_Italia

El crepúsculo de Ribéry

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 22-09-2021

La llegada de Franck Ribéry a un recién ascendido como la Salernitana es uno de esos fichajes que, salgan como salgan, seguirán siendo recordados con el paso de los años con un gesto que mezclará nostalgia y extrañeza a partes iguales. Uno de los mejores futbolistas de la pasada década, con todo hecho y más que hecho en el mundo del fútbol, jugando en un recién ascendido y en la plantilla más débil, incluso con su presencia, de todo el campeonato italiano. Algo que seguramente no sucedía en Italia con una estrella internacional así desde los años ochenta.

Y no solo eso, porque lo primero que hay que precisar es qué tipo de equipo es esta Salernitana dirigida por Fabrizio Castori. Por ir al grano, se trata del conjunto más ideológico de la Serie A. Un fiel representante del cliché sobre el Calcio que todavía campa a sus anchas en las mentalidades de muchos aficionados, aunque el catenaccio como tal haga más de medio siglo que no existe. Pues bien, esta Salernitana sí les va a dar motivos para reforzar sus tesis.

Los granata son puro repliegue y contraataque, normalmente a través del juego largo y directo, con un centro del campo eminentemente físico y un área propia que intentan cerrar a cal y canto. Un equipo que desprecia casi por completo la posesión, que ascendió la temporada pasada con el porcentaje más bajo de toda la Serie B (38%) y siendo el 5º equipo que menos tiraba a puerta. Unos datos impensables en un ascendido de cualquier categoría. “El balón, si quieren, se lo pueden llevar a casa. Ya me llevo yo los tres puntos”, declaró Castori tras conseguir la histórica promoción.

Si la pregunta es si Castori habrá matizado su filosofía radical para adaptarse a la élite ampliando sus registros competitivos, la respuesta es claramente no. Su posesión promedio actual es del 32.5%, lejos del siguiente peor equipo, que es el Genoa, con un 40.4%. Presenta el peor acierto en pase (67.2%), también lejos del siguiente peor registro, que es de la Sampdoria, con un 77.1%. Y obviamente también es el que menos pasa el balón. Intenta solo 266.8 pases por 90’, mientras que la Samp de D’Aversa, 19º en este apartado, da 370.5 pases.

Resumiendo, en las cinco grandes ligas únicamente el Cádiz tiene peores números en términos asociativos. Pero quien piense que Ribéry ha llegado a Salerno a dejarse llevar, a vivir una experiencia singular previa al retiro, a no implicarse en el proyecto y a ser una pieza de museo, una estrella en el paseo de la fama de la Salernitana, en lugar de una pieza que el equipo necesitaba como el comer y su única y luminosa estrella sobre el terreno de juego, se equivoca de todas, todas. «Vivo de pasión y por eso he elegido a la Salernitana». En lugar de cualquier otro destino, en lugar de cualquier otra liga, en lugar de ganar mucho más dinero y jugar prácticamente andando, sin retos ni responsabilidades.

Todo va a depender de su castigado físico, una discontinuidad que lastra desde hace años a un futbolista todavía genial, que por velocidad mental y por regate en conducción todavía sigue ejecutando acciones como aquel chaval que fascinó al mundo en el Mundial de 2006, pero en los dos ratos en los que ya ha participado ya ha demostrado con creces que su papel será fundamental para que la Salernitana pueda conectar su efusivo bloque bajo con los puntas y armar ataques de cierta calidad desde esa sencilla premisa: él.

Por un lado, Ribéry podrá recibir acostado en su clásico perfil izquierdo, pero en zonas muy cercanas a la divisoria para desde ahí limpiar las dos o tres marcas que nadie más en el equipo puede limpiar en una misma acción, conducir y percutir por zonas interiores con su talento e intentar volcar el juego hacia el lado débil o directamente filtrando hacia el desmarque de los delanteros o hacia la descarga de estos de espaldas —pero por abajo, en lugar de hacerlo a través e un balón largo desde 50 metros—, para acto seguido sumarse a un eventual ataque más prolongado, de esos que la Salernitana no suele llevar a cabo, aunque siempre sea, también aquí, partiendo en transición.

Y por otro lado, como ya vimos ante la Atalanta en los 45 minutos iniciales que duró el francés sobre el campo y en los que Castori lo exprimió al máximo de sus capacidades actuales, Ribéry puede partir también como trequartista puro en un 3-4-1-2. Desde esta disposición, el exfutbolista del Bayern de Múnich tiene más espacio para moverse por todo el frente de ataque con total libertad. Hasta el punto de que el doble pivote granata se abre para que él mismo pueda recibir el primer pase y actuar a modo de organizador de ataques sin asteriscos.

Un camino que, sin balón, lo descarga un poco más, si cabe, de las labores de presión y estrictamente defensivas, pero que le exige como contrapartida un desgaste, un rango de acción y una continuidad de esfuerzos enormes con la pelota en los pies, dado el contexto deficitario en cuanto a calidad técnica que le rodea. Tal vez demasiado para un futbolista de su edad y su exánime condición física, aunque es muy posible que Castori firmase ya, con cincel sobre roca si se lo pidiesen, que Ribéry le regalase 45 minutos así al equipo en cada partido.

45 minutos en los que aún puede extraer todo el fútbol que todavía tiene en las botas y en los que parecerse, a escala 1:2, a lo que su figura hubiese supuesto en el Calcio de hace una década, es decir, un absoluto dominador de ataques verticales, un regateador inabordable para los sistemas defensivos rivales y, en definitiva, seguramente el mejor futbolista con el que contaría la competición. 45 minutos que serían, pese a todo, y de hecho son, el mejor argumento ofensivo que puede presentar esta Salernitana en su poco probable empresa de mantener la categoría.

Dudo que los que todavía en 2021 critican al fútbol italiano por defensivo vayan a encontrar disfrute y entretenimiento a la altura de sus preciosistas exigencias sentándose a ver a la Salernitana de Castori cada fin de semana, lo que sí podemos asegurar es que mientras Ribéry esté en el campo, observar al francés afanándose tras cada recepción de balón en intentar salvar al equipo campano, mientras se deja en el intento las últimas gotas de un talento ya crepuscular, en modo superhéroe al borde de la jubilación, va a ser una de las cosas más emocionantes que la Serie A 2021/2022 pueda ofrecer.

Imagen de cabecera: @OfficialUSS1919

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La llegada de Franck Ribéry a un recién ascendido como la Salernitana es uno de esos fichajes que, salgan como salgan, seguirán siendo recordados con el paso de los años con un gesto que mezclará nostalgia y extrañeza a partes iguales. Uno de los mejores futbolistas de la pasada década, con todo hecho y más que hecho en el mundo del fútbol, jugando en un recién ascendido y en la plantilla más débil, incluso con su presencia, de todo el campeonato italiano. Algo que seguramente no sucedía en Italia con una estrella internacional así desde los años ochenta.

Y no solo eso, porque lo primero que hay que precisar es qué tipo de equipo es esta Salernitana dirigida por Fabrizio Castori. Por ir al grano, se trata del conjunto más ideológico de la Serie A. Un fiel representante del cliché sobre el Calcio que todavía campa a sus anchas en las mentalidades de muchos aficionados, aunque el catenaccio como tal haga más de medio siglo que no existe. Pues bien, esta Salernitana sí les va a dar motivos para reforzar sus tesis.

Los granata son puro repliegue y contraataque, normalmente a través del juego largo y directo, con un centro del campo eminentemente físico y un área propia que intentan cerrar a cal y canto. Un equipo que desprecia casi por completo la posesión, que ascendió la temporada pasada con el porcentaje más bajo de toda la Serie B (38%) y siendo el 5º equipo que menos tiraba a puerta. Unos datos impensables en un ascendido de cualquier categoría. “El balón, si quieren, se lo pueden llevar a casa. Ya me llevo yo los tres puntos”, declaró Castori tras conseguir la histórica promoción.

Si la pregunta es si Castori habrá matizado su filosofía radical para adaptarse a la élite ampliando sus registros competitivos, la respuesta es claramente no. Su posesión promedio actual es del 32.5%, lejos del siguiente peor equipo, que es el Genoa, con un 40.4%. Presenta el peor acierto en pase (67.2%), también lejos del siguiente peor registro, que es de la Sampdoria, con un 77.1%. Y obviamente también es el que menos pasa el balón. Intenta solo 266.8 pases por 90’, mientras que la Samp de D’Aversa, 19º en este apartado, da 370.5 pases.

Resumiendo, en las cinco grandes ligas únicamente el Cádiz tiene peores números en términos asociativos. Pero quien piense que Ribéry ha llegado a Salerno a dejarse llevar, a vivir una experiencia singular previa al retiro, a no implicarse en el proyecto y a ser una pieza de museo, una estrella en el paseo de la fama de la Salernitana, en lugar de una pieza que el equipo necesitaba como el comer y su única y luminosa estrella sobre el terreno de juego, se equivoca de todas, todas. «Vivo de pasión y por eso he elegido a la Salernitana». En lugar de cualquier otro destino, en lugar de cualquier otra liga, en lugar de ganar mucho más dinero y jugar prácticamente andando, sin retos ni responsabilidades.

Todo va a depender de su castigado físico, una discontinuidad que lastra desde hace años a un futbolista todavía genial, que por velocidad mental y por regate en conducción todavía sigue ejecutando acciones como aquel chaval que fascinó al mundo en el Mundial de 2006, pero en los dos ratos en los que ya ha participado ya ha demostrado con creces que su papel será fundamental para que la Salernitana pueda conectar su efusivo bloque bajo con los puntas y armar ataques de cierta calidad desde esa sencilla premisa: él.

Por un lado, Ribéry podrá recibir acostado en su clásico perfil izquierdo, pero en zonas muy cercanas a la divisoria para desde ahí limpiar las dos o tres marcas que nadie más en el equipo puede limpiar en una misma acción, conducir y percutir por zonas interiores con su talento e intentar volcar el juego hacia el lado débil o directamente filtrando hacia el desmarque de los delanteros o hacia la descarga de estos de espaldas —pero por abajo, en lugar de hacerlo a través e un balón largo desde 50 metros—, para acto seguido sumarse a un eventual ataque más prolongado, de esos que la Salernitana no suele llevar a cabo, aunque siempre sea, también aquí, partiendo en transición.

Y por otro lado, como ya vimos ante la Atalanta en los 45 minutos iniciales que duró el francés sobre el campo y en los que Castori lo exprimió al máximo de sus capacidades actuales, Ribéry puede partir también como trequartista puro en un 3-4-1-2. Desde esta disposición, el exfutbolista del Bayern de Múnich tiene más espacio para moverse por todo el frente de ataque con total libertad. Hasta el punto de que el doble pivote granata se abre para que él mismo pueda recibir el primer pase y actuar a modo de organizador de ataques sin asteriscos.

Un camino que, sin balón, lo descarga un poco más, si cabe, de las labores de presión y estrictamente defensivas, pero que le exige como contrapartida un desgaste, un rango de acción y una continuidad de esfuerzos enormes con la pelota en los pies, dado el contexto deficitario en cuanto a calidad técnica que le rodea. Tal vez demasiado para un futbolista de su edad y su exánime condición física, aunque es muy posible que Castori firmase ya, con cincel sobre roca si se lo pidiesen, que Ribéry le regalase 45 minutos así al equipo en cada partido.

45 minutos en los que aún puede extraer todo el fútbol que todavía tiene en las botas y en los que parecerse, a escala 1:2, a lo que su figura hubiese supuesto en el Calcio de hace una década, es decir, un absoluto dominador de ataques verticales, un regateador inabordable para los sistemas defensivos rivales y, en definitiva, seguramente el mejor futbolista con el que contaría la competición. 45 minutos que serían, pese a todo, y de hecho son, el mejor argumento ofensivo que puede presentar esta Salernitana en su poco probable empresa de mantener la categoría.

Dudo que los que todavía en 2021 critican al fútbol italiano por defensivo vayan a encontrar disfrute y entretenimiento a la altura de sus preciosistas exigencias sentándose a ver a la Salernitana de Castori cada fin de semana, lo que sí podemos asegurar es que mientras Ribéry esté en el campo, observar al francés afanándose tras cada recepción de balón en intentar salvar al equipo campano, mientras se deja en el intento las últimas gotas de un talento ya crepuscular, en modo superhéroe al borde de la jubilación, va a ser una de las cosas más emocionantes que la Serie A 2021/2022 pueda ofrecer.

Imagen de cabecera: @OfficialUSS1919

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