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El día que cambió la historia del béisbol

César Martín @CesarMrtn 03-01-2020

3 de enero de 1920 es una fecha que todos los fans de los New York Yankees deberían tener grabada en su memoria. Ese día el equipo de El Bronx hizo oficial la contratación de un pitcher y outfielder de los Boston Red Sox conocido como Babe Ruth. La historia de los Yankees en particular y del béisbol en general cambió para siempre.

Los Yankees eran el tercer equipo en discordia del béisbol neoyorquino. Establecidos en la Gran Manzana desde 1903, su popularidad estaba muy lejos de la de los Brooklyn Dodgers (en aquella época conocidos como Robins) y, sobre todo, los New York Giants. La afluencia a las gradas de los Polo Grounds, estadio que los Yankees compartían con los Giants, con suerte superaba los 350.000 espectadores a lo largo de la temporada.

En 1919, los Yankees se quedaron relativamente cerca de ganar el banderín de la liga americana: finalizaron terceros, a siete partidos y medio de los Chicago White Sox, el equipo que amañó la Serie Mundial de ese año ante los Cincinnati Reds. El dueño de los Yanks, Jacob Ruppert, le preguntó al mánager Miller Huggins sobre las necesidades del equipo. Su repuesta fue muy sencilla: Trae a Babe Ruth de Boston.

Ruth tenía veinticuatro años y llevaba seis temporadas en la MLB, todas ellas en los Boston Red Sox. Ya era tricampeón de la Serie Mundial y estaba considerado una de las estrellas del béisbol estadounidense. Destacaba como lanzador, pero ya llevaba un tiempo forjando su reputación de extraordinario bateador. En una época en la que ver home runs era algo poco habitual (la Era de la Bola Muerta), Babe los hacía con una facilidad asombrosa. Sin embargo, el Bambino (su segundo apodo más famoso) no estaba del todo satisfecho con su situación en el equipo de Massachusetts y pidió que le doblaran el salario, que era de unos 10.000 dólares al año. No lo consiguió.

Harry Frazee, el propietario de los Red Sox desde 1916, tenía su actividad económica principal en los musicales. Cuando Ruth le reclamó un aumento, temió que otros jugadores siguieran el mismo camino. Eso, sumado al siempre complicado carácter de su pitcher (amenazó con dedicarse a otras cosas como el boxeo o la interpretación), hizo que Frazee abriera las puertas de su despacho para negociar por él.

Por imperativo del presidente de la liga americana, los Red Sox sólo podían negociar con dos equipos: White Sox y Yankees. Los de Chicago, en medio del runrún que estaba causando su derrota en la Serie Mundial, ofrecieron a Shoeless Joe Jackson y 60.000 dólares. Los de Nueva York, gracias a que Jacob Ruppert sabía que Frazee necesitaba dinero para costear sus producciones de Broadway, ofrecieron la cifra récord de 125.000 dólares. Así, el 26 de diciembre de 1919, Ruppert y Frazee sellaron el traspaso del contrato de Babe Ruth. El jugador obtuvo una prima de 20.000 dólares por el fichaje, que se hizo oficial una semana después. Nadie lo sabía, pero el destino de los equipos implicados y del propio béisbol no volvería a ser el mismo.

La prensa de Boston tuvo sus dudas con la operación, pero ni de lejos se imaginaban que le saldría tan mal a los de Fenway Park. Los Red Sox eran el equipo dominante de la MLB: en su palmarés figuraban ya cinco Series Mundiales en apenas quince años. Las tres últimas, con Ruth en sus filas. En la cuna de la Revolución Estadounidense se acordarían durante décadas del título de 1918, ya que no volverían a ganar uno… ¡hasta 2004! Una sequía de 86 años que pasó a la historia como La Maldición del Bambino y que fue (y sigue siendo) el eje de la rivalidad Red Sox-Yankees, una de las más intensas del deporte norteamericano.

El efecto Babe Ruth en la Gran Manzana fue instantáneo. Verle batear era algo digno de presenciar en vivo y la asistencia de público al ballpark de los Yankees se duplicó de un año a otro. Tal era la demanda de entradas para asistir a los partidos de los Yanks que el equipo tuvo que construir un nuevo estadio: el mítico Yankee Stadium, en El Bronx, pasó a la historia como “La Casa que Ruth construyó”. Y sobre el diamante las cosas también salieron bien: tras quedarse a sólo tres partidos del Clásico de Otoño en 1920, los neoyorquinos se metieron por primera vez en su historia en la Serie Mundial al año siguiente.

La Serie Mundial de 1921 enfrentó a los Yankees con los Giants. El título fue a parar a las vitrinas del equipo de la Liga Nacional, historia que se repitió un año después. Pero en 1923, en otra eliminatoria entre Yankees y Giants, la Serie Mundial cayó en El Bronx. Fue la primera de las veintisiete coronas que actualmente lucen en el actual Yankee Stadium. El equilibrio de poder en el béisbol de Nueva York dio un giro de 180 grados y poco más de treinta años después, tanto Giants como Dodgers, terminarían por hacer las maletas e irse a California. Ningún equipo de las ligas profesionales de los Estados Unidos tiene el palmarés de los New York Yankees. Fruto de ese éxito, las gorras del equipo neoyorquino (esas con la N y la Y unidas que tanto lucen raperos y otras celebrities de diversa índole), son uno de los productos más reconocibles del mundo. Sin el fichaje de Babe Ruth hace justo un siglo, la historia probablemente hubiese sido otro cantar. Por cierto, los musicales producidos con el dinero del traspaso fueron un éxito en taquilla. Harry Frazee quizá pudo consolarse con eso. Los fans de los Boston Red Sox seguro que no.

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3 de enero de 1920 es una fecha que todos los fans de los New York Yankees deberían tener grabada en su memoria. Ese día el equipo de El Bronx hizo oficial la contratación de un pitcher y outfielder de los Boston Red Sox conocido como Babe Ruth. La historia de los Yankees en particular y del béisbol en general cambió para siempre.

Los Yankees eran el tercer equipo en discordia del béisbol neoyorquino. Establecidos en la Gran Manzana desde 1903, su popularidad estaba muy lejos de la de los Brooklyn Dodgers (en aquella época conocidos como Robins) y, sobre todo, los New York Giants. La afluencia a las gradas de los Polo Grounds, estadio que los Yankees compartían con los Giants, con suerte superaba los 350.000 espectadores a lo largo de la temporada.

En 1919, los Yankees se quedaron relativamente cerca de ganar el banderín de la liga americana: finalizaron terceros, a siete partidos y medio de los Chicago White Sox, el equipo que amañó la Serie Mundial de ese año ante los Cincinnati Reds. El dueño de los Yanks, Jacob Ruppert, le preguntó al mánager Miller Huggins sobre las necesidades del equipo. Su repuesta fue muy sencilla: Trae a Babe Ruth de Boston.

Ruth tenía veinticuatro años y llevaba seis temporadas en la MLB, todas ellas en los Boston Red Sox. Ya era tricampeón de la Serie Mundial y estaba considerado una de las estrellas del béisbol estadounidense. Destacaba como lanzador, pero ya llevaba un tiempo forjando su reputación de extraordinario bateador. En una época en la que ver home runs era algo poco habitual (la Era de la Bola Muerta), Babe los hacía con una facilidad asombrosa. Sin embargo, el Bambino (su segundo apodo más famoso) no estaba del todo satisfecho con su situación en el equipo de Massachusetts y pidió que le doblaran el salario, que era de unos 10.000 dólares al año. No lo consiguió.

Harry Frazee, el propietario de los Red Sox desde 1916, tenía su actividad económica principal en los musicales. Cuando Ruth le reclamó un aumento, temió que otros jugadores siguieran el mismo camino. Eso, sumado al siempre complicado carácter de su pitcher (amenazó con dedicarse a otras cosas como el boxeo o la interpretación), hizo que Frazee abriera las puertas de su despacho para negociar por él.

Por imperativo del presidente de la liga americana, los Red Sox sólo podían negociar con dos equipos: White Sox y Yankees. Los de Chicago, en medio del runrún que estaba causando su derrota en la Serie Mundial, ofrecieron a Shoeless Joe Jackson y 60.000 dólares. Los de Nueva York, gracias a que Jacob Ruppert sabía que Frazee necesitaba dinero para costear sus producciones de Broadway, ofrecieron la cifra récord de 125.000 dólares. Así, el 26 de diciembre de 1919, Ruppert y Frazee sellaron el traspaso del contrato de Babe Ruth. El jugador obtuvo una prima de 20.000 dólares por el fichaje, que se hizo oficial una semana después. Nadie lo sabía, pero el destino de los equipos implicados y del propio béisbol no volvería a ser el mismo.

La prensa de Boston tuvo sus dudas con la operación, pero ni de lejos se imaginaban que le saldría tan mal a los de Fenway Park. Los Red Sox eran el equipo dominante de la MLB: en su palmarés figuraban ya cinco Series Mundiales en apenas quince años. Las tres últimas, con Ruth en sus filas. En la cuna de la Revolución Estadounidense se acordarían durante décadas del título de 1918, ya que no volverían a ganar uno… ¡hasta 2004! Una sequía de 86 años que pasó a la historia como La Maldición del Bambino y que fue (y sigue siendo) el eje de la rivalidad Red Sox-Yankees, una de las más intensas del deporte norteamericano.

El efecto Babe Ruth en la Gran Manzana fue instantáneo. Verle batear era algo digno de presenciar en vivo y la asistencia de público al ballpark de los Yankees se duplicó de un año a otro. Tal era la demanda de entradas para asistir a los partidos de los Yanks que el equipo tuvo que construir un nuevo estadio: el mítico Yankee Stadium, en El Bronx, pasó a la historia como “La Casa que Ruth construyó”. Y sobre el diamante las cosas también salieron bien: tras quedarse a sólo tres partidos del Clásico de Otoño en 1920, los neoyorquinos se metieron por primera vez en su historia en la Serie Mundial al año siguiente.

La Serie Mundial de 1921 enfrentó a los Yankees con los Giants. El título fue a parar a las vitrinas del equipo de la Liga Nacional, historia que se repitió un año después. Pero en 1923, en otra eliminatoria entre Yankees y Giants, la Serie Mundial cayó en El Bronx. Fue la primera de las veintisiete coronas que actualmente lucen en el actual Yankee Stadium. El equilibrio de poder en el béisbol de Nueva York dio un giro de 180 grados y poco más de treinta años después, tanto Giants como Dodgers, terminarían por hacer las maletas e irse a California. Ningún equipo de las ligas profesionales de los Estados Unidos tiene el palmarés de los New York Yankees. Fruto de ese éxito, las gorras del equipo neoyorquino (esas con la N y la Y unidas que tanto lucen raperos y otras celebrities de diversa índole), son uno de los productos más reconocibles del mundo. Sin el fichaje de Babe Ruth hace justo un siglo, la historia probablemente hubiese sido otro cantar. Por cierto, los musicales producidos con el dinero del traspaso fueron un éxito en taquilla. Harry Frazee quizá pudo consolarse con eso. Los fans de los Boston Red Sox seguro que no.

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