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El delicado momento de Saúl

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 16-11-2021

Al fondo del banquillo, en los más hondo de Stamford Bridge, ahí está Saúl. Tuchel mira de reojo a sus suplentes y al último que observa es al canterano rojiblanco. O no le ve, o no le quiere ver. Saúl sabía que no iba a ser en absoluto sencillo disponer de minutos en el que en verano era el equipo más en forma de Europa y que acababa de alzarse con la Champions League arrollando a todos sus rivales, pero la cantidad y la calidad de los minutos disputados hasta la fecha son una losa encima de un jugador que salió del Atlético con la moral tocada y que no ha encontrado, de momento, recompensa a orillas del Támesis.

Y para entender qué ha llevado a Saúl, jugador de la casa, a abandonar su vida y probar un cambio radical, hay que situarse unas pocas temporadas más atrás. En verano de 2018, pese a no jugar un solo minuto en el Mundial, el futbolista estaba quizás en el mejor momento de su carrera. Y es que, aunque Hierro no le diera la alternativa en Rusia, para Lopetegui había ido contando y para Simeone era un fijo desde 2015. Su nivel en las tres temporadas anteriores había sido de gran altura, alternando el pivote con el interior y dando de igual manera equilibrio y gol al equipo rojiblanco. En Tallin, en la Supercopa de Europa, dio una exhibición ante el Real Madrid y la llegada de Luis Enrique le abrió de par en par la titularidad de la selección. Él respondió con goles. Y de pronto, fundido a negro. Filipe Luis y Lucas comenzaron con un carrusel de lesiones. El francés, incluso, desapareció hasta acabar firmando con el Bayern a mitad de temporada y Saúl, que había sido puntualmente en su carrera chico para todo (en el filial rojiblanco llegó a jugar como delantero y con el Rayo hizo de central para Jémez) acabó con más minutos de los queridos en el lateral.

Y así han sido las últimas temporadas. Con el Atlético sin encontrar un carrilero de garantías desde la marcha del brasileño, Saúl ha sido utilizado de comodín en casi todos los tramos de partidos. A veces empezaba de mediocentro y con el correr de los partidos acababa de lateral, o viceversa, sin contar con que en otras ocasiones también adelantaba su posición para ser más llegador. Tres situaciones diferentes en un mismo partido que acabaron por sacar de sitio al jugador. Aquello se tradujo en un jugador apto, aceptable, cumplidor en cada función que se le pedía, pero que dejó de brillar en la medular como hasta entonces lo venía haciendo. Robert Moreno, en sustitución de Luis Enrique, dejó de contar tanto con él hasta que a finales de 2019 se olvidó por completo del rojiblanco. Y Saúl, siempre titular indiscutible para Simeone, comenzó a mirar más por sí mismo que por el equipo, sabedor de que solo un año antes le había sido confiado quizás a él llevar el peso de ese cambio generacional que España necesitaba tras Rusia 2018. Y de estas, tras muchos quebraderos de cabeza, llegó el Chelsea.

Cuenta Saúl que él le había pedido al Atlético salir. Que quería cambiar de aires. Que necesitaba volver a sentirse útil y valorado en la posición en la que él cree que puede destacar más. Y que sabe que Simeone eso no se lo puede asegurar. “Yo quiero entrenar en mi posición, y luego ya jugaré donde me digan”, le decía a Ibai horas después de firmar por el equipo inglés, dejando caer que con el Atlético ya estaba siempre encasillado en la posición de carrilero o lateral como su demarcación dominante. También, por cierto, que el día antes del cierre de mercado su opinión había cambiado y que su entorno y el club sabían que se quería quedar en el Atleti y que había tomado la decisión de no salir. Quizás la llegada de Griezmann, que se le puso a tiro al Atlético en el último momento, forzó al club a enviar a Saúl a Londres para cuadrar el límite salarial.

Y claro, la opción de ir al Chelsea no ha sido la idónea. Al menos de momento. El campeón de Europa, un equipo muy físico y vertical, tiene condiciones que encajan con la mejor versión del canterano rojiblanco, pero también una nómina de intocables que hacen imposible pensar que Saúl pueda llegar a ser importante en Stamford Bridge. Al canalizador de todo Jorginho se le suma el omnipresente Kanté, además de un Kovacic que está en un estado de forma envidiable, el mejor de su carrera. Por si fuera poco, jugadores como Barkley o Loftus-Cheek también se mueven por el mismo sitio. El primero fue una apuesta del club hace unos años y es conocedor del campeonato. El segundo, un prometedor canterano por el que apostarán siempre antes que por un futbolista prestado que en junio ya no estará.

Tuchel fue atrevido y unos días después de llegar a Londres, Saúl debutó como titular. Era el primer partido que jugaba el Chelsea desde el cierre del mercado y el alemán apostó por el ex rojiblanco. Error. En el descanso fue sustituido, señalado y sobrepasado por la situación. “Ha sido mi responsabilidad. Se ha intentado adaptar al ritmo y a la intensidad, pero no estaba aún adaptado para jugar”, admitía el entrenador, que le echaba un capote. “No nos tenemos que preocupar por él. Está en una edad en la que solo necesita tiempo. Sabemos de su calidad. Es un jugador que el Chelsea ha buscado mucho tiempo y que yo mismo he querido fichar para otros equipos”. Pero desde entonces le ha caído una losa. Si bien el propio entrenador admitía que Saúl iba a necesitar tiempo para volver a jugar, cerca de unos dos meses, la realidad es que ya van más de dos meses desde aquella situación y el escenario no parece haber mejorado. Cierto que el Chelsea, salvo el duelo contra el Norwich, no ha tenido una victoria cómoda en Premier League o un partido encarrilado desde pronto.

Desde aquel día del debut, apenas ha saltado una vez más al césped en un partido de Premier League. Fueron dos minutos ante el Newcastle, en un partido sentenciado. Sí ha sido titular en los dos partidos de Copa, ambos ganados por el club en penaltis, pero tampoco ha corrido mejor suerte en Champions League, con solo 25 minutos ante el Malmö en otro duelo sentenciado. Con el mismo tiempo en el campo que Barkley, solo hay un jugador de campo en la plantilla que haya jugado menos: Pulisic, que ha estado lesionado desde la primera jornada y ha retornado justo antes del parón. Antes de firmar por el Chelsea, Saúl jugó 200 minutos repartidos en tres partidos con el Atlético. En algo más de dos meses en Londres, apenas ha tenido 238 minutos.

Desde Inglaterra, surgen rumores en los últimos días. Se dice que Tuchel no le quiere y que todo fue un favor entre agentes. Incluso que en enero podrían cortar su cesión y buscarle acomodo en otro lado. Cosa prácticamente imposible, pues FIFA no permite que un jugador dispute una temporada con tres equipos distintos, por lo que sus opciones se reducirían a seguir en Londres o volver a un Atlético que difícilmente le cuadrará sitio por el límite salarial. La realidad es que ahora se cumplen esos dos meses de plazo que Tuchel dejó caer serían necesarios para su adaptación. Que, de todas las maneras, el canterano rojiblanco tendrá una competencia voraz en la medular en la que lo más normal sería no ser importante.

Imagen de cabecera: Getty Images

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Al fondo del banquillo, en los más hondo de Stamford Bridge, ahí está Saúl. Tuchel mira de reojo a sus suplentes y al último que observa es al canterano rojiblanco. O no le ve, o no le quiere ver. Saúl sabía que no iba a ser en absoluto sencillo disponer de minutos en el que en verano era el equipo más en forma de Europa y que acababa de alzarse con la Champions League arrollando a todos sus rivales, pero la cantidad y la calidad de los minutos disputados hasta la fecha son una losa encima de un jugador que salió del Atlético con la moral tocada y que no ha encontrado, de momento, recompensa a orillas del Támesis.

Y para entender qué ha llevado a Saúl, jugador de la casa, a abandonar su vida y probar un cambio radical, hay que situarse unas pocas temporadas más atrás. En verano de 2018, pese a no jugar un solo minuto en el Mundial, el futbolista estaba quizás en el mejor momento de su carrera. Y es que, aunque Hierro no le diera la alternativa en Rusia, para Lopetegui había ido contando y para Simeone era un fijo desde 2015. Su nivel en las tres temporadas anteriores había sido de gran altura, alternando el pivote con el interior y dando de igual manera equilibrio y gol al equipo rojiblanco. En Tallin, en la Supercopa de Europa, dio una exhibición ante el Real Madrid y la llegada de Luis Enrique le abrió de par en par la titularidad de la selección. Él respondió con goles. Y de pronto, fundido a negro. Filipe Luis y Lucas comenzaron con un carrusel de lesiones. El francés, incluso, desapareció hasta acabar firmando con el Bayern a mitad de temporada y Saúl, que había sido puntualmente en su carrera chico para todo (en el filial rojiblanco llegó a jugar como delantero y con el Rayo hizo de central para Jémez) acabó con más minutos de los queridos en el lateral.

Y así han sido las últimas temporadas. Con el Atlético sin encontrar un carrilero de garantías desde la marcha del brasileño, Saúl ha sido utilizado de comodín en casi todos los tramos de partidos. A veces empezaba de mediocentro y con el correr de los partidos acababa de lateral, o viceversa, sin contar con que en otras ocasiones también adelantaba su posición para ser más llegador. Tres situaciones diferentes en un mismo partido que acabaron por sacar de sitio al jugador. Aquello se tradujo en un jugador apto, aceptable, cumplidor en cada función que se le pedía, pero que dejó de brillar en la medular como hasta entonces lo venía haciendo. Robert Moreno, en sustitución de Luis Enrique, dejó de contar tanto con él hasta que a finales de 2019 se olvidó por completo del rojiblanco. Y Saúl, siempre titular indiscutible para Simeone, comenzó a mirar más por sí mismo que por el equipo, sabedor de que solo un año antes le había sido confiado quizás a él llevar el peso de ese cambio generacional que España necesitaba tras Rusia 2018. Y de estas, tras muchos quebraderos de cabeza, llegó el Chelsea.

Cuenta Saúl que él le había pedido al Atlético salir. Que quería cambiar de aires. Que necesitaba volver a sentirse útil y valorado en la posición en la que él cree que puede destacar más. Y que sabe que Simeone eso no se lo puede asegurar. “Yo quiero entrenar en mi posición, y luego ya jugaré donde me digan”, le decía a Ibai horas después de firmar por el equipo inglés, dejando caer que con el Atlético ya estaba siempre encasillado en la posición de carrilero o lateral como su demarcación dominante. También, por cierto, que el día antes del cierre de mercado su opinión había cambiado y que su entorno y el club sabían que se quería quedar en el Atleti y que había tomado la decisión de no salir. Quizás la llegada de Griezmann, que se le puso a tiro al Atlético en el último momento, forzó al club a enviar a Saúl a Londres para cuadrar el límite salarial.

Y claro, la opción de ir al Chelsea no ha sido la idónea. Al menos de momento. El campeón de Europa, un equipo muy físico y vertical, tiene condiciones que encajan con la mejor versión del canterano rojiblanco, pero también una nómina de intocables que hacen imposible pensar que Saúl pueda llegar a ser importante en Stamford Bridge. Al canalizador de todo Jorginho se le suma el omnipresente Kanté, además de un Kovacic que está en un estado de forma envidiable, el mejor de su carrera. Por si fuera poco, jugadores como Barkley o Loftus-Cheek también se mueven por el mismo sitio. El primero fue una apuesta del club hace unos años y es conocedor del campeonato. El segundo, un prometedor canterano por el que apostarán siempre antes que por un futbolista prestado que en junio ya no estará.

Tuchel fue atrevido y unos días después de llegar a Londres, Saúl debutó como titular. Era el primer partido que jugaba el Chelsea desde el cierre del mercado y el alemán apostó por el ex rojiblanco. Error. En el descanso fue sustituido, señalado y sobrepasado por la situación. “Ha sido mi responsabilidad. Se ha intentado adaptar al ritmo y a la intensidad, pero no estaba aún adaptado para jugar”, admitía el entrenador, que le echaba un capote. “No nos tenemos que preocupar por él. Está en una edad en la que solo necesita tiempo. Sabemos de su calidad. Es un jugador que el Chelsea ha buscado mucho tiempo y que yo mismo he querido fichar para otros equipos”. Pero desde entonces le ha caído una losa. Si bien el propio entrenador admitía que Saúl iba a necesitar tiempo para volver a jugar, cerca de unos dos meses, la realidad es que ya van más de dos meses desde aquella situación y el escenario no parece haber mejorado. Cierto que el Chelsea, salvo el duelo contra el Norwich, no ha tenido una victoria cómoda en Premier League o un partido encarrilado desde pronto.

Desde aquel día del debut, apenas ha saltado una vez más al césped en un partido de Premier League. Fueron dos minutos ante el Newcastle, en un partido sentenciado. Sí ha sido titular en los dos partidos de Copa, ambos ganados por el club en penaltis, pero tampoco ha corrido mejor suerte en Champions League, con solo 25 minutos ante el Malmö en otro duelo sentenciado. Con el mismo tiempo en el campo que Barkley, solo hay un jugador de campo en la plantilla que haya jugado menos: Pulisic, que ha estado lesionado desde la primera jornada y ha retornado justo antes del parón. Antes de firmar por el Chelsea, Saúl jugó 200 minutos repartidos en tres partidos con el Atlético. En algo más de dos meses en Londres, apenas ha tenido 238 minutos.

Desde Inglaterra, surgen rumores en los últimos días. Se dice que Tuchel no le quiere y que todo fue un favor entre agentes. Incluso que en enero podrían cortar su cesión y buscarle acomodo en otro lado. Cosa prácticamente imposible, pues FIFA no permite que un jugador dispute una temporada con tres equipos distintos, por lo que sus opciones se reducirían a seguir en Londres o volver a un Atlético que difícilmente le cuadrará sitio por el límite salarial. La realidad es que ahora se cumplen esos dos meses de plazo que Tuchel dejó caer serían necesarios para su adaptación. Que, de todas las maneras, el canterano rojiblanco tendrá una competencia voraz en la medular en la que lo más normal sería no ser importante.

Imagen de cabecera: Getty Images

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