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El cromo más valioso del mundo

César Martín @CesarMrtn 15-10-2018

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Los objetos relacionados con el
béisbol de principios de siglo XX suelen alcanzar cifras desorbitadas en las
subastas, ya sean camisetas, bates, pelotas o contratos. Pero los
coleccionables por excelencia de cualquier deporte son los cromos. Y los
antiguos valen mucho, mucho dinero. Más de tres millones de dólares se pagaron
por el más caro de la historia: el T206 Honus Wagner.

¿Qué hace de un simple cromo uno de
los objetos más valiosos del deporte? Pues que no es un simple cromo. Para empezar, el rostro que aparece en él es el de
Honus Wagner. Hablamos de una leyenda del béisbol. En la Era de la Pelota Muerta, Wagner se consagró como uno de los mejores
bateadores de todos los tiempos: sus ocho títulos de campeón de bateo siguen
siendo récord en la Liga Nacional. Además, en 1909 llevó a sus Pittsburgh
Pirates a conquistar por primera vez las Series Mundiales imponiéndose a los
Detroit Tigers del legendario Ty Cobb. Wagner, Cobb y Babe Ruth formaron parte
de la primera camada de jugadores que entraron en el Salón de la Fama del
Béisbol en 1936.

El segundo aspecto, y el más
importante que determina su valor, es su rareza. El año en el que los Pirates se
proclamaron campeones de la MLB, la empresa tabacalera American Tobacco Company
comenzó a producir una serie de cromos de jugadores de béisbol, la T206. Honus
se negó a salir en esa colección. La versión más extendida es que no quería que
los niños comprasen cajetillas de tabaco para hacerse con el cromo. Hay otra
mucho menos romántica que dice que Wagner quería que ATC le pagase más dinero
por usar su imagen. Sea como fuere, de The
Flying Dutchman
solo se produjo medio centenar de cromos. Muchos se han
perdido y otros sobreviven en muy malas condiciones para ser coleccionados.

El T206 de Honus Wagner ya era
apreciado en la década de los treinta. En 1933, con los Estados Unidos todavía
padeciendo los efectos del Crack del 29, se pagaron por él 50 dólares, una
cifra nada despreciable. Unos cuantos años más tarde, en 1985, salió la noticia
de que un coleccionista había adquirido el cromo por 25.000 pavos. Apenas dos años después, su
precio de venta fue de 110.000$. Pero no fue hasta 1991 cuando la estampilla
ganó protagonismo mediático gracias a que fue comprada por la leyenda del
hockey sobre hielo Wayne Gretzky. El cromo fue rebautizado como Gretzky T206 Honus Wagner y costó
451.000 dólares.

Sin lugar a duda el de Wagner es el
Santo Grial de los cromos. Prueba de ello es cómo ha disparado su precio en los
últimos años. En el 2000 alcanzó los 1’27 millones de dólares, en 2007 los 2’35
kilos y finalmente 2’8 millones en 2011. El dueño del cromo es un hombre del
mundo del béisbol: Ken Kendrick, propietario de los Arizona Diamondbacks y
coleccionista de objetos raros relacionados con este deporte.

Hay una versión jumbo del T206 de Wagner que en 2016 se
subastó por un precio récord de 3’12 millones de dólares, lo que le convierte
en el segundo objeto de béisbol más caro de la historia, solo por detrás de una
camiseta de Babe Ruth de la temporada de 1920 (4’4 millones) con los Yankees.
No está nada mal para ser un simple cromo.

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Los objetos relacionados con el
béisbol de principios de siglo XX suelen alcanzar cifras desorbitadas en las
subastas, ya sean camisetas, bates, pelotas o contratos. Pero los
coleccionables por excelencia de cualquier deporte son los cromos. Y los
antiguos valen mucho, mucho dinero. Más de tres millones de dólares se pagaron
por el más caro de la historia: el T206 Honus Wagner.

¿Qué hace de un simple cromo uno de
los objetos más valiosos del deporte? Pues que no es un simple cromo. Para empezar, el rostro que aparece en él es el de
Honus Wagner. Hablamos de una leyenda del béisbol. En la Era de la Pelota Muerta, Wagner se consagró como uno de los mejores
bateadores de todos los tiempos: sus ocho títulos de campeón de bateo siguen
siendo récord en la Liga Nacional. Además, en 1909 llevó a sus Pittsburgh
Pirates a conquistar por primera vez las Series Mundiales imponiéndose a los
Detroit Tigers del legendario Ty Cobb. Wagner, Cobb y Babe Ruth formaron parte
de la primera camada de jugadores que entraron en el Salón de la Fama del
Béisbol en 1936.

El segundo aspecto, y el más
importante que determina su valor, es su rareza. El año en el que los Pirates se
proclamaron campeones de la MLB, la empresa tabacalera American Tobacco Company
comenzó a producir una serie de cromos de jugadores de béisbol, la T206. Honus
se negó a salir en esa colección. La versión más extendida es que no quería que
los niños comprasen cajetillas de tabaco para hacerse con el cromo. Hay otra
mucho menos romántica que dice que Wagner quería que ATC le pagase más dinero
por usar su imagen. Sea como fuere, de The
Flying Dutchman
solo se produjo medio centenar de cromos. Muchos se han
perdido y otros sobreviven en muy malas condiciones para ser coleccionados.

El T206 de Honus Wagner ya era
apreciado en la década de los treinta. En 1933, con los Estados Unidos todavía
padeciendo los efectos del Crack del 29, se pagaron por él 50 dólares, una
cifra nada despreciable. Unos cuantos años más tarde, en 1985, salió la noticia
de que un coleccionista había adquirido el cromo por 25.000 pavos. Apenas dos años después, su
precio de venta fue de 110.000$. Pero no fue hasta 1991 cuando la estampilla
ganó protagonismo mediático gracias a que fue comprada por la leyenda del
hockey sobre hielo Wayne Gretzky. El cromo fue rebautizado como Gretzky T206 Honus Wagner y costó
451.000 dólares.

Sin lugar a duda el de Wagner es el
Santo Grial de los cromos. Prueba de ello es cómo ha disparado su precio en los
últimos años. En el 2000 alcanzó los 1’27 millones de dólares, en 2007 los 2’35
kilos y finalmente 2’8 millones en 2011. El dueño del cromo es un hombre del
mundo del béisbol: Ken Kendrick, propietario de los Arizona Diamondbacks y
coleccionista de objetos raros relacionados con este deporte.

Hay una versión jumbo del T206 de Wagner que en 2016 se
subastó por un precio récord de 3’12 millones de dólares, lo que le convierte
en el segundo objeto de béisbol más caro de la historia, solo por detrás de una
camiseta de Babe Ruth de la temporada de 1920 (4’4 millones) con los Yankees.
No está nada mal para ser un simple cromo.

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