_Inglaterra

El comodín

Cristina Caparrós @criscaparros 08-11-2018

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Una esfera que aguarda tanto movimiento, potencia y, ¿por qué
no?, arte. Al fin y al cabo, la clase, la magia y la técnica desembocan en estética.
La pelota, tan diminuta ante los gigantes que la trasladan de un lugar a otro,
o tan inmensa, capaz de rozar la gloria o inundar de tristeza. El tiempo, una
descarada magnitud física que avanza sin piedad, sin posibilidad de detenerse.
Una velocidad que, a través del cuero, parece paralizarse por momentos. El
poder de aquellos que en el verde le acarician para contener la rapidez y
la precipitación, intercambiándola por la pausa y el acierto de la toma de
decisiones. Así, el Manchester City se equilibra ante el factor y el
elemento. Su juego combinativo, siempre en el reclamo del apoyo permanente, lo hace fluir con la aceleración o el ritmo necesario.
Y lo hace de una manera tan extraordinaria, donde todas las piezas congenian
entre sí, como si confeccionaran el gol desde una cadena de montaje que ejecuta
la producción de la manera más organizada posible.

Hace unas semanas Guardiola afirmaba la complejidad de la
Champions League, añadiendo un poco de ese particular discurso que
le distingue. «Tienes que desear, el club, el presidente, el
propietario, los fanáticos, los medios de comunicación. Todos tienen que
acompañar. Cuando eso sucede, estás más cerca. Somos un buen equipo, no se
puede negar, pero necesitas algo especial». Sin duda, la Champions es
especial. Aúna a los grandes clubes europeos y aquellas hazañas de los que se
hacen un sitio entre titanes, pudiendo lograr escribir aquel capítulo de
su historia que le da tanto sentido al fútbol. En el destino de ésta juegan
muchos factores, y probablemente Pep no se equivoque en mencionar la
atmósfera que debe envolver al equipo. Por su parte, cuenta con la motivación
de unos jugadores que parecen entender y disfrutar del juego que plantea.

Entre sus fichas de tablero, Guardiola posee a Bernardo
Silva. Un futbolista que, de la mano del de Santpedor, está
creciendo y empleando su potencial en la presente campaña, tras su primer año de adaptación. Su
versatilidad le ha ubicado esta temporada a interpretar tres papeles de
manera convincente. Como mediapunta, extremo derecho e interior, y es
en esta última demarcación donde el luso está explotando su talento, haciendo
que los mediodías, las tardes o las noches de los citizens sean más alborozadas.

Bernardo que, sin saber si es de números o de letras, puede
restar el descaro que desarrolla recibiendo en su acción de extremo, pero suma
en la facilidad que está mostrando en la conducción y en la visión de juego que
le hace interpretar el desmarque para filtrar el pase adecuado al
espacio, haciendo que la operación, independientemente de su posición, sea
siempre en resultado positivo. Y también puede jugar a ser poeta,
escribiendo versos que trasladen todos esos movimientos sin balón, en un
incesante ofrecimiento por ser la mejor opción para ser el protector del cuero.
Alineando sus hemisferios, la lógica y la creatividad.

Las lesiones de Kevin De Bruyne, que apenas le han dejado pisar
el terreno de juego en lo que llevamos de temporada, han dejado, de cierto
modo, ese espacio que tan bien está aprovechando el de Lisboa. Habrá que ver
qué ocurre con Bernardo cuando el belga regrese y vuelva a estar en pleno
rendimiento, pues De Bruyne es ese jugador extraordinario del que no se puede
prescindir, y Mahrez está desenvolviéndose por el carril derecho sin que
se le note ni una pizca que acaba de aterrizar, dejando el verano más lejos de
lo que realmente está. Atrevido, con confianza y con apetito de hacerse
protagonista. Guardiola deberá exprimir sus ideas para no dejar de beneficiarse
de un jugador que ha cumplido en todas sus versiones, y que se ha convertido en
ese preciado comodín que aparece, tanto cuando puedes reservarlo para la jugada
maestra como cuando te rescata porque te quedaste sin opciones. Que del mismo
modo que gira en torno al esférico, tiene esa capacidad de un naipe que voltea
la situación de la partida, quitándole el protagonismo al azar para
dárselo a esa poderosa esfera, con la que baila en cualquier lugar y con la
elegancia de sus exquisitos movimientos.

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Una esfera que aguarda tanto movimiento, potencia y, ¿por qué
no?, arte. Al fin y al cabo, la clase, la magia y la técnica desembocan en estética.
La pelota, tan diminuta ante los gigantes que la trasladan de un lugar a otro,
o tan inmensa, capaz de rozar la gloria o inundar de tristeza. El tiempo, una
descarada magnitud física que avanza sin piedad, sin posibilidad de detenerse.
Una velocidad que, a través del cuero, parece paralizarse por momentos. El
poder de aquellos que en el verde le acarician para contener la rapidez y
la precipitación, intercambiándola por la pausa y el acierto de la toma de
decisiones. Así, el Manchester City se equilibra ante el factor y el
elemento. Su juego combinativo, siempre en el reclamo del apoyo permanente, lo hace fluir con la aceleración o el ritmo necesario.
Y lo hace de una manera tan extraordinaria, donde todas las piezas congenian
entre sí, como si confeccionaran el gol desde una cadena de montaje que ejecuta
la producción de la manera más organizada posible.

Hace unas semanas Guardiola afirmaba la complejidad de la
Champions League, añadiendo un poco de ese particular discurso que
le distingue. «Tienes que desear, el club, el presidente, el
propietario, los fanáticos, los medios de comunicación. Todos tienen que
acompañar. Cuando eso sucede, estás más cerca. Somos un buen equipo, no se
puede negar, pero necesitas algo especial». Sin duda, la Champions es
especial. Aúna a los grandes clubes europeos y aquellas hazañas de los que se
hacen un sitio entre titanes, pudiendo lograr escribir aquel capítulo de
su historia que le da tanto sentido al fútbol. En el destino de ésta juegan
muchos factores, y probablemente Pep no se equivoque en mencionar la
atmósfera que debe envolver al equipo. Por su parte, cuenta con la motivación
de unos jugadores que parecen entender y disfrutar del juego que plantea.

Entre sus fichas de tablero, Guardiola posee a Bernardo
Silva. Un futbolista que, de la mano del de Santpedor, está
creciendo y empleando su potencial en la presente campaña, tras su primer año de adaptación. Su
versatilidad le ha ubicado esta temporada a interpretar tres papeles de
manera convincente. Como mediapunta, extremo derecho e interior, y es
en esta última demarcación donde el luso está explotando su talento, haciendo
que los mediodías, las tardes o las noches de los citizens sean más alborozadas.

Bernardo que, sin saber si es de números o de letras, puede
restar el descaro que desarrolla recibiendo en su acción de extremo, pero suma
en la facilidad que está mostrando en la conducción y en la visión de juego que
le hace interpretar el desmarque para filtrar el pase adecuado al
espacio, haciendo que la operación, independientemente de su posición, sea
siempre en resultado positivo. Y también puede jugar a ser poeta,
escribiendo versos que trasladen todos esos movimientos sin balón, en un
incesante ofrecimiento por ser la mejor opción para ser el protector del cuero.
Alineando sus hemisferios, la lógica y la creatividad.

Las lesiones de Kevin De Bruyne, que apenas le han dejado pisar
el terreno de juego en lo que llevamos de temporada, han dejado, de cierto
modo, ese espacio que tan bien está aprovechando el de Lisboa. Habrá que ver
qué ocurre con Bernardo cuando el belga regrese y vuelva a estar en pleno
rendimiento, pues De Bruyne es ese jugador extraordinario del que no se puede
prescindir, y Mahrez está desenvolviéndose por el carril derecho sin que
se le note ni una pizca que acaba de aterrizar, dejando el verano más lejos de
lo que realmente está. Atrevido, con confianza y con apetito de hacerse
protagonista. Guardiola deberá exprimir sus ideas para no dejar de beneficiarse
de un jugador que ha cumplido en todas sus versiones, y que se ha convertido en
ese preciado comodín que aparece, tanto cuando puedes reservarlo para la jugada
maestra como cuando te rescata porque te quedaste sin opciones. Que del mismo
modo que gira en torno al esférico, tiene esa capacidad de un naipe que voltea
la situación de la partida, quitándole el protagonismo al azar para
dárselo a esa poderosa esfera, con la que baila en cualquier lugar y con la
elegancia de sus exquisitos movimientos.

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Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
17-01-2022

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