaba en Estados Unidos para disputar el noveno Gran Premio de la temporada en el circuito de Indianapolis. Esta cita llevaba ininterrumpidamente en el calendario desde el año 2000 con la misma configuración de la pista, pero el diseño de esta iba a suponer uno de los mayores escándalos de la categoría. Y todo por una elección errónea del diseño de los neumáticos.

En 2005, el reglamento solo permitía cambiar los compuestos durante la carrera por pinchazo o algún tipo de fallo que pusiera en peligro la seguridad. Existían dos suministradores de gomas: Bridgestone y Michelin. Los primeros, suministraban a Ferrari, Minardi y Jordan. Los franceses, al resto de los siete equipos.

Los entrenamientos del viernes hicieron saltar todas las alarmas saltaron cuando Ralf Schumacher se fue contra el muro en la curva 13 del circuito. Esta pertenece a la configuración de óvalo de Indianápolis y está bastante peraltada. Este peralte generaba unas fuerzas laterales que los neumáticos Michelin no eran capaces de absorber sin poner en riesgo la estructura de la goma. Tras algunos estudios, el suministrador de neumáticos argumentó que solo podían asegurar que sus neumáticos serían seguros en las 10 primeras vueltas de su vida. La situación era muy complicada teniendo en cuenta que no estaba permitido el cambio de ruedas y que la carrera tenía una duración de 73 vueltas.

A partir de este momento, comenzó el desconcierto. Un desconcierto que iba a durar todo lo que restaba de Gran Premio y que lo iba a colocar en una de las páginas más negras de este deporte. Los equipos suministrados por Michelin se negaban a participar en la carrera en estas condiciones tras ver como todos tenían grandes problemas en sus neumáticos. No iban a poner en riesgo a sus pilotos y pidieron que se tomaran medidas.

Tras una reunión el domingo por la mañana, los equipos acordaron modificar la curva 13 colocando una chicane para que los monoplazas fueran a menor velocidad. Lo aprobaron todos salvo Ferrari, los cuales ni fueron a la reunión porque decían que ese problema no era asunto suyo.

Este acuerdo tenía más inconvenientes. Colocar una chicane alteraría la configuración del circuito que había homologado la FIA, por lo que no tendrían su aprobación para disputar la carrera. Argumentaron que esta modificación podía generar otros graves problemas de seguridad. Tras la negación, se llegó a plantear incluso disputar la carrera fuera del campeonato oficial de la Fórmula 1, para así poder tomar medidas que no les dejaban desde la competición.

Tras una intensísima mañana de domingo, llegó la hora de la carrera y no se había llegado a ninguna solución que solucionara los graves problemas de seguridad. Todos los equipos colocaron sus monoplazas en la parrilla de salida, pero se avecinaba la gran espantada. Los equipos con neumáticos Michelin decidieron realizar solo la vuelta de formación y retirar sus monoplazas.

Esta imagen fue bastante impactante. 14 de los 20 monoplazas de la parrilla entraban en la calle de boxes justo cuando se iba a dar la salida del Gran Premio. Esto dejó lugar a la insólita situación de seis monoplazas esperando a que se apagara el semáforo para que comenzara la carrera.

La carrera perdió todo interés y los aficionados que se habían desplazado hasta Indianapolis estaban muy indignados con lo que estaban viendo. Tal fue el descontento que llegaron a tirar botellas de agua y latas de cerveza a la pista. Michelin decidió compensar a todos ellos pagándole el coste de la entrada al Gran Premio y comprando, además, 20000 localidades para el siguiente año. En España, Telecinco decidió cortar la retransmisión, ya que consideraban que eso no era un Gran Premio de Fórmula 1. 

La mala elección de compuestos por parte de Michelin propició a uno de los desconciertos más grandes vividos en la historia de este deporte donde la tecnología siempre ha estado a la vanguardia de la ingeniería. Ni los franceses ni la categoría supieron darle a una solución a este problema, el cual dio una terrible imagen de la Fórmula 1 en todo el mundo y, en especial, en Estados Unidos. Afortunadamente, no hemos tenido que volver a lamentar un esperpento como el que se vivió este domingo de 2005 en Indianapolis.

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