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El fútbol, la excusa perfecta para viajar a Italia

Javier Siñeriz @jsineriz96 13-09-2018

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Estoy enfermo por el fútbol, lo reconozco. A mis 22 años no tengo ningún
problema en reconocer que la mayoría de mi vida gira en torno a este
maravilloso deporte. Y, como no podía ser de otra manera, cuando viajo pienso
en fútbol. Lo más curioso es que desde hace unos años solo organizo viajes en
los que pueda ver fútbol en directo. Antes, me conformaba con visitar los
estadios de las ciudades a las que iba y comprar una bufanda como recuerdo. Sin
embargo, mis viajes ya no son lo mismo si no veo fútbol. Por ello, en mi último
viaje a Italia no deje escapar la oportunidad de ver en primera persona cómo
vive este deporte uno de los países más pasionales.

EL objetivo del viaje era ver la mayor cantidad de partidos posible. Echando
cuentas mientras preparaba el viaje me di cuenta de que, como mucho, iba a
poder ver dos partidos. Sin embargo, durante los preparativos ya vi que no todo
iba a salir a pedir de boca. El partido que tenía más ganas de ver era el Milan-Roma.
Por ello, saqué los billetes de avión de ida y vuelta a la capital de
Lombardía. Ahí comenzaron los problemas, el Milan-Roma fue programado para el
viernes 31 y mi avión salía el sábado 1 a primera hora. Desde ese momento me
puse a mover cielo y tierra para conseguir dos partidos. Primero lo intenté con
el Parma-Juve, pero el club recién ascendido a la Serie A no sacó entradas a la
venta por Internet.

Pese a todos los problemas que me estaba encontrando, no me di por vencido.
Calculé tiempos, vi rutas de trenes, miré mi bolsillo… Finalmente decidí
comprar entradas para dos partidos. El Bolonia-Inter que se jugaba el sábado 1
en el espectacular Renato Dall´Ara y el Fiorentina-Udinese que se jugaba al día
siguiente en el Artemio Franchi de Florencia. El viaje estaba ya cerrado,
billetes de avión y de tren, alojamiento, entradas y la ruta perfectamente
diseñada para que el viaje fuera perfecto. Pero, por desgracia, los problemas
no habían acabado ahí.

Una vez en Bolonia tenía 40 minutos escasos para llegar al estadio. Yo,
como gran aficionado a la fotografía y con el objetivo de captar la esencia del
fútbol italiano, iba con mi cámara y mis objetivos a cuestas. Esa iba a ser mi
perdición. Cuando llegué a la puerta del estadio por la que tenía que entrar,
los miembros de seguridad me echaron para atrás alegando que “si ese objeto se
lanzaba podría provocar un gran daño”. Lo curioso es que delante de mí estaban
entrando seguidores del Inter con documentos de identidad o bien falsos o bien
que no eran los suyos. Hay que recordar que en Italia las entradas son
nominativas, sin documento de identidad no se puede pasar.

En fin, la seguridad del Bolonia no me dio ninguna alternativa para poder
ver el partido. Ni una consigna dentro del estadio, ni que los miembros de
seguridad me guardaran la cámara, nada. Por esa minucia me quedé sin ver un
estadio que, desde fuera tenía una pinta espectacular. Aproveché el tiempo en
visitar la ciudad y descansar para el día siguiente. Tocaba ver Florencia un
lugar que no iba a defraudar. 

Según sales de la estación de Santa María Novella te das cuenta de la
magnitud de la ciudad de Florencia. Un paseo por el centro, y más para un
aficionado a la fotografía como ya he dicho antes que soy, se convierte en un
deleite continuo. Fachadas espectaculares, cúpulas impresionantes, plazas
imponentes y un gran trajín por las calles de la ciudad. Mientras avanzaba el
día, el ambiente de partido iba llegando. Aficionados visitantes disfrutando de
la ciudad mientras que los locales se juntaban con sus amigos para cumplir con
las rutinas típicas de un día de partido.

Llegó la hora de ir al Artemio Franchi, un estadio antiguo, pero con un
aroma a fútbol espectacular. Los alrededores del coliseo fiorentino estaban
repletos de aficionados que disfrutaban de la previa bebiendo, comiendo y
disfrutando con sus más allegados. Una vez dentro del estadio, el ambiente se
convirtió en algo inolvidable. Ánimos constantes de la grada, cánticos
dedicados al gran capitán, Davide Astori, y una locura imposible de definir
cuando Benassi marcó el único gol del partido. La afición de la Fiorentina se
volvió loca con un gol que les daba la victoria en el segundo partido de liga.
Abrazos, saltos y gritos llenaron un estadio que parecía que se iba a caer. Ese
ambiente me dejó prendado.

Pese a mi afición por la Roma, la Fiorentina y su afición se ganaron un
lugar privilegiado en mi corazón futbolero después de lo que vi en ese
Fiorentina-Udinese del pasado 2 de septiembre. Mi viaje por Italia continuó,
pero el fútbol se quedó en Florencia. Cuando estaba volviendo a Milán ya estaba
pensando en cuál iba a ser mi próximo viaje futbolero. Tengo muchas ideas en
mente, pero todavía no he tomado una decisión firme. ¿Birmingham? ¿Toulouse?
¿Estocolmo? ¿Atenas? ¿Belgrado? Muchas son las ciudades que quiero visitar para
disfrutar de su fútbol y de su ambiente. El lugar no lo sé, lo que es seguro es
que repetiré un viaje como este y a mi vuelta volveré a narrar mi experiencia. 

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Estoy enfermo por el fútbol, lo reconozco. A mis 22 años no tengo ningún
problema en reconocer que la mayoría de mi vida gira en torno a este
maravilloso deporte. Y, como no podía ser de otra manera, cuando viajo pienso
en fútbol. Lo más curioso es que desde hace unos años solo organizo viajes en
los que pueda ver fútbol en directo. Antes, me conformaba con visitar los
estadios de las ciudades a las que iba y comprar una bufanda como recuerdo. Sin
embargo, mis viajes ya no son lo mismo si no veo fútbol. Por ello, en mi último
viaje a Italia no deje escapar la oportunidad de ver en primera persona cómo
vive este deporte uno de los países más pasionales.

EL objetivo del viaje era ver la mayor cantidad de partidos posible. Echando
cuentas mientras preparaba el viaje me di cuenta de que, como mucho, iba a
poder ver dos partidos. Sin embargo, durante los preparativos ya vi que no todo
iba a salir a pedir de boca. El partido que tenía más ganas de ver era el Milan-Roma.
Por ello, saqué los billetes de avión de ida y vuelta a la capital de
Lombardía. Ahí comenzaron los problemas, el Milan-Roma fue programado para el
viernes 31 y mi avión salía el sábado 1 a primera hora. Desde ese momento me
puse a mover cielo y tierra para conseguir dos partidos. Primero lo intenté con
el Parma-Juve, pero el club recién ascendido a la Serie A no sacó entradas a la
venta por Internet.

Pese a todos los problemas que me estaba encontrando, no me di por vencido.
Calculé tiempos, vi rutas de trenes, miré mi bolsillo… Finalmente decidí
comprar entradas para dos partidos. El Bolonia-Inter que se jugaba el sábado 1
en el espectacular Renato Dall´Ara y el Fiorentina-Udinese que se jugaba al día
siguiente en el Artemio Franchi de Florencia. El viaje estaba ya cerrado,
billetes de avión y de tren, alojamiento, entradas y la ruta perfectamente
diseñada para que el viaje fuera perfecto. Pero, por desgracia, los problemas
no habían acabado ahí.

Una vez en Bolonia tenía 40 minutos escasos para llegar al estadio. Yo,
como gran aficionado a la fotografía y con el objetivo de captar la esencia del
fútbol italiano, iba con mi cámara y mis objetivos a cuestas. Esa iba a ser mi
perdición. Cuando llegué a la puerta del estadio por la que tenía que entrar,
los miembros de seguridad me echaron para atrás alegando que “si ese objeto se
lanzaba podría provocar un gran daño”. Lo curioso es que delante de mí estaban
entrando seguidores del Inter con documentos de identidad o bien falsos o bien
que no eran los suyos. Hay que recordar que en Italia las entradas son
nominativas, sin documento de identidad no se puede pasar.

En fin, la seguridad del Bolonia no me dio ninguna alternativa para poder
ver el partido. Ni una consigna dentro del estadio, ni que los miembros de
seguridad me guardaran la cámara, nada. Por esa minucia me quedé sin ver un
estadio que, desde fuera tenía una pinta espectacular. Aproveché el tiempo en
visitar la ciudad y descansar para el día siguiente. Tocaba ver Florencia un
lugar que no iba a defraudar. 

Según sales de la estación de Santa María Novella te das cuenta de la
magnitud de la ciudad de Florencia. Un paseo por el centro, y más para un
aficionado a la fotografía como ya he dicho antes que soy, se convierte en un
deleite continuo. Fachadas espectaculares, cúpulas impresionantes, plazas
imponentes y un gran trajín por las calles de la ciudad. Mientras avanzaba el
día, el ambiente de partido iba llegando. Aficionados visitantes disfrutando de
la ciudad mientras que los locales se juntaban con sus amigos para cumplir con
las rutinas típicas de un día de partido.

Llegó la hora de ir al Artemio Franchi, un estadio antiguo, pero con un
aroma a fútbol espectacular. Los alrededores del coliseo fiorentino estaban
repletos de aficionados que disfrutaban de la previa bebiendo, comiendo y
disfrutando con sus más allegados. Una vez dentro del estadio, el ambiente se
convirtió en algo inolvidable. Ánimos constantes de la grada, cánticos
dedicados al gran capitán, Davide Astori, y una locura imposible de definir
cuando Benassi marcó el único gol del partido. La afición de la Fiorentina se
volvió loca con un gol que les daba la victoria en el segundo partido de liga.
Abrazos, saltos y gritos llenaron un estadio que parecía que se iba a caer. Ese
ambiente me dejó prendado.

Pese a mi afición por la Roma, la Fiorentina y su afición se ganaron un
lugar privilegiado en mi corazón futbolero después de lo que vi en ese
Fiorentina-Udinese del pasado 2 de septiembre. Mi viaje por Italia continuó,
pero el fútbol se quedó en Florencia. Cuando estaba volviendo a Milán ya estaba
pensando en cuál iba a ser mi próximo viaje futbolero. Tengo muchas ideas en
mente, pero todavía no he tomado una decisión firme. ¿Birmingham? ¿Toulouse?
¿Estocolmo? ¿Atenas? ¿Belgrado? Muchas son las ciudades que quiero visitar para
disfrutar de su fútbol y de su ambiente. El lugar no lo sé, lo que es seguro es
que repetiré un viaje como este y a mi vuelta volveré a narrar mi experiencia. 

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