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El club de los casi one-franchise men

César Martín @CesarMrtn 30-04-2018

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Andrés Iniesta ha inspirado este
artículo. El genial futbolista manchego anunció que dejaba el Barça tras toda
una vida como culé: ni más ni menos que dieciséis campañas en el primer equipo.
Sus últimos coletazos como profesional los dará en China, cuando muchos
pensábamos que engrosaría la prestigiosa lista de los one-club man.

El caso de Iniesta me hizo pensar
en la NBA. Ha habido muchísimas leyendas que sólo han vestido la camiseta de
una franquicia, por ejemplo Magic Johnson y Kobe Bryant la de los Lakers, Tim
Duncan la de los Spurs, Larry Bird la de los Celtics, John Stockton la de los
Jazz, Reggie Miller la de los Pacers, etc. Pero también hay jugadores que, al
igual que Iniesta, parecían que iban a ser fieles a un único equipo y en los
últimos años de sus carreras decidieron probar nuevas experiencias.

Bob Cousy fue el base de los Celtics durante trece años
(1950-1963). Él dirigió el juego del equipo en el inicio de la mayor dinastía
que ha vivido el deporte estadounidense. Tras retirarse, inició una carrera
como entrenador, primero en el Boston Collage y más tarde en los Cincinnati
Royals (actuales Sacramento Kings). En un intento de aumentar la venta de
entradas, Cousy abandonó su retiro y se enfundó, a sus 41 años, el uniforme del
por entonces equipo de Ohio. Fueron siete partidos y 34 minutos en total. La asistencia
al pabellón aumentó, pero el Houdini of
the Hardwood
abandonó el club de fieles a una única elástica.

Dos de los mejores pívots de todos
los tiempos optaron por finalizar sus carreras fuera de sus equipos de toda la
vida a principios de siglo. Patrick
Ewing fue santo y seña de los Knicks durante quince temporadas, pero en el
verano del 2000 fue traspasado a los SuperSonics. Tenía 38 años y su relación
con el equipo de la Gran Manzana llevaba bastante tiempo deteriorada. Su
periplo en Seattle sólo duró un año: en 2001 fichó como agente libre con los
Magic, donde se retiró tras un año indigno de su leyenda: seis puntos y cuatro
rebotes de media.

Hakeem Olajuwon puso fin a su carrera en Toronto. Sólo estuvo un año
en Canadá después de pasar diecisiete campañas en Houston. Los Rockets habían
iniciado la reconstrucción tras el fin de la era de Olajuwon, Barkley y Pippen.
The Dream no quiso participar en ese
proceso y pidió el traspaso. Rozaba los cuarenta, pero se veía con gasolina
para continuar en la NBA. La realidad era otra: se retiró en 2002 tras un año
complicado por problemas de espalda.

La búsqueda de un campeonato llevó
a Karl Malone a cambiar Salt Lake
City, su hogar durante dieciocho años, por Los Ángeles. Mejor no ser miembro
del one-club men que ser parte del club de las leyendas sin anillo. Por
desgracia, al Cartero le salió mal la
jugada: perdió las Finales de 2004 ante los Pistons, dejó los Lakers y se
retiró en febrero de 2005 cuando se rumoreó un posible fichaje por los Spurs…
que ganarían el campeonato ese curso.

El mismo año en el que Malone se
mudó a Hollywood, el principal responsable de que en sus manos no haya ningún
anillo de campeón puso fin definitivamente a su carrera. La asociación Michael Jordan-Chicago Bulls será
eterna, pero el 23 no se despidió como jugador del conjunto de Illinois, sino
de los Washington Wizards. En un caso muy similar al de Bob Cousy, Jordan
abandonó su retiro para jugar dos temporadas en el equipo del que era
presidente de operaciones baloncestísticas. La campaña 2002-03 fue un tour de
despedida para The G.O.A.T.

Recientemente encontramos un par de
casos famosos. El primero hay que situarlo en el verano de 2013. Una imagen
impensable: Paul Pierce luciendo un
uniforme distinto al de los Boston Celtics. Al igual que Olajuwon, The Truth no quiso participar en la
reconstrucción de su equipo de toda la vida (quince años) y fue traspasado a
los Nets. Posteriormente pasó por Wizards y Clippers, en lo que disputó su
último partido como profesional. El 17 de julio de 2017 firmó un contrato
simbólico para retirarse como lo que siempre fue: miembro de los Orgullosos Verdes.

Dwyane Wade es otro símbolo de la NBA del siglo XXI que parecía
que sólo vestiría la camiseta de su primer equipo, pero discrepancias con Pat
Riley a la hora de negociar un nuevo contrato llevaron a Flash a abandonar a sus Heat (trece años) por el equipo de su
ciudad, los Bulls. Una aventura que sólo duró un año en un conjunto que fue un
completo desastre. Igual de desastroso fue su reencuentro con LeBron… en
Cleveland. Cosas del destino, el pasado mes de febrero los Cavs enviaron a Wade
de vuelta año y medio después a Miami, el lugar del que nunca debió salir.

Olajuwon, Cousy, Jordan, Wade,
Ewing, Malone y Pierce son jugadores ligados para siempre a la camiseta de sus
equipos de toda la vida, aunque a última hora decidieran enfundarse la de otros.
Como ahora Iniesta, no serán hombres de un solo club, pero se les recordará
como si lo fueran.

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Andrés Iniesta ha inspirado este
artículo. El genial futbolista manchego anunció que dejaba el Barça tras toda
una vida como culé: ni más ni menos que dieciséis campañas en el primer equipo.
Sus últimos coletazos como profesional los dará en China, cuando muchos
pensábamos que engrosaría la prestigiosa lista de los one-club man.

El caso de Iniesta me hizo pensar
en la NBA. Ha habido muchísimas leyendas que sólo han vestido la camiseta de
una franquicia, por ejemplo Magic Johnson y Kobe Bryant la de los Lakers, Tim
Duncan la de los Spurs, Larry Bird la de los Celtics, John Stockton la de los
Jazz, Reggie Miller la de los Pacers, etc. Pero también hay jugadores que, al
igual que Iniesta, parecían que iban a ser fieles a un único equipo y en los
últimos años de sus carreras decidieron probar nuevas experiencias.

Bob Cousy fue el base de los Celtics durante trece años
(1950-1963). Él dirigió el juego del equipo en el inicio de la mayor dinastía
que ha vivido el deporte estadounidense. Tras retirarse, inició una carrera
como entrenador, primero en el Boston Collage y más tarde en los Cincinnati
Royals (actuales Sacramento Kings). En un intento de aumentar la venta de
entradas, Cousy abandonó su retiro y se enfundó, a sus 41 años, el uniforme del
por entonces equipo de Ohio. Fueron siete partidos y 34 minutos en total. La asistencia
al pabellón aumentó, pero el Houdini of
the Hardwood
abandonó el club de fieles a una única elástica.

Dos de los mejores pívots de todos
los tiempos optaron por finalizar sus carreras fuera de sus equipos de toda la
vida a principios de siglo. Patrick
Ewing fue santo y seña de los Knicks durante quince temporadas, pero en el
verano del 2000 fue traspasado a los SuperSonics. Tenía 38 años y su relación
con el equipo de la Gran Manzana llevaba bastante tiempo deteriorada. Su
periplo en Seattle sólo duró un año: en 2001 fichó como agente libre con los
Magic, donde se retiró tras un año indigno de su leyenda: seis puntos y cuatro
rebotes de media.

Hakeem Olajuwon puso fin a su carrera en Toronto. Sólo estuvo un año
en Canadá después de pasar diecisiete campañas en Houston. Los Rockets habían
iniciado la reconstrucción tras el fin de la era de Olajuwon, Barkley y Pippen.
The Dream no quiso participar en ese
proceso y pidió el traspaso. Rozaba los cuarenta, pero se veía con gasolina
para continuar en la NBA. La realidad era otra: se retiró en 2002 tras un año
complicado por problemas de espalda.

La búsqueda de un campeonato llevó
a Karl Malone a cambiar Salt Lake
City, su hogar durante dieciocho años, por Los Ángeles. Mejor no ser miembro
del one-club men que ser parte del club de las leyendas sin anillo. Por
desgracia, al Cartero le salió mal la
jugada: perdió las Finales de 2004 ante los Pistons, dejó los Lakers y se
retiró en febrero de 2005 cuando se rumoreó un posible fichaje por los Spurs…
que ganarían el campeonato ese curso.

El mismo año en el que Malone se
mudó a Hollywood, el principal responsable de que en sus manos no haya ningún
anillo de campeón puso fin definitivamente a su carrera. La asociación Michael Jordan-Chicago Bulls será
eterna, pero el 23 no se despidió como jugador del conjunto de Illinois, sino
de los Washington Wizards. En un caso muy similar al de Bob Cousy, Jordan
abandonó su retiro para jugar dos temporadas en el equipo del que era
presidente de operaciones baloncestísticas. La campaña 2002-03 fue un tour de
despedida para The G.O.A.T.

Recientemente encontramos un par de
casos famosos. El primero hay que situarlo en el verano de 2013. Una imagen
impensable: Paul Pierce luciendo un
uniforme distinto al de los Boston Celtics. Al igual que Olajuwon, The Truth no quiso participar en la
reconstrucción de su equipo de toda la vida (quince años) y fue traspasado a
los Nets. Posteriormente pasó por Wizards y Clippers, en lo que disputó su
último partido como profesional. El 17 de julio de 2017 firmó un contrato
simbólico para retirarse como lo que siempre fue: miembro de los Orgullosos Verdes.

Dwyane Wade es otro símbolo de la NBA del siglo XXI que parecía
que sólo vestiría la camiseta de su primer equipo, pero discrepancias con Pat
Riley a la hora de negociar un nuevo contrato llevaron a Flash a abandonar a sus Heat (trece años) por el equipo de su
ciudad, los Bulls. Una aventura que sólo duró un año en un conjunto que fue un
completo desastre. Igual de desastroso fue su reencuentro con LeBron… en
Cleveland. Cosas del destino, el pasado mes de febrero los Cavs enviaron a Wade
de vuelta año y medio después a Miami, el lugar del que nunca debió salir.

Olajuwon, Cousy, Jordan, Wade,
Ewing, Malone y Pierce son jugadores ligados para siempre a la camiseta de sus
equipos de toda la vida, aunque a última hora decidieran enfundarse la de otros.
Como ahora Iniesta, no serán hombres de un solo club, pero se les recordará
como si lo fueran.

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