_Fútbol Internacional

El éxito del Frankfurt

Cuando la marea del Eintracht aterrizó en Barcelona, amenazando las rutinas de los habitantes de la ciudad condal, muchos nos tomamos a los alemanes como un cuadro visceral que soñaba, pero que no iba a ganar la Europa League. El argumento más claro era que el equipo de Oliver Glasner tenía que enfrentarse al FC Barcelona de un Xavi Hernández que se estaba comiendo el mundo. Hasta que los catalanes salieron al verde de su coliseo y se dieron cuenta de una realidad durísima: gran parte de su gente prefería irse de semana santa y dejar sus entradas a sus rivales. Ahí, los teóricamente visitantes aquella noche, comenzaron a ganar esta Europa League tan bonita.

El éxito de este equipo es un acto de fe: en su liga han acabado más cerca de los puestos de descenso que de los europeos. La racha en la segunda competición continental llevó al Frankfurt a centrarse en lo que ocurría los jueves por la noche. Lo que le ocurre a cualquier universitario medio. El caso es que la plantilla capitaneada por Kevin Trapp desde atrás, un guardameta espectacular, y elevada por los Kostic, Borré y compañía ha vuelto al centro de los debates del balompié europeo. Por supuesto, el premio es doble: disputar la Champions League se asemeja a que te toque la lotería.

Como en todas las finales, es imposible no empatizar con los perdedores. La historia del Rangers Football Club, obligado a refundarse en 2012 por problemas económicos, tiene un punto de tragedia shakesperiana. Los de Ibrox han ido progresando paso a paso, ascenso a ascenso, hasta plantarse en una final europea en un curso extraño. Hay que tener en cuenta que Steven Gerrard dimitió a mitad de camino para irse al Aston Villa. Así es el balompié escocés, que lleva 40 años ya sin títulos europeos. La última vez que un conjunto de Escocia levantó un trofeo continental Sir Alex Ferguson era simplemente Alex Ferguson y entrenaba al Aberdeen, que era capaz de ganar al Real Madrid una final europea: la de la Recopa. Me explota la cabeza.

El subcampeonato de los de Glasgow es un premio para el futuro de una liga que lamentablemente está de capa caída. El dominio de Celtic y Rangers contrasta con el casi amateurismo de muchos de los conjuntos con los que comparten la competición. Ojalá próximamente haya otros proyectos que puedan hacer sombra a los dos mastodontes que tiranizan el fútbol nacional. Cabe recordar que en el pasado siglo el Dundee United, que no es de los más grandes allí, fue capaz de superar al Barça en las cuatro ocasiones en la que se enfrentaron. Ojalá, aunque me temo que no, este sea un punto de inflexión para que la querida historia vuelva a dar un giro de 180 grados, para que resurjan los escoceses. Seguro que si alguna entidad quiere molestar ya llegarán los aristócratas de la Superliga para evitarlo. Es el deporte que nos ha tocado vivir.

Imagen de cabecera: @europaleague

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Cuando la marea del Eintracht aterrizó en Barcelona, amenazando las rutinas de los habitantes de la ciudad condal, muchos nos tomamos a los alemanes como un cuadro visceral que soñaba, pero que no iba a ganar la Europa League. El argumento más claro era que el equipo de Oliver Glasner tenía que enfrentarse al FC Barcelona de un Xavi Hernández que se estaba comiendo el mundo. Hasta que los catalanes salieron al verde de su coliseo y se dieron cuenta de una realidad durísima: gran parte de su gente prefería irse de semana santa y dejar sus entradas a sus rivales. Ahí, los teóricamente visitantes aquella noche, comenzaron a ganar esta Europa League tan bonita.

El éxito de este equipo es un acto de fe: en su liga han acabado más cerca de los puestos de descenso que de los europeos. La racha en la segunda competición continental llevó al Frankfurt a centrarse en lo que ocurría los jueves por la noche. Lo que le ocurre a cualquier universitario medio. El caso es que la plantilla capitaneada por Kevin Trapp desde atrás, un guardameta espectacular, y elevada por los Kostic, Borré y compañía ha vuelto al centro de los debates del balompié europeo. Por supuesto, el premio es doble: disputar la Champions League se asemeja a que te toque la lotería.

Como en todas las finales, es imposible no empatizar con los perdedores. La historia del Rangers Football Club, obligado a refundarse en 2012 por problemas económicos, tiene un punto de tragedia shakesperiana. Los de Ibrox han ido progresando paso a paso, ascenso a ascenso, hasta plantarse en una final europea en un curso extraño. Hay que tener en cuenta que Steven Gerrard dimitió a mitad de camino para irse al Aston Villa. Así es el balompié escocés, que lleva 40 años ya sin títulos europeos. La última vez que un conjunto de Escocia levantó un trofeo continental Sir Alex Ferguson era simplemente Alex Ferguson y entrenaba al Aberdeen, que era capaz de ganar al Real Madrid una final europea: la de la Recopa. Me explota la cabeza.

El subcampeonato de los de Glasgow es un premio para el futuro de una liga que lamentablemente está de capa caída. El dominio de Celtic y Rangers contrasta con el casi amateurismo de muchos de los conjuntos con los que comparten la competición. Ojalá próximamente haya otros proyectos que puedan hacer sombra a los dos mastodontes que tiranizan el fútbol nacional. Cabe recordar que en el pasado siglo el Dundee United, que no es de los más grandes allí, fue capaz de superar al Barça en las cuatro ocasiones en la que se enfrentaron. Ojalá, aunque me temo que no, este sea un punto de inflexión para que la querida historia vuelva a dar un giro de 180 grados, para que resurjan los escoceses. Seguro que si alguna entidad quiere molestar ya llegarán los aristócratas de la Superliga para evitarlo. Es el deporte que nos ha tocado vivir.

Imagen de cabecera: @europaleague